Un grupo de amigos y una policía encubierto arriesgan sus vidas, tratando de acabar con la corrupción que azota la ciudad.
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CAPÍTULO 11
— ¡Pasá Álvarez, la puerta está abierta!.
Alonso estaba recostado en su silla de oficina, con los pies encima del escritorio. Álvarez entró, lo miró y cerró otra vez la puerta.
—Buen, día Héctor... ¿Cómo estás?
— Bien, Federico, ¿y vos?. Aunque dependo de las noticias que me traigas para saber si voy a seguir estando bien. Espero que sean buenas... ¿Qué tenés para mí?.
Álvarez se sentó frente a Alonso, del otro lado del escritorio. Se quitó la gorra de policía y se rascó la cabeza, algo nervioso.
—Tengo tres noticias para darte. Dos buenas y una mala...
— Comenzá con la mala — Alonso bajó los pies del escritorio y se acomodó en la silla.
— Es respecto al asesinato de los chinos...
— Si, me enteré que los ejecutaron anoche, pero... ¿Yo que tengo que ver?..
— ¡Mucho!. Fueron dos muchachos que trabajan para vos...
— ¡Queee! Vos me estas jodiendo, ¿verdad?
— Ojalá estuviera jodiendo, pero es como te digo, fueron dos de los nuestros...
— Pero, ¿quiénes son? ¿Quién los mandó a matar a los chinos? Explicame bien todo porque me va a dar algo...
— En realidad son dos gurises nuevos, los hermanos Britez.
— ¿Nuevos? Quién los contrató?..
— Fue Gutiérrez. ¿Te acordás que vos le comentaste que contratara a un par de muchachos que necesitabas para ciertos trabajos?
— Si... ¿Eso que tiene que ver?
— Bueno, Gutierrez los contrató. Parece que los locos para ganar tu aprobación se mandaron solos y mataron a los chinos...
—¿Para ganar mi aprobación? ¡La concha de su madre! ¿Dónde están esos hijos de puta ahora?
— Están escondidos en la quinta de Gutiérrez...
— ¡La puta que los parió! Cuando me enteré que mataron a los chinos pensé que habían sido los Beltrán.
Nosotros íbamos a matar a los chinos, sí, pero en su tiempo y forma.
¡Ahora vos me decís que un par de pendejos de mierda se mandaron solos! ¡Me estoy rodeando de inútiles, cualquiera hace lo que se le canta el culo! ¿Qué está pasando Álvarez?... ¡Decime qué está pasando!
— Tratá de calmarte, Alonso. Entiendo que estás recaliente, pero la cagada ya está hecha. Ahora tenemos que pensar cómo arreglamos esto, por eso vine a verte. Tengo que presentarle un parte oficial al comisario sobre los hechos. A qué hora aconteció, posibles motivos del crimen, posibles sospechosos, en fin, necesito tu ayuda para eso. Tenemos que tirarle el fardo a alguien, ponerlo en la mira como sospechoso. Pero, ¿a quién?...
— A los Beltrán, ¿a quien más?...
— ¿Estás loco? A los Beltrán no podemos culparlos. Tienen mucho poder...
— ¿Y?... ¡Me chupa un huevo el poder que tengan!. Yo también lo tengo. Aparte son nuestros enemigos declarados. Pensá que tenemos que desviar la atención que caerá sobre nosotros, y qué mejor manera de desviar la atención, si no es dándoles a los investigadores y periodistas, pistas falsas que los llevarán a la vereda de enfrente.
— Pero los Beltrán no se van a quedar con los brazos cruzados. Se armaría un revuelo de dimensiones catastróficas...
— Precisamente eso es lo que pretendo. Que se arme un poco de barullo. Mientras todos estarán pendientes de la disputa, la policía y los detectives ocupados en el caso, nosotros aprovecharemos el jolgorio para ingresar el cargamento de coca. No te olvides que está a punto de llegar, y esta sería una situación propicia para hacerlo.
— ¿Sabés que creo que tenés razon?— lo aplaudió Álvarez — El ochenta por ciento de los policías estarán destinados a esta investigación, del otro veinte por ciento me encargaría yo de mantenerlos a raya, y lejos de nosotros.
Alonso se levantó de su silla y comenzó a caminar de aquí para allá, con la mano derecha sobre su pera, en actitud pensativa.
— ¿Vas entendiendo, Álvarez? La cagada que se mandaron estos dos burros no fue tan mala después de todo... Podemos sacar provecho de esa macana..
— Entonces los hermanos Britez actuaron bien, ¿he Alonso?
— ¡Bien las pelotas! — Alonso dió un puñetazo encima de la mesa, visiblemente ofuscado — ¡Con esos dos quiero hablar cuanto antes. Les voy a poner los puntos sobre las íes.
Esta misma tarde quiero verlos, avisale a Gutiérrez que vamos a ir para allá.
— De acuerdo, le aviso... — Álvarez carraspeó — Alonso... Todavía no te dije algo que puede ser grave o no, tenemos que ver...
—¿Todavía hay más? ¡Qué estás esperando para decírmelo!
— El tema es que uno de los hermanos fumó adentro de la tienda de los chinos... ¿Y qué crees?
— ¡No me vas a decir que el idiota tiró la colilla en el piso! ¡Decime que no!...
— Lo acabas de decir vos... El idiota tiró la colilla en el piso...
— ¡Puta madre! ¿Y ahora qué va a pasar?...
