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La esposa sustituta del comandante

La esposa sustituta del comandante

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:12.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Ayu Lestari

Alma Montenegro aceptó casarse con el comandante Damián Arce por una razón simple: proteger a su familia. Lo que debía ser un acuerdo frío se convierte en una vida compartida entre hospitales, misiones de frontera, secretos de sangre y un niño que no debería estar en medio de ninguna guerra.

Cuando una red criminal vuelve a reclamar lo que cree suyo, Alma y Damián tendrán que decidir si su matrimonio es solo una obligación... o la única casa capaz de resistirlo todo.

NovelToon tiene autorización de Ayu Lestari para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

El acuerdo de tres años

La temporada de lluvias llegó antes de lo previsto.

En tres días, los caminos hacia dos aldeas se convirtieron en lodazales. El puesto médico se llenó de pacientes con tos, fiebre, diarrea, heridas infectadas y una embarazada con la presión alta que no dejaba tranquila a Alma.

Se llamaba María.

Estaba embarazada de treinta y seis semanas. Era su segundo hijo. Vivía en una aldea cuyo acceso solía quedar cortado cuando llovía con fuerza. Alma le pidió a su esposo que la llevara más cerca del puesto o del hospital público regional antes de la fecha prevista del parto.

Su marido, Antonio, no dejó de asentir.

Pero Alma sabía distinguir entre el asentimiento de quien estaba de acuerdo y el de quien no tenía dinero para el viaje.

—Señor Antonio —le dijo con suavidad—, si el problema es el dinero, dígamelo. Encontraremos una solución. No espere a que rompa fuente en su casa.

Antonio bajó la cabeza.

—Creí que todavía había tiempo, doctora.

—Precisamente los problemas durante un parto llegan cuando uno cree que aún tiene tiempo.

María se aferró el vientre, con el miedo dibujado en la cara.

—Me da miedo ir al hospital, doctora.

Alma se sentó frente a ella.

—¿Qué le da miedo?

—Que me regañen. El costo. Que tengan que operarme.

—No a todas las que llegan al hospital las operan. Pero si hay sangrado o se le sube la presión, llegar tarde puede ser mucho más peligroso.

María asintió despacio.

Alma redactó la remisión y le pidió a Renata que ayudara a contactar a los promotores de salud de la aldea.

Esa tarde, Damián llegó al puesto con el informe de distribución de ayuda.

Alma escribía en el escritorio, con el ceño fruncido.

—¿Ocurre algo? —preguntó él.

—Una embarazada de alto riesgo. Si la lluvia corta el camino, la remisión puede llegar demasiado tarde.

Damián observó el pequeño mapa clavado en la pared.

—¿De qué aldea se trata?

—De Valle Bajo.

—¿El camino junto al río?

—El nivel ya está subiendo.

Damián sacó el teléfono.

—Pediré al puesto tres que vigile la zona. Si hace falta, mañana por la mañana la trasladamos.

Alma levantó la vista hacia él.

—Gracias.

—No pongas esa cara cada vez que hago algo razonable.

—Aún me estoy acostumbrando.

Damián tomó asiento frente al escritorio.

—¿Cómo está tu herida?

—Mejorando.

—¿Puedo verla?

Alma dejó de escribir.

La pregunta había sido cortés.

No una orden.

Se subió un poco la manga. El vendaje ya era pequeño y los puntos comenzaban a secarse.

Damián se inclinó para revisarla, sin tocarla.

—No está roja.

—Sus dotes de observación mejoran.

—Aprendo de una doctora terrible.

Alma contuvo una sonrisa.

Renata entró con una carpeta en las manos y se detuvo en seco al verlos.

—Ah... disculpen. La dejo después.

—Pasa, Renata —se apresuró a decir Alma.

Renata entró con una expresión que se esforzaba muchísimo por mantener neutral. No lo consiguió.

Cuando salió, Alma comentó:

—¿Ve? Ya tienen un nuevo chisme.

—Solo estábamos revisando una herida.

—En este complejo, revisar una herida puede convertirse en un plan para tener hijos.

Damián guardó silencio.

La palabra hijos alteró el aire entre ellos.

Alma se dio cuenta demasiado tarde.

El acuerdo de tres años.

La frase que Damián había pronunciado la noche de la boda.

Si al cabo de tres años este matrimonio no nos trae más que problemas, nos separaremos.

En otro tiempo, aquellas palabras se habían alzado entre ambos como un muro. Ya habían pasado dos años. Quedaba uno.

Damián la contempló.

—Alma.

—Olvídelo. Solo estaba bromeando.

—Yo no.

Se puso de pie y cerró a medias la puerta del puesto médico, lo suficiente para que no pudieran oírlos desde afuera.

Alma se tensó.

—¿Qué está haciendo?

