La vida de Elena terminó de forma repentina y prematura mientras leía su novela favorita, una historia llena de pasión, intrigas y paisajes exóticos ambientada en el reino desértico de Al-Jazair. Pero la muerte no fue el final: al despertar, descubre con horror e incredulidad que ha renacido dentro de esa misma historia… encarnando al personaje más desafortunado y condenado de todos: la esposa política del temido príncipe Zayn Al-Khalid.
Conocido en todo el mundo como "El Villano del Desierto", Zayn es un hombre de belleza imponente y naturaleza despiadada. Rico, poderoso y peligroso, gobierna con mano de hierro y vive marcado por la oscuridad y la soledad. En la trama original, la esposa que Elena ahora habita fue una mujer arrogante, orgullosa y llena de rencor, que despreció a su esposo y a sus costumbres, y que cometió el error fatal de interponerse en el camino de la verdadera protagonista: la mujer destinada a llegar al palacio para cambiar el corazón del villano.
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Capitulo 6: La doncella fiel.
—¿Señora? ¿Os encontráis bien? —la voz suave y preocupada de Layla me sacó de mis recuerdos.
Abrí los ojos y la miré. Ella no sabía nada de lo que pasaba por mi mente, no sabía que yo estaba repasando el camino que llevaba directo a la tumba.
—Estoy bien, Layla —respondí suavemente, aunque un escalofrío recorrió mi espalda al pensar en lo que acababa de recordar—. Solo… solo estaba pensando en todo lo que me rodea. En lo complejo que es todo aquí.
Me giré nuevamente hacia el agua del estanque, mirando mi propio reflejo con determinación.
«Ese es tu destino si te equivocas, Elena», me dije a mí misma con firmeza. «Ese es el final que te espera si actúas con orgullo, con celos, con maldad o estupidez. Muerte. Olvido. Y nada más».
Pero yo no era ella. O mejor dicho, yo era ella, pero con una ventaja inmensa: yo conocía el guion. Yo sabía dónde estaban las trampas, sabía quiénes eran los malos, sabía qué acciones llevaban a qué consecuencias. Sabía que la rivalidad con Ayla era la sentencia de muerte, y que la indiferencia y la paz eran mi única salvación.
La Elena original pensó que era la protagonista de la historia, que todo debía girar a su alrededor. Yo sabía la verdad: en el libro, ella era solo un personaje secundario, un obstáculo temporal que debía ser eliminado para que la trama principal avanzara. Pero ahora, yo estaba aquí, dentro de su piel, y yo iba a cambiar el papel. Ya no sería la villana secundaria condenada al fracaso. Iba a ser la superviviente.
—Todo va a ser diferente ahora —susurré, más para mí misma que para Layla, mientras acariciaba con suavidad la superficie del agua, rompiendo el reflejo por un instante—. Ella cometió todos los errores posibles. Pero yo… yo aprenderé de sus errores. Yo haré todo lo contrario.
Si ella fue orgullosa, yo sería humilde.
Si ella despreció este lugar, yo lo amaría y lo respetaría.
Si ella buscó pelear con la mujer que Zayn ama, yo la trataré con amabilidad y protección.
Si ella quiso imponerse por la fuerza y los derechos, yo me ganaría mi lugar con inteligencia, discreción y lealtad.
Y sobre todo, recordaría siempre la regla de oro que la otra Elena nunca entendió: Mientras yo no sea un problema, mientras yo no sea una amenaza para lo que él ama, estaré a salvo.
El trágico final que le esperaba a esta mujer seguía ahí, flotando en el aire, una sombra sobre mi cabeza. Pero ahora, esa sombra ya no era algo inevitable. Era solo una advertencia. Una lección aprendida.
Me enderecé, acomodé mis ropas con elegancia y miré hacia el palacio, hacia las altas torres donde se encontraban las habitaciones y despachos de mi esposo, el Príncipe Zayn. El hombre al que ella odió y desafiaba, y al que yo debía aprender a entender y tratar con mucha, mucha inteligencia.
—Vamos, Layla —dije con voz firme, ya decidida y con el plan claro en mi mente—. Regresemos adentro. Tengo mucho que aprender y muy poco tiempo antes de que todo comience de verdad. No voy a repetir su historia. Mi historia será distinta.
Caminé de regreso, dejando atrás el estanque y mis recuerdos fatales. Sabía exactamente lo que me esperaba si fallaba. Y por eso mismo, tenía la certeza absoluta de que no iba a fallar.
El sol comenzaba a descender, tiñendo los pasillos del palacio con luces doradas y sombras alargadas que se estiraban como dedos sobre las alfombras. Caminaba de regreso a mis aposentos, con la mente llena de todo lo que había recordado y comprendido: la historia original, los errores fatales, el trágico destino que me esperaba si actuaba como la Elena del libro. Pero ahora, una cosa estaba clara: no podía enfrentarme a todo esto sola. En un lugar lleno de espías, intrigas y enemigos ocultos, necesitaba unos ojos y unos oídos que fueran solo míos. Y esa persona, sin duda alguna, era Layla.
Ella caminaba un paso detrás de mí, tal como marcaba la etiqueta, con la cabeza baja, las manos juntas frente a su cuerpo y esa actitud discreta y servicial que parecía ser su segunda naturaleza. Desde que desperté, ella había estado allí: la primera en verme, la primera en hablarme, la única que no me miró con miedo, curiosidad o segundas intenciones, sino con auténtica preocupación y lealtad. Según los recuerdos que había heredado de Elena, Layla había llegado conmigo desde mi reino natal, Valois. Era hija de una mujer que había servido a mi familia durante generaciones, y me había sido entregada como dama de compañía personal antes de mi viaje hacia Al-Jazair.
