Rhyne es un guía omega de fuego, Rango F, descartado por el Imperio Aethelgard que teme su llama. Zarek Thorne es el centinela de hielo más poderoso —y más condenado— de su generación. Cuando un frenesí los enfrenta, el Sistema NEXUS-7 sella entre ellos una resonancia del 100%. Un lazo imposible. Un mariscal que nunca se arrodilla. Un guía que el mundo quiso apagar. Y una llama que, una vez encendida, no pide permiso para arder.
NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EPISODIO 16: VEINTICUATRO HORAS DE ETERNIDAD
VEINTICUATRO HORAS DE ETERNIDAD
El líquido azul subía a una velocidad aterradora, burbujeando y emitiendo un vapor que quemaba la piel.
—¡Arriba! —rugió Zarek.
El Mariscal golpeó el suelo con ambas manos. Una escalera de hielo negro y plata se disparó hacia el techo de la caverna, rompiendo la roca con un estruendo ensordecedor. Zarek agarró a Rhyne por la cintura, saltando hacia la escalera, mientras Cassian los seguía, usando su entropía para desintegrar los tentáculos de líquido azul que intentaban arrastrarlos hacia abajo.
Subieron por el túnel vertical durante lo que parecieron horas. El calor del cuerpo de Rhyne era insoportable. Zarek podía sentir cómo la piel del omega se agrietaba bajo sus manos, dejando escapar hilos de luz dorada y humo negro.
Cuando finalmente emergieron en la superficie, la noche los recibió con un viento helado.
Estaban en las afueras de la capital, en un bosque de pinos muertos. La Torre del Consejo se alzaba a lo lejos, iluminando el cielo con sus luces de emergencia.
Zarek depositó a Rhyne suavemente sobre la nieve. El omega jadeaba, su pecho subiendo y bajando con dificultad.
—Rhyne... —susurró Zarek, arrodillándose a su lado.
Rhyne abrió los ojos. El negro abismal había consumido casi todo el iris. Solo quedaba una fina línea dorada alrededor de la pupila.
—Hace... mucho frío, Zarek —murmuró Rhyne, sus dientes castañeando.
Zarek sintió como si le arrancaran el corazón. El fuego de Rhyne se estaba apagando. La corrupción primigenia estaba congelando su alma desde adentro.
-【SISTEMA NEXUS-7 - ALERTA CRÍTICA】
-【TIEMPO RESTANTE: 23 HORAS, 12 MINUTOS】
-【INTEGRIDAD FÍSICA DEL GUÍA: 34%】
-【PRESENCIA DE LA ENTIDAD: 88%】
—Cassian —dijo Zarek, sin levantar la vista, su voz gélida y mortal—. Ve a la Torre. Consigue un vehículo blindado. Trae suministros médicos de grado SSS. Y no dejes que nadie te siga.
Cassian asintió, su rostro pálido pero firme.
—Volveré en veinte minutos, hermano. Aguanta.
El Sujeto 02 se giró y corrió hacia la oscuridad del bosque, desapareciendo entre los árboles.
Zarek se quedó solo con Rhyne. Se quitó su capa negra, pesada y forrada con piel de lobo de la Frontera, y envolvió al omega con ella. Luego, se sentó en la nieve y atrajo a Rhyne contra su pecho, rodeándolo con sus brazos.
—No voy a dejar que mueras —susurró Zarek contra el cabello oscuro de Rhyne, inhalando su olor. Ya no olía a fuego y ceniza. Olía a lluvia y a tierra mojada. El olor de la decadencia—. Escúchame, Rhyne. Escucha mi voz.
—La voz... la voz de él... —jadeó Rhyne, aferrándose a la camisa de Zarek con dedos temblorosos—. Está en mi cabeza, Zarek. Me dice que me rinda. Me dice que tú... que tú eres solo un clon. Un error.
—Soy un error que te ama —respondió Zarek con ferocidad, apretando su agarre—. Soy el error que te marcará cada día hasta que se me acabe el aire. No eres un recipiente, Rhyne. Eres mi guía. Eres mi alma.
