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CORAZONES REBELDES

CORAZONES REBELDES

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor a primera vista / Triángulo amoroso / Colegial dulce amor / Melodrama / Chico Malo
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Entre los secretos de un pasado enterrado que la marcó para siempre y las manipulaciones de una élite dispuesta a devorarla, Ángela deberá descubrir si es capaz de romper los hilos de su propia dinastía antes de que la obliguen a vender el resto de su vida al mejor postor.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El castigo

...CAPÍTULO 5...

...----------------...

...ANGELA SALLES ...

El agua me chorreaba por el cuerpo, y aunque la chaqueta de Asher me pesaba y me cubría, la humillación seguía ardiendo. Pero entonces, la tristeza se transformó en un estallido de rabia pura. Miré a Sabrina, que todavía tenía esa sonrisa de triunfo cínico, relamiéndose por haberme dejado en ridículo frente a todo el instituto.

No lo pensé. Me solté del agarre de Asher por un segundo, di un paso hacia ella y, antes de que pudiera parpadear, le crucé la cara con una bofetada que resonó por encima de la música.

El silencio fue sepulcral. Sabrina se llevó la mano a la mejilla, con los ojos desorbitados, pero no le di tiempo a reaccionar. Apoyé mis manos en sus hombros y, con toda la fuerza de mi frustración, la empujé hacia atrás. El chapuzón de su vestido rojo al caer al agua fue el sonido más satisfactorio de mi noche.

—Ahora estamos a mano, "reina" —escupí, dándole la espalda.

Asher me tomó del brazo, pero esta vez no con delicadeza, sino con la urgencia de sacarme de aquel circo. Nos abrimos paso entre la multitud que aún no sabía si reír o seguir grabando. Al llegar al estacionamiento, no me llevó hacia su moto. Se detuvo frente a un Jeep Wrangler de color negro, con el techo descubierto y tablas de surf en la parte trasera.

—Sube —ordenó, abriéndome la puerta.

Me hundí en el asiento de tela, abrazándome a su chaqueta de cuero como si fuera mi única protección contra el mundo. Él rodeó el auto y se puso al volante.

—¿Y la moto? —pregunté con la voz todavía temblorosa, mirando el interior del vehículo—. No sabía que tenías un auto.

—Es mío —respondió secamente mientras arrancaba—. Mi madre me lo regaló hace un año para ir a surfear. Solo lo uso para cargar las tablas o cuando quiero estar más... cómodo.

—Cómodo con Sabrina, me imagino —solté, y aunque estaba empapada y humillada, el veneno en mi voz seguía ahí.

Asher frenó bruscamente antes de salir del recinto de la mansión y me miró fijamente. Sus ojos verdes estaban cargados de una intensidad que me hizo encogerme.

—No llegué con ella, Ángela. Se me pegó en la entrada en cuanto me vio y no dejaba de parlotear. Vine aquí porque... —se calló, apretando el volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos—. Olvídalo. No vine por ella.

Condujo en silencio hasta un Diner de 24 horas en la costa. Se estacionó frente al mar, donde solo se escuchaba el romper de las olas.

—¿Qué quieres? —preguntó sin mirarme.

—Una hamburguesa con todo. Y papas fritas —respondí, sintiendo un vacío voraz en el estómago que no era solo hambre.

Asher bajó del auto sin decir palabra. Lo vi entrar al local iluminado por neones y salir minutos después con una bolsa de papel humeante y dos batidos. Se subió de nuevo y se sentó en silencio, entregándome la comida. El calor de la bolsa contra mis piernas mojadas era reconfortante.

Comimos sin hablar durante los primeros minutos, hasta que el ambiente se calmó. El olor a fritura y el sonido del mar empezaron a disipar la neblina del alcohol y el trauma de la piscina.

—Esa cachetada... no sabía que tenías tanta fuerza —dijo Asher de repente, rompiendo el hielo. Había un rastro casi imperceptible de una sonrisa en la comisura de sus labios.

