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Casada con el tío millonario de mi ex

Casada con el tío millonario de mi ex

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / La mimada del jefe / Enfermizo / Amante arrepentido / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:908.5k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Dupi

A Renata la traicionaron el día más importante de su vida.

Mientras se probaba sola su vestido de novia, un mensaje anónimo le reventó el mundo: su prometido, Patricio, se estaba casando con Daniela —la hija postiza que le robó su lugar en la familia Bracamonte— en una boda de ensueño. Cuando llegó, escuchó a los invitados reírse de ella: «la sorda», «la arrimada», «en la cama ha de ser un pez muerto». Patricio ni se inmutó: «Es normal en este círculo. Seguirás siendo mi esposa legal».

Renata rompió el compromiso ahí mismo. Y esa misma tarde, ante todos, hizo lo único que nadie esperaba: **se casó con Maximiliano Lazcano… el tío de su ex.**

Frío, intocable, dueño de uno de los imperios más grandes del país, Max era el hombre que la sociedad entera deseaba y temía. Lo que Renata no sabía —y lo que Patricio descubriría demasiado tarde, llamándola noche tras noche para suplicarle que volviera— es que ese magnate de hielo la amaba en silencio desde que ella tenía dieciséis años. Y ahora que por fin era suya, no pensaba dejarla ir.

Él la cubrió de joyas y la defendió en público cuando la élite la despreciaba. Curó en secreto el oído que ella creía perdido. La eligió, una y otra vez, frente a todos. Pero entre ellos seguía en pie un secreto enterrado en cenizas: el incendio que la dejó sorda, el trauma que lo persigue a él… y una verdad que cambiará quién es el culpable y quién la víctima.

Mientras Renata se levanta de la nada hasta convertirse en la diseñadora más codiciada del país, los que la humillaron caen uno a uno. La hija postiza pierde su corona. El ex que la cambió por su hermana lo entiende cuando ya no hay vuelta atrás. Y la verdad sobre su sangre, su pasado y el hombre que siempre la amó saldrá a la luz.

La despreciaron por ser «la hija perdida, la sorda, la naca».

Se equivocaron con la mujer.

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Capítulo 14

Capítulo 14: Hagan una reverencia a su tía

—¡Esto es una farsa! —alcanzó a gritar Patricio—. ¡Renata, tú no puedes…!

Max no lo dejó terminar.

Se volvió hacia mí, me tomó de la nuca con una mano y de la cintura con la otra, y me besó. Delante de todos. Delante de Patricio, de Daniela, de los cien apellidos, de las cámaras. No fue un beso tímido de ceremonia. Fue un beso que ponía las cosas en su lugar, que decía, sin una sola palabra, "esta mujer es mía, y el que tenga algo que decir, que lo diga ahora". Sentí que el patio entero desaparecía. Cuando me soltó, yo estaba sin aire y roja hasta la raíz del pelo, y él me sostenía la mirada con una calma feroz.

El aplauso estalló. Los invitados, encantados con el espectáculo, ovacionaban. Patricio se quedó parado en el borde del patio, temblando, con Daniela colgada del brazo sin entender nada, mientras la gente más importante de México aplaudía mi boda y le daba la espalda a la suya.

Lo que vino después fue, lo confieso, uno de los mejores momentos de mi vida.

Gonzalo, el padre de Patricio, se abrió paso hasta don Ignacio, rojo de humillación.

—Tío, por favor, ponga orden. Esto no puede ser. Mi hijo iba a casarse hoy, y usted… usted le hace esto, le quita a la novia y le organiza otra boda en sus narices…

Don Ignacio, sentado en la silla de honor, ni se inmutó. Le dio un sorbo a su copa.

—Yo no le quité nada a nadie, Gonzalo —dijo, con esa calma de los viejos que ya no le temen a nada—. Tu hijo dejó plantada a una mujer buena para irse con otra, y encima quiso conservar a las dos. Lo que está cosechando hoy lo sembró él solito. Yo nada más vine a la boda de mi hijo. —Y volvió a su copa, dando el tema por cerrado.

Entonces Max levantó la voz, dirigiéndose a los invitados, pero con los ojos puestos en Patricio.

—Antes de seguir con la fiesta —dijo—, hay que hacer las cosas como Dios manda. En esta familia, los sobrinos le presentan sus respetos a los mayores. —Hizo una pausa larga, deliberada, saboreándola—. Mi esposa, Renata, es ahora, por matrimonio, la tía política de Patricio. Lo correcto es que él y su… acompañante… le presenten una reverencia y le ofrezcan un brindis. Como se le debe a una tía.

Un silencio espeso cayó sobre el patio. Y luego, un murmullo de risas contenidas.

Vi a Patricio entender lo que se le pedía. Él, que me había humillado, que me había ofrecido seguir como amante "discreta", que me había gritado en su oficina; él, que se creía tan por encima de mí, tenía que inclinarse ante mí, llamarme tía, brindar por mí, delante de todo el mundo que había venido a verlo a él.

—No pienso… —empezó.

