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Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Bestia / Romance
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Faltaban veintitrés días para mi boda cuando descubrí que el príncipe Cassiel planeaba matarme después de convertirse en emperador.

Esa misma noche, mi padre apareció muerto.

Solo tenía una forma de escapar de mi prometido: casarme con su hermano mayor.

Killian, el príncipe maldito que todo el Imperio temía.

Creí que estaba eligiendo al menor de dos monstruos.

Hasta que llegué al Norte y miles de soldados se arrodillaron ante mi esposo.

—Bienvenido a casa, mi rey.

Entonces se arrodillaron ante mí.

—Bienvenida, mi reina.

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Nuestra noche de bodas.

La fortaleza de Killian parecía todavía menos acogedora de noche.

Cuando atravesamos sus puertas, el sol ya había desaparecido detrás de las murallas de Veridian y el viento arrastraba el olor de la lluvia desde los jardines. Varias antorchas iluminaban el patio interior, proyectando sombras inquietas sobre los muros de piedra oscura.

Descendí del caballo con las piernas entumecidas.

Habían transcurrido menos de veinticuatro horas desde que encontré muerto a mi padre.

En ese tiempo había descubierto que Cassiel planeaba asesinarme, encontrado una conexión entre mi madre y una masacre ocurrida doce años atrás, pedido matrimonio al hombre más temido del Imperio, contraído matrimonio con él y provocado un conflicto frente al emperador.

Necesitaba dormir durante aproximadamente un año.

—Mi lady.

Una mujer esperaba bajo el arco de entrada.

Debía rondar los cincuenta años. Vestía un sencillo vestido gris, impecablemente planchado, y llevaba el cabello recogido en un moño tan severo que me pregunté si alguna vez había permitido que un solo mechón escapara de su sitio.

Hizo una reverencia precisa.

—Soy Greta. Me encargo de esta casa cuando Su Alteza se encuentra en la capital.

—Alamea.

Sus cejas se alzaron apenas.

—Sé quién es.

Por supuesto.

A esas alturas, probablemente no había una sola persona en Veridian que no supiera quién era Alamea Aster.

Greta desvió la mirada hacia el camino detrás de mí. Killian seguía allí, hablando con Ronan mientras los caballos eran conducidos hacia los establos.

—Prepararé la habitación de Su Alteza.

—Gracias.

Greta me miró en silencio durante un instante.

—Me refería a usted.

Parpadeé.

Miré hacia atrás.

Luego volví a mirarla.

—Entiendo.

No entendía absolutamente nada.

Greta hizo otra reverencia, como si aquella breve conversación hubiera quedado perfectamente clara, y entró en la casa.

Yo permanecí inmóvil un segundo antes de seguirla.

Algo me decía que acababa de descubrir quién mandaba realmente allí.

Había recorrido aquel mismo corredor esa mañana, pero ahora el lugar parecía diferente. Quizá porque entonces estaba demasiado ocupada intentando no ser asesinada por mi futuro esposo como para prestar atención a la decoración.

La fortaleza era antigua.

Los techos altos estaban sostenidos por vigas oscuras y enormes tapices representaban paisajes cubiertos de nieve, montañas y animales que no reconocía. Uno mostraba a un gigantesco lobo negro bajo una luna plateada.

Me detuve.

Los ojos bordados de la criatura parecían seguirme.

—Morvath.

La voz de Killian llegó desde atrás.

Me volví.

—¿Qué?

Se acercó hasta quedar frente al tapiz.

—El lobo.

Observé nuevamente la criatura.

—¿Es algún símbolo del Norte?

Killian tardó un instante en responder.

—Algo parecido.

Antes de que pudiera preguntar más, Greta apareció en lo alto de las escaleras.

—La habitación está preparada.

Killian comenzó a subir las escaleras y yo lo seguí, todavía intentando acostumbrarme a la idea de que aquella casa también sería mi hogar. Greta avanzó delante de nosotros hasta llegar a una puerta doble, que abrió con un movimiento tranquilo.

Me detuve en el umbral.

Había una sola cama.

Una enorme, lo bastante grande como para que dos personas pudieran dormir cómodamente en ella, pero seguía siendo una sola cama. Miré a Greta, luego a Killian y finalmente regresé la vista hacia el lecho, como si esperara que apareciera una segunda por algún acto de magia.

—No.

Greta volvió la cabeza hacia mí, ligeramente desconcertada.

—¿Mi lady?

—Necesito otra habitación.

