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Renací Para Ser La Villana

Renací Para Ser La Villana

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna) / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7

Isabella sostuvo mi mirada durante unos segundos más antes de volver a sonreír, pero esta vez noté algo distinto. Una ligera tensión en sus ojos. Una incomodidad casi imperceptible. Y eso me produjo una satisfacción tan amarga como peligrosa.

Porque en mi vida pasada yo era completamente transparente para ella, sabía exactamente qué decirme para hacerme sentir culpable, cómo manipular mis emociones, cómo convencerme de que estaba exagerando cada vez que algo me lastimaba, pero ahora… ahora yo también comenzaba a verla con claridad y las personas manipuladoras odian perder control.

—Estás hablando extraño hoy —dijo finalmente con una pequeña risa—. Casi pareces otra persona.

“Porque lo soy”, pensé inmediatamente, pero no lo dije, todavía no era momento de mostrar mis cartas, me limité a caminar lentamente hacia la sala principal mientras ella seguía detrás de mí.

—Quizás simplemente me cansé de ser siempre la misma.

Isabella se dejó caer elegantemente sobre uno de los sofás mientras cruzaba las piernas.

—Bueno, honestamente, ya era hora de que dejaras de comportarte como una monja deprimida.

La frase habría destruido a la antigua yo.

Recuerdo perfectamente cuántas veces Isabella hacía comentarios “bromeando” sobre mi personalidad, mi ropa o mi manera de actuar. Y yo siempre reía incómodamente creyendo que quizá tenía razón. Creyendo que debía cambiar para ser más agradable, más interesante, más digna de amor, qué triste era recordar eso.

Me senté frente a ella lentamente sin dejar de observarla.

—¿Sabes qué es curioso? —pregunté con calma.

Ella arqueó una ceja.

—¿Qué cosa?

—Que durante años me convencieron de que había algo mal conmigo simplemente porque no actuaba como ustedes querían.

Su expresión cambió apenas.

—Ay, Mía, no empieces otra vez con dramas existenciales. Solo digo que a veces eras demasiado seria.

Demasiado seria, demasiado sensible, demasiado emocional, demasiado todo.

Era increíble cómo las personas lograban hacerte sentir defectuosa simplemente por existir diferente a ellas, pero esta vez no iba a disculparme por quién era.

—No creo que ser tranquila tenga algo de malo —respondí mientras acomodaba lentamente una manga de mi vestido—. El problema es que siempre intentaron hacerme sentir insuficiente por eso.

Isabella soltó una pequeña risa incrédula.

—¿Ahora vas a convertirte en filósofa?

La miré directamente.

—No. Solo aprendí a mirar mejor a las personas.

Esa vez el silencio duró un poco más y aunque Isabella intentó ocultarlo, noté perfectamente la manera en que sus dedos se tensaron ligeramente sobre su bolso.

Y eso... fue interesante. Ella estaba incómoda, muy incómoda y … me encantaba, porque por primera vez no era yo quien se sentía emocionalmente desnuda frente a ella, ahora era al revés.

—Bueno… —dijo finalmente poniéndose de pie—, dejando tus crisis existenciales de lado, vine porque quería llevarte de compras para mañana. La gala de los Betancourt será importante y—

—No voy a ir contigo.

Ella parpadeó sorprendida.

—¿Qué?

—Escuchaste bien.

—Pero siempre vamos juntas.

“Sí”, pensé. “Y siempre terminabas humillándome frente a todos.”

Recordaba perfectamente cómo funcionaban esas salidas. Isabella elegía vestidos que resaltaran más su figura que la mía. Comentaba “accidentalmente” frente a vendedores que yo tenía poca seguridad en mí misma. Incluso lograba convencerme de cambiar ropa que me gustaba porque “no era adecuada para mi cuerpo”. Y yo permitía todo eso creyendo que era honestidad entre amigas.

Dios... Cuánto me destruí sola intentando conservar personas que no merecían quedarse.

—Ya no quiero hacer todo como "siempre" —respondí con tranquilidad.

Isabella comenzó a observarme con más atención, como si estuviera intentando descubrir qué demonios ocurría conmigo y sinceramente, debía estar desesperándola, porque las personas manipuladoras necesitan predecirte para controlarte.

—¿Esto tiene que ver con Alexander? —preguntó de pronto.

Mi cuerpo se tensó apenas escuché su nombre, pero mantuve la expresión tranquila.

—¿Por qué tendría que ver con él?

Ella se encogió ligeramente de hombros.

—Porque llevas semanas extraña por su culpa.

Semanas... Claro, en esta etapa de mi vida pasada yo ya comenzaba a notar cosas raras entre ellos. Miradas demasiado cercanas, mensajes ocultos, ausencias sospechosas, pero cada vez que intentaba hablarlo conmigo misma terminaba convenciéndome de que solo estaba siendo insegura, porque eso hacían conmigo, me entrenaron para dudar de mis propios instintos, pero ya no.

Nunca más.

