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La Condena De Ser Su Hogar

La Condena De Ser Su Hogar

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Rocío Duque

Sebastián es el confidente incondicional de toda la vida, el refugio al que ella corre tras cada desamor. Pero lo que ella ve como una amistad perfecta es, para él, una tortura silenciosa: la lleva amando en secreto desde hace años.
Ella busca consuelo en el lugar equivocado, sin saber que su "hogar" es en realidad la condena de un hombre que se desmorona por no poder confesar su verdad. ¿Qué sucede cuando el refugio se vuelve insoportable y el secreto amenaza con romperlo todo?

NovelToon tiene autorización de Rocío Duque para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Puentes quemados

​Sophia

​El estallido de la puerta principal al cerrarse de golpe sacudió las paredes del recibidor, pero el verdadero impacto ocurrió dentro de mi pecho. Se había ido.

​Las piernas me flaquearon y tuve que apoyarme contra el mismo muro donde, hacía apenas unos segundos, su cuerpo me había mantenido prisionera. Me deslicé lentamente hasta quedar de rodillas en el suelo frío. El silencio que dejó su ausencia era ensordecedor, denso, cargado con el olor a madera de su loción que todavía flotaba en el aire y que, para mi desgracia, se había quedado impregnado en mi piel.

​Levanté mi mano derecha. Los nudillos me dolían por la fuerza de la bofetada, pero ese dolor no era nada comparado con la humillación que me quemaba por dentro. No estaba furiosa con él; bueno, sí, lo odiaba por su audacia, por su ruda arrogancia. Pero la verdadera furia, la que me hacía morder el labio hasta hacerme daño, era la que sentía hacia mí misma. Porque por un segundo... un maldito y eterno segundo, yo no quise que parara.

​Me pasé el dorso de la mano por la boca una y otra vez, con desesperación, intentando borrar la huella de sus labios, intentando convencerme de que la entrega de mi cuerpo había sido solo un reflejo de supervivencia. Mentira. Había sido el maldito deseo acumulado durante años, saltándose todas las alarmas.

​—Eres una estúpida, Sophia —susurré a la oscuridad del pasillo, con la voz rota.

​¿Cómo iba a mirarlo a la cara mañana? ¿Cómo iba a fingir que las líneas seguían ahí cuando los dos sabíamos que las habíamos quemado por completo?

​Sebastian

​El frío de la noche me golpeó la cara en cuanto salí a la calle, pero no hizo nada para apagar el incendio que llevaba dentro. Caminé a pasos ciegos, rápidos, como si pudiera escapar de mí mismo, hasta que llegué al auto. Cerré la puerta de un manotazo y el silencio del habitáculo se me vino encima, asfixiante.

​Apoyé las manos en el volante y dejé caer la frente contra el cuero.

​—Maldita sea —gruñí, y el sonido de mi propia voz rota me dio asco.

​Levanté la cabeza y me miré en el espejo retrovisor. La silueta de sus dedos ya se marcaba a fuego sobre mi mejilla derecha. Me ardía, pero ese dolor físico era una caricia comparado con la opresión que sentía en el pecho. Me pasé los dedos por el cabello, tirando con fuerza, frustrado, desesperado por encontrar una forma de rebobinar el tiempo los últimos diez minutos.

​La bofetada no me había dolido. Lo que me estaba matando era el recuerdo de su mirada justo después. Ver el miedo mezclado con la rabia en sus ojos, ver cómo se limpiaba la boca como si mis labios hubieran sido veneno... Eso me desgarró las entrañas. Yo, que me había jurado protegerla de todo, me había convertido en la persona de la que tenía que defenderse.

​Golpeé el volante con el puño, una, dos veces, descargando la impotencia que me carcomía.

​Lo peor de todo, lo que me estaba volviendo loco de verdad en medio de esta culpa asfixiante, era la maldita certeza de que la había sentido ceder. Por unos segundos, sus manos no me empujaron; se aferraron a mi camisa. Sus labios no protestaron; me quemaron. Me había correspondido con la misma desesperación salvaje que me dominaba a mí. Lo sabía, no me lo había imaginado. El deseo estaba ahí, mutuo, vivo, destruyendo cada regla que nos habíamos autoimpuesto.

​Pero lo había arruinado. Había forzado la situación, me había dejado llevar por los celos enfermos de escucharla defender a ese imbécil, y ahora el precio a pagar era el más alto de mi vida: su desprecio.

​Encendí el motor con un movimiento brusco. La pantalla del tablero se iluminó, interrumpiendo la penumbra de la madrugada. No tenía idea de a dónde ir. Mi casa se sentiría como un mausoleo y mi mente no iba a dejar de repetir el eco de ese impacto seco en el recibidor.

​Había cruzado la línea. Habíamos quemado el puente. Y lo único que me quedaba claro, mientras ponía el auto en marcha hacia la oscuridad de la avenida, era que mañana tendría que mirarla a los ojos sabiendo que, aunque su cuerpo me deseara, su mente acababa de sentenciarme.

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Joana Rosas
👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻✊🏻✊🏻✊🏻✊🏻✊🏻
Rocío Duque: "¡Qué alegría leer esto! Muchísimas gracias por tu apoyo y por tomarte el tiempo de dejarme tu valoración. Esos aplausos y puños arriba me dan toda la motivación del mundo para seguir escribiendo. ¡Un abrazo fuerte! ✊🏻✨"
total 1 replies
Rocío Duque
¡Y se dio el primer paso en el campo minado! 🔥 Dos décadas de amistad y bastó una mirada deliberada a los labios para poner a temblar el mundo de Sophia. ¿Qué les pareció la nueva actitud de Sebas? ¿Creen que Sophy logre procesar este vuelco en el estómago o va a intentar ignorar el elefante en la habitación? ¡Las leo en los comentarios! 👀👇
Rocío Duque
​"¿Ya vieron al culpable de que a Sebas se le saliera el corazón del pecho? Les presento a Lucas... 🔥👀 ¿Quién cree que Sebastian va a perder los papeles en el próximo capítulo?"
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