Miranda Moreno tiene un objetivo del que no piensa desviarse: casarse con el hombre más poderoso del país. Lo que comienza como un plan cuidadosamente calculado podría convertirse en el mayor riesgo de su vida, porque el poder siempre tiene un precio... y el corazón no sigue estrategias.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 19 - Invitación especial
Cristóbal pasó gran parte de la mañana intentando trabajar.
Fue inútil.
Los informes seguían sobre su escritorio, pero su mente estaba en otro lugar.
En Miranda.
Había pasado un mes intentando demostrarle que quiero que lo intentemos.
Nada había funcionado.
Cerca del mediodía tomó una decisión.
Salió de la empresa y condujo hasta una de las joyerías más prestigiosas de la ciudad.
El gerente lo recibió de inmediato.
—Señor Bravo de Saravia, es un honor.
—Necesito una joya muy especial.
Durante varios minutos observó distintas piezas.
Finalmente eligió una.
El joyero la guardó cuidadosamente en un elegante estuche.
Cristóbal pagó sin dudar.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Antes de regresar a la empresa, hizo una llamada.
—¿Mamá?
—Hola, hijo.
—¿Podríamos cenar todos juntos está noche?
—Sí. ¿Ocurre algo?
—Quiero cenar con ustedes... y llevaré una invitada.
Del otro lado de la línea se hizo un breve silencio.
—Será un gusto recibirla.
Cristóbal sonrió.
—Nos vemos esta noche.
Colgó el teléfono sin dar más explicaciones.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
De regreso en el Grupo Bravo de Saravia, respiró hondo antes de dirigirse al área de Finanzas.
Como ya era costumbre, varias personas levantaron la vista al verlo acercarse.
Él ignoró las miradas.
Solo buscaba un rostro.
Encontró a Miranda concentrada frente a su computadora.
Se acercó hasta su cubículo.
—¿Señorita Moreno?
Ella levantó la vista.
—Señor Bravo de Saravia.
—¿Podemos hablar un momento?
Miranda se puso de pie.
—Claro.
Cristóbal respiró profundamente.
—Quiero pedirte algo.
Ella esperó en silencio.
—Acompáñame a cenar con mi familia...
Miranda abrió ligeramente los ojos.
—¿Con su familia?
—Sí.
Ella negó de inmediato.
—No es prudente.
Cristóbal permaneció en silencio.
—Y, si me permite un consejo... deje de aparecerse por aquí.
Miró discretamente alrededor.
—No quiero habladurías.
Hizo una pausa.
—Si esto continúa, tendré que renunciar.
Aquellas palabras golpearon a Cristóbal.
Jamás había querido ponerla en esa situación.
Bajó un poco la voz.
—Te prometo algo.
Ella lo miró con atención.
—Después de esta noche, si decides mantenerte alejada de mí... lo respetaré.
Su voz sonaba completamente sincera.
—No volveré a insistir.
Miranda permaneció pensativa durante unos segundos.
Cristóbal sostuvo su mirada.
—Pero, por favor...
Hizo una breve pausa.
—Permíteme hacer este último intento.
Ella sintió que había llegado el momento de avanzar con su plan.
No podía seguir rechazándolo indefinidamente.
Después de unos segundos, asintió lentamente.
—Está bien.
Cristóbal dejó escapar el aire que llevaba conteniendo.
—Gracias.
Miranda volvió a sentarse frente a su computadora.
—¿A qué hora pasará por mí?
Una sonrisa apareció en el rostro de Cristóbal.
—A las siete.
—Estaré lista.
Él asintió y se marchó.
Mientras caminaba por el pasillo, una mezcla de ilusión y nerviosismo comenzaba a invadirlo.
No sabía cómo terminaría aquella cena.
Lo único que tenía claro era que sería su última oportunidad para demostrarle a Miranda que lo que sentía por ella era completamente real.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto, Miranda apenas podía concentrarse en su trabajo.
