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Los Herederos De Los Elementos

Los Herederos De Los Elementos

Status: En proceso
Genre:Escuela / Mundo mágico / Romance
Popularitas:798
Nilai: 5
nombre de autor: Itzel Velasco

En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.

NovelToon tiene autorización de Itzel Velasco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Secretos que comienzan a romperse

El amanecer apenas iluminaba las torres de la Academia Real Arcana cuando una alarma mágica resonó en la Sala del Consejo.

Cinco enormes cristales, uno por cada reino, comenzaron a emitir una tenue luz dorada mezclada con pequeñas grietas de oscuridad.

Los reyes y las reinas llegaron de inmediato.

El rey del Reino Supremo observó el cristal con preocupación.

—No puede ser...

La reina llevó una mano a su pecho.

—El sello... está perdiendo fuerza.

En los demás cristales ocurría exactamente lo mismo.

Los sellos que habían protegido a las princesas desde que eran niñas estaban comenzando a debilitarse.

Y nadie sabía por qué.

Al mismo tiempo, en la academia, Daniel despertó sobresaltado.

Había tenido el mismo sueño por tercera noche consecutiva.

Veía a Elisabeth, Aurora, Maya, Flora y Brisa rodeadas por sombras que intentaban atraparlas.

Siempre terminaba igual.

Él corría para ayudarlas...

Pero nunca llegaba a tiempo.

Daniel se sentó en la cama y respiró profundamente.

—Solo fue un sueño...

Aunque, por alguna razón, sentía que era mucho más que eso.

Cuando salió de su habitación encontró a Dante apoyado contra una columna.

—¿Tú tampoco pudiste dormir?

Dante negó con la cabeza.

—Soñé que Aurora desaparecía frente a mí.

Los dos permanecieron en silencio.

Poco después aparecieron Oliver, Uriel y César.

Los cinco tenían el mismo rostro de preocupación.

—¿A ustedes también les ocurrió? —preguntó César.

Oliver asintió lentamente.

—Soñé con Flora.

Uriel bajó la mirada.

—Yo con Brisa.

Daniel comprendió que aquello no era una coincidencia.

Algo estaba ocurriendo.

Muy cerca de ellos caminaba un joven de cabello negro y ojos color miel.

Vestía el uniforme de los caballeros reales.

Era Luis.

La mano derecha de Daniel y el capitán más joven de la Guardia Real.

Desde hacía años había sido prometido con León por decisión de los reyes, aunque apenas habían tenido la oportunidad de convivir.

Siempre lo observaba desde la distancia.

Siempre en silencio.

Aquella mañana sintió un extraño dolor en el pecho.

Como si alguien muy importante para él estuviera en peligro.

Sin pensarlo, buscó a León por toda la academia.

Lo encontró entrenando completamente solo.

Luis estuvo a punto de acercarse.

Pero se detuvo.

Todavía no sabía cómo hablar con alguien a quien apenas conocía y que, aun así, ocupaba sus pensamientos con demasiada frecuencia.

—Solo asegúrate de estar bien... —susurró antes de marcharse.

León nunca llegó a verlo.

Mientras tanto, las princesas desayunaban juntas.

Aurora dejó caer la cuchara.

—¿Les pasa algo raro?

Maya levantó la vista.

—¿A qué te refieres?

—Desde ayer siento un calor extraño en el pecho.

Flora asintió.

—Yo también.

Brisa observó la palma de su mano.

Pequeñas corrientes de aire aparecían sin que ella las invocara.

Elisabeth permanecía completamente callada.

Desde la noche anterior, las sombras aparecían a su alrededor durante unos segundos antes de desaparecer.

Y comenzaban a asustarla.

Ninguna imaginaba la verdad.

Sus sellos estaban debilitándose.

En otra parte de la academia, Yoselin observaba todo desde una ventana.

Sabía exactamente lo que estaba ocurriendo.

Cada entrenamiento.

Cada avance.

Cada paso que daban las princesas y León.

Todo contribuía a romper lentamente los sellos.

Era un proceso necesario.

Pero también peligroso.

Porque cuanto más poder despertaban...

Más fácil era para el enemigo encontrarlos.

—Ya empezaron a sentirlo... —susurró.

Aquella misma tarde llegaron los cinco reyes y sus respectivas reinas.

La noticia sorprendió a toda la academia.

Nadie entendía por qué una visita tan importante se había organizado sin previo aviso.

El director los recibió rápidamente.

—Majestades... ¿ha ocurrido algo?

El rey del Reino del Agua habló primero.

—Queremos ver a nuestras hijas.

De inmediato ordenaron reunir a las cinco princesas.

Cuando llegaron, las reinas las abrazaron con fuerza.

Era algo poco habitual.

Aurora se sorprendió.

—¿Madre?

La reina acarició su cabello.

—Solo quería comprobar que estabas bien.

Mientras tanto, los reyes comenzaron a examinar discretamente los collares y los antiguos sellos mágicos que llevaban sus hijas.

Sus rostros cambiaron de inmediato.

Las marcas brillaban con más intensidad que nunca.

—Esto no puede estar pasando... —murmuró uno de ellos.

—¿Qué sucede? —preguntó Daniel al notar su preocupación.

Los reyes intercambiaron miradas.

Todavía no podían contar la verdad.

—No es nada.

Pero nadie les creyó.

Más tarde, Daniel encontró a Yoselin entrenando sola en el patio.

—¿Sabes qué está pasando?

Ella continuó practicando con la espada.

—¿Por qué lo preguntas?

—Los reyes están preocupados.

Mis padres nunca muestran miedo.

Hoy lo hicieron.

Yoselin permaneció en silencio.

Daniel dio un paso más.

—Si sabes algo...

Dímelo.

Ella finalmente levantó la mirada.

Durante unos segundos pareció debatirse entre decir la verdad o guardar el secreto.

Al final negó con la cabeza.

—Todavía no puedo.

Daniel apretó los puños.

—Siempre haces lo mismo.

Siempre cargas todo tú sola.

¿Por qué no permites que alguien te ayude?

Aquellas palabras la tomaron por sorpresa.

No respondió.

Solo bajó la mirada.

Porque, en el fondo, sabía la respuesta.

Si ellos descubrían quién era realmente...

También descubrirían que la persona que más peligro corría no eran solo las princesas ni León.

Era ella.

Y estaba dispuesta a cargar con ese peso sola, aunque eso significara alejar a todos los que intentaban acercarse.

Desde el techo de la academia, una figura envuelta en una capa negra observaba la escena.

Una sonrisa apareció bajo la capucha.

—Los sellos ya casi están listos...

Pronto comenzará la cacería.

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