Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
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capitulo 19
LA VERDAD TIENE UN PRECIO
Iván observaba el teléfono sobre la mesa.
El mensaje de Martín seguía allí.
“Quiero hablar. Pero no confío en nadie.”
Alejandro permanecía de pie frente a él.
—Tenemos que encontrarlo.
Iván levantó la mirada.
—No podemos obligarlo a aparecer.
—Mi esposa está en una clínica por culpa de todo esto.
—Lo sé.
Alejandro golpeó suavemente la mesa.
—Entonces no podemos seguir esperando.
Iván guardó silencio durante unos segundos.
—Martín volverá a llamar.
—¿Y si no lo hace?
Iván lo miró fijamente.
—Lo hará.
—¿Por qué estás tan seguro?
—Porque tiene miedo.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Miedo de quién?
Iván observó nuevamente el teléfono.
—Esa es exactamente la pregunta que tenemos que responder.
En ese momento, el teléfono comenzó a sonar.
Ambos se quedaron inmóviles.
Iván respondió.
—¿Martín?
La voz al otro lado permaneció en silencio.
—Sé que eres tú.
Finalmente, Martín habló.
—Quiero reunirme contigo.
Iván se puso de pie.
—¿Dónde?
—Solo contigo.
Alejandro negó inmediatamente con la cabeza.
Pero Iván levantó una mano para pedirle silencio.
—De acuerdo.
Martín le dio una dirección.
—Una hora.
La llamada terminó.
Alejandro se acercó rápidamente.
—No vas a ir solo.
Iván guardó el teléfono.
—Tengo que hacerlo.
—Puede ser una trampa.
—También puede ser nuestra única oportunidad de conocer la verdad.
Alejandro lo miró con preocupación.
—Si algo te pasa...
Iván respondió con serenidad.
—Entonces asegúrate de que la verdad salga a la luz.
A varios kilómetros de allí, Isabel caminaba nerviosamente por la sala.
Raiza la observaba desde el sofá.
—Tienes que tranquilizarte.
Isabel soltó una risa nerviosa.
—¿Tranquilizarme?
—Sí.
—¡Martín está vivo!
Raiza levantó la voz.
—¡Baja la voz!
Isabel se detuvo.
—¿Y qué quieres que haga?
—Pensar.
—Ya pensé demasiado.
Raiza se puso de pie.
—Entonces piensa mejor.
Isabel la miró con furia.
—Tú también estás involucrada.
Raiza quedó en silencio.
—No me mires así.
—No estoy diciendo que sea inocente.
—Pero sabes cosas.
Raiza respiró profundamente.
—Todos sabemos cosas.
Isabel comenzó a caminar nuevamente.
—Martín quiere hablar.
—¿Con quién?
—No lo sé.
Raiza se acercó.
—¿Te llamó otra vez?
Isabel dudó.
Ese silencio fue suficiente.
Raiza abrió los ojos.
—¡Isabel!
—Sí.
—¿Y no me lo dijiste?
—¿Para qué?
—¡Porque estamos juntas en esto!
Isabel se volvió hacia ella.
—No.
Raiza frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Estamos juntas mientras todo sale bien.
La expresión de Raiza cambió.
Isabel continuó.
—Pero cuando esto termine, cada una intentará salvarse.
Raiza guardó silencio.
Porque, por primera vez...
comprendió que Isabel tenía razón.
Elías había pasado toda la tarde encerrado en su despacho.
Los documentos de la auditoría estaban frente a él.
Cada hoja era una prueba.
Cada firma.
Cada transferencia.
Cada cuenta.
Todo lo que había escondido durante años estaba comenzando a aparecer.
La puerta se abrió.
Era Araceli.
Elías levantó la mirada.
—¿Qué haces aquí?
Araceli entró lentamente.
—Tenemos que hablar.
—No ahora.
—Ahora.
Elías dejó los documentos sobre la mesa.
—Araceli...
—No quiero que me trates como una niña.
Elías suspiró.
—Nunca dije eso.
—Pero siempre lo hiciste.
Elías guardó silencio.
Araceli se acercó.
