Luciana Montreal siempre obtuvo lo que quiso.
Incluso a David Balbuena… el único hombre que alguna vez se le resistió.
Pero el deseo no siempre trae victoria.
Entre noches que la consumieron y una verdad que lo cambió todo, Luciana entendió que hay algo más peligroso que no tener a alguien… tenerlo y descubrir quién es en realidad.
Años después, convertida en una mujer poderosa e inalcanzable, ha construido un mundo donde nadie puede tocarla...
Hasta que el pasado regresa... y no viene solo: Un hombre que aún puede hacerla arder. Otro que ya decidió que será suya.
Entre el fuego que la desarma y el control que amenaza con atraparla, Luciana deberá enfrentar la única decisión que nunca pudo dominar: seguir lo que la consume… o no volver a perderse jamás.
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LLEGAR AL NUEVO HOGAR
NARRADOR
David regresó a la habitación que compartía con su reciente esposa. Cuando la vio parecía concentrada en algo importante usando una laptop que él desconocía que ella había llevado al viaje.
-¿Qué estás haciendo?- Preguntó acercándose para echar un vistazo
-Nada. Es un asunto privado- Ella cerró su laptop y lo observó
-¿Asunto privado?- Indaga con una sonrisa sarcástica- Una mujer como tú seguramente esté viendo las mejores tiendas parisinas
Luciana eleva una de sus cejas. David puede ser el hombre que ama, pero... él no la conoce y ella no va a decirle todos sus planes y ambiciones a menos que verdaderamente la ame.
Ella decide no desmentirlo ni tampoco decirle la verdad.
-Puedes creer lo que desees, David. Solamente no olvides una cosa...- Se acerca a él, sus alientos se mezclan- no me conoces
David la besa. Está con una mujer hermosa y ardiente. ¿Va a dejar pasar la posibilidad de tener un encuentro satisfactorio? No. El único problema es que Luciana no le generó intriga, solamente deseo.
Mientras la pasión escala entre ellos, David la besa consumido por el deseo, preocupado por el placer y la satisfacción de los dos, tal como cualquier buen amante haría.
Al terminar, la cama está deshecha, la ropa de los dos en el suelo y el aroma en la habitación delata lo ocurrido, pero Luciana espera algo. Un beso, quizás un abrazo... cercanía.
-Estuvo bien- David se quita el condón, le hace un nudo y lo deja en el suelo antes de acostarse nuevamente
Luciana esperó, en silencio, justificando la demora en la muestra de afecto o tal vez de cercanía luego de lo que compartieron.
Al cabo de pocos minutos, ella sigue en su sitio. David tiene los ojos cerrados y está lejos todavía. Se acerca, buscando calor. Él abre los ojos.
David pone una manta sobre las sábanas de seda.
-No me gustan mucho los abrazos. Si tienes frío cúbrete bien- No fue hostil, pero si claro
Luciana observó algo al lado de su esposo. La salida perfecta para evitar la vergüenza y la desilusión. Uno de sus aretes se le había salido durante la apasionada intimidad.
-No iba a abrazarte. Buscaba esto- Le enseña el arete
(.....)
Días más tarde, el matrimonio se dirige al aeropuerto. David lo hace satisfecho profesionalmente y sexualmente. Luciana... con un sabor agridulce en los labios y una sensación igual en el corazón.
David no fue cariñoso ni una sola vez, ni siquiera cuando se despedía de ella. No hubo ni un beso de buenos días, tampoco un abrazo. Él parecía estar conviviendo con una amante ocasional, solamente eso.
Luciana esperaba más. No una declaración de amor ni una cena romántica a la luz de las velas en ese momento, pero al menos más cercanía y cariño. No había obtenido nada.
Ella no sabía siquiera que un hombre mucho mas poderoso que su marido la había observado cuando había tenido oportunidad, pero ese hombre realmente estaba interesado en conocerla mejor. Tal como a su marido no le importaba hacer. ¿Hubiera cambiado algo en su destino de haberlo sabido? o ¿Tal vez en su matrimonio?
El vuelo transcurrió en silencio. David trabajando, tal como parecía hacer en sus momentos libres. Ella sentada frente a él preparándose para su futuro. A su marido no le interesó por qué no estaba a su lado, ni siquiera un poco. Tampoco hizo preguntas y eso... para ella fue decepcionante.
Luciana lo observó una vez en silencio. Le resultaba demasiado atractivo, pero también hiriente en su manera desinteresada de tratarla. Por un momento pensó cuánto tiempo debería esperar para divorciarse sin llamar demasiado la atención. Solo en el caso de que él en ese momento no la amara. Intuyó que un año sería suficiente.
Ella creía que poner como meta seis meses para enamorarlo o divorciarse sería demasiado poco. Seis meses era ridículo. Atraería demasiado a la prensa, las especulaciones... el acoso por una primicia.
Un año se sentía diferente. Aunque era poco tiempo, no era descabellado en un matrimonio joven tal como lo eran ellos. Volvió a mirarlo. David también le prestó atención.
-¿Ocurre algo?- Indagó él
-No. Pensaba en nuestro matrimonio y cuándo podría solicitar el divorcio- Le dijo en un tono que él no supo identificar si era una afirmación o una simple broma
-Nos acabamos de casar, ¿No estás satisfecha?- Preguntó con doble intención y una sonrisa sarcástica
-Soy una mujer exigente, David. Tal vez tenga aspiraciones y metas distintas a otras mujeres que conoces- Él pareció imperturbable, pero internamente pensó por algunos segundos en aquella respuesta inesperada
David estaba convencido de que Luciana jamás solicitaría el divorcio, mientras que ella empezaba a pensar más en esa posibilidad. El destino de los dos parecía ir por caminos diferentes, aunque nadie podría imaginar lo que acontecería más adelante...
Al llegar a la ciudad, fueron a la residencia de David. Allí las pertenencias de Luciana estaban ordenadas junto a las de su esposo en la habitación principal.
Ella observó el lugar con atención. Era la mejor manera de conocerlo, ya que él no era sencillo de descifrar ni tampoco estaba abierto a conversaciones banales.
-Si necesitas algo puedes comprarlo o agregar algo que te haga sentir cómoda. Nada demasiado llamativo que rompa la armonía del lugar...- Sugirió en un intento básico por parecer "hospitalario"
-Lo tendré en cuenta, aunque parece un lugar cómodo- Ella observó la sala, pensando en agregar algunas pocas cosas a su gusto y que creía que hacían falta
-Lo es. Después de todo no estoy demasiado tiempo aquí y supongo que tu pasarás gran parte del día en casa o haciendo compras. Sígueme para que veas la habitación principal- Ella lo siguió en silencio, suprimiendo su molestia
Nuevamente, su esposo creía que ella pasaba todo el día gastando mucho dinero y que el tiempo sobrante lo ocupaba descansando. No lo sacaría de su error, prefería que fuera él quien la conociera y se diera cuenta que de mujer básica de la alta sociedad... ella no tenía un solo cabello.