Ella y su ansiedad renacen en un nuevo mundo..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Documentos 1
La biblioteca de los Russ resultó ser mucho mejor de lo que Elia esperaba.
No era enorme como las bibliotecas reales que aparecían en los recuerdos de las novelas que había leído en su antigua vida.
Pero tampoco era pequeña.
Había registros de cosechas.
Informes de administradores.
Documentos de compraventa.
Libros de historia.
Comercio.
Agricultura.
Incluso algunos textos sobre magia.
Y durante dos días completos, Elia prácticamente desapareció dentro de aquella habitación.
Los sirvientes comenzaron a llevarle té.
Pasteles.
Almuerzos.
Y en un momento dado, una manta.
Porque llevaba tantas horas sentada leyendo que parecía haberse convertido en parte del mobiliario.
—Gracias.
Dijo automáticamente cuando le dejaron una taza.
La sirvienta casi deja caer la bandeja.
Elia suspiró.
Todavía seguían adaptándose a la nueva versión de ella.
Y honestamente... ella también.
Mientras revisaba cuentas y balances, poco a poco comenzó a entender la verdadera situación de la familia.
Y para su sorpresa... no era tan terrible.
—¿Eh?
Volvió a revisar los números.
Después otra vez.
Y una tercera vez.
Porque estaba segura de que había cometido un error.
Pero no.
Los datos seguían siendo los mismos.
Los Russ tenían menos dinero que antes.
Mucho menos.
Los ingresos habían disminuido.
Los gastos médicos eran elevados.
Y algunos negocios estaban generando pérdidas.
Sin embargo... no estaban al borde de la ruina.
Ni siquiera cerca.
—Entonces, ¿por qué estaba entrando en pánico?
Continuó investigando.
Y entonces encontró la respuesta.
Los terrenos.
Muchos terrenos.
Muchísimos terrenos.
Parcelas.
Bosques.
Campos.
Tierras fértiles.
Tierras sin desarrollar.
Tierras abandonadas.
Tierras esperando ser utilizadas.
Tierras que no producían prácticamente nada.
Y que llevaban años acumulándose.
Elia revisó los registros.
Luego volvió a leerlos.
Después apoyó lentamente la frente contra la mesa.
—No puede ser...
Porque aquellos terrenos tenían un propósito.
Un propósito que la hizo sentir ganas de lanzarse por una ventana.
Todo aquello estaba siendo reservado para ella.
Como herencia.
Como patrimonio.
Como dote.
Como seguridad para su futuro matrimonio.
La joven cerró los ojos.
Respiró profundo.
Y comenzó a golpearse mentalmente otra vez.
Con una silla.
Luego con una mesa.
Y después con una carreta completa.
Porque la situación era aún peor de lo que había imaginado.
Sus padres estaban preocupados.
Su padre estaba enfermo.
Los ingresos disminuían.
Los gastos aumentaban.
Y aun así seguían guardando propiedades.
Siguiendo acumulando recursos.
Pensando exclusivamente en el futuro de su hija.
En asegurarse de que nunca le faltara nada.
Incluso después de que ellos murieran.
Y mientras tanto... la antigua Elia hacía berrinches porque un vestido tenía el tono equivocado de azul.
—Eras increíble.
—Pero no de una buena manera.
Volvió a mirar los documentos.
Y aunque ya no veía una catástrofe inminente... seguía viendo un problema.
Porque sí.
Los Russ continuarían siendo nobles.
No perderían su título.
No terminarían en la calle.
Pero para una familia condal, la situación era delicada.
Muy delicada.
Especialmente considerando la enfermedad del conde.
Y si algo empeoraba... entonces sí podrían enfrentarse a problemas serios.
Por lo tanto... seguían necesitando soluciones.
Y aquel fue exactamente el momento en que cometió un error.
Pensó demasiado.
Porque una vez que su cerebro encontró un problema... comenzó a fabricar otros cincuenta.
[¿Y si las cosechas empeoran?]
[¿Y si los tratamientos aumentan de precio?]
[¿Y si la magia cambia la economía?]
[¿Y si los impuestos suben?]
[¿Y si hay una guerra?]
[¿Y si cae un meteorito?]
[¿Y si aparece una plaga de conejos mágicos?]
Se quedó inmóvil.
—No sé si existen conejos mágicos.
Tomó una hoja.
Y comenzó a escribir.
Luego otra.
Y otra.
Y otra.
Para cuando el sol comenzó a ocultarse, ya tenía una montaña de documentos.
Ideas de inversión.
Planes agrícolas.
Posibles negocios.
Listados de recursos.
Inventarios.
Preguntas.
Más preguntas.
Y aún más preguntas.
A medianoche seguía trabajando.
A las dos de la mañana también.
A las tres seguía despierta.
A las cuatro comenzó a reorganizar las listas.
Porque aparentemente hacer listas de listas era una actividad perfectamente razonable.
A las cinco estaba clasificando prioridades.
A las seis estaba clasificando las prioridades de las prioridades.
Y a las siete... se dio cuenta de que el sol estaba saliendo.
Otra vez.
[...maldita sea.]
Se dejó caer sobre la mesa.
Con la mejilla apoyada sobre un montón de papeles.
—He vuelto a hacerlo.
Sabía exactamente lo que estaba ocurriendo.
Era la misma sensación.
La misma de su antigua vida.
La ansiedad disfrazándose de productividad.
El miedo disfrazándose de planificación.
La necesidad de control disfrazándose de organización.
Y aunque ahora tenía otro cuerpo...
seguía siendo ella.
La misma persona que hacía listas cuando estaba nerviosa.
La misma persona que investigaba durante horas para sentirse preparada.
La misma persona que intentaba resolver problemas futuros que todavía ni siquiera existían.
Curiosamente, aquello no la hizo sentir triste.
Porque esta vez lo reconocía.
Lo entendía.
Su terapeuta le había enseñado eso.
Reconocer el patrón.
Verlo venir.
Identificarlo.
Y aunque no pudiera detenerlo de inmediato...
al menos sabía que estaba ocurriendo.
La joven levantó la cabeza.
Miró las decenas de hojas.
Luego se imaginó nuevamente a su terapeuta.
Sentada frente a ella.
Con aquella expresión que significaba..
"Estoy intentando ser paciente contigo."
—No me mires así.
Murmuró al aire.
La terapeuta imaginaria continuó mirándola.
—Ya sé que debería dormir.
Silencio.
—Sé que hacer listas a las cuatro de la mañana no es saludable.
Más silencio.
—Y sí, sé que esto es ansiedad.
La terapeuta imaginaria pareció asentir.
Elia suspiró.
Y por primera vez en dos noches... cerró el cuaderno.
—El mundo puede esperar unas horas.
Porque después de todo... salvar una familia era importante.
Salvar a su padre era importante.
Cambiar su vida era importante.
Pero si seguía acumulando noches sin dormir... probablemente terminaría necesitando un terapeuta en dos mundos diferentes.