¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.
Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.
Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.
Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.
Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.
NovelToon tiene autorización de Sherineth Lameda Marrero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Bajo la misma bata
Capítulo 10
Bajo la misma bata
La mañana comenzó como cualquier otra en la Facultad de Medicina. Los pasillos estaban llenos de estudiantes caminando con libros en las manos, algunos repasando apuntes en voz alta y otros corriendo porque el profesor ya había llegado al salón.
Gabriel esperaba a Valeria sentado en las escaleras de la entrada principal. En una mano sostenía dos vasos de café y, en la otra, un pequeño paquete de galletas.
Daniel apareció detrás de él y sonrió.
—¿Desde qué hora estás aquí?
—Desde las siete.
—Pero la clase empieza a las ocho.
—Lo sé.
Daniel negó con la cabeza mientras reía.
—El amor definitivamente te volvió madrugador.
Gabriel soltó una carcajada.
—Solo quería verla antes de entrar.
—Estás perdido.
—Completamente.
En ese momento apareció Valeria caminando junto a Sofía y Mariana. Llevaba el cabello recogido, la bata doblada sobre el brazo y una expresión de cansancio.
—Buenos días —saludó con una sonrisa.
Gabriel se levantó enseguida.
—Buenos días, amor.
Le entregó el café.
—Sabía que ibas a necesitar esto.
Valeria lo recibió con una sonrisa agradecida.
—No sé cómo haces para adivinar siempre lo que necesito.
—Porque te conozco.
Sofía cruzó los brazos.
—¿Y nosotros qué? ¿No merecemos café?
Gabriel comenzó a reír.
—Cuando consigan un novio tan detallista, hablamos.
—¡Qué abusivo! —respondió Mariana entre risas.
---
La clase de Anatomía transcurría con normalidad hasta que el profesor anunció una práctica inesperada.
—Hoy trabajarán en parejas. Tendrán que identificar correctamente cada estructura anatómica y explicar su función.
Los estudiantes comenzaron a acomodarse.
Gabriel y Valeria quedaron juntos, como era costumbre.
Mientras observaban el material de estudio, Gabriel se inclinó hacia ella.
—¿Nerviosa?
—Un poco.
—Respira.
Lo haremos juntos.
Ella sonrió.
Durante casi una hora respondieron preguntas, discutieron conceptos y corrigieron pequeños errores entre ambos.
El profesor pasó junto a ellos varias veces.
Finalmente, sonrió.
—Excelente trabajo.
Se nota que estudian bastante.
Daniel levantó la mano desde el fondo del salón.
—Profesor...
—¿Sí?
—También son novios.
Todo el salón estalló en carcajadas.
El profesor negó con la cabeza divertido.
—Mientras sigan obteniendo buenas notas, no tengo ninguna queja.
Valeria escondió el rostro detrás del cuaderno.
—Daniel...
—¿Qué?
—Algún día me las vas a pagar.
---
Al terminar las clases, el grupo decidió reunirse en la biblioteca para preparar el siguiente parcial.
Lucía abrió un enorme libro de Fisiología.
—Si sobrevivo a este semestre, sobrevivo a cualquier cosa.
Camila asintió.
—Confirmo.
Daniel dejó caer la cabeza sobre la mesa.
—¿Quién inventó estudiar medicina?
Gabriel levantó la vista del libro.
—Alguien muy valiente... o muy loco.
Todos comenzaron a reír.
Después de varias horas estudiando, Valeria cerró lentamente su cuaderno.
—Necesito aire.
—Yo también —respondió Gabriel.
Salieron de la biblioteca y caminaron hasta el jardín central de la facultad.
El lugar estaba tranquilo.
Solo se escuchaban las hojas movidas por el viento y algunas conversaciones lejanas.
Gabriel tomó la mano de Valeria.
—¿Estás cansada?
Ella asintió.
—Mucho.
—¿Te arrepientes de haber escogido medicina?
Valeria guardó silencio unos segundos.
—Hay días difíciles.
Días en los que siento que no soy suficiente.
Que todo pesa demasiado.
Gabriel la miró con ternura.
—Cuando eso pase...
Quiero que recuerdes quién eres.
Ella levantó la mirada.
—Eres la mujer que decidió levantarse después de repetir una materia.
La que nunca dejó de luchar.
La que siempre ayuda a los demás antes que a sí misma.
Y la futura médica que un día salvará muchas vidas.
Los ojos de Valeria comenzaron a humedecerse.
—¿De verdad piensas eso de mí?
Gabriel sonrió.
—Lo pienso desde el primer día que te vi.
Ella no respondió con palabras.
Simplemente lo abrazó.
Un abrazo largo.
Silencioso.
De esos que transmiten más que cualquier discurso.
---
Cuando regresaron con el grupo, encontraron a Daniel intentando explicar un tema con un esqueleto del laboratorio.
Lucía no podía dejar de reír.
—¡Parece que le está dando clases al pobre esqueleto!
Daniel señaló el modelo anatómico.
—Él sí me entiende.
Camila respondió inmediatamente.
—Porque no puede salir corriendo.
Las carcajadas llenaron nuevamente la biblioteca.
Incluso la bibliotecaria tuvo que acercarse.
—Jóvenes...
Todos guardaron silencio.
—Recuerden que esto es una biblioteca.
—Perdón —respondieron al mismo tiempo.
Esperaron unos segundos.
Daniel miró a Gabriel.
—¿Ya se fue?
Gabriel asomó la cabeza.
—Sí.
Daniel susurró:
—Entonces... ¿quién quiere ir por empanadas?
Nuevamente comenzaron las risas.
Valeria observó a cada uno de sus amigos.
A Gabriel.
A Daniel.
A Lucía.
A Camila.
A Sofía.
A Mariana.
Y comprendió que la universidad le había regalado mucho más que conocimientos.
Le había dado una familia.
Una familia que celebraba sus triunfos, la hacía reír en los días difíciles y la acompañaba sin importar las circunstancias.
Mientras salían juntos de la facultad bajo el cielo anaranjado del atardecer, Gabriel entrelazó sus dedos con los de Valeria.
Ella sonrió.
No porque la vida fuera perfecta.
Sino porque había encontrado personas que hacían que incluso los días más agotadores valieran la pena.
Y entre bromas, cafés compartidos y sueños de convertirse en médicos, los dos entendieron que el verdadero amor también se construía en los pequeños detalles de la rutina, en las miradas cómplices durante una clase y en la certeza de que, pasara lo que pasara, siempre tendrían un lugar seguro el uno en el otro.