Miranda Moreno tiene un objetivo del que no piensa desviarse: casarse con el hombre más poderoso del país. Lo que comienza como un plan cuidadosamente calculado podría convertirse en el mayor riesgo de su vida, porque el poder siempre tiene un precio... y el corazón no sigue estrategias.
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Capítulo 13 - Reencuentro
La mañana comenzó como cualquier otra en el Grupo Bravo de Saravia.
Decenas de empleados recorrían los pasillos mientras los ascensores no dejaban de subir y bajar.
Miranda llegó puntual.
Después de completar algunos trámites administrativos, una colaboradora de Recursos Humanos la acompañó hasta su lugar de trabajo.
—Este será su cubículo, señorita Moreno.
Era un espacio pequeño, ordenado y funcional, ubicado en el área financiera.
Desde allí era imposible siquiera ver el piso donde se encontraba la oficina del presidente.
—Si necesita algo, no dude en avisarnos.
—Muchas gracias.
La empleada se marchó.
Miranda tomó asiento y observó discretamente el lugar.
A su alrededor, otros analistas trabajaban concentrados frente a sus computadoras portátil.
Todo era exactamente como esperaba... excepto por un detalle.
Frunció ligeramente el ceño.
—¿Cómo se supone que volveremos a vernos...?
Su plan consistía en acercarse poco a poco a Cristóbal.
Pero desde aquel cubículo, lejos del piso presidencial, las oportunidades parecían prácticamente inexistentes.
Suspiró.
—Tendré que encontrar otra forma.
Mientras organizaba algunos documentos sobre el escritorio, ignoraba por completo que, varios pisos más arriba, alguien pensaba exactamente en ella.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En la oficina presidencial, Cristóbal intentaba revisar unos informes.
Leyó la misma página tres veces.
No recordaba una sola palabra.
Finalmente dejó la carpeta a un lado y presionó el botón del teléfono interno.
—Laura, ¿ven un momento?
La puerta se abrió casi de inmediato.
—¿Sí, señor?
Cristóbal procuró mantener un tono completamente profesional.
—¿La señorita Miranda Moreno ya se incorporó?
Laura consultó rápidamente su tableta.
—Sí, señor. Recursos Humanos terminó el proceso hace unos minutos. Ya fue instalada en su cubículo, en el departamento financiero.
Cristóbal asintió con discreción.
—Perfecto.
Laura permaneció en silencio, esperando alguna otra indicación.
Pero no hubo ninguna.
Cuando ella salió, Cristóbal volvió la vista hacia el ventanal.
"Ya está aquí..."
Sin darse cuenta, una ligera sonrisa apareció en su rostro.
Intentó continuar trabajando.
No pudo.
Una inquietud insistente comenzó a instalarse en su interior.
"¿Cómo estará su tobillo?"
Recordó la forma en que había intentado caminar dos días atrás.
La expresión de dolor que había ocultado con una sonrisa.
Se puso de pie casi por impulso.
—Solo quiero asegurarme de que está bien...
y salió de la oficina.
Mientras caminaba por los pasillos rumbo al departamento financiero, comprendió que ya no buscaba excusas para verla.
Simplemente...
Sentía la necesidad de hacerlo.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Cristóbal descendió hasta el área financiera con un propósito que intentó negar incluso ante sí mismo.
Sus ojos recorrieron los cubículos uno por uno hasta encontrarla.
Miranda estaba concentrada frente a la pantalla de su laptop, revisando unas gráficas y estados financieros. La luz de la mañana iluminaba suavemente su rostro y, por un instante, Cristóbal se detuvo.
Simplemente la observó.
Finalmente se acercó.
—Señorita Moreno, bienvenida a esta empresa.
Miranda levantó la mirada, sorprendida de verlo allí. Instintivamente intentó ponerse de pie.
—No se levante —dijo él de inmediato—. No fuerce ese tobillo.
Ella sonrió levemente y le tendió la mano.
—Gracias por esperar mi incorporación. Mucho gusto en volver a verlo, señor Bravo de Saravia.
