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LA OMEGA QUE DESPERTÓ A LA BESTIA

LA OMEGA QUE DESPERTÓ A LA BESTIA

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Grandes Curvas / Hombre lobo
Popularitas:24.3k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Irina Vólkov es la vergüenza de su familia. Omega sin loba, gorda y relegada a fregar platos mientras su hermana gemela Astrid brilla como la bendecida por la diosa luna. La noche de su cumpleaños 18, su padre la anuncia como ofrenda al Rey Theron Blackmoor — un alfa maldito del que nadie habla sin bajar la voz.

Lo que nadie sabe es que antes de esa noche, en un lago escondido entre las montañas, una bestia enorme la encontró desnuda bajo la luna. No la atacó. Solo la miró. Como si la estuviera esperando.

Ahora Irina está encerrada en un castillo oscuro con un rey que la desprecia de día y una bestia que duerme a sus pies de noche. Con una ceremonia que puede unirla a él para siempre — o matarla si la diosa luna decide que no es suficiente. Con una hermana dispuesta a todo por quitarle lo que tiene. Y con una loba despertando dentro de ella que le susurra lo que Irina se niega a aceptar:

Que la bestia la eligió primero.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6 La loba del pueblo

Irina no podía dormir.

Llevaba horas dando vueltas en la cama, con la cabeza llena de ruido. Catalina diciéndole que podía morir. Theron gritándole en el pasillo que sin ella se moría él. Su padre vendiéndola. Astrid levantando la copa. Once días. Diez. Los números le giraban en la cabeza como una cuenta regresiva que nadie le preguntó si quería empezar.

Había cenado sola en la habitación. No tenía estómago para compartir mesa con Theron y su madre. Demasiada gente que la hacía sentir como un estorbo en un solo comedor.

Se tapó hasta la barbilla. Cerró los ojos.

Mañana busco la forma de salir de aquí. Mañana examino la barrera. Mañana...

El cerrojo hizo clic.

Irina abrió los ojos de golpe.

La puerta se abrió despacio, empujada desde afuera con un peso que hizo vibrar el marco. Un cerrojo de metal no significaba nada para algo de ese tamaño.

La bestia entró.

Los ojos amarillos la encontraron en la oscuridad. El mismo brillo del lago. El mismo del bosque. Dos llamas quietas en una cabeza enorme que llenaba el umbral de la puerta.

—Otra vez tú —susurró Irina.

La bestia caminó hasta la cama con esa lentitud cuidadosa que parecía imposible para algo tan grande. Se detuvo junto a ella. Bajó la cabeza hasta que los ojos amarillos quedaron a la altura de los suyos.

No gruñó. No mostró los dientes. Solo la miró con esa fijación que le calentaba el pecho y le aflojaba los músculos sin que pudiera evitarlo.

Irina levantó la mano. Le tocó el hocico. El pelaje era áspero, caliente.

La bestia cerró los ojos. Emitió ese ronroneo grave que le vibró en la palma y le subió por el brazo.

Después se echó en el suelo junto a la cama. El piso tembló bajo su peso. Apoyó la cabeza sobre las patas y cerró los ojos con un suspiro largo que sacudió las cobijas.

Irina se quedó mirándola desde arriba. Esta criatura que aterrorizaba a todo el castillo, que rompía cadenas y destrozaba puertas, echada en su piso como si fuera el único lugar del mundo donde podía descansar.

Te odio de día y de noche vienes a dormir a mis pies, pensó. Eres el hombre más confuso que he conocido, Theron Blackmoor. Y ni siquiera estás consciente para escucharlo.

El ronroneo le llenó la habitación como una canción grave. Lenta. Constante. A pesar de todo —de la rabia, del miedo, de los diez días que le quedaban—, Irina sintió que los ojos se le cerraban.

Se durmió escuchando respirar a la bestia.

La despertó la luz del sol.

Abrió los ojos. La habitación estaba en silencio. La bestia ya no estaba.

Pero no estaba sola.

Sintió el calor antes de verlo. Un cuerpo grande, pesado, presionado contra su espalda. Un brazo alrededor de su cintura. Una respiración lenta y profunda en su nuca.

Giró la cabeza despacio.

Theron estaba en su cama. Dormido. Desnudo. De espaldas a la ventana, con el brazo sobre ella y la cara hundida en la almohada.

Maldita bestia traidora. Se echó en el piso y terminó en mi cama.

Irina se quedó inmóvil. El brazo de Theron pesaba sobre su cintura como un ancla caliente. Podía sentir cada músculo de su pecho contra su espalda, cada respiración moviéndole el pelo.