La mujer dirigió una mirada discreta hacia Killian antes de responder.

—Las habitaciones matrimoniales fueron preparadas siguiendo las instrucciones de Su Alteza.

—¿Qué instrucciones?

Killian entró en la habitación con una tranquilidad que empezaba a resultarme irritante.

—Las de aparentar que nuestro matrimonio es real.

Fruncí el ceño.

—Nuestro matrimonio es real.

—Entonces la cama no debería ser un problema.

Lo miré fijamente.

No sabía si aquello había sido una provocación o simplemente una observación perfectamente lógica. Greta, por su parte, apretó los labios con tanta fuerza que tuve la sospecha de que estaba haciendo un esfuerzo considerable por no sonreír.

Killian se quitó los guantes con calma y los dejó sobre una mesa cercana.

—Puedes dormir aquí.

—¿Y usted?

—Tengo trabajo.

—¿Toda la noche?

—Frecuentemente.

Aquello me hizo sentir un poco ridícula. Había asumido que pretendía compartir la habitación conmigo y, sin siquiera darle la oportunidad de explicarse, había exigido otra como si estuviera huyendo de una amenaza.

Bajé la mirada un instante antes de asentir.

—Entonces está bien.

Killian caminó hacia la puerta, pero cuando estuvo a punto de salir, lo llamé.

—Killian.

Se detuvo y volvió ligeramente la cabeza.

Todavía me resultaba extraño llamarlo por su nombre. Más extraño aún era recordar que aquel hombre, con quien apenas empezaba a conocerme, era ahora mi esposo.

—Gracias —dije.

No preguntó por qué. Probablemente no era necesario.

Killian se limitó a asentir una sola vez antes de marcharse, dejándome sola frente a aquella enorme cama que, de pronto, parecía mucho menos amenazante.

⬩➤

Greta me ayudó a quitarme el vestido y dejó un camisón sobre la cama antes de retirarse. Cuando la puerta se cerró, permanecí sola bajo un techo desconocido, intentando convencer a mi cuerpo de que, por primera vez en mucho tiempo, estaba a salvo.

No funcionó.

Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver a mi padre. Su mano fría. La copa rota. Aquella expresión en su rostro justo antes de que todo se desmoronara. Y, después, aparecía Cassiel, con esa calma insoportable mientras pronunciaba aquellas palabras que todavía podía escuchar con absoluta claridad.

«No personalmente. Sería vulgar.»

Abrí los ojos de golpe y me incorporé en la cama.

La habitación permanecía en silencio, demasiado silenciosa para mis pensamientos. Sentía la garganta seca, así que decidí levantarme en busca de agua. Encontré una jarra sobre una pequeña mesa junto a la ventana, pero al inclinarla descubrí que estaba completamente vacía.

Perfecto.

Me puse una bata sobre el camisón y salí al corredor. No tenía la menor idea de dónde estaban las cocinas, pero supuse que seguir las antorchas sería más útil que quedarme allí muriéndome de sed.

Avancé por el largo pasillo, tratando de recordar el camino. La fortaleza era mucho más grande de lo que había imaginado y, después de doblar dos esquinas, tuve que admitir que ya no estaba segura de poder encontrar el camino de regreso.

Entonces escuché un ruido.

Me detuve.

Un golpe seco resonó al final del corredor. Un instante después llegó otro, seguido por el sonido de algo pesado chocando contra una superficie.

Fruncí el ceño y seguí el ruido.

Provenía de una habitación cuya puerta estaba entreabierta. Me acerqué con cautela y la empujé apenas lo suficiente para mirar dentro.

Era una sala de entrenamiento.

Y allí estaba Killian.

Tenía la espalda hacia mí y sostenía una espada de entrenamiento entre las manos. La había golpeado contra un poste de madera con tanta fuerza que el impacto todavía parecía vibrar en el aire.

Entonces reparé en algo que, en retrospectiva, habría sido más prudente no notar.

No llevaba camisa.

Me quedé inmóvil.

Mi primer pensamiento fue que debía marcharme inmediatamente. Mi segundo fue preguntarme por qué demonios seguía mirando.

Killian sostenía una espada en una mano y atacaba una figura de madera con movimientos precisos. El sudor brillaba sobre su espalda y hombros bajo la luz de las lámparas.

Entonces vi las cicatrices.

Había muchas.

Algunas parecían antiguas, líneas pálidas que atravesaban su piel y se perdían bajo el hombro. Sin embargo, no fueron esas las que captaron mi atención.

