Valentina Buenavista está a punto de casarse con el amor de su vida cuando un hombre de su pasado lo destruye todo. Adrián Altamira —heredero de un imperio empresarial y su enemigo jurado desde la preparatoria— manda a destrozar la boda entera.
Pero eso es solo el principio.
Cuando la empresa de su padre queda al borde de la ruina, Valentina descubre que Adrián fue quien orquestó la caída. Y ahora le ofrece un trato imposible: casarse con él a cambio de salvar el Grupo Buenavista.
Atrapada entre la rabia y la desesperación, Valentina acepta. Lo que no esperaba era que vivir bajo el mismo techo que su peor enemigo despertara algo que no puede —ni quiere— controlar.
Adrián es arrogante, posesivo y exasperante. También es el único que la defiende cuando nadie más lo hace. A medida que las provocaciones se convierten en roces y los roces en besos que la dejan sin aliento, Valentina empieza a preguntarse si realmente lo odia... o si siempre lo ha sentido de otra manera.
Pero hay secretos mucho más oscuros detrás de este matrimonio. Emiliano, el hombre al que Valentina amó durante años, esconde un pasado manchado de sangre. Y la verdad, cuando salga a la luz, lo cambiará todo.
NovelToon tiene autorización de DF_14 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 4
Mientras tanto, en una mansión imponente, Adrián practicaba su puntería en una sala de tiro privada. Las detonaciones retumbaban una tras otra, secas y rítmicas.
¡BANG!
¡BANG!
¡BANG!
Cada bala encontraba su blanco sin desviarse un milímetro; todas se incrustaban en los puntos vitales de la silueta de papel.
Bip... bip... bip...
El celular interrumpió la sesión. Adrián exhaló al ver que se trataba de una llamada de su madre. Dejó el arma sobre la mesa y contestó.
—¿Qué pasa, ma?
Bianca arremetió sin preámbulos:
—Adrián, tú dijiste que volviste al país porque ibas a presentarnos a tu futura esposa. ¿Y? Hasta ahora nada. Eres guapísimo, hijo. Sería un desperdicio que esos genes no se hereden.
—Estoy muy ocupado, ma. Todavía no he pensado en casarme.
—Entonces deja que mamá te busque una candidata. Tu padre y yo queremos que te cases este año.
Bianca llevaba tiempo angustiada porque jamás le había visto a su hijo una novia. Le aterraba que se quedara soltero de por vida.
A Adrián empezó a dolerle la cabeza. Su madre no paraba de presionarlo con el matrimonio. Si seguía negándose, estaba seguro de que empezaría a concertarle citas a sus espaldas.
Su mirada se detuvo en la invitación de boda de Valentina y Emiliano que descansaba sobre la mesa. No iba dirigida a él; la había conseguido a través de un excompañero de preparatoria.
—Tranquila, ma. Muy pronto le voy a presentar a mi futura esposa.
Mientras lo decía, contempló la invitación con una expresión cargada de significado. Luego apretó el puño al ver la foto de Emiliano impresa en la tarjeta.
...
A la mañana siguiente, el cielo amaneció despejado, como si hasta el clima quisiera celebrar la felicidad que Valentina sentía.
En el vestidor del salón de bodas, Valentina se contemplaba frente al espejo. Lucía deslumbrante con su vestido blanco.
Era el día que había soñado durante tanto tiempo. El día en que se uniría a Emiliano.
Todo estaba listo: las invitaciones repartidas, la decoración montada hasta el último detalle y el banquete preparado para servir lo mejor.
—Estás preciosa, hija —la elogió Roberto.
Valentina le devolvió una sonrisa.
Jimena y su madre, Laura, no tuvieron más remedio que fingir amabilidad frente a Roberto.
—Tu padre tiene razón, te ves hermosa, Valentina querida —dijo Laura, forzando un tono lo más dulce posible.
Valentina suspiró.
—No finjan conmigo. Sé perfectamente que tú y tu hija están deseando que me vaya de la mansión.
—¡Valentina, cuida lo que dices! —la reprendió Roberto.
Bajó la voz hasta convertirla casi en un ruego.
—Estás a punto de casarte. Te lo pido: no causes problemas hoy.
Valentina esbozó una sonrisa amarga. Siempre era igual: su padre siempre tomaba partido por su madrastra y su hermanastra. Esa era precisamente la razón por la que ansiaba casarse con Emiliano, para poder marcharse de esa mansión de una vez por todas. Soñaba con una vida feliz junto al hombre que amaba.
Pero entonces un empleado irrumpió en el vestidor, pálido y sin aliento.
—¡Señor, es una emergencia!
Roberto frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
—Un grupo de personas se presentó a causar destrozos. La decoración y todos los preparativos... los destruyeron por completo.