No mires abajo, se dijo. No mires abajo, Irina. No lo hagas.

Miró abajo.

Las sábanas se habían movido durante la noche y Theron estaba completamente descubierto. Completamente. Sin ropa, sin sábana, sin nada que dejara algo a la imaginación.

Irina se puso roja desde el cuello hasta las orejas.

No debí mirar. No debí mirar. No debí...Pero ya había mirado. Y lo que vio no era algo que se pudiera desver. Ni algo que fuera fácil de olvidar.

Maldita sea, Irina, cierra los ojos.

No los cerró. No inmediatamente.

Theron se movió. Su brazo la apretó más. Murmuró algo ininteligible contra la almohada. Irina dejó de respirar.

Después sus ojos se abrieron.

Grises. Somnolientos. Desorientados un segundo. Después enfocaron. La vio. Vio su cara roja. Vio hacia dónde habían estado mirando sus ojos medio segundo antes.

La expresión de Theron no cambió. No se tapó. No se disculpó. No dijo una sola palabra.

Retiró el brazo de su cintura. Se sentó en la cama. Se levantó. Caminó hacia la puerta desnudo, con la misma naturalidad de siempre, como si despertar sin ropa en la cama de una mujer que no lo soportaba fuera un martes cualquiera.

Abrió la puerta. Salió. La cerró detrás de él.

Ni una palabra. Ni una mirada atrás.

Irina se quedó en la cama, con la cara ardiendo, las sábanas arrugadas y el calor de su cuerpo todavía pegado a su espalda.

Maldita diosa luna y su retorcido sentido del humor.

Una hora después, Catalina la sacó de la habitación a rastras.

—Hoy vamos al pueblo. Necesitas un vestido para la ceremonia y yo necesito ver con qué estoy trabajando.

—No estoy de humor.

—No te pregunté tu humor. Te informé tu agenda. Muévete.

El pueblo quedaba a veinte minutos en camioneta, pasando dos puestos de control. El territorio Blackmoor estaba protegido por una barrera antigua que lo hacía invisible para los humanos. Desde afuera, bosque impenetrable. Desde adentro, un mundo completo.

Era pequeño pero moderno. Calle pavimentada, tiendas, pastelería, cafetería, un local de electrodomésticos con televisores en la vitrina. Lobos caminando con bolsas de compra. Normal, si no fuera porque de vez en cuando alguien se transformaba para cargar algo pesado.

Irina miraba cada salida, cada camino, cada hueco en el perímetro.

Diez días, pensaba. Tiene que haber una forma.

Catalina la arrastró a una tienda de ropa. Le hizo probarse cuatro vestidos. Los tres primeros le quedaban como siempre: apretados donde no debían, sueltos donde no servía.

—¿No tienen algo para gente que come? —dijo Irina desde el probador.

El cuarto era negro. Largo. Simple. Le quedaba bien.

—Ese —dijo Catalina—. Nos lo llevamos.

Salieron de la tienda. Fue entonces cuando apareció ella.

Selene salió de la cafetería como si la puerta fuera un escenario. Alta, pelo negro, ojos ámbar, chaqueta de cuero. Alfa.

—Catalina —dijo con una reverencia breve—. No sabía que estaba en el territorio.

—Selene. —Catalina la saludó con frialdad—. Vine por la ceremonia.

Los ojos ámbar pasaron a Irina.

—¿Y esta es la famosa ofrenda?

—Irina Vólkov —dijo Irina—. La omega. La futura luna del rey. ¿Necesitas más títulos?

Selene se rió. Corto. Como si un niño hubiera dicho algo gracioso.

—Tiene carácter. —Se acercó con lentitud de depredadora—. ¿Así que tú vas a unirte con Theron?

—Eso dicen.

—Qué curioso. Pensé que enviarían a alguien más... adecuada. —Le recorrió el cuerpo con la mirada—. Theron y yo nos conocemos desde hace años. Hemos compartido muchas tardes juntos. Muchas. Es un hombre con necesidades y yo siempre estuve disponible. —Ladeó la cabeza—. ¿Tú vas a estar disponible, omega?

Irina sintió la rabia caliente subiéndole por el pecho. Su loba gruñó desde adentro.

—¿Sabes qué? Puedes quedártelo. De verdad. No pedí estar aquí. No pedí ser la luna de nadie. La primera oportunidad que tenga de largarme, me largo. Si tanto lo quieres, todo tuyo.

Selene la miró con sorpresa.

