Desperté años en el pasado con una misión: eliminar al futuro Rey Demonio.
Sin embargo, cuando lo encontré, era solo un bebé.
Un bebé demasiado inteligente.
Un bebé que conocía mi nombre.
Un bebé que me miró con tristeza y susurró:
—Te encontré otra vez, mamá
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El niño que no debería saber eso
Lyra despertó sobresaltada.
Algo estaba mal.
Muy mal.
No sabía qué era exactamente.
Pero lo sentía.
Esa sensación incómoda que se instala en el estómago y se niega a desaparecer.
Abrió los ojos lentamente.
La habitación estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Y entonces lo notó.
La cama de Lucien estaba vacía.
—...
—...
—No.
Se levantó de un salto.
—¡LUCIEN!
Ninguna respuesta.
—¡LUCIEN!
Nada.
Su corazón comenzó a acelerarse.
Porque Lucien era muchas cosas.
Molesto.
Manipulador.
Dramático.
Pero jamás desaparecía sin avisar.
Jamás.
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Bajó las escaleras tan rápido que casi atropella al posadero.
—¿Ha visto al niño?
—¿El de los ojos rojos?
—Sí.
—Está afuera.
Lyra soltó el aire.
—Gracias a los cielos.
Salió inmediatamente.
Y lo encontró.
Sentado sobre el borde de una fuente.
Comiendo una manzana.
Como si nada hubiera ocurrido.
—...
—Buenos días, mamá.
—Voy a estrangularte.
—Eso parece poco maternal.
—¿POR QUÉ DESAPARECISTE?
—Porque me desperté temprano.
—¿Y?
—Quería pensar.
—¿Pensar qué?
Lucien dejó de sonreír.
Y observó el cielo.
—Alguien nos sigue.
El humor desapareció de golpe.
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Durante varios segundos nadie habló.
—¿Qué dijiste?
—Nos están siguiendo.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¿La cosa del bosque?
—Tal vez.
Aquella respuesta no tranquilizó a Lyra en absoluto.
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El resto de la mañana transcurrió sin incidentes.
O eso parecía.
Porque Lucien comenzó a comportarse de manera extraña.
Más extraña de lo normal.
Observaba esquinas vacías.
Se detenía de repente.
Miraba detrás de ellos constantemente.
Y aquello empezaba a poner nerviosa a Lyra.
—¿Qué ves?
—Nada.
—Mientes.
—Sí.
—Lucien.
—No quiero preocuparte.
—Eso me preocupa más.
—Lo imaginaba.
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Al mediodía abandonaron la ciudad.
El camino se volvió más tranquilo.
Menos viajeros.
Menos ruido.
Más árboles.
Más silencio.
Y más oportunidades para que Lucien causara problemas.
Naturalmente.
—Mamá.
—¿Qué?
—Tengo hambre.
—Comiste hace una hora.
—Ahora tengo hambre otra vez.
—Así no funciona.
—Mi estómago no está de acuerdo.
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Una hora después.
Lucien tenía comida.
Otra vez.
Lyra ya había aceptado que la lógica no funcionaba con él.
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Mientras caminaban, el pato decidió atacar una mariposa.
La mariposa escapó.
El pato la persiguió.
Lucien persiguió al pato.
Y Lyra persiguió a Lucien.
Aquella era su vida ahora.
Una cadena interminable de malas decisiones.
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—¡Lo atrapé!
—¡SUELTA AL PATO!
—¡ÉL EMPEZÓ!
—¡NO PUEDE HABLAR!
—Eso es exactamente lo que quiere que creamos.
—Lucien.
—Sí.
—Necesito vacaciones.
—Yo también.
—Tienes dos años.
—Han sido dos años muy difíciles.
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Más tarde encontraron una pequeña colina desde donde podía verse el valle.
Era hermoso.
El viento movía suavemente la hierba.
Las nubes avanzaban lentamente por el cielo.
