Hace cinco años, Matías desapareció de la vida de Sofía sin dejar rastro.
Hoy es uno de los hombres más ricos y arrogantes de Buenos Aires.
Ella vive con un secreto.
Él vuelve cargado de orgullo y rencor.
Cuando se reencuentran, no hay nostalgia, solo ironía y reproches.
Sofía no pide explicaciones ni compasión.
Pero Matías, el hombre que una vez la abandonó,
empieza a aparecer una y otra vez…
y esta vez no piensa irse.
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Capítulo 6
A pesar de haber construido un muro mental para protegerse, al ver a Matías de nuevo, Sofía sintió un nudo en el pecho y un picor en los ojos. Se puso de pie con rapidez, manteniendo la voz firme: "Señor Matías, vengo a entregar el esquema del resort en Bariloche". Él la miró con indiferencia, cerró la puerta con un clic suave y se dirigió a su sillón ejecutivo, sentándose con elegancia. Sofía colocó los documentos en el escritorio y giró para irse, pero su voz la detuvo: "Espera".
Matías se levantó y se acercó por detrás, tan cerca que su aliento cálido rozó su nuca. El aroma amaderado de su colonia, tan familiar, invadió sus sentidos. Sofía apretó los dedos, tensa. "¿Qué relación tienes con Lucas?", preguntó él con tono gélido. Ella se volvió, confundida, mirándolo directamente. Matías curvó los labios en una sonrisa sarcástica: "Es él el rico al que te has enganchado, ¿verdad? No seas ingenua. Lucas tiene dinero, sí, pero es un bastardo. Aunque te quiera, no se casará contigo. Necesita una mujer de su nivel, alguien que lo ayude a afianzar su posición. Tú no cumples con eso".
Las palabras la hirieron como alfileres; nunca había considerado casarse con Lucas, pero el desprecio la rebajaba. "Das tantas vueltas solo para recordarme que no te moleste, ¿no?", replicó ella, fingiendo calma. "Puedes estar tranquilo, no te perseguiré. Lo de hace cinco años fue solo un episodio menor. Tú, como heredero de la familia Matías, estás fuera de mi alcance". Matías interpretó sus palabras como una pulla, y respondió con frialdad: "Mejor así". Sin embargo, cuando ella hizo amago de marcharse, la detuvo de nuevo: "Explícame el esquema de tu compañía".
Sofía sintió un arrebato de ira: "¿No tienes ojos para leerlo tú mismo?". Él la miró con ojos entornados: "¿Así tratan los empleados del Grupo Rodríguez a sus clientes?". Ella se disculpó al instante, arrepentida: "Lo siento. Puedo pedir que venga un colega experto para explicarlo". Matías negó con rotundidad: "No. Tú lo haces". Resignada, Sofía abrió el documento y comenzó a leer en voz alta, su tono suave y melodioso detallando los planes de desarrollo, proyecciones económicas y beneficios ambientales del resort.
Matías, recostado en su sillón, escuchaba, pero su mente divagaba hacia recuerdos íntimos: noches en Córdoba, su voz susurrando promesas. El cuerpo traicionero reaccionó, y la irritación lo invadió. "¡Basta de leer!", rugió de pronto. Sofía lo miró agraviada; había sido él quien lo pidió, y sin expertise, solo podía recitar el texto. Él captó su mirada inocente y clara, lo que intensificó su malestar. Maldiciéndose internamente por su debilidad, gruñó: "Sal de aquí".
Sofía agarró su bolso y huyó del despacho, la puerta cerrándose tras ella. Justo entonces, Ricardo empujó la puerta para entrar, pero Matías lo espetó: "¡Fuera!". El secretario retrocedió, cerrando con cuidado. En el pasillo, Ricardo imaginó una escena dramática: su jefe intentando algo indebido con la visitante, rechazado y furioso, con el deseo frustrado. Decidido a protegerlo, se plantó en la puerta, vigilando para que nadie interrumpiera.
Sofía regresó al Grupo Rodríguez y trabajó intensamente otra hora más, actualizando informes y respondiendo correos. Al fin, salió del edificio rumbo a la parada de colectivo. El Mercedes negro de Lucas se detuvo frente a ella: "Sube, Sofía". Ella dudó, preocupada por los chismes de oficina: "Gracias, pero puedo tomar el bus". Lucas insistió: "Date prisa, aquí no se puede estacionar. Tengo algo que decirte". Cedió y entró, indicándole la dirección cerca del Jardín de Infantes Sol de Oro.
En el trayecto, Lucas preguntó: "¿Matías te complicó las cosas hoy en el Grupo Financiero?". Sofía aprovechó: "Tuvimos un desacuerdo en el pasado; él me guarda rencor. Para no afectar el trabajo, ¿podría ir otro a las reuniones con ellos?". Lucas rio para sus adentros —sabía que Matías había maniobrado para que fuera ella, aunque Sofía lo ignoraba— y accedió: "De acuerdo, enviaré a otro". Sofía agradeció aliviada. Bajó cerca del jardín, corrió bajo las luces vespertinas y recogió a Tiago, quien salió corriendo con una sonrisa. Lucas los observó entrar al edificio vecino antes de arrancar.
Sofía creyó que por fin cortaba lazos con Matías, pero al día siguiente, en la oficina, Lucas la llamó: "El presidente Jorge te envía a entregar materiales suplementarios al Grupo Financiero. Yo salgo de viaje, así que ve tú". No podía negarse; necesitaba el empleo para mantener a Tiago, y soñaba con ahorrar para una casa pequeña, quizás de vuelta en Córdoba. Tomó los archivos y partió.
En el imponente rascacielos del Grupo Financiero, Ricardo la recibió en el vestíbulo y la escoltó directamente al despacho de Matías. Sofía colocó los documentos en el escritorio: "Señor Matías, aquí están los archivos que solicitó".