Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Un año
El tiempo pasó con una tranquilidad que, en ocasiones, hacía olvidar a Melody que había reencarnado.
Las estaciones cambiaron.
Los jardines florecieron y volvieron a cubrirse de hojas secas.
Las reuniones sociales dejaron de ser desconocidas.
Los sirvientes ya no se sorprendían cuando la señorita de la casa recorría la biblioteca con un libro bajo el brazo.
Y, casi sin darse cuenta...
Había transcurrido un año.
El día de su mayoría de edad fue una celebración íntima.
No hubo un baile gigantesco ni una ostentosa recepción.
Sus padres prefirieron festejar junto a la familia y algunos amigos cercanos.
Su hermano incluso regresó unos días desde la academia para acompañarla.
—Feliz cumpleaños, pequeña.
Melody infló las mejillas.
—Ya no puedes llamarme pequeña.
Él sonrió divertido.
—Claro que puedo. Llevo haciéndolo dieciocho años.
Ella soltó una risita.
—Eso no lo hace correcto.
Su madre observaba la escena con una expresión enternecida.
Mientras tanto, su padre fingía leer el periódico para ocultar una sonrisa.
Aquella noche, Melody comprendió cuánto había cambiado su vida.
Miró a su familia conversando entre risas.
Apenas podía creer que un año atrás hubiese despertado en aquel cuerpo creyendo que solo debía cumplir un papel dentro de una historia.
Ahora...
Aquella familia también era la suya.
Y los quería profundamente.
Su salud había mejorado tanto que los médicos ya no encontraban motivos para preocuparse.
Había recuperado un peso saludable.
Su piel había dejado atrás aquella palidez enfermiza.
Incluso podía caminar durante horas sin agotarse.
Sin embargo...
Había desarrollado un problema completamente distinto.
O, al menos, eso decía su madre.
—Melody.
La joven levantó apenas la vista del libro.
—¿Sí?
—Hace veinte minutos que el almuerzo está servido.
Ella bajó lentamente la novela.
—¿Ya?
Lady Cartier suspiró con resignación.
—Otra vez.
Melody sonrió con cierta vergüenza.
Leer seguía siendo su mayor debilidad.
Podía abrir un libro después del desayuno...
Y, cuando levantaba la vista, descubría que el sol ya comenzaba a ocultarse.
Había aprendido muchísimo sobre aquel mundo.
Historia.
Magia.
Botánica.
Política.
Lenguas antiguas.
Geografía.
Todo le parecía fascinante.
Precisamente por conocerse tan bien, tomó una decisión práctica.
Llamó a su doncella de confianza.
—Necesito pedirte un favor.
La mujer inclinó la cabeza.
—Lo que desee, señorita.
Melody señaló la montaña de libros sobre el escritorio.
—Si alguna vez me encuentras leyendo cuando llegue la hora del desayuno, el almuerzo o la cena...
La doncella esperó la continuación.
—Interrúmpeme.
La mujer pareció confundida.
—¿Aunque esté muy concentrada?
Melody asintió con absoluta seriedad.
—Especialmente si estoy muy concentrada.
La doncella sonrió.
—Entendido.
Y cumplió aquella orden con una disciplina admirable.
—Señorita.
—Cinco minutos más...
—Es hora de almorzar.
—Solo este capítulo...
—No.
—Usted dio la orden.
Melody dejaba caer la cabeza sobre el libro.
[Traicionada...]
[Con mis propias instrucciones...]
Pero siempre terminaba riéndose.
Porque sabía que aquella pequeña rutina existía por una buena razón.
Había trabajado demasiado para recuperar la salud como para volver a descuidarla.
Unas semanas después, mientras la familia desayunaba, el padre de Melody dejó una carta sobre la mesa.
—Hemos recibido una invitación.
Lady Cartier la tomó primero.
Leyó rápidamente el contenido.
Después sonrió.
—Hace años que no vamos.
Melody sintió curiosidad.
—¿A dónde?
Su padre tomó un sorbo de café antes de responder.
—A la mansión Fletcher.
Melody inclinó ligeramente la cabeza.
Era un nombre que no recordaba.
—¿Es muy lejos?
—Unas cuantas horas en carruaje.
Su padre dejó la taza sobre el plato.
—La mansión está construida sobre una enorme colina.
Sonrió con cierta nostalgia.
—Cuando el clima acompaña... Desde allí pueden verse las nubes pasar por debajo.
Melody abrió lentamente los ojos.
—¿Por debajo?
—Así es.
Lady Cartier asintió.
—Da la impresión de estar caminando sobre el cielo.
La imaginación de Melody comenzó a trabajar inmediatamente.
[Un jardín entre las nubes...]
[¡Qué lugar tan bonito debe ser!]
Su padre continuó.
—Debo asistir por asuntos comerciales. Habrá una reunión de negocios con la familia Fletcher.
Melody comprendió enseguida que sería una visita bastante formal.
Probablemente habría muchos comerciantes.
Algunos nobles.
Pocas personas de su edad.
Quizá ninguna.
En otro momento de su vida habría buscado cualquier excusa para quedarse en casa.
Pero aquella Melody ya no era la misma.
Ahora disfrutaba descubriendo lugares nuevos.
Además...
Si realmente aquella mansión estaba por encima de las nubes...
¿Cómo podría perderse semejante paisaje?
Sonrió con entusiasmo.
—Me gustaría acompañarlos.
Sus padres intercambiaron una mirada satisfecha.
Lady Cartier fue la primera en responder.
—Nos alegrará mucho que vengas.
Los preparativos comenzaron al día siguiente.
Mientras la doncella organizaba vestidos, sombreros y guantes, Melody apareció cargando una enorme pila de libros.
La sirvienta abrió mucho los ojos.
—¿Señorita...?
Melody los fue colocando cuidadosamente dentro del equipaje.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
La doncella carraspeó con discreción.
—¿Cuánto tiempo estaremos fuera?
—Tres días.
Melody siguió acomodando libros.
La mujer observó cómo aparecía un sexto volumen.
Después un séptimo.
Finalmente no pudo contener la pregunta.
—¿Planea abrir una biblioteca durante el viaje?
Melody levantó la vista.
—No.
Respondió con total naturalidad.
—Pero podría terminar uno antes de llegar.
La doncella la miró unos segundos.
Después soltó una pequeña risa.
—Supongo que tiene sentido.
Melody sonrió satisfecha.
[Es mejor prevenir.]
[Imagínate terminar un libro... y no tener otro.]
[Eso sí sería una tragedia.]
Cuando terminó de preparar su equipaje, se acercó a la ventana de su habitación.
Desde allí contempló el jardín balanceándose con la brisa.
En apenas un año...
Había recuperado la salud.
Había encontrado una familia que la quería.
Había hecho amistades.
Había descubierto un mundo mucho más grande de lo que imaginaba.
Y ahora estaba a punto de conocer un lugar que, según decían, parecía suspendido sobre las nubes.
Abrazó uno de los libros que aún llevaba entre las manos y sonrió con ilusión.
No le importaba que probablemente no hubiera jóvenes de su edad.
Ni que la reunión principal estuviera dedicada a los negocios de su padre.
Solo pensar en una inmensa mansión rodeada por el cielo, con un rincón tranquilo donde pudiera sentarse a leer mientras el viento movía las páginas de su libro...
Ya era motivo suficiente para emprender el viaje.
Sin darse cuenta, la antigua joven que había salido enfadada de un cine en otro mundo seguía siendo exactamente la misma soñadora.
Solo que ahora...
Sus sueños tenían un cielo completamente nuevo por descubrir.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???