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La Fugitiva Del Rey Lycan

La Fugitiva Del Rey Lycan

Status: En proceso
Genre:Arrogante / Hombre lobo / Posesivo
Popularitas:11.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

"Condenada por un crimen que no cometió, terminó refugiada en las garras del monstruo más despiadado de todos".

Sofía Ivanov siempre fue la vergüenza de su manada. Despreciada por sus padres y eclipsada por Tania, su perfecta hermana menor, Sofía soportó el peor de los castigos: ver cómo su propia familia le exigía romper el lazo sagrado con su mate, Gavin, solo porque su hermana se había encaprichado con él. Y lo peor... él tampoco la defendió.

Pero el día de la boda, el destino cobra una factura sangrienta. Gavin es brutalmente asesinado en el altar y Sofía es encontrada de rodillas, cubierta de sangre y con el arma homicida en sus manos. Inculpada por su propia familia y convertida en la fugitiva más buscada, Sofía huye bajo una tormenta implacable hasta caer inconsciente en los límites del territorio prohibido.

Al despertar, ya no está en el bosque. Alguien la ha rescatado y ocultado en el lugar más peligroso: el palacio de César Dróvnikov, el temible y despiadado Rey Lycan.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

El regreso al palacio fue un tormento silencioso. El traqueteo de la carreta marcaba el ritmo de los pensamientos de Sofía, que no dejaban de dar vueltas alrededor de las palabras de Greta. *Entre cielo y tierra no hay nada oculto*. La anciana había prometido seguir ayudándola, pero saber que su protectora ahora cargaba con el peso de la verdad —y con la duda sutil de si el dolor del rechazo la había empujado a matar— hacía que el aire en sus pulmones se sintiera doblemente pesado.

Cuando los enormes portones de hierro del castillo de roca negra se cerraron detrás de ellas, Sofía no sintió el alivio de la primera vez. Ahora veía las altas torres como una jaula que, tarde o temprano, se reduciría a su alrededor si el Rey César decidía mirar más de cerca.

—Baja las cajas de conservas y llévalas directo a la despensa del fondo, Elena —ordenó Greta en voz alta, recuperando su tono severo y profesional en cuanto pisaron el patio de servicio. Sus ojos, sin embargo, le dieron una mirada rápida de advertencia: *vuelve a tu papel*.

Sofía asintió, metió los labios hacia dentro para sellar cualquier amago de voz y cargó el primer cajón de madera. El peso físico le sirvió para anclarse a la realidad. Caminó con la cabeza baja, cruzando el umbral hacia el subsuelo, donde el calor de los fogones y el murmullo de las otras sirvientas la envolvieron de nuevo.

Pasó el resto de la tarde fregando los pisos de la cocina y acomodando los suministros que habían traído del pueblo. Se obligó a trabajar hasta que las manos le ardieron por el agua con sosa y los músculos le protestaron por el cansancio. Necesitaba que su cuerpo estuviera lo suficientemente exhausto como para apagar su mente, pero la imagen del cartel de recompensa con su rostro rústicamente dibujado seguía flotando detrás de sus párpados cada vez que parpadeaba.

A última hora de la tarde, el palacio comenzó a calmarse. Las grandes cenas del consejo real ya habían sido servidas y el grueso del personal de cocina empezaba a retirarse a sus dormitorios. Sofía se encontraba junto a la gran pileta de piedra, escurriendo los últimos paños de cocina, cuando la estricta ama de llaves del ala este irrumpió en el subsuelo con su habitual paso rígido y el manojo de llaves tintineando en su cintura.

—Greta —llamó la mujer, recorriendo el lugar con una mirada severa que hizo que las ayudantes aceleraran el paso—. ¿Dónde está la chica muda?

Sofía se congeló con el paño húmedo entre las manos. Su loba interior, tensa desde la conversación en el callejón, dio un vuelco de advertencia.

Greta, que estaba guardando los últimos utensilios de plata en un cofre, se dio la vuelta de inmediato, adoptando una postura respetuosa ante su superiora y colocándose con naturalidad entre ella y Sofía.

—Aquí está, señora. Terminando de recoger la cocina para el cierre. ¿Ocurre algo?

—Lord Kaelen me acaba de dar una instrucción —explicó el ama de llaves, cruzando los brazos sobre su vestido oscuro—. El despacho del rey necesita una limpieza profunda antes de la reunión del consejo de mañana a primera hora. Se han estado revisando mapas y documentos de la frontera sur todo el día, y el lugar es un caos de ceniza y pergaminos viejos. Kaelen quiere que suba Elena. Como no habla, el rey no tendrá que tolerar el parloteo o los ruidos de las sirvientas habituales si decide quedarse tarde a trabajar. Que prepare sus utensilios ahora mismo.

Greta tragó saliva, y por una fracción de segundo, sus ojos buscaron los de Sofía con una pizca de la ansiedad que habían compartido en el pueblo. El rey seguía en su despacho, o al menos merodeando por el piso real, y enviar a Sofía ahí arriba justo después de descubrir que su rostro estaba empapelado en las Tierras Bajas era tentar al destino.

Pero no había opción. Negarse ante el ama de llaves, después de haber pasado la inspección de la mañana, levantaría las alarmas que tanto les había costado aplacar.

—Entendido —respondió Greta, forzando una sonrisa tranquila y sumisa—. Elena irá de inmediato. Solo dejen que prepare el balde y los aceites para la madera.

El ama de llaves asintió de forma cortante, les dio una última mirada de advertencia para que no tardaran y se retiró con paso firme hacia los pasillos superiores.

En cuanto se quedaron solas en la penumbra de la cocina moribunda, Greta se acercó a Sofía a pasos rápidos, tomándola del antebrazo con un agarre que dolió.

—Vas a subir, vas a limpiar ese suelo y te vas a comportar como si fueras de piedra —le susurró al oído, con una urgencia gélida—. No mires los papeles del escritorio, no mires los mapas. Si el rey está ahí, haz tu reverencia y conviértete en aire. Recuerda lo que te dije: ese hombre no es tonto, Sofía. Un solo paso en falso y nos hundimos las dos.

Sofía apretó los dientes y asintió. Dejó el paño de cocina, tomó el balde de madera con el agua limpia, los cepillos y el aceite de linaza, y comenzó el ascenso por las escaleras de caracol hacia el despacho del Alfa Supremo. Cada escalón se sentía más frío que el anterior, y la advertencia de Greta resonaba en sus oídos como un eco lúgubre: *entre cielo y tierra no hay nada oculto*.

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Florinda Morales
Excelente. Todo. El tema, la redacción, la ortografía, los personajes, la trama, el desarrollo, la expectativa que genera cada capítulo. De los mejores que he leído en esta plataforma. Lo recomiendo ampliamente sobre todo a quienes le gustan este género
Dalia Hache: Muchas gracias 🥰
total 1 replies
María del Carmen Hernandez
excelente novela 👍 👏
Milagros Sanabria
me encantó tu novela. esta muy buena, cada párrafo te va atrapando cada ves mas muchas felicitaciones 👏🥰
Miriam Lenny Miranda
Espero con ansias el próximo capítulo
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