Selena era una joven de 19 años que convivía con sus padres y sus dos hermanos: Celia, una adolescente de 15 años, y Samuel, un joven de 23 años que se encontraba viviendo en el extranjero con su esposa. Su padre, Santiago, había casado a Samuel a la edad de 20 años, y ahora estaba decidido a encontrar una pareja para Selena. La persona elegida para contraer matrimonio con ella era Carlos Fernández, un joven proveniente de una familia adinerada.
Santiago no tenía dificultades económicas, ya que disponía de una buena situación financiera, pero su objetivo era asegurarse de que sus hijos formaran parte de familias acomodadas a través de sus matrimonios. Esta insistencia por parte de Santiago en unir a sus hijos con personas de buenas posiciones económicas reflejaba su deseo de mantener un estatus social elevado, lo cual se había convertido en una prioridad para él, independientemente de lo que sus hijos pudieran desear. De esta manera, estaba decidido a casar a Selena, sin considerar s
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capítulo 7
Diego se acercó a Selena, le tomó la mano con suavidad y le dijo: Mi amor, no permitiré que enfrentes esto. Ahora mismo nos vamos de aquí. Todos los presentes estaban atónitos ante la escena. Santiago y Carmen gritaron al unísono: ¡Selena, ¿qué está pasando aquí?!
Fernando, que tampoco deseaba que la boda se llevara a cabo, contenía su furia por lo que estaba sucediendo. Se sentía indignado, ya que su apellido estaba siendo arrastrado por el suelo, y la reputación de sus padres estaba en juego. Lleno de rabia, quería saber qué decisión tomaría Selena en ese momento crucial.
Sin embargo, al sentir la calidez de la mano de Diego, Selena fue invadida por una ola de recuerdos de la noche anterior, cuando lo había visto en compañía de Cintia. Ese pensamiento la golpeó con fuerza, entrelazando emociones contradictorias en su interior.
Selena, con un brusco tirón, se zafó del agarre de Diego, exclamando con firmeza: ¡Suéltame! No vuelvas a tocarme en toda tu vida. En un acto de furia y descontento, le propinó una fuerte cachetada. Los invitados que estaban presentes, atónitos ante la escena, no podían hacer más que observar y murmurar unos a otros sobre la tensa situación.
Con el corazón latiendo con fuerza, Selena, mirando a su alrededor, se dirigió a los presentes y dijo con voz firme: Quiero pedirles una disculpa, y tras una breve pausa, agregó: Por favor, que venga seguridad y saque a este hombre de aquí.
Diego, completamente sorprendido y confundido, exclamó: ¿Qué?. Mientras tanto, Fernando, decidido a intervenir, se acercó rápidamente hacia ellos. Diego, tratando de mantener la calma y aferrándose a la esperanza, le dijo a Selena: ¿Qué haces, amor? Tenemos que irnos juntos. Tú no lo amas.
Por favor, necesito que todos mantengan la calma, dijo Selena con una voz temblorosa, mientras tomaba la mano de Fernando con firmeza. Luego, con una mirada decidida, continuó: Quiero disculparme por toda esta escena tan incómoda y te lo explicaré de inmediato, aquí delante de todos. Fernando, cariño, hoy es un día muy especial: estamos celebrando nuestra boda, y no permitiré que ninguna de nuestras familias se sienta avergonzada por lo que ha ocurrido.
Mirando a la multitud que los rodeaba, Selena se tomó un momento para reunir sus pensamientos. Sí, es cierto que conozco a este joven, dijo, señalando a su exnovio. Fuimos compañeros de clase y, efectivamente, tuvimos una relación de novios. Pero, ¿quién no ha tenido un novio en la universidad? Sin embargo, es importante aclarar que no pasó a mayores; nuestra relación llegó a su fin, y desde entonces he estado con Fernando, el hombre que realmente amo y con quien estoy a punto de casarme.