—¿Disculpa? —Max ladeó la cabeza, y su voz se volvió suave, peligrosa—. En mi casa, el que no sabe guardar las formas, se va. Y el que se va de la Hacienda San Ignacio el día que el patriarca celebra, ya sabes lo que significa para los negocios de tu padre, ¿verdad, Patricio?

No era una amenaza vacía y todos lo sabían. La mitad de los contratos de la rama de Gonzalo dependían del visto bueno del Grupo Lazcano. Una salida en falso ese día, delante de esas personas, podía costarle a la familia de Patricio mucho más que el orgullo.

Vi a Gonzalo palidecer y agarrar a su hijo del brazo, susurrándole algo entre dientes, una orden disfrazada de súplica: "Hazlo. Por lo que más quieras, hazlo, no nos hundas". Vi a Patricio mirar a su alrededor: las cámaras discretas de los celulares, los rostros expectantes, los amigos de Max que ya no disimulaban la sonrisa. Vi cómo medía el tamaño de su trampa y comprendía que no había salida que no pasara por humillarse. Y lo vi tragarse la rabia entera, gota a gota, hasta el fondo.

Daniela, a su lado, todavía con el vestido de novia que no le había servido de nada, apretaba los labios para no llorar de pura rabia. Era su día de boda. Y lo estaba pasando inclinándose ante la mujer a la que le había robado el novio, en el banquete de otra.

Se acercaron. Rígidos. El hombre que me cambió por otra y la mujer que me lo quitó. Y los dos, delante de todo México, me hicieron una reverencia.

—Felicidades… tía —escupió Patricio, con los dientes apretados.

—Felicidades, hermana —murmuró Daniela, con los ojos llenos de un odio que ya ni se molestaba en disfrazar de lágrimas.

Un mesero les pasó dos copas. Tuvieron que brindar por mí.

Y entonces Max hizo lo que terminó de redondear la escena. Tomó él mismo una copa, la acercó a mis labios y me dio de beber de su mano, despacio, mirándome con una ternura tan abierta que medio patio suspiró. A mí, que el mundo entero había tratado como sobra, el hombre más temido de México me daba de beber como a una reina, mientras mis verdugos se inclinaban a mis pies.

—¿Te gusta el vino? —me preguntó, bajito, con esa pregunta suya de siempre.

—Me gusta —dije, y no hablaba del vino.

Patricio tuvo que verlo todo. Vio cómo el hombre más temido de México, que jamás se rebajaba a un gesto tierno en público, le daba de beber de su propia copa a la mujer que él había despreciado. Vio cómo me limpiaba con el pulgar una gota del labio, sin prisa, sin importarle quién mirara. Y entendió, creo, la diferencia entre lo que él me había ofrecido —ser su secreto, su amante "discreta"— y lo que este otro hombre me daba sin que yo se lo pidiera: el lugar más alto, a plena luz, sin esconder nada.

Para rematar, Max hizo una seña y un asistente se acercó a Patricio y a Daniela con dos sobres.

—Por las molestias —dijo Max, con un desprecio finísimo—. Para la luna de miel. O para lo que les quede de ella.

Eran sobres con dinero. Una propina. La clase de dinero que para mí habría sido una fortuna y que para los Lazcano era lo que se le da al que abre la puerta. Tratar a Patricio, el orgulloso Patricio, como a un empleado al que se despide con una gratificación. La humillación fue tan perfecta, tan quirúrgica, que ni siquiera necesité disfrutarla en voz alta.

Al fondo del patio hubo un alboroto. Augusto y Patricia, mis "padres", habían intentado colarse a la mesa de honor. La misma mujer que dos días atrás me había encerrado y abofeteado, el mismo hombre que había ordenado a sus guardias trancar la puerta, ahora avanzaban entre los invitados con la mejor de sus sonrisas, llamándome "mi hija" en voz alta para que todos los oyeran, listos para estrenar su nuevo papel de suegros del magnate Lazcano. Ya me imaginaba el cuento que iban a vender en sus clubes: lo orgullosos que estaban, lo bien que habían educado a su Renata.

Pero don Tomás, el viejo mayordomo, les cerró el paso con una bandeja en las manos y una cortesía más fría que cualquier portazo.

—Lo siento mucho, señores —les dijo, lo bastante fuerte para que se oyera tres mesas a la redonda—. Hoy la señora solo recibe a una invitada de su familia. Y ya está adentro, en la mesa de honor. Se llama Valentina. Si gustan, allá afuera hay un módulo donde con gusto les llaman un taxi.

Vi a mi madre ponerse del color de la grana. Vi a Augusto buscar a quién reclamarle y no encontrar a nadie que le hiciera caso. Y, por primera vez en mi vida, no sentí el viejo nudo en la garganta. Sentí, en cambio, una paz enorme, tibia, como cuando por fin se cierra una puerta que llevaba años golpeando con el viento.

Mi madre buscó mi mirada desde lejos, esperando, quizá, que yo intercediera, que la rescatara como tantas veces de niña intenté ganarme su cariño portándome bien. La miré. Y no hice nada. No por crueldad; simplemente, por primera vez, no me nació. Esa puerta llevaba años cerrándose sola; yo apenas dejé de empujarla para que se quedara abierta.

