Ella renace en un nuevo mundo. Decidida a cambiar su destino y a cumplir sus sueños.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Inversion
La señorita Cartier no tardó en convertirse en la mejor publicidad que Selene jamás habría podido imaginar.
No porque alabara el vestido.
Sino porque simplemente... lo usaba.
En reuniones de té.
En paseos por los jardines.
En visitas familiares.
Y, como ocurría con todas las jóvenes nobles...
Las demás comenzaron a observar.
—¿Dónde lo compraste?
—Nunca había visto esas mangas.
—¡Qué bonita se ve la cintura!
—Espera... ¿Cómo puedes caminar tan rápido?
La señorita Cartier sonrió con orgullo.
—Lo diseñó la señorita Drack.
Aquella respuesta se repitió tantas veces durante la semana que terminó despertando la curiosidad de media nobleza joven.
No pasó mucho tiempo antes de que llegara la primera carta.
Luego otra.
Después otra más.
Cuando Cloys apareció con un pequeño montón de sobres entre los brazos, Selene levantó la vista.
—¿Qué es todo eso?
—Correspondencia para usted, señorita.
—¿Toda?
—Toda.
Selene tomó la primera.
Era una invitación.
La segunda.
Otra invitación.
La tercera.
Una solicitud para diseñar un vestido.
La cuarta.
Una joven preguntando si podía reunirse con ella.
La quinta...
—¡Cloys!
—¿Sí?
—¡Tengo clientes!
La doncella sonrió.
—Así parece.
Selene comenzó a dar pequeños saltitos por la habitación.
[¡Funcionó!]
[¡FUNCIONÓ!]
[¡No me estoy haciendo rica todavía!]
[¡Pero al menos ya no estoy completamente desempleada!]
Abrazó las cartas como si fueran un tesoro.
Después respiró hondo.
Se calmó.
Y volvió a sentarse.
[Está bien.]
[Pensar como empresaria.]
[No como ardilla hiperactiva.]
Comenzó a hacer cuentas.
Necesitaba más telas.
Más hilo.
Más agujas.
Pagar a las jóvenes costureras.
Quizá alquilar un espacio más grande.
Todo requería dinero.
Mucho dinero.
Miró su joyero.
Luego el enorme armario.
Después volvió a mirar el joyero.
[Lo siento, antiguos lujos.]
[Fue bonito mientras duró.]
Aquella misma semana tomó una decisión.
Vendió varias de sus joyas.
No todas.
Solo las que no tenían un valor sentimental para la familia.
El barón se enteró días después.
Entró apresuradamente en la habitación de su hija.
—¡Selene!
Ella levantó la vista desde unos bocetos.
—¿Sí?
—¿Vendiste tus joyas?
—Una parte.
El hombre parecía preocupado.
—No era necesario sacrificar tus pertenencias.
Selene sonrió.
—No es un sacrificio. Es una inversión.
El barón abrió la boca.
Luego volvió a cerrarla.
Aquella palabra...
"Inversión".
No era algo que hubiera esperado escuchar de su hija.
Ella continuó hablando mientras dibujaba.
—Las joyas guardadas en un cajón no producen dinero.
Pero si con ellas puedo comprar materiales...
Entonces algún día podré comprar joyas mejores.
El barón permaneció en silencio.
[¿Desde cuándo piensa así?]
No lo sabía.
Pero, por alguna razón... Se sintió orgulloso.
Las joyas no fueron lo único que desapareció.
Selene abrió nuevamente su armario.
Observó la interminable colección de vestidos.
Suspiró.
—Amados vestidos... Ha llegado su momento.
Cloys inclinó la cabeza.
—¿Señorita?
—La mitad se va. Lo lamento, me duele mas a mi que a ustedes..
La doncella casi dejó caer la caja que llevaba en las manos.
—¡¿La mitad?!
—Sí.
—¡Pero usted adoraba estos vestidos!
Selene comenzó a separarlos.
—Precisamente. Si yo, que los adoro, soy capaz de venderlos... Entonces significa que de verdad estoy comprometida con este negocio.
[Además...]
[Tengo como cuarenta.]
[No necesito tantos.]
Cloys soltó una pequeña risa.
—Eso también es cierto. Pero usted siempre decía que necesitaba mas
—Ahora creare esa necesidad en otras adolescentes MUHAHAHAHA.. bien.. debo trabajar en mi risa malvada.
Asi con el dinero obtenido compró mejores telas.
Hilos de mayor calidad.
Encajes.
Botones.
Y pagó justamente a las jóvenes costureras que trabajaban con ella.
—No quiero que acepten esto por caridad.
Les dijo durante la primera reunión.
—Quiero que trabajen conmigo porque les conviene.
Las muchachas intercambiaron miradas.
No estaban acostumbradas a escuchar aquello de una noble.
Poco después, Selene tomó otra decisión inesperada.
—No esperaremos a que las clientas vengan.
Cloys levantó la vista.
—¿Qué quiere decir?
—Que iremos nosotras.
La doncella abrió los ojos.
—¿Visitarlas?
—Exactamente.
—¿En sus mansiones?
—Sí.
Cloys sonrió.
—Eso... es bastante inusual.
Selene levantó una ceja.
—¿Funciona?
—No que yo sepa.
—Entonces nadie lo hace.
—Así es.
—Perfecto. Eso significa que destacaremos.
Y así comenzó una rutina completamente nueva.
Selene recorría las mansiones de las familias nobles.
Entraba acompañada de Cloys con una gran carpeta llena de bocetos.
Conversaba con cada joven.
No empezaba preguntando por las medidas.
Preguntaba por ellas.
—¿Qué colores le gustan?
—¿Qué tipo de reuniones frecuenta?
—¿Le gusta bailar?
—¿Prefiere leer?
—¿Le molestan los corsés?
—¿Camina mucho por los jardines?
Al principio las muchachas respondían con timidez.
Después de unos minutos...
No podían dejar de hablar.
Porque era la primera vez que alguien diseñaba un vestido pensando en la persona que lo usaría y no solo en las tendencias de la temporada.
Mientras regresaban de una de aquellas visitas, Cloys caminaba junto al carruaje con una sonrisa.
—Señorita.
—¿Sí?
—No creo que usted venda vestidos.
Selene la miró confundida.
—¿No?
—No.
Hace una pausa y sonrió con ternura.
—Usted vende la ilusión de que alguien las escuchó de verdad.
Selene guardó silencio unos segundos.
Luego sonrió de lado.
—Muahahahaha no cosere bien, pero la gente ama verse bonita y yo amo su dinero muhahaha
[Qué bonito suena... las monedas en mi bolso]
[Aunque yo solo quiero que puedan respirar sin desmayarse en un baile.]
😭😭😭😭😭 y más cuando Oliver al verla sonrío y le dijo que su esposa era la mas bella de todo el reino 🥰🥰🥰😍😍😍