Holaaa regrese con una nueva hosyrtoa que espero que les encante
NovelToon tiene autorización de Lariel Flowers para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
22
Las campanas continuaban sonando por toda la Torre.
Desde las murallas podían verse cientos de antorchas rodeando el complejo.
Las barreras mágicas brillaban con intensidad, mientras los magos corrían de un lado a otro preparando la defensa.
Laira observaba todo desde la ventana.
Jamás había imaginado que un lugar tan imponente pudiera sentirse tan frágil.
Asterion tomó su bastón.
Su expresión era la misma de siempre.
Fría.
Imperturbable.
Pero antes de salir, se detuvo.
Miró a la joven.
Por primera vez desde que se conocían...
Dudó.
Laira lo notó.
—Tiene que ir.
Él permaneció en silencio.
—No puedo dejarte sola.
Aquellas palabras sorprendieron incluso al propio Archimago.
Nunca antes había sentido la necesidad de proteger a alguien de esa manera.
Laira sonrió con dulzura.
—Estaré bien.
Usted me enseñó que esta torre es el lugar más seguro del continente.
Entonces...
Confíe un poquito en ella.
Asterion bajó la mirada.
No era la Torre en la que desconfiaba.
Era en todo lo que ocurría fuera de ella.
Y, sobre todo...
En todo aquello que comenzaba a despertar alrededor de Laira.
Ella dio un pequeño paso hacia él.
—Vaya.
Todos lo necesitan.
Si usted no sale...
¿Quién protegerá a los demás?
El Archimago la observó unos segundos.
Después levantó una mano.
Un círculo mágico apareció alrededor de la habitación.
Runas doradas cubrieron paredes, techo y ventanas.
—Nadie podrá entrar.
No salgas bajo ninguna circunstancia.
Laira asintió.
—Lo prometo.
Asterion desapareció en un destello de luz.
Cuando apareció sobre la muralla principal...
Todos los magos levantaron la vista.
El silencio recorrió las defensas.
Había despertado.
Y ahora estaba allí.
El Archimago.
Las criaturas también lo reconocieron.
El enorme monstruo que los había perseguido durante días rugió con furia.
Asterion dio un paso al frente.
Clavó su bastón sobre la piedra.
El cielo comenzó a oscurecerse.
Decenas.
Cientos.
Miles de símbolos mágicos aparecieron suspendidos sobre la Torre.
Los aprendices dejaron escapar exclamaciones de asombro.
Jamás habían visto semejante cantidad de magia reunida al mismo tiempo.
Asterion levantó una mano.
Los círculos comenzaron a girar.
Entonces...
El cielo se abrió.
Lanzas de luz descendieron como una lluvia imparable.
Cada impacto hacía desaparecer decenas de criaturas.
El suelo temblaba.
El aire vibraba.
Los monstruos retrocedían incapaces de soportar semejante poder.
Laira observaba desde la ventana.
Sus ojos brillaban de admiración.
—Es...
Increíble...
Ahora entendía por qué todos hablaban del Archimago con tanto respeto.
No era un hombre.
Era un ejército por sí solo.
Sin embargo...
Asterion no estaba concentrado.
Mientras destruía una criatura tras otra...
Su mirada volvía una y otra vez hacia la torre.
Hacia aquella ventana.
Hacia la habitación donde había dejado a Laira.
Aquello lo irritaba.
¿Por qué seguía mirando?
¿Por qué le preocupaba tanto?
Apretó con fuerza el bastón.
—Concéntrate.
Se dijo a sí mismo.
Pero era inútil.
Cada pocos segundos volvía a buscar aquella ventana.
Y eso lo enfurecía.
De pronto...
Todas las criaturas dejaron de atacar.
El silencio cayó sobre el campo de batalla.
Un enorme ser cubierto por una armadura negra dio un paso al frente.
Su voz retumbó por todo el valle.
—¡¡Entréguennos a la heredera!!
Las demás criaturas comenzaron a repetir el mismo grito.
—¡La heredera!
—¡La heredera!
—¡Entréguennos a la heredera!
El eco se extendió por las montañas.
Los aprendices comenzaron a mirarse entre sí.
—¿Qué heredera?
—¿De quién hablan?
—¿Está aquí?
Dentro de la habitación...
Laira retrocedió un paso.
Sintió que aquellas palabras iban dirigidas a ella.
Su respiración comenzó a acelerarse.
—¿Por qué...?
¿Por qué me buscan?
Las voces continuaban.
Cada vez más fuertes.
Más violentas.
Laira llevó una mano hasta el colgante.
Sin saber por qué...
Comenzó a sentirse triste.
Muy triste.
No quería que nadie muriera por su culpa.
Cerró los ojos.
Y susurró casi sin voz.
—Por favor...
Ya basta...
No quiero que nadie salga herido...
El colgante comenzó a brillar.
Una cálida luz dorada envolvió el cuerpo de Laira.
Ella no lo notó.
Pero la habitación entera se llenó de aquella energía.
Las runas de protección reaccionaron por sí solas.
Las flores del balcón florecieron de golpe.
Las ramas de los árboles cercanos comenzaron a inclinarse hacia la torre.
Como si saludaran a alguien que acababa de regresar.
En las murallas...
Todos los magos levantaron la cabeza.
Sintieron aquella energía.
Era distinta.
No quemaba.
No intimidaba.
No destruía.
Era cálida.
Serena.
Pura.
Algunos dejaron caer sus bastones.
Otros sintieron lágrimas sin comprender el motivo.
Era una magia que transmitía paz.
Esperanza.
Vida.
Asterion también la sintió.
Su corazón dio un fuerte latido.
Después otro.
Una presión desconocida recorrió su pecho.
Frunció el ceño.
Aquello...
Dolía.
No era una herida.
Era otra cosa.
Algo que jamás había experimentado.
Llevó una mano al pecho por instinto.
—¿Qué... es esto...?
Entonces comprendió.
La energía provenía de la habitación.
De Laira.
Y, por primera vez en siglos...
El corazón del hombre conocido como el Mago sin Corazón volvió a latir con fuerza.
No por la batalla.
No por la magia.
Sino por una sola persona.
Y eso...
Lo aterró más que cualquier enemigo que hubiera enfrentado jamás.