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Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

El rugido de los motores de alta gama y el tintineo de las copas de cristal de bohemia se mezclaban con la música ambiental en el hangar privado de *Serrano Motors*. Era la noche de gala para la presentación exclusiva del nuevo superdeportivo de la marca, un evento reservado únicamente para la élite financiera, celebridades y pilotos de carreras. Los focos de luz blanca cortaban la penumbra, iluminando las carrocerías pulidas y los trajes de etiqueta de los asistentes.

Damiano Serrano, vestido con un esmoquin negro a medida que acentuaba la imponente anchura de sus hombros y la rigidez de su postura, sostenía una copa de champán sin probarla. Conversaba con un grupo de inversores extranjeros, pero su mirada gris se desviaba constantemente hacia la entrada principal. Estaba tenso. Invitar a Scarlett a un evento público bajo el ala de su empresa era un movimiento arriesgado que rompía con todas sus reglas de discreción. Pero la idea de dejarla sola en su departamento mientras él pasaba la noche rodeado de buitres corporativos le había resultado insoportable.

De repente, un murmullo recorrió el hangar. Las conversaciones se detuvieron a medias y las cabezas se giraron en una misma dirección.

Damiano siguió la línea de visión de la multitud y sintió que el aire se le congelaba en los pulmones.

Allí estaba ella. Scarlett avanzaba por la alfombra roja luciendo sencillamente espectacular. Para la ocasión, había dejado de lado los vestidos cortos por un diseño largo de satén en color verde esmeralda que se amoldaba a su figura juvenil como guante de seda. El vestido tenía una abertura de infarto en la pierna izquierda que revelaba su piel canela a cada paso y un escote palabra de honor que dejaba al descubierto sus hombros perfectos y su delicada clavícula. Llevaba el cabello castaño oscuro recogido en un moño alto y elegante, con algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro, y sus labios lucían el característico rojo encendido que a Damiano le daba la vuelta al cerebro.

Emanaba una confianza arrolladora. No caminaba como una acompañante contratada; caminaba como la dueña absoluta del lugar, sosteniendo la mirada de cualquiera que intentara intimidarla con superioridad social.

—Vaya, Serrano... —murmuró Matías a su lado, apareciendo de la nada con una sonrisa de suficiencia—. Sabía que tenías buen gusto para los motores, pero esto es de otra liga. Está deslumbrante.

Damiano no respondió. Dejó la copa sobre una mesa cercana y caminó directamente hacia ella, con paso firme y posesivo, cortando el mar de invitados. Al llegar a su lado, le ofreció el brazo. Scarlett lo miró con esos ojos avellana cargados de un brillo juvenil y divertido, deslizando su mano por el tejido del esmoquin.

—Estás increíble —susurró Damiano con voz ronca, la mirada fija en sus labios.

—Me dijeron que la temática era de etiqueta y alta velocidad. Pensé en ponerme a la altura —respondió ella con una sonrisa coqueta, arrastrando las palabras.

Sin embargo, la burbuja de atracción no tardó en verse amenazada. Desde el otro lado de la pista de exhibición, unos tacones de aguja repicaron con fuerza sobre el suelo pulido. Valeria Vance, la famosa influencer y modelo de la escena automotriz, se acercaba a ellos. Vestía un vestido plateado ultra ajustado y llevaba una expresión que oscilaba entre la falsa amabilidad y la furia contenida. Valeria llevaba meses intentando cazar a Damiano para escalar posiciones en el estatus social y empresarial, y ver a una desconocida del brazo del magnate le escocía en el alma.

—Damiano, querido —dijo Valeria con voz melosa, ignorando olímpicamente a Scarlett—. Qué presentación tan magnífica. El coche es una joya. Aunque... no me habías dicho que vendrías con acompañante.

Valeria barrió a Scarlett con una mirada despectiva de arriba abajo, intentando encontrar algún defecto.

—¿De qué pasarela dices que has salido, querida? Porque no me suena tu cara en ningún círculo importante —soltó Valeria con una sonrisa afilada como un bisturí.

La tensión se volvió palpable en un segundo. Damiano abrió la boca para poner a Valeria en su lugar con su habitual frialdad implacable, pero Scarlett fue más rápida. No se encogió ni un milímetro. Al contrario, dio medio paso al frente, miró a Valeria con una calma imperturbable y sonrió de lado con una superioridad exquisita.

—No soy de las que desfilan en pasarelas, Valeria. Prefiero que los hombres de negocios me presten atención en privado, no a través de una pantalla —replicó Scarlett con un tono dulce pero letal—. Además, en los círculos importantes que de verdad importan, la discreción siempre vale más que el ruido. ¿Verdad, Damiano?

