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La esposa secreta del magnate Alcázar

La esposa secreta del magnate Alcázar

Status: Terminada
Genre:Romance / Aventura de una noche / Centrado emocionalmente / Amor a primera vista / Romance oscuro / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Fabiana Luna

Camila Fuentes solo quería sobrevivir: pagar sus deudas, conservar su empleo y olvidar la noche en que despertó en la suite de un desconocido.
Pero aquel desconocido era Maximiliano Alcázar, heredero de uno de los imperios empresariales más poderosos de México. Frío, arrogante y acostumbrado a conseguir todo lo que desea, Max no está dispuesto a dejar escapar a la única mujer que logró alterar su mundo.
Para mantenerlo lejos, Camila inventa un novio. La mentira, sin embargo, desata una persecución de celos, secretos y deseos imposibles de ocultar. Mientras un amor del pasado intenta recuperarla y la familia Alcázar se niega a aceptarla, Camila deberá enfrentarse también a la herida que ha cargado desde niña: la certeza de que su propia madre la abandonó porque nunca fue digna de ser amada.
Max puede ofrecerle dinero, protección y hasta su apellido. Pero para convertirla en su esposa tendrá que demostrarle algo mucho más difícil: que esta vez, cuando todos los secretos salgan a la luz, él será el hombre que decida quedarse.

NovelToon tiene autorización de Fabiana Luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

El precio de sobrevivir

El pesero iba lleno hasta la puerta, y Camila viajó de pie casi todo el trayecto, agarrada del tubo, con la tarjeta negra guardada en el fondo del bolso y la lluvia todavía escurriéndole del pelo.

Podía haber dejado que él la llevara. Se lo había ofrecido, a su manera seca, sin insistir, y ella había preferido bajarse en la estación, tomar la línea rosa y después el microbús que la dejaba a varias cuadras de su colonia. No por orgullo. O no solo. Era por las vecinas, por el portero, por el qué dirán que corría más rápido que cualquier chisme: una muchacha de la colonia bajándose de un coche de agencia manejado por un señor así, a media semana, no se olvidaba en años. Prefería el pesero.

Se bajó donde siempre, tres cuadras antes, y caminó el resto bajo la llovizna, saltando los charcos de la banqueta rota. Una fonda todavía tenía las luces prendidas y olía a caldo; a Camila le rugió el estómago y siguió de largo. En la esquina, doña de la tienda le fio el pan de la mañana sin que se lo pidiera, y ella le prometió pagárselo el viernes.

Su cuarto quedaba en el tercer piso de una casa dividida en departamentos, al fondo de un pasillo con tendederos. Compartía baño y cocina con otras dos inquilinas a las que casi nunca veía. Cerró la puerta, encendió el foco que colgaba pelón del techo y se sentó en la orilla de la cama, todavía con la ropa mojada.

Ahí, bajo esa luz pobre y amarilla, el mundo del que acababa de bajarse parecía un sueño de otra persona. El coche negro, el hospital de mármol, el hombre que le hablaba de "responsabilidad" como si tuviera todo el tiempo y todo el dinero del mundo para gastarlos en ella. Camila se miró las manos, todavía con el sobre de la pomada apretado, y volvió a la realidad de un solo golpe.

Sacó de un cajón la libreta donde llevaba las cuentas. No necesitaba abrirla para saber los números, pero abrirla era un rito, una manera de castigarse y de convencerse a la vez. La renta, que subía cada año. El abono de la deuda que le quedaba de la carrera. La medicina de su abuela, que era lo único de la lista que no estaba dispuesta a recortar. El pasaje. La comida. Y contra todo eso, el sueldo de una empleada a prueba en el departamento de proyectos de Aurelle Cosmética, que apenas alcanzaba, que solo subiría un poco si lograba quedarse de planta.

Le hervía la cabeza de rabia contenida. No por falta de méritos. Camila había salido de la UNAM con las mejores notas de su generación, hablaba un inglés que dejaba callados a los de arriba, había cargado con dos trabajos mientras estudiaba. Tenía de todo, menos una cosa: apellido. Padrinos. Un lugar de dónde agarrarse. En ese mundo, el talento sin respaldo se cotizaba en sueldo de prueba y en jefes con las manos largas.

Partió la cuenta de mil maneras. Por más que la cortara, no daba.

El celular vibró sobre la cobija. Se le encogió el pecho al ver quién era, y se limpió la cara con la manga antes de contestar, como si por el teléfono se pudiera ver que había estado a punto de llorar.

—Abuela. —La voz le salió limpia, cálida, de milagro—. ¿Cómo está? ¿Ya cenó?

—Mija. —Del otro lado, la voz de Doña Remedios sonaba recia y querendona al mismo tiempo, como siempre, con ese acento de pueblo que a Camila le sabía a casa—. Ya, ya cené. Doña Chole me trajo unos tamales. ¿Y tú? ¿Estás comiendo bien? Te oigo apagada.