—Quizás simplemente entendí que vivir mendigando atención masculina es humillante —respondí fríamente.

Isabella abrió ligeramente los ojos.

—Mía…

—¿Qué? ¿Vas a decirme que estoy exagerando otra vez?

Ella guardó silencio unos segundos y después caminó lentamente hacia mí.

—No entiendo por qué estás tan agresiva hoy.

Sentí una risa amarga querer escapar de mis labios.

Qué fascinante era cómo las personas llamaban “agresiva” a una mujer apenas dejaba de ser complaciente, levanté lentamente la mirada hacia ella.

—No estoy siendo agresiva. Estoy dejando de callarme, hay una gran diferencia.

Isabella me observó fijamente y por primera vez desde que la conocía… sentí que realmente no sabía qué decir, eso era nuevo, muy nuevo, porque normalmente ella siempre tenía control de las conversaciones.

Siempre sabía cómo girar todo para quedar como la persona razonable mientras yo terminaba sintiéndome culpable, pero no esta vez... Esta vez yo estaba viendo cada movimiento, cada manipulación, cada gesto falso disfrazado de cariño y… era aterrador darme cuenta de cuántas veces me lastimó mientras fingía ser mi amiga.

Mi pecho dolió apenas pensé eso, porque sí, estaba furiosa, pero también estaba herida.

No es fácil aceptar que la persona a quien más confianza le entregaste disfrutaba destruyéndote lentamente y aun así me obligué a mantenerme firme, porque ya no quería volver a romperme por gente que jamás sintió remordimiento al hacerme daño.

Isabella soltó un pequeño suspiro antes de sentarse nuevamente.

—Está bien. Supongamos que acepto esta nueva versión rebelde tuya —dijo intentando sonar relajada—. ¿Cuál es exactamente el plan? ¿Pelearte con todos? ¿Volverte una empresaria fría y solitaria?

La miré directamente.

—Prefiero estar sola antes que rodeada de personas que me destruyen.

La frase salió más dura de lo que espera, pero era la verdad.

Durante años tuve miedo de quedarme sola, pero morir me enseñó algo importante: La soledad jamás dolerá tanto como permanecer junto a personas que disfrutan apagándote.

Isabella desvió ligeramente la mirada.

—Estás siendo dramática otra vez.

Otra vez, ¿es que nadie más sabía que decir? Siempre decían lo mismo... Dramática, exagerada, demasiado sensible y de pronto me cansé.

Me cansé profundamente.

Porque toda mi vida escuché esas palabras solo porque sentía demasiado, porque amaba sinceramente, porque me afectaban las cosas y eso no me hacía débil.

Me hacía humana.

La observé fijamente mientras hablaba lentamente.

—¿Sabes algo? Estoy harta de que cada emoción que expreso sea tratada como un defecto. Si algo me duele, tengo derecho a sentirlo. Si algo me lastima, tengo derecho a alejarme. Y si alguien me destruye emocionalmente, tengo derecho a no perdonarlo jamás.

El silencio llenó toda la sala, incluso yo misma sentí el peso de mis palabras, porque no solo estaba hablándole a ella, también me estaba hablando a mí misma, dándome permiso, permiso de dejar de soportarlo todo.

Isabella intentó sonreír nuevamente, pero esta vez no funcionó igual, porque ahora podía ver perfectamente la incomodidad detrás de su máscara.

—Definitivamente algo cambió contigo —murmuró.

Sí.

Finalmente aprendí a quererme más de lo que quería conservar a los demás.

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Anonymus
Ella no se puede confiar tanto, ese par de zuripantos, andan dolidos y ofendidos en su orgullo y ella tiene una diana pintada en el rostro, ya me estrese 🫣😱😱😱
Anonymus
Cada vez, mejor , esta historia, gracias escritora por compartirla👍🏼😉😊
Maria Camila Hoyos Villa
s ss s ws s s
Maria Camila Hoyos Villa
jbbbb🤣bbb🤣b🤣🤣🤣🤣bb🤣n 🤣la vitrina donde se va todo un trato y esovida. s
Anonymus
Y aquí sigo abriendo la app, esperando ansiosamente, capitulos de esta espectacular historia 🫱🫲👍🏼👌🏻
Anonymus
Capítulo uno al diez y ocho y no me pude detener ' muy buena la trama 👍🏼
Crystal Suárez: Más tarde actualizo más capitulos, gracias por tu apoyo 🫂
total 1 replies
Anonymus
Y ella como supo que murió intentando denunciar al zuripanto , si dice el texto, ella había muerto hacía un año, o fue que estuvo en modo fantasma 🤔🤔
Anonymus: Gracias a ti 👍🏼
total 2 replies
Martha Lucia Montaño
Me encanta como escribes y mucho más la intriga en que siempre dejas las historias en cada capítulo
Emily Rodríguez
jajajajaja me hizo reír lo que le dijo a la mamá
Sr. Look “El Arte del Barbero”
el final de la sonrisa ufff
Lerida Malave de González
guao si así empezamos ya quedé enganchada
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