Zarek liberó sus feromonas. No el hielo cortante del Mariscal, sino el olor suave, profundo y embriagador de su esencia Alfa: nieve recién caída, madera de cedro y tormenta eléctrica.
Rhyne sollozó, enterrando el rostro en el cuello de Zarek, respirando su aroma. Por un segundo, el negro en sus ojos retrocedió un milímetro. La chispa dorada brilló.
—Zarek... —susurró Rhyne, su voz volviendo a ser la de siempre, suave y ronca—. Hay... hay una forma.
Zarek se tensó.
—¿Qué forma?
—En la mente del Emperador... vi los planos del Proyecto Fénix —explicó Rhyne, tosiendo un hilo de sangre negra—. El fuego dorado... no es solo un arma. Es una semilla. Si la planto en el Núcleo del Sistema NEXUS-7... el Sistema puede procesar la corrupción. Puede distribuirla en millones de fragmentos inofensivos.
Zarek frunció el ceño, buscando en sus recuerdos recuperados del Arquitecto.
—El Núcleo está en el Subsuelo de la Torre del Consejo. Está protegido por la Guardia Pretoriana. Es un suicidio.
—Es la única forma —insistió Rhyne, levantando la vista. Sus ojos negros brillaban con determinación—. Pero hay un problema. Para plantar la semilla... el lazo del 100% tiene que actuar como el cable de transmisión.
Rhyne posó una mano fría sobre el pecho de Zarek, justo sobre su corazón.
—La corrupción pasará a través de ti, Zarek. Si el lazo no es perfecto, si dudas por un solo segundo... la corrupción te consumirá a ti también.
Zarek miró la mano de Rhyne. Luego miró sus ojos.
—¿Y si el lazo es perfecto? —preguntó Zarek, la voz apenas tenía un hilo.
Rhyne sonrió. Una sonrisa triste, hermosa y devastadora.
—Entonces la corrupción se dividirá. Sobreviviremos los dos. Pero... —Rhyne tragó saliva, el miedo finalmente asomando en su rostro—...para que el lazo sea perfecto en el Núcleo, necesitamos la Mordida Inversa.
Zarek se congeló. El aire a su alrededor bajó a veinte grados bajo cero.
La Mordida Inversa.
En el Guideverse, era un mito. Una leyenda urbana. Se decía que si un omega, en lugar de ser marcado, marcaba a su alfa en la glándula scent, el lazo se invertía. El omega tomaba el control absoluto. Pero el costo era que el alfa perdía el 50% de su fuerza vital para siempre.
Y con la corrupción primigenia en el cuerpo de Rhyne, ese 50% sería la diferencia entre la vida y la muerte de Zarek.
—No —dijo Zarek, negando con la cabeza, apretando los dientes—. No lo haré. No voy a dejarte marcar mi glándula. Te debilitará. Te matará.
—Zarek, si no lo hacemos, moriré en veintitrés horas —dijo Rhyne, su voz quebrándose—. Y tú morirás conmigo porque el lazo nos ata. ¡No hay otra opción!
—¡Sí la hay! —gritó Zarek, sus ojos grises brillando con lágrimas de frustración—. ¡Puedo arrancar la corrupción de ti! ¡Puedo meterla en mi propio cuerpo y llevarla al Núcleo yo solo!
—¡Tu cuerpo no es compatible con el fuego dorado! —gritó Rhyne de vuelta, el fuego chisporroteando en sus mejillas, quemando la nieve a su alrededor—. ¡Te incinerarías en el primer paso! ¡Zarek, por favor!
El silencio cayó entre ellos, roto solo por el viento y la respiración agitada de ambos.
Zarek miró a Rhyne. Vio el dolor en sus ojos negros. Vio el miedo. Pero también vio el amor. Un amor tan grande y estúpido y valiente que dolía mirarlo.
Zarek cerró los ojos. Una lágrima solitaria cayó por su mejilla, congelándose antes de tocar su barbilla.
