LUCIAN SANTOS , un hombre guapo y libre de ataduras ,no vive así por alguna decepción o algo que se le parezca ,no ,es el estilo de vida que el prefiere, pero todo da un giro inesperado; cuando una mañana aparece una bebe en su puerta y solo necesita la ayuda de la mujer que siempre está a su disposición ,para ayudarlo en esta nueva travesía (su secretaria) ,sin imaginar el gran secreto que ella guarda...
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Bien hecho,princesa
El Gran Salón del Metropolitan parecía un océano de seda y joyas, donde las mareas de la alta sociedad neoyorquina se movían con una cadencia hipócrita. Lucian acababa de dar un discurso realmente commemorable, tras terminar unas breves palabras de agradecimiento por la recaudación de la gala, el aire seguía denso, expectante. Todos los ojos estaban puestos en la mujer que permanecía a su lado. La prensa, los socios y los enemigos esperaban que ella fuera solo un adorno, una secretaria que había tenido suerte, alguien que se quebraría bajo el peso de los reflectores.
Lucian, sintiendo la hostilidad silenciosa del ambiente, le entregó el micrófono a Elena. Sus dedos se rozaron, y él le dedicó una mirada que era mitad advertencia y mitad aliento.
—Señoras y señores —comenzó Elena. Su voz, amplificada por los altavoces, no tembló. No era la voz de la asistente que pedía permiso para entrar; era una voz de terciopelo y acero—. Sé lo que se preguntan. Sé que Nueva York ama los misterios, y que nuestro matrimonio ha sido el secreto mejor guardado de la temporada.
El silencio fue absoluto. Incluso los camareros se detuvieron.
—Muchos ven en esta unión una sorpresa, pero para nosotros fue una necesidad de proteger lo más sagrado que tenemos —continuó Elena, mirando directamente a la mesa donde Victoria la observaba con ojos de halcón—. Ser una Santos no es solo llevar un apellido o lucir diamantes. Es entender que la familia es la única empresa que no puede permitirse el lujo de quebrar. Mi silencio durante este tiempo no fue por vergüenza, sino por devoción. Devoción a mi esposo y a la vida que hemos construido lejos del ruido y el bullicio de la ciudad.
Lucian la observaba desde un ángulo lateral, con el corazón martilleando contra sus costillas. Se dio cuenta de que no estaba escuchando a una actriz ensayando un guion. Estaba escuchando a una mujer reclamando su lugar en el mundo con una elocuencia que él mismo envidiaba. "Maldita sea, Elena", pensó, sintiendo que un orgullo irracional lo invadía, "estás haciéndolos arrodillarse sin que se den cuenta".
En ese momento de máxima tensión dramática, las grandes puertas dobles del fondo del salón se abrieron. Ayden García apareció, caminando con su paso marcial y su presencia imperturbable. Pero lo que causó el murmullo general no fue el jefe de seguridad, sino el pequeño bulto vestido de seda azul que cargaba en sus brazos.
Mikeila se había despertado de su siesta en la suite privada de la fundación y, con el instinto de una Santos, parecía haber decidido que el escenario principal le pertenecía. García se acercó al estrado con una eficiencia silenciosa y le entregó la bebé a Elena.
La imagen fue devastadora para cualquier detractor: Elena, deslumbrante en su vestido de gala, sosteniendo a su hija frente al mundo, con Lucian flanqueándola como un guardián. Era la estampa de la familia perfecta, de un linaje consolidado.
—Y aquí —dijo Elena, besando la frente de la pequeña mientras el público estallaba en una exclamación de ternura— está la verdadera razón de todo nuestro esfuerzo. Nuestra pequeña hija, Mikeila.
Sin embargo, el momento de paz fue interrumpido por Marcus, el primo de Lucian, quien, impulsado por una mezcla de alcohol y envidia, decidió acercarse al estrado. Quería demostrar que él también era parte de ese círculo íntimo, o quizás, simplemente quería ver de cerca si la belleza de Elena tenía algún defecto.
—¡Es una niña preciosa! —exclamó Marcus, extendiendo sus manos hacia la bebé con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Deja que el tío Marcus la cargue un momento para la foto oficial, Lucian.
Marcus se inclinó demasiado, invadiendo el espacio personal de Elena. Mikeila, que hasta ese momento había estado tranquila, observó el rostro del intruso. Con un instinto casi animal para detectar la falsedad, la bebé se encogió contra el pecho de Elena y soltó un grito agudo y potente, una orden de alejamiento sonora que resonó en todo el salón.
El rechazo fue tan evidente y tan vocal que Marcus se quedó congelado, con las manos en el aire y el rostro encendido de humillación frente a toda la élite de la ciudad.
Lucian no pudo evitarlo. Dio un paso al frente y comenzó a aplaudir, una ovación lenta y sonora que fue seguida de inmediato por el resto de los invitados. El salón se llenó de aplausos y risas ligeras, celebrando la "personalidad" de la pequeña Santos.
—Parece que mi hija tiene un gusto impecable para las personas, Marcus —dijo Lucian con una sonrisa cargada de veneno—. Y parece que no estás en su lista de personas gratas.
Lucian se acercó a Elena y rodeó a ambas, madre e hija, con sus brazos. Fue un gesto espontáneo, protector, que selló la noche. Mientras la prensa se volvía loca tomando fotos de la familia de tres, Lucian se inclinó hacia el oído de la bebé.
—Bien hecho, princesa —pensó Lucian con una satisfacción feroz—. Has puesto a ese idiota en su lugar. Ahora tenemos que cuidar de mamá. Ella ha hecho todo el trabajo duro esta noche y no dejaré que nadie más la moleste.
Miró a Elena por encima de la cabeza de la niña. Sus ojos se encontraron, y por un segundo, Lucian olvidó que había mil personas observándolos. Vio el cansancio en los ojos de ella, pero también una gratitud profunda.
—Lo has logrado, Elena —le susurró, y esta vez no la llamó "Rivas"—. Los tienes a todos a tus pies. Incluso a mi madre.
Elena le devolvió una sonrisa débil. El esfuerzo del discurso y la adrenalina del momento estaban empezando a pasarle factura. Sentía un mareo incipiente, pero se obligó a mantenerse firme. Tenía que resistir. Por Mikeila. Por el contrato. Y, aunque se negara a admitirlo, por el hombre que ahora la sostenía como si fuera el tesoro más valioso de su imperio.
La gala continuó, pero para el resto del mundo, la historia estaba escrita: Lucian Santos no solo se había casado, sino que había encontrado a una mujer que era su igual en cada sentido de la palabra. Victoria, desde su mesa, levantó su copa de champán hacia su hijo y su nuera. Había sido derrotada en su propio juego, pero la sonrisa en su rostro sugería que, por primera vez, estaba satisfecha con el resultado de una batalla que no había planeado ganar.
Lucian no soltó la cintura de Elena en toda la noche. Cada vez que alguien intentaba acercarse demasiado, él se tensaba, su instinto de protección disparado. Ya no era solo una cuestión de negocios o de herencia. Era algo más profundo, algo que García observaba desde la distancia con una calma cómplice.
La mentira se había vuelto tan hermosa que la verdad empezaba a parecer un intruso innecesario. Pero mientras Elena se apoyaba en el hombro de Lucian, sabía que la paz era temporal. La noche había sido un triunfo, pero el reloj seguía avanzando, y su secreto médico permanecía allí, esperando en las sombras para cobrar su precio.
La narración me hace morir de risa 😂😂😂😂😂