—Hago karate, Asher. Te lo dije —respondí, mirando hacia el océano—. Aunque hoy me sentí como la persona más débil del planeta.

—No eres débil —sentenció él, girándose para mirarme de frente—. Eres una tonta por venir a un lugar así con tipos como Maddox, pero no eres débil. Christian no es quien crees, Ángela. Él busca que las chicas se vean así, vulnerables, para poder "jugar" con ellas. Yo solo... no podía dejar que pasarás por eso.

—¿Por qué? —le pregunté, clavando mis ojos en los suyos—. Dijiste que no te gustaban las niñas como yo. Dijiste que solo era un entretenimiento. ¿Por qué viniste hoy a buscarme si se supone que no te importo?

Asher dejó su hamburguesa a un lado y suspiró, pasando una mano por su cabello desordenado. El silencio que siguió no fue tenso, sino honesto, como si por fin las máscaras de "niña de papá" e "imbécil arrogante" se hubieran caído en la arena.

Mis dientes castañeteaban levemente, un sonido rítmico que rompía la quietud del Jeep. Aunque la chaqueta de cuero de Asher era gruesa y olía a él, mi vestido seguía empapado y el aire de la noche no perdonaba.

Asher no respondió de inmediato a mi pregunta. Se quedó mirándome, con esa intensidad en sus ojos verdes que siempre me hacía sentir desarmada. Vio cómo un escalofrío me recorría la columna y, sin decir palabra, dejó su bebida en el posavasos. Se inclinó hacia mí.

Contuve la respiración. Estaba tan cerca que podía ver el reflejo de la luna en sus pupilas y sentir el calor que desprendía su cuerpo. Sus manos, grandes y callosas, subieron hasta las solapas de la chaqueta que me cubría. Con una delicadeza que contrastaba con su brusquedad habitual, las acomodó, cerrándolas un poco más alrededor de mi cuello para atrapar el calor.

Sus dedos rozaron la piel de mi clavícula por un microsegundo, enviando una descarga eléctrica por todo mi cuerpo que no tenía nada que ver con el frío. No se apartó. Se quedó allí, a escasos centímetros de mi rostro. Podía sentir su respiración entrecortada chocar contra mi mejilla. El tiempo pareció detenerse en ese Jeep, con el sonido del mar como único testigo.

Mis ojos bajaron involuntariamente a sus labios, recordando el beso sin sentido de Christian en la pista de baile y lo mucho que deseaba que este momento fuera diferente. Pero Asher no me besó. Soltó un suspiro largo, pesado, un sonido que salió desde lo más profundo de su pecho, y se echó hacia atrás, apoyando la espalda contra su asiento de nuevo.

Miró hacia el horizonte, donde la línea negra del mar se unía con el cielo estrellado.

—Sabes que no mentí en la sala de audiovisuales, Ángela —dijo finalmente, con su voz ronca y monocorde—. Te dije la verdad. Me gustas. Mucho más de lo que me gustaría admitir, y mucho más de lo que es bueno para cualquiera de los dos.

Sentí un vuelco en el estómago. Me gustas. Había querido escuchar esas palabras, pero la forma en que las decía sonaba a una condena, no a una promesa.

—Pero también te dije que no quiero una relación—continuó, apretando la mandíbula—. Y no es porque sea un imbécil arrogante que solo busca "entretenimiento", como tú dices. Es porque... —se calló un segundo, buscando las palabras— porque mi vida es un desastre, Salles. Mi padre es Mike Collins, y mi madre es una sombra que solo aparece para darme regalos caros cuando se siente culpable. No tengo nada lindo y estable que ofrecerte.

Se giró de nuevo hacia mí, y esta vez, su mirada era de una honestidad cruda, casi dolorosa.

