Ella huye de un pasado mágico y de un alma gemela que se convirtió en monstruo. Él es un humano de hierro, capitán de inteligencia, que solo vive para su trabajo. Ella caza abusadores por las noches; él los persigue por el día. Un caso los une, la necesidad de justicia los mantiene juntos, y un amor inesperado los acecha en medio de la investigación más peligrosa de sus vidas. En esta cacería, nadie es lo que parece y el amor es el único misterio que no saben cómo resolver.
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Capitulo 6: El eco de los inocentes
Las instalaciones del orfanato "Luz del Mañana" son una ironía arquitectónica. Por fuera, las paredes de piedra pretenden proyectar una imagen de solidez y resguardo; por dentro, el aire es rancio, cargado de un frío que no proviene del clima, sino de la ausencia total de espíritu. Zoe se desplaza por los pasillos con la precisión de un espectro, cumpliendo con la tediosa tarea asignada por la supervisora: verificar que cada "unidad" (como parecen ver a los niños) este en su actividad pautada.
Al rozar las paredes de cemento, sus dedos captaron una vibración gélida. No es solo la temperatura; es el vacío. No hay dibujos pegados con orgullo, ni marcas de crecimiento en los marcos de las puertas. Aquello no es un hogar; es una antesala al olvido, una prisión de almas pequeñas. Lo confirmó al cruzar la mirada con los internos. Ojos apagados, hundidos en cuencas que cargan con una fatiga existencial impropia de la infancia. Niños que no juegan, sino que sobreviven, procesando traumas que sus mentes aún no tienen palabras para nombrar.
Observó las reacciones de los pequeños ante el paso de los empleados. No hay entusiasmo, solo una sumisión pavloviana. Algunos encogen los hombros, otros apretan los puños bajo la mesa, y el miedo, ese aroma acre que Zoe conoce tan bien, flota en el ambiente. La furia comenzó a burbujear en su pecho, una marea de color violeta que lucha por salir. Este lugar, supuestamente diseñado para ofrecer una vida digna a quienes el mundo ha desechado, es en realidad un matadero de esperanzas.
"Esterilización" pensó Zoe, mientras su mandíbula se tensa hasta el dolor.
"Ese debería ser mi próximo proyecto. Marcar a los seres desnaturalizados que siembran hijos como quien arroja basura al viento, condenándolos a este infierno. Si no pueden ser padres, no deberían tener el derecho de ser creadores". Sus pensamientos fueron interrumpidos al llegar al jardín. Entre los columpios oxidados y el tobogán descascarado, una mancha de color se distingue en un rincón sombrío. Era una niña de no más de cinco años, hecha un ovillo contra la hiedra seca.
__¿Qué haces tan solita, princesa?__. La voz de Zoe cambió drásticamente. El filo cortante de la sargento desapareció, reemplazado por una calidez aterciopelada que no usa con frecuencia despues de que el caos devorara su propia alma.
A kilómetros de allí, en una camioneta de vigilancia camuflada, el Capitán Alarik Black y sus tenientes permanecieron en un silencio sepulcral. A través del comunicador oculto en el vestido de Zoe, la dulzura de su tono los golpeó como un impacto físico. López y Suárez se miraron, incrédulos; la mujer que desayuna fuego esta hablando con la ternura de una madre. Alarik, sin embargo, no se sorprendió, pero su mirada se volvió más intensa, analizando cada matiz de la transmisión.
La niña levantó la cabeza. Sus manos pequeñas estrujan la tela de lo que alguna vez fue un vestido, ahora reducido a un harapo grisáceo y maltratado. Sus ojos, anegados en lágrimas contenidas, son dos pozos de desolación. Negó con la cabeza, intentando ocultar su dolor tras una máscara de inocencia rota.
__Sabes... yo soy mágica__. Susurró Zoe, acuclillándose para quedar a su altura.
__Y con mis poderes, puedo hacer que tu mayor sueño se haga realidad__.
La pequeña se quedó inmóvil. En su mente, las historias que su madre le contaba antes de morir (antes de que el mundo se volviera oscuro) despertaron de su letargo. Historias sobre hadas y promesas. Decidió, en un último acto de valentía infantil, abrir su corazón.
__Quiero...__. La voz de la niña es un hilo tembloroso, un secreto que quema.
__Quiero que los monstruos no me toquen más en la noche__.
El silencio que siguió fue absoluto, tanto en el jardín como en la camioneta de vigilancia.
Zoe sintió un estallido de estática en su interior. Su mandíbula se bloqueó y sus iris comenzaron a brillar con un violeta intenso, la señal inequívoca de que la cazadora ha detectado a su próxima presa. En el vehículo, el aura de Alarik se volvió asfixiante. Sus dedos se cerraron sobre el borde del monitor con tal fuerza que el metal crujió. Las palabras de la niña han pulsado una fibra que el Capitán mantiene bajo llave, desatando una sed de sangre que rivaliza con la de Zoe.
__Te lo prometo, pequeña__. Dijo Zoe, rodeando a la niña en un abrazo protector mientras la pequeña solloza contra su hombro.
__Ya no habrá más monstruos. Yo me encargaré de que se conviertan en cenizas__.
Tras calmar a la niña y entregarla al cuidado de una de las auxiliares menos sospechosas, Zoe regresó al interior del edificio. Ya no es la sargento infiltrada; es un depredador en su territorio. Usando su magia para distorsionar la percepción de quienes se cruzan en su camino, se escabulló hacia el ala administrativa, una zona restringida para el personal de servicio.
Cada paso que da aumenta su náusea. El aire en los pasillos superiores huele a productos químicos y a algo mucho más rancio: corrupción moral. Forzó una cerradura con un movimiento de sus dedos y entró en una oficina oculta tras una biblioteca falsa.
Lo que encontró allí hizo que el comunicador captara un gruñido gutural de Alarik.
En las paredes y sobre el escritorio, hay carpetas repletas de fotografías. Niños y adolescentes, apenas tocando la pubertad, posando con ojos desencajados por el terror ante cámaras profesionales. En muchas de las imágenes, se ven manos de adultos sosteniendo fustas o marcando la piel joven con moretones frescos. Es un catálogo. Una galería de horror destinada a los postores más abyectos de la red de trata.
Zoe sintió que el mundo se tiño de violeta. La ira que había sentido en las mazmorras con Chark y su amante no es nada comparada con el incendio forestal que ruge ahora en sus venas. Miró una foto de la niña del jardín y su mano se envolvió en llamas mágicas contenidas.
__Capitán__. Dijo Zoe, su voz volviendo a ser el acero frío que corta huesos.
__Dígame que los equipos van a estár en posición pronto. Porque si no entran ustedes, no quedará nadie vivo para interrogar cuando yo termine de "limpiar" este lugar__. En la camioneta, Alarik Black se puso de pie, su porte irradiando una autoridad letal.
_'Proceda, Sargento__. Ordenó Black con una calma aterradora.
__Deje a los líderes para nosotros. El resto... es suyo__.
Zoe cerró los ojos, sintiendo la ubicación de cada latido de corazón corrupto dentro del edificio. La caza no solo ha comenzado; va a ser un exterminio. Aquella noche, el orfanato "Luz del Mañana" finalmente hara honor a su nombre, aunque para ello tuviera que arder en el fuego purificador de una justicia que el mundo humano se niega a impartir.
se vuelven justicieros en un mundo decadente.
que buena esta está historia y lo que falta