En Valdoria, donde la mafia controla cada sombra de la ciudad, dos almas rotas se cruza sin saber que sus pasados están unidos por sangre, traición y secretos enterrados.
lo que empieza como desconfianza se convierte en un vínculo imposible de romper.... incluso cuando la verdad amenaza con destruirlo todo.
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Algo Familiar
Ian Marzanto no era una persona que se obsesionara fácilmente.
Por eso mismo le molestaba llevar dos días pensando en el mismo asunto.
O mejor dicho, en la misma persona.
Desde que Alex había abandonado el Distrito Noctis, la imagen de aquel colgante no había dejado de aparecer en su mente. Había intentado ignorarlo. Había trabajado. Había asistido a reuniones. Había revisado informes. Sin embargo, cada vez que tenía un momento de silencio, volvía a recordarlo.
Aquella pieza de plata.
Aquel símbolo.
Aquella sensación extraña de familiaridad.
Y lo peor era que no conseguía recordar de dónde.
Se encontraba en su oficina cuando volvió a intentarlo.
Cerró los ojos y dejó que los recuerdos aparecieran por sí solos.
Nada.
Solo una sensación.
Como una palabra olvidada que permanecía en la punta de la lengua.
Frustrante.
Golpeó suavemente la mesa con los dedos.
—¿Ocurre algo? —preguntó Elena, que acababa de entrar.
Ian levantó la mirada.
—No.
—Cuando dices "no" con esa cara, suele significar "sí".
—Gracias por el análisis.
—De nada.
Elena tomó asiento frente a él.
—¿Problemas?
—No.
—¿Negocios?
—No.
—Entonces es una persona.
Ian soltó un suspiro.
—Te vas a cansar algún día de hacer eso.
—No lo creo.
Ella sonrió.
Ian decidió ignorarla.
—Es un chico.
La sonrisa de Elena creció inmediatamente.
—Ahora sí me interesa.
—No empieces.
—Ya empecé.
Ian apoyó los codos sobre el escritorio.
—Lo encontré en Noctis.
—Eso explica muchas cosas.
—No explica nada.
—¿Y qué tiene de especial?
Ian dudó unos segundos.
—Un colgante.
Elena parpadeó.
—¿Un colgante?
—Sí.
—Ian, esa es probablemente la razón más extraña por la que te he visto preocupado.
—No estoy preocupado.
—Claro.
Ella se levantó antes de que pudiera seguir interrogándolo.
—Cuando descubras qué ocurre, me lo cuentas.
—No pienso hacerlo.
—Seguro que sí.
La puerta se cerró tras ella.
Ian volvió a quedarse solo.
Y nuevamente terminó pensando en Alex.
Aquello empezaba a resultar irritante.
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Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Alex seguía investigando.
No había avanzado demasiado desde su visita a Noctis, pero tampoco había abandonado la idea de descubrir la verdad.
Aquella tarde caminaba por el centro de Valdoria con una carpeta bajo el brazo. Había pasado la mañana revisando archivos históricos y apenas había encontrado nuevas referencias sobre los Laurent.
Nada útil.
Nada concreto.
Pero seguía intentándolo.
Porque cada vez estaba más convencido de que alguien había ocultado deliberadamente aquella historia.
Y eso solo aumentaba su necesidad de descubrirla.
Entró en una pequeña cafetería y pidió algo para comer.
Mientras esperaba, sacó varias notas y comenzó a revisarlas.
No notó que alguien lo observaba desde el otro lado de la calle.
Un hombre permanecía apoyado contra un automóvil negro.
Vestía ropa sencilla.
Nada llamativo.
Nada que llamara la atención.
Precisamente por eso resultaba peligroso.
Observó a Alex durante varios minutos.
Sin acercarse.
Sin hablar.
Solo mirando.
Como si estuviera confirmando algo.
Finalmente sacó el teléfono.
—Lo encontré.
La voz al otro lado respondió de inmediato.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Miró nuevamente hacia la cafetería.
Alex seguía distraído con sus apuntes.
—Es él.
—No hagas nada todavía.
—¿Solo observar?
—Por ahora.
La llamada terminó.
El hombre guardó el teléfono.
Y continuó vigilando.
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Alex salió de la cafetería casi una hora después.
Seguía pensando en los Laurent.
Tan concentrado estaba que no vio el automóvil negro que avanzó lentamente detrás de él durante media calle.
Tampoco vio al hombre observándolo desde la esquina.
Ni notó que alguien siguió sus movimientos el resto de la tarde.
Para él fue un día completamente normal.
Y eso era precisamente lo preocupante.
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Aquella noche, Ian abandonó una reunión más tarde de lo habitual.
Las calles del Distrito Noctis estaban mucho más tranquilas.
La mayoría de los negocios comenzaban a cerrar y el movimiento disminuía poco a poco.
Fue entonces cuando algo llamó su atención.
Un rostro conocido.
No conocía al hombre personalmente.
Pero sí sabía quién era.
Y sobre todo, para quién trabajaba.
El sujeto permanecía dentro de un automóvil estacionado.
Observando algo.
O a alguien.
Ian siguió la dirección de su mirada.
Y sintió un pequeño escalofrío de inquietud.
Porque al otro lado de la calle caminaba Alex.
Completamente ajeno a todo.
Ian observó nuevamente al conductor.
Luego a Alex.
Y después otra vez al conductor.
Aquello no le gustó.
Nada.
El hombre pertenecía a un grupo relacionado con Dante Valieri.
No era alguien que vigilara personas al azar.
No era casualidad.
Y si estaban observando a Alex, existía una razón.
La pregunta era cuál.
Ian permaneció inmóvil durante unos segundos.
Pensando.
Analizando.
Intentando encontrar una explicación lógica.
No encontró ninguna.
Solo más preguntas.
¿Por qué Alex?
¿Qué sabía?
¿Y qué relación tenía todo aquello con el colgante?
Porque cada vez le resultaba más difícil creer que se tratara de una coincidencia.
El automóvil arrancó finalmente y desapareció por una calle lateral.
Alex siguió caminando sin notar nada.
Ian observó cómo se alejaba.
La sensación incómoda regresó inmediatamente.
La misma que había sentido cuando vio el colgante por primera vez.
La misma que aparecía cada vez que pensaba en él.
Algo no encajaba.
Algo importante.
Y por primera vez desde aquel encuentro en el callejón, Ian tuvo la impresión de que Alex estaba metido en algo mucho más grande de lo que imaginaba.
Mucho más peligroso.
Permaneció unos segundos observando la calle vacía.
Luego metió las manos en los bolsillos y continuó caminando.
Pero una idea seguía rondando su cabeza.
Una idea que no conseguía ignorar.
Porque cuanto más intentaba alejarse de aquel asunto, más parecía acercarse a él.
Y mientras avanzaba entre las luces nocturnas de Valdoria, Ian llegó a una conclusión que no le gustó en absoluto.
Algo no estaba bien.