—Tú eres... eres luz, Ángela. Eres brillante, eres decidida, y tienes un futuro que tu padre ha diseñado a la perfección. Yo solo soy un chico con muchos problemas familiares que pasa el día surfeando para no pensar. Si me acerco a ti, si te dejo entrar de verdad, solo voy a arrastrarte a mi caos. Y después de verte hoy en esa situación, después de ver cómo tipos como Christian te usan para sentirse importantes... —cerró los ojos un momento— supe que no podía ser yo quien te hiciera daño. No quiero ser otro desastre en tu vida perfecta.

Escuchar a Asher hablar de sí mismo como si fuera una especie de desastre natural del que yo debía ser protegida me dolió.

¿Realmente creía que yo era tan frágil? ¿Que mi vida "perfecta" diseñada por mi padre era lo que yo quería conservar a toda costa?

—No te atrevas —susurré, y mi voz ya no temblaba por el frío, sino por una determinación que nació en lo más profundo de mi pecho—. No te atrevas a decidir por mí qué es lo que quiero o debería tener, Asher Collins.

Él abrió la boca para replicar, para soltar otra de sus excusas lógicas y distantes, pero no le di espacio. La tensión en el Jeep era tan espesa que casi podía tocarse, una electricidad que vibraba entre nosotros por encima del sonido de las olas. La neblina del alcohol se había ido, pero la adrenalina seguía ahí, dictando mis movimientos.

Acorté la distancia. Me incliné sobre la consola central, ignorando la incomodidad de mi ropa húmeda, y puse mis manos sobre su rostro. Su piel estaba tibia, contrastando con el frío de mis dedos. Asher se tensó, sus ojos verdes se abrieron de par en par, fijos en los míos, buscando una señal de duda que no iba a encontrar.

Y lo besé.

Fue un choque de mundos. A diferencia del beso vacío y torpe de Christian, este se sintió como chispitas explotando en mi cabeza y, al mismo tiempo, como saltar de un acantilado. Al principio, Asher se quedó petrificado, como si no pudiera creer que la "dulce Angela" estuviera tomando el control. Pero un segundo después, soltó un gruñido bajo, y me devolvió el beso con una intensidad que me dejó sin aliento.

Sus manos subieron de mis hombros a mi nuca, enredando sus dedos en mi cabello todavía húmedo, atrayéndome hacia él como si tuviera miedo de que me evaporara. Sus labios sabían a la menta de su aliento, pero sobre todo sabían a la verdad que ambos habíamos estado escondiendo bajo capas de sarcasmo y reglas familiares.

En ese beso, le demostré que no me importaban sus problemas familiares, ni el hecho de que mi mundo pudiera desmoronarse si mi padre nos descubría. Solo me importaba él.

Cuando finalmente nos separamos por falta de aire, nuestras frentes quedaron apoyadas la una contra la otra.

—Asher —susurré, buscando sus ojos verdes que ahora brillaban con una vulnerabilidad que me derretía—. No me importa tu caos, ni lo que diga el resto del instituto. Me gustas tú. Me gustas muchísimo, con tu irritante personalidad y tus gustos raros.

Él soltó un suspiro largo, con de alivio y me acarició la mejilla con el pulgar. Su tacto era cálido y sorprendentemente tierno.

—Con ese beso... me convenciste, Salles —admitió con esa voz ronca que me ponía la piel de gallina—. Pero escucha, si vamos a hacer esto, no quiero que sea a escondidas. No quiero andar saltando por balcones o escondiéndome en callejones cada vez que quiera verte. Mañana mismo hablaré con Nathan.

—¡¿Qué?! ¡No! —exclamé, separándome un poco de él por el susto—. Estás loco. Mi padre te odia, Asher. Si le dices que estamos... bueno, que somos novios, me va a encerrar en una torre de verdad. No es para tanto, podemos llevarlo con calma.

—No se trata de calma, Ángela —respondió él, poniéndose serio y apretando un poco el volante—Me juego mucho con tu padre, y es mil veces peor que se entere por otros o que nos pille mintiéndole. No quiero más problemas con él. Prefiero ir de frente, aunque me eche a patadas de tu casa.