—Hablar de algo de lo que debí hablar hace tiempo.

—Si se trata de los hijos, estoy trabajando.

—No se trata de hijos.

Damián volvió a sentarse.

—Se trata del acuerdo de tres años.

Alma bajó la vista al escritorio.

—Aún queda un año.

—No.

Ella alzó la cabeza.

Damián habló con claridad.

—Lo cancelo.

Alma no se movió.

—¿Puede cancelar así algo que usted mismo impuso desde el principio?

—Precisamente porque fui yo quien lo impuso, debo ser el primero en decir que ya no tiene validez.

Alma soltó una risa baja, sin humor.

—Qué fácil.

—No es fácil.

—Quizá para usted solo sea una frase. Yo he vivido estos dos años con una cuenta regresiva.

El rostro de Damián cambió.

Alma no había pensado decir tanto, pero la puerta ya estaba abierta.

—Cada vez que su familia preguntaba por qué no vivía con usted, recordaba esos tres años. Cada vez que la señora Natalia hablaba de nietos, recordaba esos tres años. Cada vez que usted se portaba un poco bien conmigo, me obligaba a recordar que había un límite.

Damián bajó la mirada.

—No lo sabía.

—Claro que no. Nunca preguntó.

La frase cayó entre los dos con todo su peso.

Fuera, empezó a llover. El agua golpeaba el techo de lámina del puesto médico.

Damián levantó la vista.

—Me equivoqué.

Alma guardó silencio.

Era una frase que nunca le había oído decir.

Damián continuó:

—Me equivoqué al juzgarte. Al tratarte. Al convertir nuestro matrimonio en un castigo por algo que ni siquiera está claro que hayas hecho.

A Alma le ardieron los ojos.

Odiaba que aquellas palabras llegaran cuando estaba demasiado cansada para recibirlas con facilidad.

—¿Por qué ahora?

—Porque no quiero que pases otro año viviendo con una cuenta regresiva.

—¿Y después?

—Después... si aun así quieres irte, no voy a retenerte con ese acuerdo absurdo.

Alma lo sostuvo con la mirada.

—Pero si estás dispuesta a quedarte, quiero intentarlo.

La lluvia arreciaba.

—¿Intentar qué?

Damián la observó largamente.

—Ser un esposo que no exista solo en el acta de matrimonio.

El aliento de Alma se le atascó en la garganta.

Quería creerle.

Lo deseaba con todas sus fuerzas.

Y precisamente por eso tenía miedo.

—Damián —murmuró—, no puedo cambiar solo porque por fin usted quiera intentarlo.

—Lo sé.

—No puedo olvidarlo todo de golpe.

—No te estoy pidiendo que lo olvides.

—Tampoco dejaré de ser médica porque usted tenga miedo.

—No voy a pedirte que dejes de serlo.

—Si voy a una zona de desastre, participo en una operación médica o entro a urgencias en plena noche...

—Tendré miedo.

Alma lo miró.

Damián no apartó los ojos.

—Tendré miedo —repitió—. Pero aprenderé a estar a tu lado, no a encerrarte.

La lluvia, el olor a antiséptico, las carpetas de los pacientes, el ruido de la radio en la habitación contigua. Todo aquello, tan habitual, fue testigo de unas palabras que no lo eran.

Alma no respondió.

De pronto, alguien golpeó la puerta con fuerza.

—¡Doctora! —la voz de Julián sonaba presa del pánico—. ¡María tiene contracciones en su casa! ¡El camino a la aldea ya empieza a inundarse; su esposo acaba de llamar!

Alma se puso de pie de inmediato.

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Ana Veronica Pineda Gonzalez
Dios mío ya póngale un alto a esa Sabrina me está haciendo arre....
Ana Veronica Pineda Gonzalez
que orror soy de Venezuela y hace mes y medio ocurrió lo mismo y fue muy triste y doloroso ver cómo temblaba la tierra y caían los edificios 😥
Ana Veronica Pineda Gonzalez
que fuerte es ser medico y tener esa responsabilidad y más en esos pueblos de bajo recursos
Brenda Angulo
Cada vez más entrada en la historia 🥰
Ana Veronica Pineda Gonzalez
bellos mis protagonistas
Ana Veronica Pineda Gonzalez
hay mi Damián pensaste mal de mi Alma y ahora te das cuenta de quién es en realidad
Brenda Angulo
Mendigo Ramiro canijo, Ramiro te tenías que llamar 🤭
Ana Veronica Pineda Gonzalez
así es Alma pon Carácter y no te dejes y enséñales quien manda
Ana Veronica Pineda Gonzalez
empecé a leer se ve interesante
Kayra Villavicencio
Dos tornados enfrentados.
Jeniffer Rodriguez Valencia
Me llegan a hablar asi, ese mismo día se queda sin descendencia 🥰
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