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LA VIUDA DE HIERRO

LA VIUDA DE HIERRO

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Mafia / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

​Es una cumbre empresarial internacional de alto nivel.

​Él espera ver a otra ejecutiva manipulable o intimidada por su presencia.

​Ella llega con su armadura de hierro, luciendo impecable, sin dejar que nadie pase por encima de ella.

​La chispa: Cuando él intenta imponer su poder o coquetear de forma dominante, ella lo frena en seco y lo pone en su lugar frente a otros magnates. Nadie le ha hablado así jamás. Por primera vez, "El Demonio" encuentra a una mujer que no solo lo aguanta... sino que desafía su autoridad.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL MURO DE HIELO

​La provocación susurrada por Kael en la gala no obtuvo el efecto que "El Demonio" esperaba. Isabella no mostró turbación, no huyó del salón ni busco refugiarse tras sus escoltas. En lugar de eso, lo miró fijamente por unos segundos, dejó escapar una sonrisa de sutil desdén y, sin pronunciar una sola palabra más, le dio la espalda por completo.

​Durante el resto de la noche, Isabella aplicó la estrategia más humillante para un hombre acostumbrado a dominar cada espacio: la indiferencia absoluta.

​Kael permaneció en su mesa de honor, rechazando copas de champagne y respondiendo con monosílabos a los diplomáticos que buscaban su atención. Sus ojos oscuros seguían cada movimiento de la Viuda de Hierro. Sin embargo, Isabella se movió por el salón con impecable soltura.

Conversó con los doctores, bromeó con los organizadores y bailó un vals suave con su hermano Gabriel, actuando como si Kael Montero fuera tan invisible e irrelevante como una sombra en la pared.

​Cuando la velada llegó a su fin, Kael se posicionó estratégicamente cerca de la salida principal para interceptarla antes de su partida. Estaba decidido a forzar una conversación a solas en el vestíbulo. Pero Isabella, intuyendo su maniobra, ni siquiera utilizó las puertas principales.

Flanqueada por Gabriel y el equipo de seguridad del hospital, abandonó el recinto por el acceso reservado para la junta directiva, abordó su limusina blindada y desapareció en la noche sin haberle concedido a Kael una sola mirada de despedida.

​En el vehículo de regreso a la sede corporativa, el ambiente dentro del Maybach de Kael era tan tenso que parecía a punto de estallar.

​—Te ignoró por completo, Kael —dijo el Dr. Fabián Lanza desde el asiento contiguo, incapaz de contener una risa irónica—. Gastaste cinco millones de dólares para entrar a esa gala, te vestiste con tu mejor traje de depredador corporativo, y la mujer te trató como si fueras un mesero al que se le olvidó traer la cuenta.

​Kael apretó los puños sobre sus rodillas hasta que las articulaciones se le pusieron blancas. La vena de su cuello latía con fuerza. La soberbia que lo había acompañado durante años, esa certeza absoluta de que nadie podía rechazarlo o ignorarlo, acababa de recibir un golpe demoledor.

​—No me ignoró, Fabián —gruñó Kael con la voz raspada por la furia—. Está jugando a resistirse.

​—No está jugando, Kael. Abre los ojos —intervino Héctor Prado desde el asiento del copiloto, girándose para mirarlo con extrema seriedad—. Isabella Rivas no es una de las modelos o ejecutivas que caen rindiéndose a tus pies por tu dinero o tu reputación de hombre peligroso. Tiene su propio imperio, tiene el respaldo incondicional de su familia y no necesita nada de ti. Tu estrategia de intimidación y presencia constante solo consiguió que te vea como un estorbo engreído.

​Las palabras de Héctor cayeron como ácido sobre el orgullo de Kael. Sentir que una mujer lo juzgaba, lo rechazaba y lo reducía a un "estorbo" alimentó una mezcla corrosiva de frustración, enojo y una obsesión aún más destructiva.

​A la mañana siguiente, Kael intentó cambiar de táctica, utilizando los recursos financieros que jamás le habían fallado.

​A las nueve de la mañana, un enorme arreglo de noventa y nueve rosas blancas importadas y una caja de joyería fina de una casa parisina llegaron a la recepción del piso ejecutivo de Aero-Logix Global. El regalo venía acompañado de una tarjeta firmada por el mismísimo CEO de Grupo Kronos Capital, solicitando un almuerzo privado de negocios.