Arrugué la nariz y formé un puchero inconsciente, cruzándome de brazos sobre su chaqueta de cuero. La idea de enfrentar a Nathan me aterraba, y me frustraba que él fuera tan testarudo.

Asher me miró y, de repente, su expresión dura se suavizó. Soltó una pequeña risa, una de esas raras y genuinas que guardaba bajo llave.

—Qué linda te ves cuando te enojas —soltó, mirándome con una ternura que me dejó sin palabras.

Antes de que pudiera replicar, él empezó a desabotonarse su camisa de franela. Me quedé helada, mirando cómo se la quitaba con movimientos fluidos.

—Toma —dijo, extendiéndomela—. Quítate ese vestido mojado y ponte esto. Vas a pescar un resfriado horrible si sigues así, y entonces sí que Nathan me mata de verdad.

Asentí en silencio, tomando la prenda que aún conservaba el calor de su cuerpo. Pero cuando él se quedó en camiseta de tirantes, mis ojos no pudieron evitar recorrer su torso. Sabía que tenía un tatuaje en la muñeca, pero no tenía idea de lo que ocultaba bajo la ropa.

Tenía el dorso y los brazos salpicados de tinta negra. Dibujos abstractos, algunas letras en caligrafía antigua y lo que parecía ser el contorno de una ola en las costillas. Me quedé hipnotizada detallando cada línea, cada sombra sobre su piel bronceada y firme.

—No sabía... —balbuceé, estirando una mano con timidez para rozar el tatuaje de su costado— que tenías tantos. Son hermosos, Asher.

—Cada uno tiene una historia que no te contaría ni en mil años, Salles —bromeó él, aunque su mirada se volvió intensa de nuevo—. Ahora, cámbiate. Me daré la vuelta, lo prometo.

Me giré hacia la ventana, sintiendo mi corazón latir con fuerza. Me deshice del vestido de satén y me ponía su camisa, que me quedaba enorme y me llegaba a medio muslo.

...----------------...

El Jeep se detuvo a una calle de la mansión, justo bajo la sombra de los robles que ocultaban el brillo de los faros. El motor se apagó y, por un momento, el silencio fue absoluto.

—Mañana te devuelvo la ropa —le susurré, acercándome para darle un beso casto en la comisura de los labios—. Gracias por... por todo, Asher. Por sacarme de ahí.

Él me tomó de la nuca, profundizando el beso un segundo antes de soltarme con una mirada cargada de una promesa seria.

—Mañana hablaremos con él, Angela. Descansa —sentenció.

Bajé del auto y corrí hacia la parte trasera de mi casa. La adrenalina me ayudó a trepar por la pérgola con una agilidad mecánica. Pero, en cuanto mis pies tocaron la alfombra de mi habitación, la burbuja de romance se reventó.

Sarah estaba sentada en el borde de mi cama, pálida, con las manos entrelazadas y los ojos fijos en la puerta. No estaba sola.

Mi papá estaba apoyado contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados. No gritaba. No había furia explosiva. Lo que vi en sus ojos fue mucho peor: era una decepción enorme, una frustración tan profunda que sus ojos brillaban como si estuviera a punto de romperse. Ver a su "princesa", entrando por una ventana a medianoche, empapada y vestida con una camisa de hombre que claramente no conocía, fue el golpe final.

—Papá... —el nombre murió en mi garganta.

Él dio un paso hacia el centro de la habitación, ignorando a Sarah, que parecía querer mimetizarse con las sábanas. Me recorrió de arriba abajo, deteniéndose en la tela de franela que olía a Asher y en mi cabello, que todavía goteaba sobre la alfombra.

—¿Qué es esto, Ángela? —su voz tembló, no de rabia, sino de un dolor que me encogió el corazón—¿Qué estás haciendo con tu vida?

Se escandalizó de repente, como si despertara de un trance, señalando mi ropa con una mano que temblaba levemente.