Y por primera vez en días...
Todo parecía tranquilo.
Hasta que Lucien habló.
—Aquí moriste una vez.
Lyra sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué?
El niño seguía mirando el paisaje.
Como si acabara de comentar el clima.
—Aquí.
—¿Qué estás diciendo?
—En una de las líneas temporales.
El corazón comenzó a golpearle el pecho.
—Lucien.
—Sí.
—¿Cómo morí?
Silencio.
El pequeño bajó la mirada.
Por primera vez parecía incómodo.
Muy incómodo.
—No quiero decirlo.
—¿Por qué?
—Porque te vas a poner triste.
—Dímelo.
—No.
—Lucien.
—No.
—Lucien.
—No.
—Lucien.
—Mamá está siendo insistente.
—¡DIME!
El niño suspiró.
Lentamente.
Como si estuviera reuniendo valor.
Y cuando finalmente habló...
Su voz era apenas un susurro.
—Me estabas protegiendo.
Lyra sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué?
—Un monstruo iba a atacarme.
—...
—Y te pusiste delante.
—...
—Y moriste.
El viento pareció desaparecer.
El mundo entero pareció desaparecer.
Solo quedaron aquellas palabras.
Porque sonaban demasiado reales.
Demasiado dolorosas.
Y la peor parte...
Era que podía imaginarse haciéndolo.
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Lucien permaneció en silencio.
Observando la hierba.
Observando el cielo.
Evitando mirarla.
Como si no quisiera recordar.
Como si recordar doliera.
Mucho.
—¿Cuántas veces?
Preguntó Lyra.
Lucien se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—¿Cuántas veces morí?
La sonrisa desapareció.
Completamente.
—No lo sé.
—Sí lo sabes.
—No.
—Lucien.
—De verdad no lo sé.
Y entonces levantó la mirada.
Aquellos ojos rojos ya no parecían los de un niño.
Parecían antiguos.
Cansados.
Rotos.
—Dejé de contarlas hace mucho tiempo.
El corazón de Lyra se encogió.
Porque aquella no era una respuesta preparada.
Era una confesión.
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Por primera vez desde que lo conocía...
Entendió algo.
Lucien no estaba jugando.
No estaba inventando historias.
No estaba intentando asustarla.
Estaba diciendo la verdad.
Y eso era mucho más aterrador.
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Aquella noche acamparon cerca de un río.
El fuego iluminaba suavemente el campamento.
El pato dormía.
Lucien también parecía dormido.
Pero Lyra no podía dejar de pensar.
En las líneas temporales.
En las muertes.
En la figura del bosque.
Y en una pregunta que no dejaba de perseguirla.
Si Lucien recordaba todas esas vidas...
¿Quién más las recordaba?
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La respuesta llegó antes de lo esperado.
Porque en mitad de la noche...
Alguien habló.
—Te encontré.
Los ojos de Lyra se abrieron de golpe.
Se incorporó inmediatamente.
Espada en mano.
Y vio una figura de pie al otro lado del río.
Alta.
Inmóvil.
Sin rostro.
La misma entidad.
La misma presencia.
La misma cosa que había aparecido en el bosque.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
La figura levantó lentamente una mano.
Y señaló directamente a Lucien.
No a ella.
A Lucien.
—Esta vez...
La voz era extraña.
Distorsionada.
Como si muchas voces hablaran al mismo tiempo.
—...no lo salvarás.
El mundo pareció congelarse.
Y antes de que Lyra pudiera reaccionar...
Lucien abrió los ojos.
Sus pupilas brillaron de color rojo intenso.
Y por primera vez...
No pareció un niño.
Pareció algo mucho más antiguo.
Mucho más peligroso.
—Aléjate de mi mamá.
La temperatura descendió de golpe.
El río se agitó violentamente.
Y la sonrisa de Lucien desapareció.
Porque ya no estaba jugando.
FIN DEL CAPÍTULO 6