Una apuesta. Un engaño. Un precio imposible de olvidar.
Porque hay decisiones que cambian la vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Prólogo
Dicen que el tiempo tiene el poder de curarlo todo.
Yo aprendí que eso no es verdad.
El tiempo no borra las heridas.
No elimina los recuerdos ni las promesas rotas.
Solo enseña a convivir con ellas hasta que dejan de doler cada vez que respiras.
Después de un tiempo, el dolor deja de ser un grito y se convierte en un susurro constante:
uno que te acompaña incluso cuando sonríes.
siete años.
siete largos años fueron suficientes para cambiar mi vida por completo.
La mujer que un día creyó ciegamente en las personas quedó atrapada en el pasado.
En su lugar nació alguien diferente:
alguien que aprendió a levantarse sola, a confiar únicamente en sí misma y a no permitir que nadie volviera a decidir su destino.
Miré por la ventanilla del automóvil mientras las luces de la ciudad iluminaban la avenida.
Todo seguía igual.
Los edificios, el tráfico, el ruido de la gente caminando con prisa...
Era como si el tiempo hubiera decidido detenerse para todos, menos para mí.
Respiré hondo.
Nunca imaginé que volvería.
Cuando me marché, juré que jamás regresaría al lugar donde todo cambió.
Prometí que ese capítulo de mi vida permanecería cerrado para siempre.
Sin embargo, el destino tiene una extraña forma de obligarnos a enfrentar aquello de lo que intentamos escapar.
El automóvil se detuvo frente a un moderno edificio de cristal que parecía tocar el cielo.
Observé mi reflejo en la ventana.
Por unos segundos no vi a la mujer que todos conocían ahora.
Vi a alguien que ya no existía:
una joven que entregó su confianza sin reservas, que creyó en palabras bonitas y en promesas que parecían sinceras.
Parpadeé.
La imagen desapareció.
Frente a mí solo quedaba la mujer que había decidido construir una nueva vida.
Acomodé el cuello de mi blazer color marfil y tomé mi bolso.
—Hemos llegado, señora —dijo el conductor.
Asentí con una pequeña sonrisa.
—Gracias.
Abrí la puerta y el aire frío acarició mi rostro.
Sentí que mi corazón latía con fuerza, pero no por miedo.
El miedo había dejado de gobernar mi vida hacía mucho tiempo.
Ahora caminaba con la tranquilidad de quien sabe exactamente quién es y cuánto vale.
Cada paso que daba hacia la entrada era una despedida definitiva del pasado.
Las puertas automáticas se abrieron lentamente.
La gente que iba y venía apenas levantaba la vista.
Nadie podía imaginar que aquel lugar guardaba recuerdos capaces de cambiar una vida entera.
Y eso estaba bien.
Porque nadie debía conocerlos.
No todavía.
La recepcionista sonrió con amabilidad.
—Buenos días.
¿En qué puedo ayudarla?
Le devolví la sonrisa.
—Tengo una reunión programada.
La joven revisó su agenda y asintió.
—Claro, la están esperando.
¿Podría decirme su nombre?
Por un instante cerré los ojos.
Solo fue un segundo, el suficiente para despedirme de todo lo que alguna vez fui.
Cuando volví a abrirlos, ya no había dudas en mi interior.
—Mi nombre es Renata.
Ella anotó el nombre y me entregó mi credencial.
—Bienvenida, señora Renata.
Tomé la tarjeta y avancé hacia el ascensor.
Las puertas se cerraron detrás de mí.
Mientras subía, miré mi reflejo en el acero pulido y sonreí con serenidad.
Nadie recordaba a la mujer que desapareció sin dejar rastro.
Nadie esperaba mi regreso.
Y nadie imaginaba que, detrás del nombre de Renata, se escondía una historia que estaba a punto de cambiarlo todo una vez más.
Las puertas se abrieron.
Respiré profundamente.
Era hora de volver.
Y esta vez, sería el pasado el que tendría que enfrentarse a mí.