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EL PRECIO DE TU LINAJE

EL PRECIO DE TU LINAJE

Status: En proceso
Genre:Vientre de alquiler / Madre por contrato / Romance
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

James Fernández lo tiene todo: es un arrogante CEO tecnológico de 26 años y el playboy más cotizado de Madrid. Pero un devastador diagnóstico de cáncer destruye su mundo: tiene una semana para salvar su descendencia antes de quedar estéril para siempre. Su única opción es un vientre de alquiler exprés en Grecia.
Estela Gómez tiene 20 años y su vida es un infierno de deudas por culpa de una estafa familiar. Cuando su madre colapsa y necesita una cirugía de urgencia que no pueden pagar, Estela toma una medida desesperada: aceptar el frío contrato de James a cambio de la vida de su madre.
Lo que empieza como una transacción comercial secreta se transforma bajo el ático de la Castellana. Entre la quimioterapia de él y los latidos de un embarazo inesperado, la mentira se mezclará peligrosamente con un amor real capaz de desenterrar los secretos más oscuros del pasado.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 16. EL PRIMER LATIDO EN LA PIEL.

El quinto mes de embarazo llegó acompañado de un aire de renovación que transformó por completo el ambiente del ático. Hacía dos semanas que James había recibido el alta definitiva de su última sesión de quimioterapia preventiva. Los análisis de sangre confirmaban que su cuerpo estaba completamente limpio del tumor y libre de las toxinas de los fármacos. Su cabello oscuro comenzaba a crecer de nuevo, una sombra muy corta y densa que le daba un aspecto varonil y renovado, alejado de la imagen del playboy del pasado. Ya no había peligro de contagio por fluidos, ya no había necesidad de mantener los tres metros de distancia de seguridad.

La coartada del viaje al extranjero había funcionado a la perfección. Estela hablaba con su madre y con Lucas tres veces por semana mediante llamadas internacionales de voz, convenciéndolos de que estaba instalada en un apartamento de la empresa en Londres. El dinero seguía llegando puntualmente a su cuenta de España, por lo que su familia vivía tranquila, ajena al crecimiento de la tripa de Estela, que ahora ya era una hermosa y prominente curva que delataba el embarazo de los gemelos.

Una tarde de domingo, mientras Madrid se cubría con el manto anaranjado del atardecer, Estela estaba descansando en el gran sofá del salón, con las piernas recogidas y un libro sobre maternidad apoyado en los muslos. De repente, sintió una sensación extraña en el bajo vientre. No era un dolor, ni un reflejo de las hormonas; era como el aleteo de una mariposa atrapada, seguido de un golpe sutil, rítmico y claro.

Estela soltó un jadeo ahogado y dejó caer el libro sobre el cojín. Se llevó ambas manos a la tripa, conteniendo la respiración.

James, que salía de su despacho con una taza de café en la mano, se detuvo en seco al ver su reacción. La alarma se encendió de inmediato en sus ojos claros.

—¿Estela? ¿Qué pasa? —preguntó, dejando la taza sobre una mesa auxiliar y acercándose a paso rápido—. ¿Te encuentras mal? ¿Llamo a Valeria o al hospital?

Estela levantó la mirada hacia él. Tenía los ojos empañados en lágrimas, pero su rostro reflejaba una felicidad tan radiante que James se quedó sin palabras.

—No… no llames a nadie —susurró Estela con la voz temblorosa, sin apartar las manos de su vientre—. Acaban de moverse, James. Por primera vez. Están dando patadas.

James se quedó estático a un paso del sofá. El café pareció congelarse en sus venas. Miró la curva del vientre de Estela y luego sus manos. Durante meses, los bebés habían sido solo imágenes granuladas en un monitor clínico o números en un informe de laboratorio. La realidad de su paternidad había sido una idea teórica, un salvavidas contra la muerte, pero en ese instante, en mitad de su salón, la vida se volvía real.

—¿Se… se mueven? —preguntó James, con un hilo de voz que delataba un asombro casi infantil. El CEO implacable parecía haber desaparecido por completo.

—Sí —dijo Estela, esbozando una sonrisa dulce—. Ven aquí. Llevas semanas manteniendo las distancias por la quimioterapia, pero el médico dijo que ya estás limpio. Ya puedes tocarlos, James. Son tus hijos.

James tragó saliva, sintiendo un nudo de emoción en la garganta. Dio el último paso que lo separaba del sofá y se arrodilló sobre la alfombra, quedando a la altura de la tripa de Estela. Extendió la mano derecha, pero se detuvo a escasos centímetros de la tela de su vestido de punto. Le temblaban los dedos. Tenía miedo de ser demasiado brusco, de romper la frágil magia del momento.

Estela, al ver sus dudas, alargó su propia mano. Con suavidad, entrelazó sus dedos con los de James y guio su palma grande, cálida y firme, colocándola directamente sobre el centro de su vientre.

El contacto de sus pieles, mediado apenas por la fina tela del vestido, envió una descarga eléctrica directo al corazón de ambos. James contuvo el aliento. Durante los primeros segundos no ocurrió nada, solo el calor compartido de sus cuerpos y el ritmo acelerado de sus propios latidos. Pero entonces, justo debajo de la palma de James, la piel de Estela se tensó sutilmente. Un pequeño bulto empujó hacia fuera, un golpe nítido y enérgico que chocó directo contra la mano del millonario. Un segundo después, en el lado opuesto, otra pequeña patada respondió al unísono.

James abrió los ojos de par en par y una lágrima solitaria resbaló por su mejilla, cayendo sobre el sofá. No intentó limpiarla. No le importó mostrarse vulnerable ante ella.

—Dios mío… —susurró James, apretando la mano con delicadeza, sintiendo cómo los dos corazones invisibles latían con fuerza bajo sus dedos—. Están ahí. De verdad están ahí.

—Te lo dije, James —respondió Estela en un susurro, acariciándole el cabello que empezaba a brotar en su cabeza rapada con una ternura que nació del fondo de su alma—. Son unos guerreros, igual que su padre. Han luchado todo este camino para llegar hasta aquí.

James levantó la cabeza lentamente, sin retirar la mano de su vientre, y sus miradas se cruzaron a escasos centímetros de distancia. El espacio que antes ocupaba el contrato, las cláusulas confidenciales y el dinero se había reducido a nada. En los ojos marrones de Estela, James no encontró el reflejo de sus millones ni de su éxito corporativo; encontró su redención, su salud y el milagro de una familia que nunca supo que necesitaba. Y Estela, al mirar los ojos claros de James despojados de toda soberbia, comprendió con un vuelco en el corazón que la mentira que los había unido se estaba convirtiendo en la verdad más hermosa de su vida.

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Norma Lopez
Muy buena
Noemi Acevedo
me parece excelente me encanta
Noemi Acevedo
es buenísima pero tiene que seguir por favor
SIKEVALEN: subo capitulos cada dos dias, mañana tendras 10 capitulos mas. Me alegro que te este gustando. Un abrazo
total 1 replies
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