🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra
La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.
Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.
Los Noctarys.
Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.
Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.
Una conexión imposible.
Un destino escrito mucho antes de que nacieran.
Pero la profecía es clara:
Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.
Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.
Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.
Y otras...
A destruirlo.
NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6: La Grieta de las Sombras
El cielo se partió en dos.
Ayla observó la gigantesca grieta negra suspendida sobre el Reino Noctarys.
Era imposible.
Antinatural.
Como una herida abierta en la realidad.
Desde su interior surgían relámpagos oscuros.
Sombras.
Susurros.
Y algo más.
Algo vivo.
El miedo recorrió cada rincón de la ciudad.
Los habitantes comenzaron a correr.
Los guardias levantaron sus armas.
Las campanas del castillo sonaron con fuerza.
Una.
Dos.
Tres veces.
La alarma de guerra.
—No puede estar ocurriendo tan pronto —murmuró Kael.
La reina observaba el cielo con preocupación.
—Han encontrado el corazón antes de tiempo.
Ayla sintió un escalofrío.
Sabía que hablaban de ella.
—¿Qué está saliendo de ahí?
La reina no respondió.
Porque en ese momento la primera criatura apareció.
Descendió lentamente desde la grieta.
Envuelta en humo negro.
Tenía forma humana.
Pero solo a primera vista.
Su piel parecía hecha de oscuridad líquida.
Sus ojos eran completamente rojos.
Y enormes alas negras se extendían detrás de su espalda.
Los nobles retrocedieron aterrados.
—Umbrarys... —susurró uno de ellos.
Entonces apareció otro.
Y otro.
Y otro más.
Decenas.
Cientos.
El cielo comenzó a llenarse de figuras oscuras.
Como una tormenta viviente.
Kael desenfundó una espada negra que parecía estar hecha de cristal y sombra.
La hoja emitía un brillo violeta.
—Debemos sacarte de aquí.
—No pienso huir.
—Ayla...
—Estoy cansada de que todos decidan por mí.
El heredero la observó sorprendido.
Aquella era la primera vez que veía verdadera determinación en ella.
Pero también miedo.
Mucho miedo.
Y con razón.
Porque aquello apenas comenzaba.
La grieta continuó expandiéndose.
Las tres lunas perdieron parte de su brillo.
Como si la oscuridad estuviera devorándolas.
La reina cerró los ojos.
Y una poderosa energía violeta recorrió la sala.
—Escuchen todos.
Su voz resonó por todo el castillo.
Por toda la ciudad.
Por todo el reino.
—Los Umbrarys han regresado.
Los murmullos desaparecieron.
—La guerra que creíamos terminada ha comenzado nuevamente.
El silencio se volvió absoluto.
—Y esta vez vienen por la heredera.
Ayla sintió cientos de miradas clavarse sobre ella.
No sabía cómo sentirse.
Asustada.
Confundida.
Responsable.
Todo al mismo tiempo.
La reina levantó una mano.
Y un mapa de luz apareció flotando en el aire.
Mostraba el Reino Noctarys.
Las montañas.
Los bosques.
Los ríos de energía.
Y varios puntos oscuros que avanzaban rápidamente.
—Ya están entrando.
Los generales palidecieron.
—¿Tan rápido?
—Sí.
—Imposible.
La reina negó lentamente.
—Nada es imposible cuando la Luna Negra despierta.
De pronto una explosión sacudió el castillo.
Los vitrales estallaron.
Los soldados desenfundaron sus armas.
Los gritos comenzaron a escucharse desde las calles.
—¡Han atravesado la muralla!
—¡Protejan el castillo!
—¡Cierren las puertas!
Kael tomó la mano de Ayla.
—Vamos.
—¿A dónde?
—A un lugar seguro.
—No existe un lugar seguro, ¿verdad?
Kael no respondió.
Aquello fue suficiente.
Salieron corriendo por los pasillos.
El castillo parecía un caos.
Guardias movilizándose.
Nobles intentando escapar.
Sirvientes llorando.
Todo el mundo sabía lo que significaba.
Los Umbrarys jamás habían atacado directamente el corazón del reino.
Hasta ahora.
Llegaron a una enorme sala circular.
Mucho más antigua que el resto del castillo.
Las paredes estaban cubiertas de símbolos.
Lunas.
Estrellas.
Marcas idénticas a la de Ayla.
En el centro se encontraba un pedestal de piedra negra.
Y sobre él descansaba una esfera violeta.
Palpitante.
Viva.
—¿Qué es esto?
Kael la observó.
—La memoria de los primeros Noctarys.
—¿Por qué me trajiste aquí?
—Porque si todo sale mal...
La frase quedó incompleta.
—¿Si todo sale mal qué?
El heredero apretó los puños.
—Tendrás que despertar tu poder.
Ayla sintió un escalofrío.
—Ni siquiera sé qué significa eso.
—Yo tampoco.
El silencio volvió a instalarse.
Y por primera vez Kael pareció vulnerable.
No como un príncipe.
No como un guerrero.
Solo como alguien que tenía miedo de perderla.
Entonces ocurrió.
La esfera comenzó a brillar.
Más fuerte.
Más intensa.
Más viva.
Y una voz surgió desde su interior.
Una voz desconocida.
Antigua.
Poderosa.
—Por fin has regresado.
Ayla dio un paso atrás.
—¿Quién eres?
La luz aumentó.
Y una figura apareció dentro de la esfera.
Un hombre.
Cabello oscuro.
Ojos completamente violetas.
Vestido con una armadura antigua.
Kael abrió los ojos sorprendido.
—No...
—¿Lo conoces?
El heredero parecía incapaz de hablar.
La figura sonrió.
—Ha pasado mucho tiempo.
—Eso es imposible.
—Lo era.
Hasta ahora.
Ayla observó a ambos confundida.
—¿Quién es?
Kael tragó saliva.
Y respondió con una voz casi inaudible.
—El primer rey de los Noctarys.
La joven sintió que el mundo se detenía.
El primer rey.
El fundador de toda la raza.
La figura la observó fijamente.
Y luego pronunció unas palabras que hicieron que la sangre se congelara en las venas de Ayla.
—La Luna Negra ya te ha elegido.
Y el tiempo para escapar se ha terminado.
Continuará...