—¿Es verdad?
Elías bajó la mirada.
—¿Qué cosa?
—Todo.
Elías no respondió.
Las lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos de Araceli.
—¿Robaste dinero?
Elías cerró los ojos.
—Sí.
—¿Le robaste a mamá?
—Araceli...
—¡Respóndeme!
Elías levantó lentamente la mirada.
—Sí.
Araceli retrocedió.
—No puedo creerlo.
—Yo cometí errores.
—¡No fueron errores!
Elías permaneció en silencio.
—Una mentira puede ser un error.
Araceli señaló los documentos.
—¡Pero esto fue durante años!
Elías bajó la cabeza.
Araceli comenzó a llorar.
—¿Cómo pudiste hacerle eso a mamá?
—Yo pensé que podía arreglarlo.
—¿Cuándo?
Elías no respondió.
—¿Después de destruirla?
Elías cerró los ojos.
—No quise destruirla.
Araceli soltó una amarga risa.
—Entonces no sabes lo que hiciste.
En ese momento, Raiza llegó a la casa.
—¿Qué sucede?
Araceli se volvió lentamente hacia ella.
—Tú.
Raiza frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
Araceli caminó hacia ella.
—¿Sabías?
Elías se puso inmediatamente de pie.
—Araceli, basta.
Ella levantó la voz.
—¡No!
Raiza permaneció inmóvil.
—¿Sabías que mi papá le robaba a mi mamá?
Elías miró a su madre.
Raiza no respondió.
Y aquel silencio fue suficiente.
Araceli comenzó a llorar.
—Lo sabías.
Raiza intentó acercarse.
—Araceli, escucha...
—¡No me toques!
Raiza se detuvo.
—Yo solo quería proteger a mi hijo.
Araceli la miró con incredulidad.
—¿Protegerlo?
—Sí.
—¿Y quién protegía a mi mamá?
Raiza guardó silencio.
—¿Quién?
Araceli se volvió hacia Isabel, que acababa de entrar.
—¿Y tú?
Isabel quedó inmóvil.
—Araceli...
—¡Todos ustedes!
Las lágrimas caían por su rostro.
—Mi padre, mi abuela y mi tía.
Raiza intentó hablar.
—Nosotros somos tu familia.
Araceli negó.
—No.
Miró a su padre.
—Mi familia es mi mamá.
Luego miró nuevamente a Raiza e Isabel.
—Y ustedes han pasado años tratando de destruirla.
Elías dio un paso hacia su hija.
—No hables así.
Araceli se volvió hacia él.
—¿Por qué?
—Porque siguen siendo tu familia.
—No.
Araceli lo miró directamente a los ojos.
—Una familia no destruye a quien dice amar.
Elías quedó completamente inmóvil.
Más tarde, Iván llegó al lugar acordado.
Era un viejo almacén abandonado.
Alejandro había querido acompañarlo.
Pero Iván se negó.
Entró lentamente.
—Martín.
Su voz resonó en el lugar.
No hubo respuesta.
—Sé que estás aquí.
Finalmente, una figura apareció desde la oscuridad.
Era Martín.
Estaba cansado.
Tenía el rostro golpeado.
Iván lo observó cuidadosamente.
—¿Quién te hizo eso?
Martín soltó una pequeña risa.
—No vine a hablar de mí.
—Yo sí.
Martín guardó silencio.
—¿Quién te está buscando?
—Todos.
—No.
Iván dio un paso adelante.
—¿Quién quiere encontrarte primero?
Martín levantó la mirada.
—Isabel.
Iván no se sorprendió.
—¿Por qué?
Martín respiró profundamente.
—Porque sabe lo que hice.
—¿Qué hiciste?
Martín miró alrededor.
—Antes quiero garantías.
Iván frunció el ceño.
—No puedo prometerte impunidad.
—Entonces no hablaré.
—Martín...
—¡He arriesgado demasiado!
Iván se acercó.
—Una mujer inocente está hospitalizada.
Martín bajó la mirada.
—Yo no quería que las cosas terminaran así.
—Pero terminaron así.
Martín cerró los ojos.