Vale, desde su lugar en la mesa principal —el único lugar de honor reservado para "mi familia"—, levantó su copa hacia mí, con los ojos brillantes, y me guiñó un ojo. Esa, la del café de barrio, la que se metía en mi cama de niña para que no temblara de fiebre, esa sí era mi familia. Y estaba sentada en el mejor lugar de la fiesta, donde merecía.

Cuando se hubieron ido todos los que sobraban, Max volvió a mi lado. Me ofreció el brazo para llevarme de regreso a la mesa, y, al pasar entre los invitados que ahora me sonreían y me felicitaban llamándome "señora Lazcano", se inclinó apenas hacia mi oído bueno.

—¿Estuvo bien? —preguntó. Y por primera vez entendí que todo aquello —la reverencia, el brindis, los sobres, la puerta cerrada a tus padres— no había sido un capricho de hombre poderoso. Lo había hecho por mí. Para que cada persona que alguna vez me había mirado por encima del hombro me viera, ese día, en el lugar más alto.

—Estuvo bien —le dije, y se me quebró un poco la voz—. Gracias.

—No me agradezcas. —Me acomodó un mechón detrás de la oreja—. Apenas estoy empezando.

Esa noche, los Bracamonte se fueron por la puerta de servicio. Y Patricio y Daniela, casados a medias y humillados enteros, se fueron cada uno cargando un odio nuevo, fresco, que yo era demasiado feliz en ese momento para tomarme en serio.

Debí tomármelo en serio. Pero esa, esa es otra historia.

1
Isabel Contreras Zavala
la historia besta bonita solo que. por qué ponen a la protagonista tan tonta .
esta bien que tenga miedo y todas esas cosas pero si la ponen con un esposo tan poderoso porque la hacen a ella tan tonta .
se que es una novela pero no hay dramatizar tanto a la protagonista. .quiere decir que ella solo va hacer feliz hasta el final .
y todo le sale bien a la maldita de su hermana .
por qué hacer sufrir tanto a la protagonista
Tania
Porfavor , porque tan tonta ….. aburre
Bellaneri Sosa vazquez
🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭 aprenda a andar con la frente en alto daniela, jejejejej me gustó...... las amantes siempre andan escondidas en un rincón esperando.....
Karire Endoki
cuando pasó que no me entré 😭 esperando el si y ni cuenta me dí
luna07
Osea le. Mintieron diciendo q murió de recién nacida pero tiene foto con ella? En serio autora?
Estrella Reyes Reyes
la conose de antes,se,nota,al ver como la trata🥰,la ama?
Cliente anónimo
Salto del capítulo 6 salto al 8 ahora. Salto al 10🤭🤭
Edit Campregher
felicitaciones autora,al principio pensé que era igual a otras, pero a medida que iba leyendo me atrapaba. pase por varios sentimientos rabia,desesperanza,cariño,llorar mientras leía de emoción. nuevamente felicitaciones autora!!!
luna07
Jajajajajaja ya no tiene freno
luna07
Que enredo, ya me. Perdí, como q hija de sangre? No se supone q es la recogida del internado?
Bellaneri Sosa vazquez: es obvio que algo ocultan ese par..... no por nada la humillado demasiado hasta hacerla sumisa y obediente.... 🤔🤔🤔algo ocultan ese ha de.ser
total 1 replies
Olga Marina Moreno Goez
👏👏👏👏👏👏
Olga Marina Moreno Goez
Buen final. Gracias 👏👏👏👏
Olga Marina Moreno Goez
Bueno, escribir es hacer real lo imposible, algún día se cansarán de ser esposos sin serlo, espero no después de un siglo. 🤭
Olga Marina Moreno Goez
Que pasó? De dónde salió un bebé sin consumar el Matrimonio? Que cosa más rara y yo esperando que lo pidiera porque ya estaba segura junmm
wilmer moreno chala: pero de donde si tienen mas de un año y medio y cuando estuvieron relaciones o es q no le preste atención a la historia 🤷
total 1 replies
María Angélica Acosta García
No lean lo que no les gusta, si eso hacen con una escritora aficionada que hace buenas estructuras en su escritura, ya me imagino con una “Cumbres borrascosas” o un “Orgullo y prejuicio" pero leídas, no en película! Que por cierto, son más emocionantes, porque vuela la imaginación con los paisajes que detallan los escritores, entonces no son buenas lectoras!
Bel Saavedra
Claramente Renata no ovula.
Andrea Figueroa: ni deseos tiene huyyyy
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Alicia Ovando sanchez
Ahora sí es su hija
Alicia Ovando sanchez
Le pasa por tonta e ignorante si bien sabe que no la quieren y ahí va , alguna herencia hay a su nombre por eso ahora la quieren casar con el tipejo para luego quitarle todo
JTOC
está novela parecía que la iba a dejar en el tercer capítulo pero mientras más leía más me interesaba y al final se terminó... gracias escritora, espero más historias como estas y muy buenas
JTOC
Max excelente me gusta como trata a Renata.... espero una burla épica para Daniela y que sufra 🤣
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