—Estoy bien, abuela, de veras. —Se recostó en la cama, con el brazo cruzado sobre los ojos—. El trabajo va muy bien. Me están dando cosas importantes, cosas de clientes de fuera, en inglés. La jefa está contenta conmigo.

Era cierto a medias, que es la peor clase de mentira. Camila había aprendido a reportar solo las buenas noticias, a guardarse las deudas, el jefe, la noche que no podía contarle a nadie. A su abuela le debía la vida entera; no iba a pagarle con preocupaciones.

—Eso está bueno. —Un silencio del otro lado, y luego el sonido que Camila más temía: una tos seca, honda, que la mujer intentó tapar y no pudo del todo—. Pero tú no te mates trabajando, ¿me oyes? El dinero va y viene. No quiero que andes ahorrando en la comida por mandarme a mí para la medicina. Yo estoy fuerte como un roble.

—Abuela, ¿está tosiendo otra vez? ¿Fue al doctor?

—Es la humedad, mija, nada más. —Otro golpe de tos, peor que el primero—. No empieces. Que Dios te cuide y que te bendiga. Duérmete temprano.

—Duérmase usted, abuelita. La quiero.

Colgó. Se quedó un rato con el teléfono contra el pecho, oyendo todavía esa tos en la cabeza. San Isidro estaba a horas de camino, en las afueras de Puebla, y su abuela vivía sola en la casa vieja, con la única compañía de una vecina y de una fe terca en que todo se iba a componer. Era la única persona en el mundo que la había querido sin pedirle nada. La había criado cuando su madre decidió que no la quería. Y ahora tosía así, y Camila estaba a horas de distancia, con la cartera vacía.

Se incorporó. Desbloqueó el celular y, casi sin querer, abrió la foto que le había tomado a la tarjeta antes de guardarla. Letras doradas sobre fondo negro. Maximiliano. Un número.

Alguien tiene que hacerse responsable, le había dicho él, con esa seguridad de quien nunca en su vida ha tenido que dividir una cuenta.

Camila cerró la foto. No. Ese no era el camino, y lo sabía con toda la terquedad que le venía de su abuela. Había hombres que ofrecían resolverte la vida y te la cobraban después el doble. Ella no iba a deberle nada a nadie, y menos su tranquilidad, y menos a un desconocido que pesaba las tarjetas distinto que la gente normal. Iba a ponerse de pie sola. Iba a pagar cada peso que debía, a sacar a su abuela de esa casa húmeda, a traérsela a un lugar seco y calientito donde esa tos se le quitara de una vez. Con su trabajo. Con su cabeza. Sin deberle un centavo a ningún señor.

Puedo sola, se dijo, como se lo decía siempre. No pasa nada.

Apagó el foco y se metió a la cama con la ropa a medio secar, porque prender el boiler a esa hora era un lujo. En la oscuridad, el celular volvió a alumbrarse con un mensaje. Era del banco.

El abono de la deuda vencía en cinco días. La cifra brillaba en la pantalla, fría, exacta, más grande de lo que recordaba, y con ella el recordatorio de todo lo que faltaba: la renta, la medicina, un pasaje a San Isidro que llevaba meses posponiendo.

Y desde el fondo de su cabeza, mezclándose con ese número, volvió la tos de su abuela.

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Mile
Chanfle 😳😳😳😳 Le dieron hasta con la silla 😳😳😳
Mile
Que mujer tan ridícula 😩😩😩😩
Mile
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 me duele la barriga de tanto reírme...
Mile
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 cosas que pasan 🤣🤣🤣🤣
Mile
Noooooo... Camila 😭😭😭😭
Mile
Tan lindo Max 🥰🥰🥰🥰
Mile
Tía desgraciada 🤬🤬🤬🤬
Mile
Se juntó el hambre con las ganas de comer 😩😩😩 otra víbora venenosa 🤬🤬🤬
Mile
🤬🤬🤬🤬🤬🤬 Bruja migajera 🤬🤬🤬
Mile
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 sin miedo al éxito 😜😜😜😜🥰🥰🥰
Mile
Detalles 🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰🥰
Mile
Me cae bien la comadre 😜😜😜
Mile
🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰
Mile
Chanfle 😳! Después dicen que las mujeres son las chismosas 🤣🤣🤣 Andrés hasta dedujo que Max es un peligro 🤣🤣🤣
Mile
Max así no 😩😩😩 la vas a espantar 😩😩😩
Mile
Otra loca migajera y venenosa 😩😩😩😩
Mile
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 celoso nos salió el mijo 🤣🤣🤣🤣
Mile
Aish! Que desgracia esa Brenda 🤬🤬🤬 envidiosa, venenosa 🤬🤬🤬
Mile
Aish 🤬🤬🤬🤬 desgraciada, asqueroso, basura 🤬🤬🤬🤬🤬
Mile
Ok! Lo imaginaba 😋😋😋 Le salió competencia a Max 😜😜
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