Cuando abrió los ojos, la decisión estaba tomada. La frialdad del Mariscal había vuelto, pero sus ojos estaban llenos de una devoción absoluta.
—Bien —susurró Zarek, inclinando la cabeza y exponiendo su cuello, justo sobre la glándula scent, que palpitaba con su aroma a hielo y tormenta—. Hazlo.
Rhyne soltó un sollozo ahogado.
—Zarek...
—Muerdeme, Rhyne —ordenó Zarek, su voz ronca, vibrando en el pecho del omega—. Átame a ti. Hazme tuyo. Y luego... vamos a quemar ese maldito Núcleo hasta los cimientos.
Rhyne no lo pensó más.
Se inclinó hacia el cuello de Zarek. Inhaló su aroma, llenando sus pulmones con la esencia de su Alfa. Sus colmillos, alargados por el instinto Omega y el poder de la Entidad, rozaron la piel sensible.
Zarek jadeó, sus manos aferrándose a los hombros de Rhyne, clavando sus uñas en la carne.
Rhyne abrió la boca y clavó sus colmillos en la glándula scent de Zarek.
-【SISTEMA NEXUS-7 - ALERTA DE PROTOCOLO PROHIBIDO】
-【DETECCIÓN DE MORDIDA INVERSA】
-【INICIANDO INVERSIÓN DE JERARQUÍA...】
-【ADVERTENCIA: TRANSFERENCIA DE VITALIDAD EN PROCESO】
-【DOLOR ESTIMADO: NIVEL APEX】
Zarek gritó.
Fue un sonido gutural, desgarrador, que espantó a los pájaros en los kilómetros a la redonda. Su cuerpo se arqueó, temblando violentamente mientras el lazo del 100% se retorcía, reescribiendo su propia biología.
Rhyne sintió cómo la fuerza vital de Zarek fluía hacia él. Era como beber un río de hielo puro. Le dio energía, le dio claridad, le dio poder. El negro en sus ojos retrocedió, dejando que el dorado brillara con la fuerza de un sol.
Pero también sintió el dolor de Zarek. Sintió cómo la mitad de su alma se arrancaba para anclarse a la de él.
Cuando Rhyne finalmente retiró sus colmillos, ambos cayeron sobre la nieve, jadeando, empapados en sudor y lágrimas.
Zarek estaba pálido como la muerte. Sus labios tenían un tono azulado. Pero cuando levantó la vista y miró a Rhyne, sus ojos grises brillaban con una luz nueva. Una luz que respondía al fuego dorado del omega.
-【SISTEMA NEXUS-7 - ACTUALIZACIÓN】
-【LAZO: INVERTIDO Y ESTABILIZADO】
-【GUÍA: RHYNE - NIVEL DE AUTORIDAD: ABSOLUTO】
-【SENTINELA: ZAREK THORNE - VITALIDAD: 50%】
-【TIEMPO RESTANTE: 22 HORAS, 45 MINUTOS】
Rhyne se arrastró hacia Zarek, acunando su rostro entre sus manos.
—Lo siento... lo siento tanto... —sollozó Rhyne, besando sus labios fríos.
Zarek sonrió débilmente, levantando una mano temblorosa para tocar la mejilla de Rhyne.
—No te disculpes, mi fuego —susurró Zarek, su voz más suave, pero cargada de una autoridad absoluta que antes no tenía—. Ahora soy tuyo. Completamente tuyo. Y tú... tú eres mi Reina.
Rhyne lo ayudó a ponerse de pie. Zarek tambaleó, pero Rhyne lo sostuvo, su fuego dorado calentando el cuerpo helado del Mariscal.
A lo lejos, el sonido de un motor rugió en la oscuridad. Cassian volvía.
Rhyne miró hacia la Torre del Consejo, que se alzaba en la distancia como una lanza negra contra el cielo.
—Vamos a por el Núcleo —dijo Rhyne, sus ojos dorados brillando con una ferocidad divina—. Y que Dios se apiade de quien se interponga en nuestro camino.