—Yo solo seguí instrucciones.
El silencio fue absoluto.
Iván habló lentamente.
—¿De quién?
Martín abrió los ojos.
—No puedo decirlo.
—Entonces viniste para nada.
Iván comenzó a caminar hacia la salida.
—¡Espera!
Iván se detuvo.
Martín respiraba agitadamente.
—Fue Isabel.
Iván se volvió lentamente.
—¿Qué?
—Ella me contactó.
—¿Para qué?
Martín apretó los puños.
—Quería asustar a Analia.
Iván sintió que la rabia comenzaba a crecer.
—¿Asustarla?
—Eso dijo.
—¿Y qué ocurrió?
Martín bajó la mirada.
—Las cosas se salieron de control.
Iván permaneció en silencio.
—¿Raiza sabía?
Martín dudó.
Iván dio un paso adelante.
—¡Respóndeme!
—Sí.
Iván cerró los ojos.
La verdad era peor de lo que imaginaba.
—¿Y Elías?
Martín levantó la mirada.
—Elías no sabía del ataque.
Iván permaneció inmóvil.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Pero sabía otras cosas?
Martín sonrió tristemente.
—Elías sabía demasiado.
En otro lugar, Gissela esperaba a Iván.
Había descubierto que él estaba investigando todo.
Cuando Iván salió del almacén, ella apareció.
Iván se detuvo inmediatamente.
—¿Qué haces aquí?
Gissela sonrió.
—Esperándote.
—¿Cómo supiste que estaría aquí?
—Eso no importa.
Iván intentó continuar caminando.
Pero Gissela se colocó frente a él.
—Tenemos que hablar.
—No tenemos nada que hablar.
Gissela sonrió.
—Tal vez yo pueda ayudarte.
Iván la miró con frialdad.
—¿Ayudarme?
—Sé muchas cosas.
—Entonces díselo a las autoridades.
Gissela se acercó lentamente.
—No tienes que ser tan frío conmigo.
Iván retrocedió.
—No confundas las cosas.
Gissela sonrió nuevamente.
—No las estoy confundiendo.
Intentó tocar su brazo.
Iván se apartó inmediatamente.
—No vuelvas a hacer eso.
La expresión de Gissela cambió.
—Solo quería hablar.
—Entonces habla.
Gissela respiró profundamente.
—Elías cometió errores.
—Lo sé.
—Pero no es el único culpable.
Iván la observó fijamente.
—Eso ya lo sé.
Gissela se acercó nuevamente.
—Podríamos ayudarnos mutuamente.
Iván endureció la mirada.
—Escúchame bien.
Gissela permaneció inmóvil.
—No voy a permitir que utilices tus insinuaciones para manipularme.
Ella palideció.
Iván continuó.
—Ni tu belleza, ni tus mentiras, ni tus secretos van a cambiar lo que estoy haciendo.
Gissela apretó los labios.
—No sabes con quién estás hablando.
Iván se acercó ligeramente.
—Sí sé perfectamente quién eres.
El silencio fue tenso.
—Eres una mujer que durante años permitió que Elías viviera una mentira.
Gissela abrió los ojos.
—¡Yo no lo obligué!
—Pero te beneficiaste.
Gissela guardó silencio.
Iván continuó.
—Y ahora que todo está saliendo a la luz, quieres encontrar a alguien a quien manipular.
Gissela sintió que la rabia comenzaba a crecer.
—No puedes hablarme así.
—Sí puedo.
Iván la miró directamente.
—Y te aconsejo que no vuelvas a intentar acercarte a mí de esa manera.
Gissela permaneció completamente inmóvil.
Iván pasó junto a ella.
Pero antes de alejarse dijo:
—Si sabes algo que pueda ayudar a Analia, dilo.
Se detuvo.
—De lo contrario, no vuelvas a buscarme.
Gissela quedó sola.
Y por primera vez...
comprendió que Iván no era un hombre al que pudiera manipular.
Iván fue directamente a buscar a Isabel.
La encontró en la casa de Raiza.
Cuando Isabel abrió la puerta, se sorprendió.