​En la oficina de presidencia, Isabella observó el arreglo floral sobre la mesa de entrada. A su lado, Sabrina Rivas y Camila Cordero miraban la tarjeta.

​—Vaya, el León intentó ponerse romántico —se burló Sabrina, examinando el estuche de diamantes sin tocarlo—. Cree que nos impresiona con flores y joyas.

Se nota que no tiene la menor idea de quién eres, Bella.

​Isabella ni siquiera abrió el estuche de joyería. Se acercó al arreglo floral, tomó la tarjeta de Kael, la rompió por la mitad sin leerla del todo y la lanzó a la papelera.

​—Giselle —dijo Isabella, llamando a su directora financiera por el intercomunicador—. Que la seguridad del edificio devuelva el paquete entero a las oficinas centrales de Kronos Capital. Y asegúrate de que el chofer de la entrega lo deje directamente en el escritorio del señor Montero, con una nota de recepción rechazada por la presidencia de Aero-Logix.

​—¿No vas a quedarte con los diamantes? —bromeó Giselle al entrar—. Valen una fortuna.

​—No recibo regalos de hombres que confunden el interés corporativo con la prepotencia —respondió Isabella secamente, volviendo a concentrarse en los informes de su pantalla—. Que le quede claro a Kael Montero que su dinero aquí no compra absolutamente nada.

​Dos horas después, en el piso noventa de la torre de Kronos Capital, la escena fue humillante para la junta directiva.

​Kael se encontraba en mitad de una reunión de estrategia con los directores de inversión europea cuando la puerta de la sala se abrió. Héctor entró llevando en sus manos el enorme arreglo floral devuelto y la caja de joyería con el sello de rechazo oficial pegado en el envoltorio.

​El silencio en la sala de juntas fue instantáneo. Todos los ejecutivos presentes sabían perfectamente a quién iban dirigidas esas flores y reconocieron el logotipo de Aero-Logix Global en la etiqueta de devolución.

​—Señor Montero... —murmuró Héctor con cautela—. La oficina de la señora Rivas rechazó la entrega. Dejaron constancia por escrito de que Aero-Logix no acepta obsequios personales de competidores comerciales.

​Los directores de la junta bajaron la mirada de inmediato, disimulando el asombro. Jamás en la historia de la compañía alguien le había devuelto un presente a Kael Montero, y mucho menos de una forma tan pública y despectiva dentro de su propia sede.

​El rostro de Kael se volvió de piedra. La humillación ardió en su pecho como fuego vivo. La soberbia que lo caracterizaba crujió bajo el peso de un rechazo tan limpio, elegante e incontestable. Sentía que Isabella lo estaba desnudando ante su propio equipo, demostrando que detrás de su aura de "El Demonio" solo había un hombre desesperado que no sabía cómo tratar a una mujer de verdad.

​—Retírense todos —ordenó Kael con una voz tan baja y amenazante que los ejecutivos recogieron sus carpetas a toda prisa y salieron tropezando de la sala.

​Cuando la puerta se cerró, Kael se quedó a solas con Héctor y Fabián. Dio un puñetazo feroz sobre la mesa de cristal de la sala de juntas, haciendo vibrar los vasos y las jarras de agua.

​—¡Es una mujer insoportable! —bramó Kael, pasándose las manos por el cabello desordenado, despojándose por completo de su máscara de tipo frío—. ¡Le envié lo mejor! ¡Le ofrecí alianzas, le envié detalles, me presente en su evento... y me trata como si fuera una basura!

​Fabián se sirvió un vaso de agua y lo miró con lástima amarga.

​—Te lo dije hace tres semanas, Kael. Tu ego te está cegando. Estás acostumbrado a que las mujeres te rueguen o a que tus subordinados tiemblen cuando hablas. Isabella Rivas es una fortaleza. Si sigues usando la prepotencia y la cartera para intentar conquistarla o doblegarla, lo único que vas a lograr es que te odie más... y que te siga dejando en ridículo frente a todos.

​Kael apretó los dientes, mirando las rosas rechazadas sobre la mesa. Por primera vez en su vida, el hombre más temido del bajo mundo y el magnate más poderoso del país se sentía completamente impotente, derrotado y aplastado por el orgullo de una sola mujer.

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Primi Mendez
que buenos esta esta novela gracias por compartir
Primi Mendez
ahora va a caminar derechito kael
Primi Mendez
comencé a leer parece interesante 🤔
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