Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
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Capítulo 4
Madeline se encontraba en su habitación contemplando el atardecer que se extendía más allá de la ventana. Los últimos rayos del sol teñían el cielo de tonos anaranjados y dorados, proyectando una cálida luz sobre los muebles de la estancia.
Era un momento tranquilo.
Uno de los pocos que había aprendido a apreciar desde que llegó a aquel mundo.
Sin embargo, la tranquilidad no duró demasiado.
Unos suaves golpes resonaron en la puerta.
—Adelante.
La puerta se abrió y el mayordomo hizo una respetuosa reverencia.
—Señorita Madeline, el conde solicita su presencia en el despacho.
Madeline contuvo un suspiro.
¿Qué querrá ahora?
—Ya voy.
El mayordomo asintió antes de retirarse.
Tras dedicar una última mirada al atardecer, Madeline abandonó la habitación y se dirigió hacia el despacho de su padre.
Al llegar, llamó suavemente a la puerta.
—Pase.
La profunda voz del conde Julián Fairchild llegó desde el interior.
Madeline entró, realizó el saludo correspondiente y tomó asiento frente al escritorio cuando él se lo indicó.
El conde dejó a un lado los documentos que estaba revisando.
—Dentro de una semana se celebrará la Gran Cacería de Otoño.
Madeline asintió.
Según los recuerdos que había heredado, aquel era uno de los eventos más importantes del año para la nobleza.
Cada otoño, las familias más influyentes del reino se reunían en los Bosques Reales de Arvendor para participar en la tradicional cacería.
El evento duraba dos días completos.
Durante ese tiempo, los nobles competían por obtener el mayor número de presas, demostrando así su habilidad, prestigio y capacidad de liderazgo.
Al finalizar, el ganador tenía el honor de ofrecer su mejor presa a una dama de su elección.
Era una antigua tradición que despertaba el interés de toda la aristocracia.
Y también una excelente oportunidad para fortalecer alianzas.
—Supongo que sabes lo que espero de ti.
La voz fría de Julián la obligó a regresar al presente.
Madeline permaneció en silencio.
—Tu compromiso con el duque Ashford lleva años estancado.
Los ojos grises del conde se clavaron en ella.
—Más te vale mostrar algún avance durante la cacería.
La temperatura de la habitación pareció descender varios grados.
—O me obligarás a tomar medidas drásticas.
Madeline sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
No era una amenaza vacía.
Los recuerdos de la antigua Madeline le habían enseñado que Julián Fairchild rara vez repetía una advertencia.
—Te estoy dando una última oportunidad.
El silencio se prolongó unos segundos.
Por pura inercia, Madeline inclinó la cabeza.
—Haré lo posible, padre.
El conde pareció satisfecho con la respuesta.
—Eso espero.
La conversación terminó allí.
Como ocurría siempre.
Sin afecto.
Sin preocupación.
Sin una sola muestra de cariño paternal.
Madeline se levantó de su asiento y abandonó el despacho tan pronto como le fue permitido.
Solo cuando la puerta se cerró a su espalda pudo respirar con tranquilidad.
Caminó unos pasos por el pasillo antes de dejar escapar un largo suspiro.
—Qué complicado...
Murmuró para sí misma.
La cacería aún estaba a una semana de distancia.
Y, de alguna manera, ya tenía el presentimiento de que le traería problemas.
Madeline continuó caminando por el pasillo mientras intentaba ordenar sus pensamientos.
¿Qué se suponía que debía hacer?
No tenía ninguna intención de seguir los pasos de la Madeline original. Perseguir a un hombre que apenas le dirigía la palabra le parecía absurdo. Bastaba una sola conversación con Elías para comprender que el duque no tenía el menor interés romántico en ella.
Y sinceramente...
Ella tampoco estaba interesada en perseguirlo.
Era atractivo, sí.
Probablemente demasiado atractivo para su propio bien.
Pero también era frío, distante y más difícil de leer que un muro de piedra.
No entendía cómo la antigua Madeline había soportado tantos años de indiferencia.
Lo que sí le resultaba extraño era la insistencia de su padre.
¿Por qué parecía tan desesperado por acelerar aquel matrimonio?
Mientras avanzaba por el corredor, los recuerdos de Madeline comenzaron a acomodarse en su mente.
Su hermana mayor ya estaba casada desde hacía varios años y vivía junto a su esposo en otro territorio.
Su hermano mayor, por otro lado, era el heredero del condado Fairchild. Actualmente se encontraba fuera por asuntos comerciales y no regresaría hasta dentro de varios meses.
Eso significaba que ella era la única hija que permanecía en casa.
Madeline frunció ligeramente el ceño.
Tal vez para el conde aquello no tenía nada que ver con el amor.
Ni siquiera con ella.
Quizá simplemente quería completar el tablero.
Una hija casada.
Un heredero preparado para sucederlo.
Una familia perfectamente acomodada.
La idea le dejó un sabor amargo.
Desde que había llegado a aquel mundo, había notado algo extraño en los recuerdos de la antigua Madeline.
El conde jamás la había tratado mal.
Nunca la había golpeado.
Nunca la había humillado públicamente.
Pero tampoco la había querido.
Era como si la viera del mismo modo que observaba sus tierras, sus negocios o sus propiedades.
Como algo que debía cumplir una función.
Nada más.
Madeline soltó un largo suspiro.
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es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada