Kayla apenas tiene veintitrés años cuando su padre le arregla un matrimonio con un desconocido: Arturo, un neurocirujano brillante al que todo el hospital conoce como el "Dr. Hielo" por su temperamento implacable. En cuestión de semanas pasa de ser una estudiante de medicina libre a convertirse en la esposa secreta del hombre más temido del quirófano.
Las reglas son claras: en el hospital, él es su superior y ella una simple interna. Nadie puede saber que están casados. De día, Arturo la interroga sin piedad frente a sus compañeros y le exige perfección con una frialdad que congela. De noche, es el mismo hombre quien le deja notas manuscritas, le besa la frente mientras duerme y la abraza hasta que el miedo desaparece.
Pero mantener una doble vida tiene un precio. Entre rivales que acechan, secretos que amenazan con salir a la luz y una separación que pondrá a prueba todo lo que sienten, Kayla descubrirá que detrás del hielo arde algo mucho más intenso de lo que jamás imaginó.
NovelToon tiene autorización de elaretaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Episodio 6
Finalmente, Kayla pidió comida de uno de los restaurantes y cenó sola.
—Ya estoy casada, pero es como si no lo estuviera, jajaja. Qué situación —murmuró Kayla, riéndose de su propia suerte.
Después de cenar, Kayla se vio obligada a entrar a la habitación. Cuando abrió la puerta, vio que Arturo ya estaba acostado del lado derecho de la cama con la laptop sobre las piernas, todavía trabajando.
Dijo que estaba cansado y quería descansar, pero ahí está trabajando, pensó Kayla.
Kayla subió a la cama con movimientos extremadamente lentos, como si el más mínimo gesto pudiera convertir a Arturo en un monstruo. Se tapó con la sábana hasta la nariz en el lado izquierdo, dejando un espacio considerable entre ambos.
—No te vayas tan a la orilla, te vas a caer —dijo Arturo sin despegar la vista de la laptop.
—S-sí —respondió Kayla y se movió un poco hacia el centro.
—Apaga la lámpara si te vas a dormir —dijo Arturo, de nuevo sin apartar la mirada de la pantalla.
—S-sí —respondió Kayla, intimidada por la actitud fría de Arturo.
Kayla apagó la lámpara de su mesita de noche. En la oscuridad, su corazón latía con fuerza. No podía creer que su vida hubiera cambiado tan rápido: casada con un desconocido, compartiendo cama sin que existiera el menor sentimiento.
Tranquila, Kayla. Tú puedes con esto, se dijo antes de que el sueño finalmente venciera al miedo.
Cuando Kayla se quedó profundamente dormida, Arturo terminó su trabajo. Dejó la laptop sobre la mesa y contempló fijamente el rostro apacible de Kayla que dormía a su lado. Con suavidad, la atrajo hacia él.
Después, Arturo besó cada parte del rostro de Kayla y al final posó sus labios sobre los de ella: apenas un beso fugaz, pero que para Arturo resultó tentador.
Arturo sonrió tras besar los labios de su esposa. Sin decir una palabra, la abrazó y la siguió al mundo de los sueños.
A la mañana siguiente, Kayla despertó a regañadientes. Sin embargo, recordó que hoy era su primer día de servicio en el hospital, así que no le quedó más remedio que levantarse.
Pero cuando Kayla recobró del todo la conciencia, no vio a Arturo a su lado.
—¿Y Arturo? —murmuró Kayla.
Se sentó al borde de la cama y vio una nota sobre la mesa de noche. La tomó y la leyó.
El desayuno está listo. Las llaves del auto están en el estante de arriba; usa el negro, el del cajón B-12. Recuerda que hoy es tu primer día, así que no llegues tarde y mucho menos causes problemas. Arturo
—Es atento, ¿verdad? Pero su mensaje me da más miedo que otra cosa. Por cierto, tiene una letra impecable para ser médico, aunque el contenido sigue siendo pura orden. ¿Tanto le cuesta poner algo romántico como "¡Éxito, mi amor!" o algo así? —murmuró Kayla con fastidio.
Kayla se arregló y al salir de la habitación se dirigió a la mesa del comedor. Ahí había un sándwich y un jugo.
—¿Sabe que me gusta el jugo de mango? —murmuró Kayla.
Después de desayunar, Kayla se vistió con una camisa formal y llevó consigo su bata blanca, la bata de médico interno que marcaba su estatus como doctora en formación. Bajó al estacionamiento y encontró una camioneta SUV negra que lucía imponente.
—Hasta el auto da miedo, igualito que su dueño —murmuró Kayla.
El trayecto al Hospital Médica Central tomó unos treinta minutos. El corazón de Kayla latía con fuerza, pues era su primer día en el campo después de años sumergida en la teoría.
Al llegar al hospital, Kayla se dirigió directamente a la sala de orientación para internos. Allí ya había unas diez personas que se veían igual de nerviosas que ella.
—Oigan, ¿saben quién va a estar a cargo del departamento de neurocirugía en esta rotación? —susurró uno de los compañeros que estaba al lado de Kayla.
—No me acuerdo cómo se llama, pero es guapísimo. Y me dijeron que le dicen el Dr. Hielo. Dicen que no duda en sacar a los internos del quirófano si cometen el más mínimo error —respondió otro con la cara pálida.
—¿En serio? Me da miedo. ¿Qué tal si me equivoco? —dijo otro más.
—Pero escuché que nuestro grupo va a dividirse en dos. Unos van con el Dr. Hielo y otros con el Dr. Fabián. El Dr. Fabián es el más relajado, guía a los internos con mucha paciencia —agregó otro.
Kayla, que había estado escuchando la conversación todo el tiempo, tragó saliva con dificultad. Se veía nerviosa. Dios, que mi internado vaya bien. No quiero que me saquen del quirófano. Ojalá pueda hacer mis prácticas sin problemas, pensó Kayla.
Poco después, un encargado entró a la sala.
—Jimena, Felipe, Ángel, Celina y Kayla, ustedes vengan conmigo. Los demás se quedan aquí —indicó el encargado.
Los cinco siguieron al encargado y en poco tiempo entraron a una oficina donde el Dr. Fabián esperaba a los cinco doctores en formación que iba a supervisar.
—Así que ustedes son los internos —dijo el Dr. Fabián.
Aunque ya no era joven, su aura de autoridad y liderazgo era imponente.
El Dr. Fabián sonrió con amabilidad, una sonrisa paternal que hizo que la tensión en los hombros de Kayla se aflojara un poco.
—Bienvenidos al Departamento de Neurocirugía. Soy el Dr. Fabián, uno de los especialistas de aquí. Voy a supervisarlos durante las próximas semanas.
Kayla suspiró aliviada por dentro. ¡Gracias, Dios! No me tocó el Dr. Hielo. Parece que el Dr. Fabián es buena persona, pensó Kayla.
Sus compañeros también parecieron empezar a respirar con alivio.
—La neurocirugía no es una rotación fácil. Tienen que ser meticulosos, rápidos y disciplinados. Pero no se preocupen, mientras tengan ganas de aprender, yo los voy a ayudar —dijo el Dr. Fabián.
Kayla se entregó con entusiasmo a sus labores asistiendo al Dr. Fabián. A la hora del descanso, decidió ir a la cafetería del hospital con sus nuevos compañeros.
—Por fin un descanso. Vamos a la cafetería —invitó Jimena.
—Vamos —respondió Celina.
Cuando acababan de salir de su área, se encontraron con Nadia, una compañera de internado que estaba en el otro equipo.
—¡Nadia! —la llamó Jimena.
Nadia, que se veía agotada, se acercó a ellas.
—¿Qué te pasa? Se te ve sin energía —preguntó Jimena.
—Estoy muerta. ¿Por qué me tuvo que tocar con el Dr. Hielo? —dijo Nadia.
—¿Tan malo es? —preguntó Kayla, que sentía lástima al ver a Nadia en ese estado.
—No es malo, es peor que malo. Es demasiado estricto. Te equivocas en lo más mínimo y te regaña —dijo Nadia.
—Ven, vamos a descansar. Íbamos a la cafetería —invitó Jimena.
—No puedo, tengo que volver con el Dr. Hielo, todavía hay mucho trabajo allá —dijo Nadia, y se fue arrastrando los pies.
—Pobre Nadia —dijo Celina.
—Menos mal que a mí me tocó con el Dr. Fabián, que es buenísimo —dijo Jimena.
—Sí, ni me imagino si me hubiera tocado con el Dr. Hielo —dijo Kayla.
.
.
.
Continuará…