Morí una vez intentando salvar una vida. No pienso morir una segunda vez por culpa de unos traidores.
Cuando Saray Lagranh reencarna como Kaileris Enthal, la villana destinada a ser ejecutada en una novela que había leído, descubre que la verdadera culpable era su mejor amiga y que su prometido jamás estuvo de su lado.
Conociendo su trágico final, decide cambiar su destino de la forma más escandalosa posible.
"¿Mi ex prometido y mi ex mejor amiga me convirtieron en la villana? Perfecto. Entonces voy a convertirme en la mujer más influyente de este imperio. Y si para lograrlo termino casándome con el padre de mi ex prometido, mejor aún."
Entre intrigas nobles, planes de venganza, animales rescatados y una protagonista tan inteligente como sarcástica, Kaileris está decidida a demostrar que la mejor venganza no es destruir a tus enemigos...
Es convertirte en la persona que jamás podrán superar.
NovelToon tiene autorización de Cristhel Auren para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La calma antes de la tormenta
La burbuja de paz que habíamos construido en el despacho no podía durar para siempre, pero nos encargamos de exprimirle cada segundo. Pasamos el resto de la mañana en una tregua silenciosa, devorando el desayuno entre risas contenidas, miradas cargadas de intenciones ocultas y el roce constante de nuestras manos. Por unas horas, olvidé que era una mujer reencarnada en un nido de víboras aristocráticas, y él dejó de ser el verdugo oficial del Imperio. Era reconfortante, casi adictivo.
Sin embargo, a media tarde, la realidad tocó a la puerta del despacho en forma de tres golpes secos y firmes.
Biron entró tras recibir la autorización de Xilian. El viejo mayordomo mantenía su impecable rostro de póquer, pero traía consigo una enorme caja de terciopelo azul marino y una carta con el sello de cera de la Casa Imperial.
—Disculpen la interrupción, mi señor, Lady Kaileris —dijo Biron, haciendo una reverencia—. Ha llegado este obsequio desde el Palacio de Cristal, enviado directamente por orden de la Emperatriz viuda. El mensajero real indicó que es para uso exclusivo de milady en la Gala de la Ópera de este fin de semana.
Xilian, que ya se había puesto la camisa formal aunque la mantenía ligeramente desabrochada en el cuello, enarcó una ceja y me miró de reojo.
—Parece que tu "combustible" ha llegado, mi reina —comentó con una sonrisa de medio lado, extendiendo la mano para tomar la carta mientras Biron colocaba la pesada caja sobre la mesa de centro—. Veamos qué cartas está jugando la anciana ahora.
Me acerqué a la mesa, desatando el lazo de seda que aseguraba la caja de terciopelo. Al levantar la tapa, el aire pareció escaparse de mis pulmones. Reposando sobre una cama de raso blanco, se encontraba un vestido espectacular. Era una pieza de alta costura imperial en un profundo color azul medianoche, confeccionado con hilos de plata que imitaban el cielo estrellado. El diseño era exquisito: mangas largas transparentes bordadas con delicados cristales, un cuello alto y aristocrático que destilaba elegancia, y una falda pesada que caía con una gracia imponente. Era conservador, regio y, al mismo tiempo, devastadoramente hermoso.
Al lado del vestido, descansaba un juego de collares y pendientes de diamantes negros que brillaban con una luz gélida.
—Vaya... —susurré, pasando las yemas de mis dedos por la suave tela—. La Emperatriz viuda realmente quiere que opaque a todo el mundo. Este vestido grita "realeza" por los cuatro costados. Sabell va a vomitar bilis en cuanto me vea entrar con esto.
—La Emperatriz viuda no da puntada sin hilo —dijo Xilian, acercándose por detrás y leyendo la nota manuscrita que acababa de abrir. Su voz se volvió un murmullo ronco cerca de mi oído—. Aquí dice: *«Para la futura Duquesa del Norte. Que el brillo de la legitimidad eclipse las burdas imitaciones del sur»*. La anciana está declarando abiertamente su bando a través de ti, Kaileris. Te está usando como su estandarte.
Giré sutilmente la cabeza para mirarlo.
—¿Te preocupa que me use, Xilian? —pregunté con una sonrisa desafiante.
Xilian soltó una risa baja y arrogante, atrapando mi cintura con una mano y pegándome a su cuerpo con esa posesividad que ya se estaba volviendo una costumbre peligrosa entre los dos.