Por primera vez en su vida, sintió un leve cosquilleo de nervios.
—¿Conoceré a su familia...? —murmuró para sí.
Aquello no estaba en sus planes.
Hasta ese momento solo había pensado en conquistar a Cristóbal, pero ahora tendría delante a las personas más importantes de su vida.
Respiró hondo.
—Tengo que conseguir un vestido, debo dar una buena impresión.
No podía presentarse con la ropa que tenía en su pequeño departamento. Necesitaba algo elegante, pero que no llamara demasiado la atención.
Se levantó de su cubículo y caminó hasta la oficina del director financiero, su jefe directo.
Llamó suavemente a la puerta.
—Adelante.
—¿Tiene un momento, señor?
—Claro, Miranda. Pasa.
Ella entró con una sonrisa amable.
—Quería pedirle un favor. ¿Sería posible salir una hora antes hoy? Tengo un compromiso personal que surgió de imprevisto.
El director financiero la observó unos segundos.
—No veo ningún problema.
Miró los informes sobre su escritorio.
—Tu trabajo está al día.
Miranda sonrió aliviada.
—Muchas gracias.
—Puedes retirarte una hora antes. Solo asegúrate de dejar terminadas las conciliaciones de hoy.
—Así será.
—Que tengas una buena tarde.
—Gracias, señor.
Miranda salió de la oficina con una sonrisa discreta.
Ahora solo le quedaba una misión.
Encontrar el vestido perfecto para conocer, por primera vez, a la poderosa familia Bravo de Saravia.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Más tarde...
Miranda recorría los pasillos del centro comercial con paso tranquilo, entrando y saliendo de distintas boutiques.
Observaba los escaparates con atención, comparando precios y haciendo cálculos mentales.
No podía equivocarse.
Aquella noche sería la primera vez que conocería a la familia Bravo de Saravia, y sabía que la primera impresión podía marcar la diferencia.
Después de varios minutos de búsqueda, encontró algo que llamó su atención.
Pidió verlo más de cerca.
La asesora de ventas se lo mostró con una amable sonrisa y le indicó el precio.
Miranda sintió un ligero sobresalto.
Era más caro de lo que había imaginado.
Bajó la mirada hacia la etiqueta una vez más.
Si lo compraba, prácticamente agotaría el dinero que había recibido al salir de su antiguo empleo.
Apretó los labios.
Durante unos segundos dudó.
Podía buscar una opción más económica.
Pero ninguna le daría la seguridad que necesitaba para esa noche.
Respiró hondo.
—Solo espero que valga la pena...
Tomó la decisión.
—Me lo llevo.
Mientras la asesora preparaba la compra, Miranda observó el recibo antes de guardarlo en su bolso.
Al salir de la tienda, apenas le quedaba dinero.
Sin embargo, no sintió arrepentimiento.
Aquella cena podía acercarla un paso más a la vida con la que había soñado desde que era una niña.
Y, para ella, esa posibilidad bien valía el sacrificio.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto, en la oficina presidencial, Cristóbal era incapaz de concentrarse.
Había intentado revisar contratos, responder correos y asistir a una reunión, pero su mirada terminaba, una y otra vez, sobre el reloj.
Faltaban poco para pasar por Miranda.
Nunca antes una simple cena lo había puesto tan nervioso.
Se preguntaba si ella se sentiría cómoda con su familia, si aceptarían conocerla sin prejuicios y, sobre todo, si aquella noche le permitiría demostrarle que sus sentimientos eran sinceros.
Sin darse cuenta, sonrió.
Hacía mucho tiempo que una mujer no lograba despertar tanta ilusión en él.
El documento prenupcial de separación de bienes.
Nicolás no creé en ti
Valentina tampoco creé en ti y hará lo que sea por defender a su hermano de tus garras.
Cristóbal te la llevastes a tú casa y ella no va a desaprovechar esa oportunidad.