—¿La tienes grande?
Nieves jamás se atrevería a hacerle semejante pregunta a un hombre cara a cara. Pero detrás de su cuenta anónima de TikTok puede decir todo lo que desea… incluso confesar las cosas más sucias que le gustaría hacer con un desconocido irresistible que nunca muestra el rostro.
Lo que no sabe es que ese hombre es Gael.
El chico más deseado de la universidad.
Y el compañero que está sentado justo a su lado.
Gael descubre su identidad cuando cada uno de sus mensajes hace vibrar el celular de Nieves sobre la mesa. Ella no sospecha nada, así que continúa provocándolo, preguntándole por su cuerpo y revelándole fantasías que jamás admitiría en persona.
Él podría decirle la verdad.
En cambio, decide seguirle el juego.
Porque ahora conoce cada uno de sus deseos secretos… y está dispuesto a cumplirlos todos.
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Capítulo 21
Capítulo 21
—¿Qué?
Tardé un segundo en comprender la pregunta.
—No me gusta de esa forma.
Gael se acercó un paso. Su cuerpo bloqueó parte de la luz y su voz vibró junto a mi oído.
—Entonces ¿qué tipo de hombre te gusta?
Me bastaba levantar los ojos para encontrar su mandíbula, sus labios y aquel rostro que parecía diseñado exactamente para mis gustos.
Me gustaban los hombres como él.
Decirlo en voz alta era imposible.
Bebí agua de limón y mantuve los labios alrededor del popote para no contestar.
—¡Gael! ¡Nieves! ¿Quieren pierna de pavo? —gritó Iván desde el puesto—. ¡Está recién hecha!
Regresó cargando una bolsa con cuatro piernas ahumadas y mordió una frente a nosotros.
—Tienen que probarla.
—Acabo de comer —respondí, agradecida por la interrupción.
Gael observó la carne.
—¿Estás seguro de que es pavo?
—Claro. La señora lleva años vendiéndolas.
—Tiene partes verdes.
Iván miró el bocado.
—Dice que las marina con cilantro.
—Renata también compra aquí —comenté—. La vendedora le explicó lo mismo.
Gael tomó la pieza. Las manchas eran irregulares, los bordes estaban viscosos y el olor no parecía normal.
—Esto se parece más a moho que a cilantro. Y tampoco creo que sea pavo.
Fuimos a una rosticería cercana. El encargado examinó la carne y negó con la cabeza.
—Es pollo congelado, y está echado a perder. Si ya comieron, vigilen cualquier síntoma.
Iván palideció. Había terminado más de la mitad.
Corrió hacia la banqueta y empezó a tener arcadas.
Avisé a Renata. Para ella fue una tragedia: pedía aquellas piernas casi todas las semanas.
La denuncia ya circulaba en las historias de Confesiones UMC. Varios estudiantes habían subido fotografías y otros exigían que el puesto devolviera el dinero. Renata se sumó a la discusión por WhatsApp con tanta intensidad que terminó con los dedos acalambrados.
***
Cuando salí del baño llevaba una pijama de gatos y una toalla enrollada alrededor del cabello.
Renata me observó de arriba abajo.
—Bebé, ese cuerpo es un crimen. En otra vida quiero ser hombre para pedirte matrimonio.
—Ve a bañarte.
—Antes te aviso: compré un juguete nuevo. Cuando salga, te lo enseño.
—¿Qué clase de juguete?
—Uno que te va a encantar.
Desapareció en el baño con una sonrisa sospechosa.
Volvió con una caja pequeña. Dentro había dos círculos adhesivos conectados por Bluetooth.
—¿Qué son?
—Un detector de mentiras para parejas. Mide el ritmo cardiaco.
Me hizo subir a la cama y se sentó frente a mí.
—Puede dar un poco de vergüenza, pero es divertido.
Acercó uno de los círculos a mi pecho. Me cubrí por reflejo.
—¿Ahí?
—Necesita medir el corazón. Es como un electrocardiograma.
La explicación parecía razonable. Me acosté.
Renata levantó un poco mi playera y colocó los dos parches sobre mis senos, uno a cada lado, justo encima de los pezones.
El adhesivo frío me hizo temblar.
—¿De verdad hacen falta dos?
—Así son los monitores cardiacos.
Bajó de la cama y conectó el dispositivo a su teléfono.
—Si mientes, activa un pequeño castigo automático.
—¿Qué castigo?
—Confía en mí.
Debí desconfiar desde ese momento.
—Primera pregunta: ¿soy tu mejor amiga de la universidad?
—Sí.
El aparato no reaccionó.
—Tú también eres la mía. Segunda pregunta: ¿te gusta Gael?
Pensé en su confesión.
—Un poco.
Nada ocurrió.
—Ahora una más interesante. ¿Has fantaseado sexualmente con él?
La regadera del hotel, su cuerpo desnudo y el dedo dentro de mi boca aparecieron de inmediato.
—No.
El celular vibró junto a mi almohada. Aproveché la distracción.
—Espera. Tengo un mensaje.
Gael: ¿Ya te dormiste?
Nieves bebé: Todavía no.
Entró una llamada de WhatsApp.
Me puse los audífonos y contesté.
—¿Bueno?
—¿Qué haces? —preguntó Gael.
—Estoy…
Los parches empezaron a vibrar sobre mis pezones.
El sonido que salió de mi boca no se parecía a una palabra.
Me cubrí los labios con una mano.
La vibración se detuvo y regresó con más fuerza. El estímulo atravesó mi pecho y bajó hasta el vientre. Cerré las piernas y arqueé la espalda.
—¿Qué pasó? —preguntó Gael.
—Nada. Ya voy a dormir.
Renata aumentó la intensidad.
No logré contener otro gemido. La frase de despedida salió rota y demasiado sensual.
—¿Estás haciendo ejercicio? Respiras muy rápido.
—No… ¿Tú qué haces?
***
Al otro lado, Gael estaba recostado contra la cabecera. La tela de su pantalón se había levantado sobre la entrepierna.
Quería decir que pensaba en mí. Temió asustarme.
—También voy a dormir. Buenas noches.
***
—Buenas noches.
Corté y me incorporé de golpe.
—¡Renata Cruz!
Ella reía junto al escritorio.
—¡Mentirosa! Esto no es un detector de mentiras.
—Sí lo es, pero para parejas. El castigo es la parte divertida.
—¡Gael escuchó todo!
—¿Era él? Qué coincidencia tan perfecta.
Sabía que no había sido una coincidencia. Había visto la pantalla y activado el juguete a propósito.
Me dejé caer sobre la almohada, cubierta de vergüenza.
—No voy a poder volver a mirarlo.
—No te enojes. Te dejo usarlo conmigo una vez.
Super recomendable.
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solo una observación no lo tomes a mal en este capítulo y en el interior repetiste párrafos. Deberías checar porque se confunde la lectura ☺️☺️☺️