— La colilla fue encontrada, lógicamente, la cagada es que ya la mandaron a analizar. Cuando llegué ya la habían confiscado, no pude hacer nada.
— ¿Cuánto tiempo demora el análisis?
— Yo calculo que tres o cuatro días, a lo sumo.
Alonso parecía una fiera enjaulada. Iba y venía con las manos detrás de la espalda, su ceño estaba tan fruncido que su aspecto era el de un perro Bull Dog.
Estaba tratando de pensar, de maquinar algo. Se encontraban en una situación comprometida, por culpa de dos inoperantes que habían metido la pata hasta el fondo.
— Vamos a tener que actuar rápido. — masculló, al cabo de algunos segundos de meditación — Por lo pronto llamá cuanto antes a Gutierrez, decile que no deje salir a esos dos inútiles ni para respirar al patio. Porque si alguien los ve, ahí sí que estamos fritos...
— No te preocupes... Le voy a decir que los encierre bajo llave hasta que vayamos esta tarde.
Alonso respiró profundo, miró hacia el techo y fue a sentarse nuevamente. Parecía estar un poco más calmado.
— ¿Querés un whisky?... — preguntó, más sereno.
— No, gracias, estoy de servicio...
— ¡Ja! No me hagas reír. Traé un par de vasos y la botella de la heladera.
— Ya que insistís... — Álvarez se relamía por tomar un whisky.
Fué hasta el mini bar y sacó una botella de whisky Escocés.
— ¡Tenés el pico fino!... — bromeó, mirando la etiqueta de la botella.
Agarró dos vasos, colocó hielo y sirvió un trago bien generoso.
Se acercó y le dió un vaso a Alonso. Luego se sentó, bebió un sorbo largo y mientras lo paladeaba, sacó un cigarro del bolsillo de su uniforme.
— ¿Se puede fumar? — preguntó
—-Si, fumá. Convidame con uno...
Álvarez le alcanzó la cajilla y un encendedor.
— Bien, Álvarez. Ya me diste la mala noticia, ahora dame las dos buenas.
¡Vaa!...¡Espero que sean buenas!
— Si.. Estoy seguro que son buenas. Si todo sale tal cual lo planeamos, soy optimista, las noticias que te traigo son excelentes, especialmente para vos...
— A ver, sorprendeme... Decime que tenés planeado... — Alonso lo miraba con una sonrisa irónica dibujada en su rostro.
— Con respecto al negocio de la mercancía, todo va viento en popa. La coca estará llegando en un par de días, como bien dijiste vos. Con todo el revuelo que se va a armar por el crimen de los chinos, ingresarla va a ser más fácil de lo que pensábamos.
Esa es la primera noticia buena. La segunda creo que es la que más te va a gustar. Ya sabés de qué se trata, me imagino que estarás ansioso por conocer el plan que ideamos con los muchachos, ¿o me equivoco?...
— No... No te equivocás. No te imaginás las ganas que tengo de hacer desaparecer a ese hippie de mierda. ¡Ya me tiene con los huevos llenos!
— Ya me parecía, jeje. Pero tranquilo que ya tenemos al chivo con el cogote en el lazo...
—-¡Contá, dale!.. Vomitá de una vez toda esa mierda que tenés guardada.
— Le vamos a tender una trampa. Será algo cruel para él, pero para vos va a resultar muy divertido...
— ¡Bien, bien! Me gusta... — Alonso se restregaba las manos con impaciencia y regocijo. No veía la hora de sacarse de encima a Adrián. Ese malnacido se había convertido en su sombra, y él no estaba dispuesto a tolerar eso.
— Como te decía, le vamos a tender una emboscada al hijo de Antunez. Eso es lo que vamos a hacer, eliminarlo del mapa. Pero sin dejar rastros, o al menos que no se investigue como homicidio...
— Por supuesto que no lo vas a investigar como homicidio, ¿o si, sargento? — Alonso lanzó una carcajada alevosa, una mezcla de falsedad con ironía.
— Al principio voy a sembrar dudas, como que no estoy seguro de lo que pasó, para hacerme el Sherlock Holmes, claro. Luego, y no se porqué razón, voy a concluir que el individuo ya cansado de la vida de mierda que llevaba, no aguantó la presión y optó por suicidarse...
— ¡Eso! — exclamó Alonso, entusiasmado — Como dicen los boludos ¡Qué parezca un accidente! ¡Jajaja!
— ¡Síi...el pobre idiota se descargó una ráfaga por la espalda! ¡Jajaja!
Se rieron durante varios segundos de sus palabras. De repente Alonso se puso serio, y el sargento no titubeó en acompañarlo.
— ¡Pero mirá que es en serio eso de que tiene que parecer suicidio!. No podemos darnos el lujo ahora de levantar suspicacias, y que todos comiencen a pensar que en la ciudad hay un grupo de mafiosos tapando bocas que hablan de más...
— Eso está más que claro, imaginate, el homicidio de los chinos y ahora el homicidio de Adrián Antunez. Sería demasiado ruido y estaríamos en problemas...
Álvarez lo puso al tanto de la situación con lujo de detalles, sobre lo que tenía planeado. Le explicó punto por punto los pormenores de lo que iba a suceder. Cuando terminó se quedó mirando fijamente a Alonso, esperando su aprobación o su puteada.
Por fortuna para él sucedió lo primero.
Alonso se levantó de su silla y comenzó a aplaudir, dándole así su beneplácito.
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si hubiera ido con el pelo suelto lo hubiera llamado roquero drogadicto?
café con leche descremada
ojalá no mueran