—Me preocupa el pobre diablo que crea que puede usarte a ti, mi reina —replicó, sus ojos rojos encendiéndose con diversión—. Sabell y la facción del sur creen que la gala de este fin de semana será su coronación social. Creen que porque Selius está de su lado, tienen el control de la capital. No tienen idea de que les estamos tendiendo una trampa mortal.
Me separé de él con una gracia ensayada, tomando el vestido de la caja para regresarlo a mis aposentos. Xilian se quedó en el despacho revisando unos documentos de la guardia, dándome la tregua de descanso que le había pedido tras la intensa madrugada.
Caminé por los imponentes pasillos del ala este del palacio Carsont, disfrutando de la suntuosidad del lugar, cuando una figura interrumpió mi trayecto.
Selius estaba parado cerca de uno de los grandes ventanales. Aunque técnicamente residía en la mansión, casi nunca paraba allí; se la pasaba metido en los clubes de oficiales o derrochando dinero en los distritos de la alta sociedad. Al verme, sus ojos se entornaron con desprecio, y una sonrisa burlona y amarga apareció en su rostro. Aún parecía tener cierta rigidez en el torso, sin duda un recordatorio del bota militar de su padre.
—Vaya, miren a quién tenemos aquí —soltó Selius, cruzándose de brazos y bloqueándome el paso con una prepotencia que solo me causaba lástima—. La gran usurpadora paseándose por el palacio como si ya fuera la dueña. Espero que estés disfrutando tus últimos días de atención, Kaileris, porque este fin de semana las cosas volverán a su cauce natural.
Desplegué mi abanico de plumas negras con un golpe seco, mirándolo de arriba abajo como quien mira un insecto molesto.
—¿Ah, sí? No sabía que tenías dotes de adivino, Selius —respondí con una tranquilidad insultante—. ¿A qué se debe tanta confianza hoy? ¿Acaso tu club de oficiales te otorgó alguna medalla por ser el blanco de práctica favorito de Xilian?
Su rostro se tensó por la humillación, pero rápidamente recuperó su mueca de superioridad, dando un paso hacia mí.
—Disfruta de tus bromas mientras puedas. Quien me acompañará al baile este fin de semana será Sabell. Ella brillará como la verdadera joya de la corona, rodeada de toda la facción del sur. ¿Y tú? Solo serás el trofeo de un viejo que te recogió por despecho —Selius soltó una carcajada seca, inclinándose sutilmente hacia mí para escupir su veneno—. Por cierto... ha pasado tiempo desde que te instalaste en la habitación de mi padre y aún no he escuchado noticias de un embarazo. ¿Dónde está el heredero que según tú ibas a dar para quitarme de mi lugar? Ese hijo que me arrebataría mi derecho como primer hijo de Xilian hasta ahora... parece que no llega. ¿O es que acaso eres una mujer seca que no puede dar hijos?
Un silencio helado cayó en el pasillo. Cualquier otra dama de la corte habría roto a llorar o se habría desmayado ante semejante insulto a su honor y feminidad, pero yo no era una damisela de este siglo. Sostuve su mirada con unos ojos rojos que brillaron con una luz gélida y letal.
(En sus pensamientos: Pobre idiota... Si supiera que la revolcada que me dio su padre anoche todavía me tiene doliendo el cuerpo, y que lo último que nos preocupa ahora es un heredero, se tragaría la lengua. Está cavando su tumba tan rápido que ni tendré que esforzarme).
Me acerqué un paso, obligándolo a retroceder de forma instintiva por el aura de autoridad que ahora emanaba de mí. Sonreí de lado, una expresión idéntica a la de Xilian cuando estaba a punto de destruir a un enemigo.
—¿Una mujer seca, Selius? —pregunté, mi voz descendiendo a un susurro peligrosamente suave—. Qué obsesión tan alarmante tienes con lo que pasa en la cama de tu padre. Deberías preocuparte menos por mi vientre y más por tu propio cuello. Mi posición al lado de Xilian está firmemente sellada, y no necesito un heredero en este momento para recordarte que estás a un solo error de perderlo todo. Disfruta de tu paseo con Sabell este fin de semana... porque va a ser una noche inolvidable para ambos.
Le dediqué una última mirada de absoluto desprecio, rozando su hombro al pasar de largo por el pasillo, dejándolo con la palabra en la boca y el rostro pálido por la rabia. El sur creía que iba a coronarse en la Ópera, pero Selius acababa de recordarme por qué disfrutaría tanto verlos arder a todos juntos.
la belleza cuesta y es doloroso /CoolGuy/