—Qué generosa. Pero la Luna Roja elige. Y si la diosa te eligió a ti...

Irina se dio la vuelta y se alejó caminando. No quería ver la cara de Selene ni procesar lo de las tardes ni sentir a su loba gruñendo por un hombre que esa mañana salió de su cama sin decirle una palabra.

Caminó sin mirar. Pasó la pastelería, la tienda de electrodomésticos. La calle terminaba en un cruce.

No vio la camioneta.

Pick-up negra, demasiado rápido, bocina reventándole los oídos.

El tirón la sacó de la calle un segundo antes.

Un brazo alrededor de su cintura. Firme. Brutal. La levantó del suelo.

Irina se estrelló contra el pecho de Theron.

Sus brazos alrededor de ella. Apretados. Su corazón desbocado debajo de la camisa. Su cuerpo vibrando con algo animal.

—¿Estás loca? —Su voz le vibró en el pecho—. ¿No miras por dónde caminas?

Levantó la cabeza. A centímetros. Ojos grises mirándola desde arriba.

La imagen de esa mañana le cruzó la cabeza sin permiso. Él desnudo. Ella mirando. La cara roja.

Se apartó de golpe.

—Suéltame.

—Te acabo de salvar la vida.

—Y esta mañana saliste de mi cama sin decir una palabra. Así que no me vengas con el papel de héroe.

Theron apretó la mandíbula.

—No es lo que piensas.

—No pienso nada. No me importa. Puedes pasar tus tardes con Selene y tus noches como bestia en mi piso y tus mañanas saliendo desnudo de mi cama sin mirarme. Todo tuyo. Yo solo quiero irme.

—Irina...

—No. —Levantó la mano—. No quiero explicaciones. No quiero este castillo ni esta ceremonia ni esta vida. Quiero cruzar esa barrera y desaparecer. Eso es lo que quiero.

—No puedo dejarte ir.

—Lo sé. Y te odio por eso.

—Lo sé.

Caminaron de vuelta a la camioneta en silencio. Pero Theron caminó a su lado. No delante.

Catalina los observaba desde la acera.

En el camino de vuelta, Irina miraba por la ventana.

Diez días. Y esta vez no me van a atrapar.

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Livia silva mejias
DIOSDELAVIDAAAAAA!...que buena se puso la cosa.
conchole que toda la energía negativa que carga el hijo de la bruja se le devuelva y nada arruine el ritual de la Luna Roja 🤞🏼🤞🏼🤞🏼🤞🏼
Anonymus
Será que Elias es un brujo disfrazado, el peligro no acaba 🤯🤯🤯🤯
ShaLop
Excelenteeeee
Pris
Ay que angustia ahora. Quien será ese
Nancy Monterrosa
ay escritora porfa deja que se haga la ceremonia y después que puedan luchar contra la maldad
Nancy Monterrosa
amo a esta suegra jajajaja más suegras así
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
lo bueno es que lo vigilan y si hace algo no están desprevenidos
Anonymus
Me huele a Brujo vengativo y peligro inminente, sino se ponen la sillas lanteagedia vuelve y los alcanza y esta vez sin segundas oportunidades 😭😭😭😭🤯🤯🤯
Anonymus
Catalina desde el primer capítulo que te leí, te ganaste mi admiración, temor, resquemor y ahora cariño, bien por ti
Odalis Angelica Bueno Vargas
Hay dios mio ojalá no sea algo malo ya que ella salio casi de la muerte para que venga otro y la remate
daya murillo
hermosa historia felicidades autora👏
Livia silva mejias
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼 Excelente!
felicidades AUTORA
Nancy Monterrosa
amo a esa suegra metiche jajajaja
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
tu madre acaba de abrir la puerta para que dejen de fingir que no ha pasado nada cuando en realidad pasa de todo y de muchas maneras 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🥰🥰🥰🥰🥰
Rosa Zambrano
Felicitaciones apreciada escritora, nada aburrida, mucha acción en diversas versiones 🫂❤️🌹
Rosa Zambrano
Estoy super emocionada. Un capítulo buenísimo
Livia silva mejias
🥵🥵🥵 IRIIINAAAA cochina envidia que me das, te dieron como furruco en feria 😜😜😜
Livia silva mejias
😈😈❤️‍🔥❤️‍🔥🥵🥵 A quién le van a dar hasta en ID 😍😍😍😍🤪😜
Alexandra Ortiz Posada
Excelente capitulo, gracias por compartir, bendiciones
Bedy Moreno
excelente,admiro tu obra, primero vez que te leo !!
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