Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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3- pequeñas grietas
—Doctora Valentina.
La voz de una enfermera la detuvo antes de entrar al quirófano.
—¿Sí?
—Su padre llamó hace un momento.
Dice que, cuando tenga un espacio libre, por favor lo devuelva la llamada.
Valentina sonrió con ternura.
—Gracias.
Lo haré en cuanto salga.
Dos horas después...
La cirugía terminó sin complicaciones.
Mientras se quitaba los guantes, Camila apareció apoyada en el marco de la puerta.
—¿Terminaste?
—Sí.
—Entonces llama a tu papá.
Porque si no lo haces, dentro de cinco minutos estará aquí.
Valentina soltó una risa.
—No exageres.
—¿Quieres apostar?
Valentina negó con la cabeza mientras marcaba el número.
La llamada fue contestada antes del segundo tono.
—¡Mi princesa!
—Hola, papá.
¿Cómo estás?
—Mucho mejor ahora que escucho tu voz.
¿Ya almorzaste?
Valentina miró el reloj.
—Todavía no.
—Sabía que ibas a decir eso.
Trabajas demasiado.
Ella sonrió.
—Estoy bien.
No te preocupes.
Del otro lado de la línea hubo un breve silencio.
Giovanni Visconti conocía demasiado bien a su hija.
Sabía que, si quería convencerla de algo, debía ir directo al punto.
—Valentina...
Hay algo de lo que quiero hablar contigo.
Ella cerró los ojos un instante.
Ya conocía ese tono.
—Papá...
—Solo escúchame.
Suspiró resignada.
—Está bien.
—Hace unas semanas cumpliste veintisiete.
Dentro de un año...
Cuando cumplas veintiocho...
Comenzarás a asumir parte de tus responsabilidades dentro del Grupo Visconti.
Valentina apoyó la espalda contra la pared.
—Lo sé.
Siempre lo hemos hablado.
—Y quiero que ese cambio no te tome por sorpresa.
Ella asintió, aunque él no pudiera verla.
Desde pequeña supo que algún día tendría un lugar dentro del grupo empresarial de su familia.
Nunca le interesó el dinero.
Pero sí continuar el legado que sus padres habían construido.
Siempre que pudiera seguir ejerciendo la medicina.
Giovanni volvió a hablar.
—Hay otra cosa.
Valentina sonrió con resignación.
—Ahora sí viene...
—¿Qué cosa?
—La parte donde intentas conseguirme novio.
Al otro lado de la línea se escuchó una carcajada.
—¿Tan predecible soy?
—Muchísimo.
—Entonces no perderé tiempo.
Este sábado quiero que conozcas al hijo de un viejo amigo.
Es un excelente muchacho.
Valentina dejó caer la cabeza hacia atrás.
—Papá...
—Solo es una cena.
—La semana pasada también era "solo una cena".
Giovanni suspiró.
—Hija...
Solo quiero que seas feliz.
Ella sonrió con ternura.
Sabía que su padre jamás actuaba con mala intención.
—Y yo lo soy.
De verdad.
—¿Con Daniel?
Valentina respondió sin dudar.
—Sí.
Mucho.
Giovanni permaneció en silencio unos segundos.
Confiaba en el criterio de su hija.
Pero nunca había terminado de convencerle aquella relación.
Aun así...
La respetaba.
—Está bien.
No insistiré.
Por ahora.
Valentina sonrió satisfecha.
—Gracias.
—Pero prométeme que este fin de semana vendrás a almorzar.
Tu hermano también estará.
—Lo prometo.
—Te quiero, princesa.
—Yo también, papá.
Cuando la llamada terminó, Camila ya la esperaba con los brazos cruzados.
—Déjame adivinar.
Valentina levantó una ceja
—Inténtalo.
—¿Otra cita?
—Otra cita.
—¿Y?
—La rechacé.
Camila levantó ambos brazos al cielo.
—¡Giovanni Visconti nunca se rinde!
Valentina soltó una carcajada.
—Ni se rendirá.
Las dos comenzaron a caminar hacia la cafetería.
Camila la observó de reojo.
—Aunque...
Entiendo un poquito a tu papá.
Valentina la miró.
—¿Por qué?
—Porque ya llevas cinco años con Daniel.
Y todavía no habla de matrimonio.
Valentina sonrió.
—Cada pareja tiene su ritmo.
—Sí...
Pero yo ya le habría puesto un ultimátum.
Valentina negó entre risas.
—Por eso tú eres tú.
Y yo soy yo.
Las puertas del ascensor se abrieron.
Justo en ese momento...
Daniel apareció al fondo del pasillo.
Lucía caminaba junto a él.
Los tres coincidieron frente al ascensor.
Lucía sonrió con dulzura.
—Doctora.
Valentina respondió con la misma amabilidad.
—¿Cómo va tu mañana?
—Mucho mejor.
Gracias por preguntar.
Daniel intervino.
—Justamente veníamos de revisar unos pacientes.
Valentina sonrió.
—Qué bien.
Me alegra que estés ayudando a Lucía a adaptarse.
Daniel asintió.
—Solo un poco.
Lucía bajó la mirada con una sonrisa tímida.
—El doctor ha sido muy paciente conmigo.
Camila observó la escena en silencio.
Algo...
No terminaba de gustarle.
No sabía exactamente qué era.
Pero aquella residente parecía demasiado cómoda alrededor de Daniel.
Y, por alguna razón...
Eso le hizo fruncir ligeramente el ceño.
Las puertas del ascensor se cerraron.