—¿Por qué vienes con el cabello mojado? ¡¿Y por qué llevas ropa de un hombre?! —exclamó, subiendo el tono—. Te di permiso para esta supuesta pijamada de estudio, confié en ti... y te escapas para revolcarte con alguien que ni siquiera tiene la decencia de traerte a la puerta. ¡Dime de quién es esa camisa ahora mismo!

Me quedé paralizada. El contraste entre la ternura que mi padre siempre había tenido conmigo y la tormenta en los ojos de mi padre me hizo sentir que me partía en dos. Sarah me miró suplicante, como diciendo: "Dile algo, lo que sea".

—No es lo que parece, papá —logré decir, aunque sabía que era la mentira más cliché del mundo—. Yo... tuve un accidente.

—¡Un accidente no te pone ropa de otra persona, Ángela! —rugió él, y vi una lágrima de pura frustración rodar por su mejilla—. Mañana mismo te llevaré al aeropuerto. Te vas con tu madre. Se acabó.

—¡No! —grité, y el sonido de mi propia voz me raspó la garganta—. No puedes hacerme esto, papá. No puedo dejar la escuela a medias, tengo mis notas, mis proyectos... ¡mi vida está aquí!

Nathan dio un paso hacia mí, su sombra proyectándose gigante sobre la pared de mi cuarto. Sarah se encogió en la cama, abrazando una almohada como si fuera un escudo.

—Eso lo hubieras pensado antes de irte a hacer no se sabe qué con no se sabe qué muchacho —me espetó él, con una frialdad que cortaba más que el hielo—. Ángela, por Dios, ¡tienes catorce años! Eres una niña. Deberías estar aquí, juiciosa, estudiando para tu futuro, no escapándote a fiestas de degenerados a medianoche.

—¡Solo quiero sentirme como una adolescente normal! —le reclamé, las lágrimas empezando a nublarme la vista—. ¡Sin que me controlen cada segundo, sin cámaras, sin choferes, sin sentir que vivo en una vitrina de cristal!

—¿Ah, sí? ¿Quieres ser normal? —Nathan estalló, y su grito fue tan potente que Sarah dio un respingo de terror—. ¡¿Entonces está bien que juegues a ser adulta?! ¡¿Crees que la vida es un juego?! ¡Las cosas no son como tú crees, Ángela! ¡No te educamos para este tipo de comportamientos vulgares!

Se pasó una mano por el rostro, frustrado, y su voz se quebró un poco.

—Evitamos en lo más posible que cometas los errores que cometimos nosotros... solo queremos verte feliz, que no sufras lo que nosotros sufrimos. Pero es que ni siquiera dejas quemar tus etapas. ¡Quieres correr antes de caminar!

—¡¿Por qué insinúas que me acosté con alguien?! —le grité, rompiendo en un llanto amargo que ya no pude contener—. ¡¿Eso es lo que piensas de mí?! ¡No he hecho nada de eso! Fui a una fiesta, sí, y pasó un accidente en la piscina... y Asher me ayudó porque tenía la ropa empapada. ¡Él solo me cuidó!

El silencio que siguió fue aterrador. El nombre de Asher quedó flotando en el aire como una granada a punto de estallar. Mi padre se quedó petrificado, sus ojos se oscurecieron de una forma que nunca había visto.

—¿Asher? —susurró, y el veneno en su voz me dio escalofríos—. ¿Estabas con Asher Collins? ¡¿Esa ropa es de ese delincuente?!

—¡Nathan, ya basta! —la puerta se abrió de golpe y Chloe entró, interponiéndose entre nosotros dos—. Estás asustando a las niñas. ¡Míralas, están temblando!

Chloe puso una mano en el pecho de mi padre, tratando de alejarlo de mi espacio personal, mientras me lanzaba una mirada de profunda preocupación.

—¡Se escapó con el hijo de mi productor, Chloe! —rugió Nathan, aunque dejó que ella lo empujara un poco hacia atrás—. ¡La trajo a casa como si fuera cualquier cosa, vestida con su ropa! ¡Esto se acabó!

