Todo Por Mi Infancia
Una infancia arrebatada, una verdad oculta y una batalla que dura toda la vida. Isaac cuenta su camino desde la inocencia hasta la madurez, enfrentando pérdidas irreparables, traiciones y peligros que amenazan con acabar con todo lo que ama. Una historia de amor, lealtad y esperanza: porque incluso en la oscuridad más profunda, siempre hay motivos para seguir adelante.
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Capítulo 5: ¿Con quién me quedo?
Después de lo que pasó con los tipos, Gael no me dejó solo.
A los días siguientes iba todos los días a la tienda. Ya no decía "agua y galletas". Solo llegaba, se sentaba en la caja conmigo y me miraba trabajar. A veces me pasaba la escoba. A veces se quedaba callado nomás. Pero estaba.
Y yo... yo no sabía qué hacer con eso. Porque a los 17, con 15, 13 y 11 años dependiendo de mí, no tenía tiempo pa' pensar en mí.
Una tarde cerramos temprano. Gael me dijo "ven". Caminamos hasta mi casa. Era chica. Dos piezas pa' los cuatro. Yo, Tomás de 13, Luna de 11, y el cuarto vacío donde dormía mi mamá antes de irse.
Gael se quedó parado en la puerta. Miró la mesa con fideos fríos, la ropa tendida en la silla, los cuadernos de Tomás tirados. No dijo nada. Pero lo vi. Se le apretó la mandíbula.
"Así viví", le dije. "Yo, Tomás y Luna. Solos desde los 15".
Él asintió. Después me miró y dijo algo que no esperaba: "Isaac, venite a vivir a mi casa".
Me quedé helado. "¿Qué? No puedo. Tengo a mis hermanos".
Gael se acercó. "Por eso mismo. Mi casa es grande. Hay piezas pa' los tres. Tomás tiene 13, Luna 11. Pueden estudiar tranquilos. Comer todos los días. No pasar frío".
Yo negué con la cabeza altiro. "No. Yo no acepto caridad, Gael".
"No es caridad", dijo él. "Es deuda. ¿Te acordai? Estamos en deuda los dos. Y yo pago mis deudas".
Esa noche no dormí. Pensaba en Tomás de 13 años haciendo la tarea con hambre. En Luna de 11 tapándose con dos frazadas porque hacía frío. En mí, con 17, cayéndome de cansancio.
Al día siguiente volví a la tienda. Gael no preguntó nada. Solo me dejó una bolsa. Adentro había ropa pa' Tomás, zapatillas pa' Luna, y mercadería pa' la semana.
"Es pa' ellos", dijo. "No pa' ti".
Me dio rabia y ganas de llorar al mismo tiempo. Porque nadie había pensado en mis hermanos así desde que mi papá se fue.
"¿Y si acepto?", le pregunté bajito. "¿Yo me voy a vivir a tu casa? ¿Y mis hermanos qué?"
Gael me miró directo. "Los tres. Tú, Tomás y Luna. Los tres conmigo. No te separo de ellos, Isaac. Jamás".
Ahí se me quebró algo por dentro. Porque a los 17 yo era papá, mamá y hermano mayor. Y por primera vez alguien me decía "yo te cuido a ti también".
Pero daba miedo. Porque irme a vivir con Gael significaba meter a Tomás y Luna en su mundo. En la mafia. En sus problemas.
Y yo no sabía si salvarlos del hambre valía el riesgo de meterlos en balas.
A los 17 tenía que decidir: ¿Seguir solos los cuatro, aguantando? ¿O irme a vivir a la casa de Gael, con mis hermanos, y arriesgarlo todo?
Esa noche miré a Tomás durmiendo. A Luna abrazada a su muñeca rota. Y entendí que decidir por mí, era decidir por los tres.