—Iván.
—Tenemos que hablar.
Isabel intentó cerrar la puerta.
Pero Iván la detuvo.
—No.
Ella palideció.
—No puedes entrar aquí.
Iván sonrió con frialdad.
—Entonces hablaremos aquí.
Raiza apareció detrás de Isabel.
—¿Qué está pasando?
Iván miró a ambas mujeres.
—Martín habló.
El silencio fue inmediato.
Isabel comenzó a temblar.
—¿Qué dijo?
Iván dio un paso adelante.
—Eso depende de lo que ustedes quieran contarme primero.
Raiza intentó mantener la calma.
—No sabemos de qué hablas.
Iván sacó su teléfono.
—Tengo pruebas de que Martín recibió llamadas de Isabel.
Isabel abrió los ojos.
—Eso no significa nada.
—También tengo pruebas de transferencias.
Raiza quedó inmóvil.
—¿Qué transferencias?
Iván miró directamente a Isabel.
—¿Quieres que se las explique?
Isabel comenzó a respirar rápidamente.
—Yo no quería que ocurriera eso.
Raiza giró lentamente hacia su hija.
—¿Qué acabas de decir?
Isabel comprendió que había cometido un error.
—Yo...
Iván habló con firmeza.
—¿Qué hiciste?
Isabel comenzó a llorar.
—Yo solo quería asustarla.
Raiza retrocedió lentamente.
—¿A quién?
—A Analia.
El silencio fue absoluto.
Iván cerró los ojos.
Raiza miró a su hija con horror.
—¿Tú hiciste eso?
Isabel negó desesperadamente.
—No quería que la lastimaran.
—¡Pero la lastimaron!
Isabel comenzó a llorar.
—¡Yo no sabía que iban a llegar tan lejos!
Iván levantó la voz.
—¡Una mujer está hospitalizada!
Isabel se cubrió el rostro.
—¡Lo sé!
—¿Y ahora qué?
Iván la miró con rabia.
—¿Ahora vas a seguir diciendo que no hiciste nada?
Isabel cayó lentamente sobre el sofá.
Raiza permanecía de pie.
Su rostro había perdido todo color.
Porque aunque había sabido muchas cosas...
jamás imaginó que Isabel hubiera llegado tan lejos.
Elías recibió una llamada de Iván.
—Necesito que vengas.
Elías frunció el ceño.
—¿Dónde estás?
—En casa de tu madre.
Elías quedó inmóvil.
—¿Qué pasó?
Iván respondió:
—Tu hermana tiene algo que confesarte.
La llamada terminó.
Elías tomó las llaves.
Pero antes de salir, encontró a Analia en el pasillo.
Ambos se quedaron en silencio.
Durante unos segundos, ninguno habló.
Finalmente, Analia preguntó:
—¿Adónde vas?
Elías bajó la mirada.
—A casa de mi madre.
Analia comprendió inmediatamente que algo grave había ocurrido.
—¿Tiene que ver conmigo?
Elías levantó la mirada.
—No lo sé.
Analia se acercó lentamente.
—Entonces averígualo.
Elías asintió.
Pero antes de alejarse, Analia habló nuevamente.
—Elías.
Él se detuvo.
—¿Sí?
—Si descubres que alguien intentó hacerme daño...
Elías cerró los ojos.
—¿Qué?
Analia lo miró con una mezcla de dolor y determinación.
—Esta vez no quiero que protejas a tu familia.
Elías permaneció inmóvil.
Analia continuó.
—Quiero que por una vez...
hagas lo correcto.
Elías no respondió.
Salió de la casa con el corazón destrozado.
Porque sabía que había llegado el momento de elegir.
Entre seguir protegiendo los secretos de su madre y su hermana...
o comenzar a reparar todo lo que había destruido.
Y cuando llegó a la casa de Raiza...
encontró a Iván esperando.
Isabel lloraba.
Raiza permanecía en silencio.
Elías miró a su hermana.
—¿Qué hiciste?
Isabel levantó lentamente la mirada.
Y comprendió que aquella noche...
ya no habría vuelta atrás.
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.