Valeria abrió los ojos de par en par, la boca ligeramente abierta por la audacia de la respuesta. El golpe de guante blanco la había dejado desarmada frente a varios fotógrafos que observaban de reojo. Damiano tuvo que hacer un esfuerzo supremo para no sonreír con orgullo salvaje. La madurez y la inteligencia de Scarlett lo tenían completamente cautivado.

—Valeria, si nos disculpas, tenemos asuntos de los que encargarnos —zanjó Damiano, pasando una mano firme por la cintura descubierta de Scarlett, marcando territorio de forma obvia antes de guiarla lejos de la influencer, que se quedó echando chispas.

Una hora después, la presión del evento, las miradas indiscretas y el roce constante de la mano de Damiano contra la piel de la espalda de Scarlett habían llevado la tensión sexual a un punto de no retorno. Damiano no aguantó más. Le hizo una seña a Matías para que se encargara del cierre del evento, tomó a Scarlett de la mano y la arrastró hacia el estacionamiento subterráneo privado, donde descansaba su coche personal: un imponente deportivo negro de cristales tintados.

El chofer abrió la puerta trasera y, en cuanto ambos se deslizaron en el amplio asiento de cuero y la puerta se cerró aislando el ruido del mundo exterior, la cordura de Damiano Serrano saltó por los aires.

El coche arrancó y se adentró en la autopista nocturna, pero para los dos jóvenes que viajaban atrás, el espacio se redujo a la pura necesidad física.

—Me has tenido al borde de la locura toda la noche —gruñó Damiano, abalanzándose sobre ella.

La tomó por la nuca con una mano firme, deshaciendo por completo el moño elegante y dejando que las ondas castañas de Scarlett cayeran libres. Sus labios se estrellaron contra los de ella con un hambre salvaje, una desesperación acumulada que ya no entendía de contratos ni de límites profesionales. Scarlett soltó un gemido ahogado de pura satisfacción y le devolvió el beso con la misma intensidad, enredando sus dedos en el cabello oscuro de Damiano y tirando de él.

La química, contenida durante tantas noches por los miedos de él, explotó con la fuerza de un motor a máxima revolución.

Las manos de Damiano, calientes y urgentes, bajaron por el cuello de Scarlett, deleitándose con el aroma a vainilla que lo obsesionaba, y buscaron la cremallera oculta del vestido verde. El tejido de satén se deslizó hacia abajo, dejando al descubierto la lencería de encaje negro y la suave redondez de sus pechos juveniles que subían y bajaban con su respiración desbocada.

—Damiano... —jadeó Scarlett, sintiendo que el mundo daba vueltas mientras el coche devoraba la carretera a toda velocidad. Las luces de la ciudad pasaban como ráfagas difuminadas a través de los cristales tintados, iluminando intermitentemente la escena íntima.

Él bajó la cabeza, devorándole el cuello, la clavícula, dejando besos húmedos y mordiscos suaves que hacían que Scarlett arqueara la espalda contra el asiento de cuero. No había espacio para las dudas de su pasado, ni para la sombra de su padre, ni para el peso de su esterilidad. En ese coche en movimiento, solo existía el calor de Scarlett, su juventud vibrante y el deseo crudo que los consumía a ambos.

Damiano la levantó con una agilidad felina, acomodándola a horcajadas sobre su regazo. El vestido verde quedó arrugado alrededor de sus caderas. Scarlett sintió la dureza implacable de la masculinidad de Damiano presionando contra ella a través de la ropa, y un gemido suplicante escapó de sus labios hinchados. Ella misma se encargó de tirar de la corbata de él y desabrochar los botones de su camisa blanca, ansiosa por sentir el contacto directo de su piel contra el pecho musculoso y tatuado del millonario.

Cuando el encaje negro de la braguita de Scarlett fue apartado por los dedos posesivos de Damiano, ambos se miraron a los ojos. En la penumbra del coche, los ojos grises de él reflejaban una devoción salvaje, una rendición absoluta ante la joven de veintidós años que lo había desarmado.

—Eres mía, Scarlett. Completamente mía —susurró él, con la voz rota por el deseo.

—Hazme tuya, Damiano —respondió ella, entregándose por completo a la atracción, olvidando todas sus reglas.

El encuentro fue un choque de fuego y pasión incontrolable. Cada movimiento iba al ritmo de la adrenalina de la noche, una entrega total donde el sexo dejó de ser una transacción y se convirtió en una necesidad vital. Scarlett se aferró a los hombros firmes de Damiano, ocultando su rostro en su cuello mientras los gemidos se ahogaban contra su piel, y Damiano la sostuvo con una fuerza protectora, perdiéndose por primera vez en la vida en un placer que no tenía precio, uniendo sus cuerpos mientras el deportivo los llevaba de regreso al penthouse, con el motor rugiendo y los corazones latiendo al unísono.

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Lau
comenzando me gusta 🤭
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