NovelToon NovelToon
PUDRETE, TESEO… AHORA AMARÉ AL MINOTAURO

PUDRETE, TESEO… AHORA AMARÉ AL MINOTAURO

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencarnación / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Ariadna conoce desde niña el secreto que se esconde tras los muros del Laberinto: el Minotauro tiene un nombre, Asterión, y también tiene un corazón.
Mientras todos lo consideran una bestia condenada a morir, ella descubre al hombre que existe detrás de sus cuernos, sus heridas y su maldición. Entre visitas secretas, canciones y promesas hechas en la oscuridad, la compasión se transforma en un amor que desafía las leyes de Creta.
Entonces llega Teseo, el héroe destinado a matar al monstruo.
Ariadna acepta ayudarlo, pero no para entregar a Asterión.
Esta vez, el hilo no conducirá al héroe hacia la gloria.
Conducirá a dos amantes hacia la libertad.
Pero escapar del Laberinto no será suficiente. Cuando Teseo descubra la verdad, Ariadna tendrá que elegir entre su familia, su reino y el hombre que ama.
Porque para el mundo, Asterión será siempre el Minotauro.
Para Ariadna, será el hombre que merecía ser salvado.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dos contra el destino

El silencio que siguió a la partida de Teseo fue distinto. Ya no era la soledad pesada que Ariadna conocía. Era un silencio cálido, lleno de presencia, de respiración acompasada, de manos que se buscaban y se encontraban.

Asterión la tomó con suma delicadeza, la sentó sobre una piedra cubierta de musgo y se arrodilló a su lado. Sus dedos grandes y cuidadosos desataron el vendaje improvisado que él mismo había puesto antes. La herida seguía viva, roja y dolorosa, pero la sangre empezaba a detenerse.

—Duele mucho? —preguntó, con la voz aún ronca por la furia que no había podido descargar sobre Teseo.

—Más el alma que el cuerpo —respondió ella, con un hilo de voz—. ¿Por qué volviste? Podrías estar lejos ya… seguro… libre.

Asterión detuvo su mano sobre la suya y la miró a los ojos con una intensidad que la hizo callar.

—Me dijo Afrodita. Todo. La medalla no era nada. La verdadera llave era tú. Tu sacrificio. Tu amor. Y yo… —tragó con fuerza, como si las palabras le quemaran la garganta— sentí que el mundo se me caía encima. Corrí de vuelta sin saber si te encontraría con vida. No me pidas que me vaya de nuevo. No puedo. No quiero.

—Pero la maldición… —insistió ella—. Hera lo ordenó. Nadie puede luchar contra eso.

—¿Y quién dijo que vamos a aceptarlo? —se incorporó, tomándola de las manos, ayudándola a ponerse de pie con lentitud—. Tú rompiste las reglas por mí. Ahora me toca a mí. Si alguien tiene que quedarse, que seamos los dos. O ninguno. No acepto un paraíso sin ti. Prefiero el infierno contigo.

Caminaron juntos hacia el rincón más profundo de la cámara, donde la luz entraba tenuemente y donde habían construido su refugio durante años. Asterión extendió su capa sobre el suelo y la hizo sentar. Se sentó a su lado, pegado a ella, para darle calor, para que sintiera que no estaba sola.

—Escúchame bien —dijo, tomándole el rostro entre sus manos—. Viví catorce años encerrado sin ver el sol, sin escuchar una voz amable, sin saber qué era ser querido. Luego llegaste tú. Niña valiente, con la mano extendida y sin miedo a mis cuernos ni a mi tamaño. Me diste compañía. Me diste nombre. Me diste algo por qué vivir. ¿Crees que puedo devolverme a esa soledad sabiendo que tú la ocupas en mi lugar?

Ariadna sintió las lágrimas brotar, pero esta vez no eran de tristeza. Eran de algo más grande, más luminoso: la certeza de ser amada con la misma fuerza con la que ella amaba.

—No quiero que te condenes por mí —susurró.

—No es condena —respondió él, acercando su frente a la de ella—. Es elección. Y por primera vez en mi vida, elijo yo. Te elijo a ti. Donde tú estés, ahí estará mi libertad. No importa si es bajo el cielo abierto o entre estas paredes. Lo que nos hace libres no es el lugar… es estar juntos.

La abrazó entonces, despacio, protegiéndola con todo su cuerpo, como si quisiera transferirle su propia fuerza. Ella recostó la cabeza en su pecho y escuchó su corazón latir: fuerte, firme, lleno de vida.

—¿Y si no hay salida? —preguntó, casi sin voz—. ¿Si estamos aquí para siempre?

Asterión la besó suavemente en la frente, en el lugar donde la luz de la luna solía tocarla.

—Entonces nos haremos nuestro propio mundo. Yo te contaré las historias que inventé en la soledad. Tú me contarás lo que ves en el cielo. Cuidaremos el uno del otro. Y quizás… quizás los dioses se cansen de vernos tan felices y decidan que merecemos más. Pero si no lo hacen… ya tenemos lo esencial. Nos tenemos.

Se quedaron así, abrazados, mientras la noche se prolongaba y el amanecer se filtraba débilmente por la grieta alta. Afuera, el palacio despertaba con mentiras y ambiciones. Teseo preparaba su versión de los hechos. Minos juzgaba y planeaba venganzas. Pero aquí abajo, en la penumbra que el mundo temía, dos almas habían decidido que el amor era más fuerte que cualquier maldición.

—Te prometo —dijo Asterión, tomándole la mano y apretándola contra su pecho— que no dejaré que nadie te haga daño. Ni Teseo. Ni tu padre. Ni los mismos dioses si es necesario. Te protegeré con mi vida.

—Y yo a ti —respondió ella, mirándolo con todo su corazón—. Juntos. Contra todo.

—Juntos —repitió él, y la palabra sonó como un juramento sagrado, sellado sin testigos, solo ante la piedra y la sombra que ya no los separaría jamás.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play