Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.
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Sombras.
Valentina no durmió aquella noche.
Cada vez que cerraba los ojos volvía a escuchar la voz de su madre resonando en la cocina.
“Hay nombres que es mejor dejar en el pasado.”
No importaba cuántas veces intentara convencerse de que aquello no significaba nada. No importaba cuántas explicaciones racionales intentara encontrar. La sensación persistía.
Isabel conocía a Lorenzo Ricci.
Y había mentido.
La idea resultaba tan extraña que le costaba procesarla. Durante toda su vida había visto a su madre como la persona más honesta que conocía. Isabel nunca había sido una mujer de secretos ni de medias verdades. Había criado sola a sus hijos después de la muerte de Gabriel y siempre había intentado mantener a la familia unida pese a las dificultades.
Entonces, ¿por qué ocultaba aquello?
Cuando el amanecer comenzó a filtrarse por la ventana, Valentina seguía despierta.
Finalmente se levantó.
Se dio una ducha.
Se vistió.
Y bajó a la cocina.
El aroma del café recién hecho llenaba el ambiente.
Isabel ya estaba allí.
Como siempre.
Sentada frente a una taza humeante mientras leía algo en una tableta.
Por un instante Valentina la observó en silencio.
Parecía la misma de siempre.
Serena.
Tranquila.
Imperturbable.
Y precisamente por eso resultaba tan difícil creer que estuviera ocultando algo.
—Buenos días —saludó Isabel.
—Buenos días.
Valentina se sirvió café.
Durante unos segundos ninguna habló.
—Dormiste poco.
La observación la sorprendió.
—¿Tan evidente es?
—Te conozco.
Valentina sonrió apenas.
Las mismas palabras que Matteo había utilizado la noche anterior.
Y aquello provocó una sensación extraña en su pecho.
—Tenías razón sobre una cosa.
Isabel levantó la vista.
—¿Sobre cuál?
—Necesito unas vacaciones.
Su madre soltó una pequeña risa.
—Eso llevo diciéndotelo dos años.
La conversación continuó por caminos seguros.
Trabajo.
Familia.
Asuntos cotidianos.
Ninguna mencionó a Lorenzo.
Ninguna mencionó la conversación de la noche anterior.
Pero la tensión seguía allí.
Oculta bajo cada palabra.
Bajo cada mirada.
Y cuanto más tiempo pasaba, más convencida estaba Valentina de que Isabel evitaba deliberadamente el tema.
Cuando Sofía apareció en la cocina media hora después, la situación no mejoró.
Su hermana intercambió una rápida mirada con ella.
Una mirada que decía mucho más de lo que cualquier palabra podría expresar.
Sofía también estaba pensando en ello.
Las dos lo sabían.
—
La oportunidad de hablar llegó después del almuerzo.
Santiago había salido con unos amigos.
Isabel estaba en el jardín.
Y Sofía apareció en la habitación de Valentina sin siquiera molestarse en tocar la puerta.
—Mamá estaba mintiendo.
Valentina levantó la vista del portátil.
—Buenos días para ti también.
—No cambies de tema.
—No lo estoy cambiando.
—Sí lo estás cambiando.
Valentina terminó sonriendo.
Aquella era exactamente la razón por la que adoraba a su hermana.
—Yo también lo creo.
Sofía dejó escapar el aire lentamente.
—Sabía que lo habías notado.
—Fue bastante evidente.
—No para Santiago.
—Santiago no nota nada.
—Buen punto.
Se hizo un breve silencio.
—¿Qué crees que sabe?
—No lo sé.
—Pero sabe algo.
—Sí.
Sofía se sentó sobre la cama.
—¿Vas a preguntarle?
Valentina permaneció pensativa.
—Todavía no.
—¿Por qué?
—Porque si lleva años ocultándolo, no va a contármelo solo porque se lo pida.
Su hermana frunció el ceño.
—Eso no me gusta.
—A mí tampoco.
Y era verdad.
Porque por primera vez comenzaba a cuestionarse algo que siempre había dado por sentado.
La muerte de Gabriel Mena.
El accidente.
La versión oficial.
La historia que había escuchado toda su vida.
