Ella renace en un nuevo mundo. Decidida a cambiar su destino y a cumplir sus sueños.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Traje
Desde el incidente ocurrido durante la boda del duque Gallagher, el barón Drack había cambiado muchas costumbres.
Antes disfrutaba asistir a banquetes.
Aceptaba invitaciones.
Conversaba con otros nobles.
Le gustaba ser visto.
Ahora...
Solo acudía cuando era absolutamente necesario.
Reuniones relacionadas con tierras.
Contratos.
Comercio.
Asuntos legales.
Nada más.
Cuando terminaban, regresaba directamente a la mansión.
Sin quedarse a conversar.
Sin participar en cenas.
Sin intentar llamar la atención.
Era una herida que el tiempo había suavizado, pero no borrado.
Una tarde, Selene encontró a su padre revisando unos documentos.
—¿Tiene una reunión importante esta semana?
El barón levantó la vista.
—Sí.
Con varios comerciantes y algunos nobles.
—Perfecto.
Él arqueó una ceja.
—¿Perfecto?
Selene sonrió con picardía.
—No pregunte más. Solo necesito que me deje tomarle algunas medidas.
El hombre suspiró resignado.
—Cada vez que dices eso termino siendo parte de alguno de tus experimentos.
—¡No son experimentos!
Hizo una pausa.
—Bueno... La mayoría no.
Durante varios días trabajó en secreto.
Eligió una tela elegante, pero mucho más ligera que las habituales.
Rediseñó el chaleco.
Modificó las mangas para facilitar el movimiento.
Eliminó adornos innecesarios.
Cambió la distribución de algunos bolsillos.
Y encontró la forma de que el traje mantuviera una silueta elegante sin depender de aquellos pesados cinturones que tantos caballeros soportaban solo por costumbre.
Cuando terminó...
Entró al despacho con una enorme caja entre los brazos.
—Padre.
El barón levantó la vista.
—¿Qué ocurre?
Ella dejó la caja sobre la mesa.
—Es para usted.
Él abrió lentamente la tapa.
Dentro descansaba un traje de un profundo color azul oscuro.
Sobrio.
Elegante.
Sin excesos.
Pero diferente.
Muy diferente.
El hombre pasó la mano por la tela.
—Es hermoso.
Selene sonrió.
—Pruébeselo.
Un rato después...
El barón salió del vestidor.
Selene levantó inmediatamente ambos pulgares.
—¡Perfecto!
El hombre caminó unos pasos.
Movió los brazos.
Giró el torso.
Se sentó.
Volvió a ponerse de pie.
Parpadeó sorprendido.
—Es...
Levantó lentamente ambos brazos.
—Puedo moverme.
Selene hizo una pequeña reverencia exagerada.
—Tecnología del futuro.
Luego tosió.
—Quiero decir... Mucho ensayo y error.
El barón sonrió mientras acomodaba el cuello.
—Es el traje más cómodo que he usado en toda mi vida. Y además se ve elegante.
Él volvió a observarse en el espejo.
Hacía años que no se detenía a mirarse con tanta tranquilidad.
—Gracias, hija.
Selene sonrió con sinceridad.
—Es un regalo. Por todo lo que ha hecho por mí.
El barón sintió un pequeño nudo en la garganta.
No respondió.
Solo apoyó una mano sobre la cabeza de su hija, despeinándola ligeramente.
—Oiga. Es mi forma de agradecer. ¡Mi peinado!
El día de la reunión llegó.
Como siempre, el barón pensó únicamente en terminar cuanto antes.
Entró al salón.
Saludó.
Tomó asiento.
Sin embargo...
Antes de que comenzaran las conversaciones, uno de los nobles lo observó con curiosidad.
—Barón Drack.
Él levantó la vista.
—¿Sí?
—¿Mandó hacer un traje nuevo?
El barón miró su ropa.
—Así es.
Otro caballero intervino.
—La tela parece distinta.
—¿Es más liviana?
Un tercero añadió..
—Y el corte también. Se ve mucho más cómodo.
El barón sonrió con discreción.
—Lo es.
Uno de ellos rio.
—No deja de mover los brazos desde que llegó.
El barón, que efectivamente llevaba toda la mañana disfrutando la libertad de movimiento, carraspeó con cierta vergüenza.
—Es costumbre... Bueno... No. En realidad es que resulta bastante cómodo.
Los demás rieron.
Uno de los comerciantes comentó:
—Siempre he detestado esos cinturones pesados.
Otro asintió.
—Y los chalecos terminan siendo sofocantes.
El barón comenzó a responder preguntas.
Quién lo había confeccionado.
Qué tela era.
Si podían encargar uno parecido.
Mientras hablaba...
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Por primera vez en mucho tiempo, la atención de los demás no estaba puesta en el error que había cometido tiempo atrás.
Sino en algo completamente distinto.
Y, curiosamente...
Era gracias a su hija.
Esa misma tarde regresó a la mansión.
Apenas bajó del carruaje comenzó a buscarla.
—¡Selene!
Desde el piso superior se escuchó una voz.
—¡Estoy aquí!
La joven apareció con un lápiz detrás de la oreja y varios retazos de tela en las manos.
—¿Cómo le fue?
El barón no respondió de inmediato.
Solo sonrió.
Una sonrisa amplia.
Orgullosa.
—Creo...
Hizo una pequeña pausa.
—Que algunos nobles también querrán contratar tu asesoría.
Los ojos de Selene comenzaron a brillar.
—¿De verdad?
Él asintió.
—Les llamó mucho la atención el traje. La comodidad. La tela. Los bolsillos. Y, sobre todo... Que no necesitara esos pesados cinturones.
Selene dio un pequeño salto de alegría.
—¡Sí!
Levantó ambos puños al aire.
[¡Más clientes!]
[¡Más trabajo!]
[¡Más dinero!]
[¡Más posibilidades de pagar mejores sueldos!]
El barón rio al verla tan emocionada.
—Pensé que te alegraría porque tu diseño gustó.
Selene lo miró con una enorme sonrisa.
—¡También!
Hizo una pausa.
—Pero todo dinero sirve.
El barón soltó una carcajada.
—Eres incorregible.
Ella levantó un dedo con absoluta seriedad.
—Padre.
—¿Sí?
—Un negocio nunca dice que no a nuevos clientes.
El hombre negó con la cabeza entre risas.
—Hablas como una comerciante de toda la vida.
Selene cruzó los brazos con aire importante.
—No. Hablo como alguien que todavía recuerda lo feo que es no tener dinero.
El barón guardó silencio.
Aquellas palabras hicieron que la alegría diera paso a una profunda emoción.
Era cierto.
Ambos recordaban demasiado bien aquellos días en que cada moneda debía estirarse hasta el límite.
Ahora podían respirar con más tranquilidad.
Y lo mejor era que ese bienestar no había nacido de la suerte.
Había nacido del trabajo.
Mientras el barón volvía a observar el traje que llevaba puesto, sonrió para sus adentros.
Quizá el destino había intentado derribar a la casa Drack.
Pero jamás habría imaginado que su mayor rival sería una joven de sonrisa traviesa que convertía cualquier problema en una oportunidad de negocio.
😭😭😭😭😭 y más cuando Oliver al verla sonrío y le dijo que su esposa era la mas bella de todo el reino 🥰🥰🥰😍😍😍