—Respira, Nathan. Estás fuera de control —dijo Chloe con voz firme pero calmada—. Ángela, ve al baño ahora mismo, quítate esa ropa y date una ducha caliente. Sarah, querida, ve a la habitación de invitados, mañana hablaremos de esto con calma.

Miré a mi padre una última vez. Su rostro era una máscara de decepción y odio hacia el chico que, irónicamente, acababa de salvarme de la peor noche de mi vida. Corrí al baño y cerré la puerta con llave, dejándome caer contra la madera mientras escuchaba a Chloe intentar calmar los gritos de mi padre en el pasillo.

Tenía el corazón destrozado. Por un lado, el recuerdo del beso de Asher bajo la luna; por el otro, la imagen de mi padre llorando de frustración. Sabía que mañana, cuando el sol saliera, mi mundo no volvería a ser el mismo.

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Maria Elena Martinez Lazaro
Por favor Yazz , que la historia de Sofía y Nathan no se repita en ellos porfis
Maria Elena Martinez Lazaro
Vuelvo y digo ya esto no me está gustando Angela se encuentra a Mark hasta en la sopa, mientras que Asher se está alejando que será lo que irá a pasar entre ellas
Maria Elena Martinez Lazaro
Ya esto no me está gustando, le va a llegar competencia a Asher. Será que Angela le va pasar lo mismo que Sofía ella también se tropezó con Alari en la universidad . ojalá que no se repita la historia
Maria Elena Martinez Lazaro
excelente que buena está la historia , gracias querida Dios te bendiga
Maria Elena Martinez Lazaro
Pero como cambia la plata a las personas si Sofía también era una muerta de hambre que trabajaba con el cuñado si no fue porque conoció a. Alarith no hubiera conseguido lo que tiene ahora y eso que no digo de lo soberbia y altiva que es porque eso siempre lo ha sido creyéndose más que otros y que Nathan
Yausmira Alvarez Herrera
sofia que triste ver en lo que te convertiste mas con tu hija y ese hombre que tanto te amado solo por apariencias
😜 Betsy 🇻🇪
Q le pasa a Sofía ps' no puedes llegar con esa soberbia no joda así se habla Ángela un peo con los errores del pasado 😡
😜 Betsy 🇻🇪
Jajajaja Sarat tu y tus locuras 😜 menos mal q es una novela 😉 porq mi mamá me decía q si me tragaba el chiche se me quedaba pegado del culo 🤣😂🤣😂🤣😂
😜 Betsy 🇻🇪
No joda se te tenía que decir y se dijo 👏👏 así se habla Alaric
😜 Betsy 🇻🇪
Entiendo tus miedos Sofía pero asfixia a Ángela todos cometemos errores pero cada quien como sus propios errores eso es inevitable
😜 Betsy 🇻🇪
Hay Sofía tu cómo siempre 😵‍💫😵‍💫 cuando te enteres q serás abuela te va a dar un soponsio y q vas hacer un coño 😡
😜 Betsy 🇻🇪
A bueno ahora falta Sofía 🫣🫣
😜 Betsy 🇻🇪
Así es mi Nathan 🥰 jajajaja como q raro vas hacer un excelente abuelito 😜 al caracolito no le faltará amor ❤️❤️
😜 Betsy 🇻🇪
Excelente palabras Chloe 👏👏👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Bueno no va hacer facil lo q les esperan pero pa' Lante es paya 💪💪
😜 Betsy 🇻🇪
Hay q bellos 🥰 y con su futuro caracolito 🥰
😜 Betsy 🇻🇪
Muy bien dicho Ángela 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Me encanta Nathan siempre un padre comprensivo 😜
😜 Betsy 🇻🇪
No joda así se habla carajo 👏👏👏👏 ahora sí tienes los pantalones bien puesto 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
No joda Ángela te tardaste en hablar y ya se te adelantaron 😬😬
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