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Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Romance / Fantasía LGBT
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: Damian Benitez

una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)

NovelToon tiene autorización de Damian Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: La primera prueba

El amanecer llegó envuelto en un silencio extraño.

Las aves ya no cantaban con la misma alegría y un viento frío recorría los campos. En muchos lugares del mundo, los agricultores despertaron para encontrarse con una escena aterradora: sus cultivos, que el día anterior estaban verdes y llenos de vida, ahora se habían marchitado como si hubieran pasado meses sin recibir agua.

En otras ciudades, las fábricas se detuvieron por averías inexplicables. Los barcos pesqueros regresaban con las redes vacías y las minas dejaban de producir minerales. Los mercados comenzaron a quedarse sin alimentos.

El decreto de Zeus ya estaba cumpliéndose.

Desde el Olimpo, el rey de los dioses observaba el caos a través del Espejo del Mundo.

—Que aprendan el valor del esfuerzo —dijo con voz firme.

A su lado, Atenea permanecía en silencio. No aprobaba aquella decisión, pero tampoco podía desafiar abiertamente a su padre.

Más atrás, Afrodita no apartaba la mirada de una imagen concreta del espejo: una pequeña ciudad donde vivía una joven llamada Sara.

Y, a unos pasos de ella, Ares fingía no prestar atención, aunque también observaba la misma escena.

...----------------...

Sara se despertó antes de que saliera el sol.

Vivía en una modesta casa junto a su madre y su hermano menor, Daniel, de doce años.

La cocina estaba casi vacía.

Solo quedaban un poco de arroz, unas verduras y un trozo de queso.

Su madre dejó escapar un suspiro.

—La panadería avisó que hoy quizás no abra. No llegó la harina.

Sara guardó silencio.

Sabía que, si dejaba de trabajar, pronto no tendrían qué comer.

—Iré de todos modos —respondió mientras se ponía la chaqueta.

¿Y si está cerrada?

—Buscaré otro trabajo.

Su madre la miró con preocupación.

—No puedes cargar con todo tú sola.

Sara sonrió con dulzura.

—Alguien tiene que hacerlo.

...****************...

Cuando llegó a la panadería, encontró la puerta cerrada.

El dueño, un hombre de cabello gris llamado don Ernesto, estaba sentado en la acera con la cabeza entre las manos.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Sara.

—No llegó la harina... ni la mantequilla... ni la levadura. Los proveedores también cerraron.

Sara sintió un nudo en el estómago.

—¿Entonces...?

—No puedo pagarte esta semana.

El hombre bajó la mirada, avergonzado.

Sara respiró hondo.

—Entiendo.

Aunque estaba preocupada, no lo culpó. Sabía que él también sufría las consecuencias de aquella extraña crisis.

Mientras se alejaba, escuchó los murmullos de la gente.

—¡Todo está cerrando!

—No hay comida.

—Dicen que las cosechas se perdieron en todo el país.

El miedo comenzaba a extenderse.

......................

En el Olimpo, Hermes apareció con una sonrisa burlona.

—Los mortales están entrando en pánico.

Zeus no respondió.

En cambio, Ares seguía observando a Sara.

La joven caminaba de un lugar a otro preguntando por trabajo.

En una cafetería.

En un almacén.

En una granja.

En una carpintería.

Todos respondían lo mismo.

—Lo sentimos... estamos despidiendo empleados.

Ares cruzó los brazos.

—¿Por qué sigue insistiendo?

Afrodita sonrió.

—Porque no piensa rendirse.

—Es una simple mortal.

—Precisamente por eso resulta tan especial.

Ares no contestó, pero continuó mirando.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Al caer la tarde, Sara encontró un pequeño huerto comunitario.

Un anciano intentaba mover varios sacos de tierra él solo.

La joven dejó su mochila en el suelo.

—¿Necesita ayuda?

El anciano sonrió.

—No puedo pagarte.

—No importa.

Durante horas cavó, sembró semillas, cargó herramientas y reparó una cerca rota.

Cuando terminaron, el hombre le entregó una pequeña cesta con verduras.

Es todo lo que puedo darte.

Sara hizo una reverencia.

—Muchas gracias.

Aquella cesta bastaría para alimentar a su familia durante un par de días.

Desde el Olimpo, Afrodita sonrió satisfecha.

—No trabaja solo por dinero.

Ares asintió sin darse cuenta.

—Trabaja porque quiere ayudar.

Cuando notó que había hablado en voz alta, desvió la mirada.

Afrodita soltó una pequeña risa.

—¿Te impresiona?

—No.

—Claro que sí.

Ares frunció el ceño.

—Solo... no entiendo por qué sigue sonriendo.

Afrodita respondió con calma.

—Porque la esperanza también puede ser una forma de fuerza.

Aquellas palabras quedaron resonando en la mente del dios de la guerra.

Esa noche, mientras Sara preparaba una sencilla sopa para su familia, un fuerte trueno sacudió el cielo.

Todos salieron de sus casas.

Las nubes giraban formando un enorme círculo.

Entonces una voz poderosa retumbó por todo el planeta.

Era Zeus.

—¡Humanidad!

Todos levantaron la vista con miedo.

—Han olvidado el valor del esfuerzo y han desperdiciado los dones que recibieron. Desde hoy deberán reconstruir su futuro con sus propias manos.

Las personas comenzaron a gritar y a rezar.

—Tienen un año para demostrar que aún merecen este mundo. Si fracasan... la Tierra desaparecerá.

El cielo volvió a quedar en silencio.

Sara permaneció inmóvil.

No podía creer lo que acababa de escuchar.

Los dioses...

Existían.

Y el destino del mundo dependía de los propios seres humanos.

Apretó los puños con determinación.

—Si trabajar es la única forma de salvar a todos...

Miró las manos, aún cubiertas de tierra por haber ayudado en el huerto.

—...entonces trabajaré todo lo que sea necesario.

En el Olimpo, Ares no pudo evitar esbozar una leve sonrisa.

—Interesante...

Zeus, sin embargo, permanecía serio.

—Veremos cuánto dura esa determinación.

Mientras los dioses seguían observando, una pequeña chispa de esperanza acababa de encenderse en el corazón de una joven mortal. Sin saberlo, Sara acababa de dar el primer paso en un camino que cambiaría el destino de la humanidad... y despertaría sentimientos que ni siquiera los dioses creían posibles.

Fin del Capítulo 2.

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