La Elena original la trataba con frialdad, casi como a un mueble útil, hablándole con dureza o ignorándola por completo. Nunca le dio importancia, nunca le confió nada, y mucho menos le pidió su opinión. Y Layla, a pesar de ese trato, nunca se apartó de su lado, nunca se quejó, nunca reveló ninguno de los errores, gritos o locuras que su señora cometía delante de ella. En la historia escrita, cuando todo se derrumbó y el final trágico se acercó, Layla fue la única que lloró por ella, la única que intentó advertirla, y la única que se quedó hasta el último momento, aunque Elena ya no quiso escucharla.
Esa lealtad inquebrantable, incluso ante la ingratitud, era su carta de presentación más valiosa. Y yo, que sabía todo eso, había decidido ya que ella sería mi pilar fundamental. Pero antes de entregarle mi confianza por completo, necesitaba conocerla mejor, saber qué pensaba, qué sentía y, sobre todo, hasta dónde llegaba su devoción.
Al entrar en mis habitaciones, amplias, lujosas y decoradas con sedas y maderas preciosas, hice un gesto suave con la mano para que los demás sirvientes que estaban allí ordenando cosas se retiraran.
—Dejadnos solas —ordené con voz tranquila pero firme—. Por ahora, no necesito nada más. Gracias.
Todos hicieron profundas reverencias y salieron en silencio, cerrando las pesadas puertas de madera tras de sí. Quedamos solas. Layla permanecía de pie, cerca de la puerta, sin atreverse a moverse más, con la mirada fija en el suelo, esperando mis órdenes.
Caminé despacio hacia la gran ventana que daba hacia el oeste, donde el sol se ocultaba tras las dunas del desierto, pintando el cielo de púrpura y fuego. Me giré lentamente hacia ella y la observé con atención por primera vez, no como una sirvienta, sino como una persona.
Era joven, apenas unos años mayor que yo, de rostro dulce y expresión serena. Tenía el cabello oscuro recogido en una trenza sencilla, y sus ojos castaños brillaban con inteligencia y bondad. Vestía ropas limpias pero humildes, sin adornos, siempre dispuesta a pasar desapercibida. Pero yo veía más allá de esa apariencia modesta. Veía a la mujer que había sido fiel hasta el final, a la única que no me había fallado en la historia original.
—Layla —dije suavemente, rompiendo el silencio.
Ella dio un pequeño respingo, alzó la vista un instante y volvió a bajarla inmediatamente, temerosa.
—¿Sí, mi señora? ¿En qué puedo serviros?
Di unos pasos hacia ella, acortando la distancia entre nosotras.
—Acércate. Y levanta la cabeza. Quiero verte bien cuando me hablas.
La vi dudar un segundo, pero obedeció. Dio unos pasos hacia delante y alzó el rostro. Sus ojos reflejaban respeto, sí, pero también una profunda lealtad y algo más: un anhelo de ser útil, de ser escuchada.
—Dime, Layla… —empecé, eligiendo mis palabras con cuidado—. Llevas conmigo mucho tiempo. Viniste conmigo desde Valois, dejando tu familia, tu hogar, todo lo que conocías, para venir a esta tierra extraña, lejana y diferente. Dime… ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué sigues aquí, a mi lado, incluso cuando… cuando no te he tratado siempre como mereces?
Vi cómo sus ojos se abrían con sorpresa ante esas preguntas. Sin duda, nunca esperaba que su señora, la orgullosa y altiva princesa, le preguntara algo así, ni que reconociera su mal trato pasado. Se mordió el labio inferior, como buscando las palabras adecuadas para responder sin ofender ni excederse.
—Mi señora… —empezó con voz suave pero firme—. Mi madre sirvió a vuestra abuela, y su madre a la vuestra antes. Nosotras hemos nacido para servir a vuestra familia. Vos sois mi señora, mi princesa, y mi deber es estar a vuestro lado, protegeros, ayudaros y seguiros a donde sea, incluso al fin del mundo. Lo que me deis o dejéis de darme, cómo me tratéis… eso no importa. Lo único que importa para mí es vuestro bienestar, vuestra seguridad y vuestra felicidad.
Hizo una pequeña pausa, y vi que sus ojos se llenaban de una humedad repentina, de una emoción que no podía contener del todo.
—Cuando estábamos en Valois, erais muy joven, muy protegida… y aquí… aquí todo es distinto. Es peligroso, complejo, extraño. Y yo sé… sé que muchas veces os habéis sentido sola, asustada o confundida, aunque lo ocultéis con orgullo. Y por eso… por eso nunca me iré. Porque mi deber es estar aquí para ayudaros a sobrevivir en este lugar.
Sus palabras fueron como una revelación para mí. Eran sinceras, puras, sin ningún rastro de interés oculto, de ambición o de traición. Era exactamente como la recordaba de la novela: la lealtad hecha persona. Mientras todos los demás veían en mí un título, una posición o una pieza de ajedrez política, ella solo veía a su señora, a la que debía proteger.
m8jiiita bien decía mi abuela "Piensa mal y acertarás "
no sé aquí yo imaginando cosas🤔🫣😬
-la chica que REENCARNÓ se llama ELENA
y reencarna en el cuerpo de la esposa política del príncipe que se llama igual... "LADY ELENA"🤔🤔🙄
como así? AUTORA le nombraste igual para que no nos volvamos un masaclote?
o cómo fué la cosa ??