¿Qué ocurría si faltaban piezas?
¿Qué ocurría si Isabel había ocultado algo para protegerlos?
La posibilidad resultaba inquietante.
Y también dolorosa.
Porque implicaba que tal vez no conocía realmente la historia de su propia familia.
—
Aquella misma tarde, Matteo tampoco lograba concentrarse.
Llevaba casi diez minutos observando el mismo documento sin leer una sola línea.
Marco, por supuesto, lo notó.
—Voy a asumir que estás pensando en Valentina.
—Tu capacidad deductiva es impresionante.
—Lo sé.
Matteo dejó el documento sobre el escritorio.
—¿Hay novedades?
La expresión de Marco cambió inmediatamente.
—Sí.
—¿Sobre Lorenzo?
—Todavía estamos investigando.
—Eso no responde mi pregunta.
Marco apoyó una carpeta sobre el escritorio.
—Parece que Lorenzo ha comenzado a hacer preguntas.
El cuerpo de Matteo se tensó.
—¿Sobre quién?
—Sobre la familia Mena.
El silencio cayó entre ambos.
Lento.
Pesado.
Peligroso.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Matteo abrió la carpeta.
Lo que encontró dentro no le gustó.
En absoluto.
Había nombres.
Fechas.
Movimientos.
Pequeños detalles que por separado parecían insignificantes.
Pero juntos dibujaban una imagen preocupante.
—¿Por qué demonios le interesaría la familia?
—Esa es exactamente la pregunta que estamos intentando responder.
Matteo cerró la carpeta.
Porque una idea comenzaba a formarse en su cabeza.
Una posibilidad que no quería contemplar.
Una posibilidad que podía complicarlo todo.
Si Lorenzo estaba interesado en Valentina por razones ajenas a él, entonces el problema era mucho más grande de lo que había imaginado.
Mucho más antiguo.
Y probablemente mucho más peligroso.
—
Aquella noche Valentina salió al balcón con una taza de café.
Necesitaba aire.
Necesitaba pensar.
Necesitaba entender qué estaba ocurriendo.
El teléfono vibró en su mano.
Un mensaje de Matteo.
”¿Cómo estás?”
La pregunta parecía sencilla.
Pero después de todo lo ocurrido durante las últimas veinticuatro horas, la respuesta era cualquier cosa menos simple.
Sonrió involuntariamente.
“He estado mejor.”
La respuesta llegó casi de inmediato.
”¿Problemas?”
Valentina observó la pantalla durante varios segundos.
Luego escribió:
“Creo que mi madre me está ocultando algo.”
Pasaron unos momentos.
Después apareció un nuevo mensaje.
”¿Relacionado con Lorenzo?”
Su corazón se aceleró.
”¿Cómo lo supiste?”
La respuesta tardó más.
Mucho más.
Y cuando finalmente llegó, ella comprendió que Matteo también estaba preocupado.
“Porque llevo toda la tarde pensando exactamente lo mismo.”
Valentina frunció el ceño.
Antes de que pudiera responder, apareció otro mensaje.
“Necesitamos hablar.”
Por primera vez desde que había escuchado aquella conversación en la cocina, sintió un escalofrío auténtico.
Porque algo estaba cambiando.
Las piezas comenzaban a moverse.
Y tenía la sospecha de que ni ella ni Matteo estaban preparados para lo que iban a descubrir.
Muy lejos de allí, en una oficina elegante iluminada por la luz tenue de una lámpara, Lorenzo Ricci observaba una vieja fotografía.
La imagen mostraba a varias personas reunidas durante un evento ocurrido muchos años atrás.
Su atención no estaba puesta en el grupo completo.
Solo en un hombre.
Gabriel Mena.
Lorenzo pasó lentamente el pulgar sobre la fotografía.
Y sonrió.
Una sonrisa fría.
Desprovista de cualquier emoción.
—Después de tantos años… —murmuró.
Tomó una copa de whisky.
La sostuvo entre los dedos.
Y continuó observando el rostro de Gabriel.
—Parece que el pasado finalmente decidió alcanzarnos a todos.
fuegos artificiales!!!!
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