Las palabras de Selena resonaron en el aire, dejando claro su compromiso y amor por Fernando, mientras la tensión en el ambiente comenzaba a disiparse.
Fernando era consciente de que Selena estaba actuando. Ambos sabían que su amor no era genuino y que el matrimonio que tenían había sido impuesto por sus padres. Sin embargo, se dio cuenta de que Selena no podía tolerar que los apellidos de sus familias quedaran en desprestigio.
Diego, al escuchar las palabras de Selena, exclamó: Estás mintiendo, Selena, sabes que en el fondo me amas. Selena lo miró de nuevo y, en medio de todo el dolor que llevaba en su corazón, le pidió a la seguridad que lo sacaran del lugar. Diego gritaba, protestando, mientras ella avanzaba hacia el altar con los ojos cerrados, aferrándose a Fernando. Su corazón estaba destrozado, y sabía que había sido engañada por Diego en toda su relación.
La boda siguió su curso, y Selena ahora había tomado el papel de esposa de Fernando. Todos los invitados se dirigieron a la celebración, la cual se llevaba a cabo en la imponente casa de los padres de Fernando. El ambiente era festivo, repleto de risas y brindis; las copas se alzaban mientras todos disfrutaban de la ocasión.
Selena se encontraba sentada en una mesa al lado de su hermana Celia. A medida que la música sonaba de fondo y la alegría reinaba a su alrededor, Celia, con preocupación en el rostro, le preguntó a su hermana: ¿Estás bien, hermana?
Selena la miró a los ojos, sintiendo cómo la tristeza y la preocupación la invadían. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa forzada mientras respondía: No estoy bien, pero no puedo permitir que nuestros padres queden mal parados, hermana.
Celia, con la voz entrecortada por la inquietud, replicó: Lo sé, hermana. No quiero que lo pases mal. La mirada de Fernando hacia ti no me gusta; es preocupante, y no quiero que te haga daño.
Selena sintió un nudo en el estómago ante las palabras de su hermana, mientras observaba los rostros felices a su alrededor, dejando volar sus pensamientos hacia su relación con Fernando.
Celia volvió a insistir, diciendo: Hermana, no permitas que te maltraten, no dejes que eso suceda. Selena sonrió con confianza y respondió: Nunca lo haré, hermana. Fernando solo está molesto por lo que ocurrió en la iglesia. Su apellido y la reputación de sus padres también se verían afectados. Celia asintió y dijo: Tienes razón.
En ese momento, Amanda interrumpió y le dijo a Selena: Mira, tu esposo está bailando. Ve y acompáñalo en la pista.
Fernando, al percatarse de que Selena estaba sola, se acercó rápidamente y le dijo: Selena, no es apropiado que estés aquí sola, hay mucha gente. Ven, ven a bailar a mi lado.
Selena, al escuchar sus palabras, se levantó con decisión y fue a bailar.
Era alrededor de las 10 de la noche cuando Fernando se encontraba en un estado de evidente embriaguez. Su padre, Felipe, se acercó a él con una expresión serena en el rostro y le dijo: Hijo, es momento de que vayas a buscar a tu esposa. El auto los está esperando afuera; los llevará a su luna de miel.
Fernando, a pesar de su estado, comprendió la importancia del momento y se dirigió hacia donde se encontraba Selena. Al llegar a su lado, le dijo: Selena, es hora de irnos. Ella, aceptando la realidad, respondió: Déjame despedirme de mis padres y de mi hermana antes de salir.
Fernando, apretando suavemente su mano, insistió: Vamos, haremos esto juntos. ¿O prefieres que la gente siga hablando de nosotros y de nuestras familias? Con esas palabras, logró convencerla.
Selena, sintiendo la urgencia y la emoción del instante, caminó junto a Fernando hasta donde estaban sus padres. Allí, se despidieron con un gesto cargado de amor y gratitud, preparándose para la nueva etapa de sus vidas.