Cuando sus manos se encontraron, ambos sostuvieron la mirada del otro durante unos segundos. Aquella extraña electricidad volvió a recorrerlos, aunque esta vez Cristóbal fue incapaz de ocultar el efecto que le producía.
Miranda fue la primera en retirar la mano.
—No debería estar aquí —comentó en voz baja—. Podría prestarse a malas interpretaciones.
Cristóbal sonrió apenas.
—Tal vez tenga razón. Me iré enseguida, pero antes quiero invitarla a almorzar. Aún siento que no me he disculpado adecuadamente por el accidente.
—No es necesario. Ya quedó atrás y, como le dije aquel día, fue un descuido mío... además....
Cristóbal la observó fijamente.
—No me preocupa lo que la gente piense. A menos que sea a usted a quien le incomode que la vean conmigo.
Miranda desvió la mirada un instante.
—No, señor. No es eso usted es un hombre muy guapo y...
Se interrumpió de repente.
—Perdón, no quise decir eso.
Una sonrisa divertida apareció en los labios de Cristóbal.
—Entonces, ¿acepta o no?
Ella fingió pensarlo unos segundos antes de responder:
—Está bien. Envíeme la dirección y nos veremos allí.
Cristóbal asintió satisfecho.
—Perfecto, señorita Moreno.
......................
Y mientras él se alejaba por el pasillo, Miranda volvió la vista a la pantalla sin poder evitar sonreír.
El presidente del Grupo Bravo de Saravia acababa de invitarla a almorzar.
Y aquello era exactamente el tipo de avance que había estado esperando.
Sin embargo, algo comenzó a inquietarla.
Dejó de mirar las gráficas y bajó lentamente la vista hacia su propia mano.
Era la segunda vez que ocurría.
La primera había sido en su departamento.
La segunda... apenas unos instantes atrás.
Cada vez que sus manos se tocaban, una extraña corriente recorría su cuerpo.
Era una sensación cálida, intensa y desconcertante.
Frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué fue eso...? —susurró para sí.
Nunca había experimentado algo semejante.
Había tomado de la mano a otros hombres.
Los había besado en más de una ocasión para conseguir algún favor o abrirse camino.
Pero jamás había sentido aquella descarga que parecía detener el tiempo por unos segundos.
Negó con la cabeza.
—No puede ser...
Ella no había planeado eso.
Su plan consistía en conquistar a Cristóbal.
No en dejar que él empezara a provocar algo dentro de ella.
Respiró hondo y volvió a concentrarse en su computadora.
No podía permitirse confundir estrategia con sentimientos.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto, Cristóbal regresaba a la oficina presidencial con las manos en los bolsillos.
Avanzaba por el pasillo, pero su mente seguía junto al pequeño cubículo de Miranda.
Recordaba el brillo de sus ojos.
La delicadeza de su sonrisa.
Y la suavidad de su mano entre la suya.
Cerró la puerta de su oficina y permaneció unos segundos inmóvil.
—¿Qué me está pasando...? —murmuró.
Se acercó al ventanal, intentando ordenar sus pensamientos.
Era una mujer a la que apenas conocía.
Mucho más joven que él.
Una empleada de su empresa.
Nada de aquello tenía sentido.
Y, aun así, cada vez que la tenía cerca debía hacer un esfuerzo consciente para mantener la compostura.
Una parte de él deseaba acortar la distancia entre ambos, perderse en la cercanía de su mirada y descubrir si besarla sería tan inevitable como imaginaba.
Apretó la mandíbula y cerró los ojos por un instante.
—Contrólate, Cristóbal...
No era un adolescente dominado por sus impulsos.
Era un hombre acostumbrado a tomar decisiones con la cabeza, no con el corazón.
Pero, ambas parecían estar librando una batalla... y no estaba seguro de cuál terminaría ganando.
Que pasará el día que se descubra que no fue casualidad ese accidente y todo lo que planeó que dirá y hará Cristóbal 🤔🤔🤔❓❓❓❓