Camila permaneció unos segundos mirando el panel de números.
Después giró lentamente hacia Valentina.
—¿Puedo decir algo?
Valentina sonrió.
—Eso nunca te ha detenido.
—Esa muchachita... Lucía.
No me da buena espina.
Valentina soltó una pequeña risa.
—Camí...
Es una residente nueva.
Está nerviosa.
Es normal que busque apoyo.
—No hablo de eso.
Hablo de cómo mira a Daniel.
Valentina negó con la cabeza.
—Estás imaginando cosas.
—Ojalá. Porque las mujeres conocemos esa mirada.
Valentina le dio un suave golpe con el hombro.
—Deja de ver novelas.
Las puertas del ascensor se abrieron.
Las dos caminaron hasta la cafetería.
Camila decidió cambiar de tema.
Aunque aquella sensación seguía dándole vueltas en la cabeza.
Mientras tanto...
Daniel y Lucía recorrían el ala de hospitalización.
—Gracias por ayudarme.
Dijo ella con una sonrisa tímida.
—No tienes que agradecer.
Todos necesitamos apoyo cuando empezamos.
Lucía bajó la mirada.
—No todos piensan igual.
Daniel frunció ligeramente el ceño.
—¿La doctora volvió a decirte algo?
Lucía dudó unos segundos.
Como si no quisiera responder.
—No exactamente...
Pero siento que nunca hago nada bien.
Daniel guardó silencio.
La conversación del día anterior volvió a su mente.
No quería pensar mal de Valentina.
Pero...
Ya eran dos días seguidos escuchando lo mismo.
Lucía cambió rápidamente de tema.
—Perdón.
No quiero hablar de eso.
Seguro tiene cosas más importantes que hacer.
Daniel sonrió con amabilidad.
—No te preocupes.
Si alguna vez necesitas ayuda...
Puedes buscarme.
Los ojos de Lucía brillaron.
—¿De verdad?
—Claro.
Somos compañeros.
Ella sonrió.
—Gracias, doctor.
Mientras Daniel retomaba su camino, Lucía observó cómo se alejaba.
Y la inocencia desapareció lentamente de su rostro.
Una pequeña sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios.
"Un paso más..."
Pensó.
"Solo un poco más."
A la una de la tarde...
Valentina salió de consulta exactamente a la hora acordada.
Miró el reloj.
Daniel era puntual.
Siempre lo había sido.
Esperó.
Cinco minutos.
Diez.
Quince.
Pensó que quizá había surgido una urgencia.
Sacó el teléfono.
Daniel
¿Todo bien?
Pasaron varios minutos.
No obtuvo respuesta.
Camila apareció detrás de ella con una bandeja en las manos.
—¿Todavía no llega?
Valentina negó.
—Seguro se complicó con algún paciente.
—¿Y te avisó?
—Todavía no.
Camila arqueó una ceja.
—Eso no me gusta.
Valentina intentó restarle importancia.
—No pasa nada.
Comeremos más tarde.
En ese mismo instante...
Daniel seguía revisando a un paciente cuando sintió vibrar el teléfono.
Miró la pantalla.
❤️ Vale
Antes de que pudiera responder...
Lucía apareció corriendo por el pasillo.
Respiraba agitada.
—¡Doctor!
Daniel guardó inmediatamente el teléfono.
—¿Qué pasó?
—El paciente de la habitación cuatrocientos doce comenzó con dificultad respiratoria.
Daniel no dudó.
Salió corriendo junto a ella.
El almuerzo quedó completamente olvidado.
Casi una hora después...
La situación estaba controlada.
Daniel respiró aliviado
Fue entonces cuando recordó el mensaje.
Sacó el teléfono.
Lo leyó.
Cerró los ojos.
—Maldición...
Marcó de inmediato.
Valentina respondió al segundo tono.
—¿Hola?
—Vale...
Perdón.
De verdad.
Ella sonrió con tranquilidad.
—¿Urgencia?
—Sí.
No pude avisarte.
—No te preocupes.
Ya imaginaba que era algo así.
Daniel dejó escapar un suspiro de alivio.
—Te debo un almuerzo.
—Me debes dos.
Bromeó ella.
Él rio.
—Prometo pagarlos.
—Trato hecho.
Colgaron.
Valentina guardó el teléfono.
Camila seguía observándola.
—¿Ves?
Era una urgencia.
Camila sonrió.
—Ojalá siempre sea eso.
Valentina no respondió.
Simplemente comenzó a comer.
Al terminar su turno...
Daniel pasó por la estación de enfermería.
Lucía organizaba algunos expedientes.
—¿Cómo sigue el paciente?
Preguntó él.
—Mucho mejor.
Gracias a usted.
Daniel sonrió.
—Fue un buen trabajo en equipo.
Ella bajó la mirada.
—Gracias por no dejarme sola.
Él hizo un gesto restándole importancia.
—Descansa.
Mañana será otro día.
Daniel se alejó sin notar que, apenas dobló la esquina...
Lucía tomó discretamente su teléfono.
Abrió la cámara.
Miró la fotografía que acababa de tomar unos minutos antes.
En la imagen aparecían ella y Daniel inclinados sobre la cama del paciente.
Desde el ángulo en que estaba tomada...
Parecían mucho más cercanos de lo que realmente habían estado.
Lucía observó la pantalla durante unos segundos.
Y sonrió.
Todavía no era el momento de usar aquella fotografía.
Pero estaba segura de algo.
Cuando llegara el día indicado...
Le sería muy útil.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.