Desde el costado izquierdo de su torso nacían unas marcas negras que se extendían sobre sus costillas y ascendían hacia el pecho. No parecían cicatrices normales. Eran demasiado oscuras y formaban ramificaciones irregulares, como raíces que hubieran crecido debajo de su piel y estuvieran extendiéndose lentamente por su cuerpo.

Recordé el patio.

Durante su enfrentamiento con Cassiel había creído ver algo similar sobre su cuello. En aquel momento pensé que se trataba de una sombra, una ilusión provocada por la distancia o simplemente por el caos del combate. Ahora, al verlo tan cerca, comprendí que no lo había imaginado.

Killian dejó de moverse.

—Puedes entrar.

Me sobresalté y levanté la mirada hacia él.

—¿Cómo sabía que estaba aquí?

La comisura de sus labios se movió apenas.

—Respiras muy fuerte cuando intentas ser silenciosa.

Fantástico.

Entré en la sala con toda la dignidad que pude reunir. Killian dejó la espada a un lado y me observó con expresión tranquila.

—¿Qué necesitas?

Intenté mantener los ojos sobre su rostro. No tuve demasiado éxito.

—Agua.

Una ceja se arqueó.

—¿Y decidiste buscarla en una sala de entrenamiento?

—Me perdí.

—Llevas aquí unas horas.

—Su fortaleza tiene demasiados corredores.

Por alguna razón, aquello pareció divertirlo ligeramente. No dijo nada, simplemente se acercó a una mesa y tomó una jarra. Cuando se giró para entregármela, las marcas volvieron a quedar a la vista y mis ojos regresaron a ellas antes de que pudiera evitarlo.

Killian siguió mi mirada.

Su expresión cambió.

Fue algo mínimo, apenas una tensión repentina en la mandíbula, pero suficiente para hacerme saber que había tocado un tema que prefería mantener oculto. Tomó una camisa de la mesa y comenzó a ponérsela, cubriendo las marcas con rapidez.

—¿Qué es eso?

—Nada.

Lo miré con incredulidad.

—Claramente es algo.

Terminó de acomodarse la camisa y levantó la vista hacia mí.

—No es asunto tuyo.

La respuesta me irritó más de lo que debería.

Tal vez porque había visto aquellas mismas marcas antes.

Tal vez porque, desde que había llegado al Norte, tenía la sensación de que todos conocían secretos sobre mi propio matrimonio excepto yo.

Apreté la jarra entre mis manos.

—Soy su esposa. Además, estamos investigando juntos una masacre relacionada con mi madre y usted tiene unas extrañas cicatrices negras que parecen moverse bajo su piel. Creo que he adquirido cierto derecho a sentir curiosidad.

Killian se quedó inmóvil.

—¿Moverse?

La seguridad con la que había hablado desapareció de inmediato.

—Sí.

Él se acercó un paso.

—¿Las viste moverse?

—Creo que sí.

—¿Cuándo?

—Ahora.

Killian abrió parcialmente la camisa y bajó la mirada hacia las marcas. Durante unos segundos no ocurrió nada. Las líneas oscuras permanecieron extendidas sobre sus costillas, inmóviles, casi inertes.

Parecían normales.

Si algo negro creciendo bajo la piel de una persona podía considerarse normal.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

—Nada.

Entrecerré los ojos.

—Miente bastante mal.

—Y tú haces demasiadas preguntas.

—Mi padre murió ayer. Descubrí que mi madre quizá fue asesinada y me casé con un desconocido. Creo que he tenido suficiente misterio para una semana.

La expresión de Killian cambió al escucharme mencionar a mi padre. Por un instante, toda aquella frialdad desapareció de su rostro.

—Lo siento.

Me quedé mirándolo.

No eran las mismas palabras que Cassiel había pronunciado. Killian tampoco intentó decirme que todo estaría bien, ni buscó una explicación que pudiera hacer que aquello doliera menos.

Simplemente permaneció allí.

Y, por alguna razón, eso fue peor.

Sentí que los ojos comenzaban a arder y aparté la mirada.

—No quiero llorar.

—Entonces no lo hagas.

Solté una risa seca.

—Qué gran consejo.

—Nunca dije que fuera bueno consolando personas.

La risa absurda volvió a escaparse de mis labios, pero esta vez se quebró a mitad de camino. Una lágrima descendió por mi mejilla y la limpié rápidamente con el dorso de la mano.

—Esto es humillante.

—He visto cosas más humillantes.

—No quiero saberlo.

—Probablemente sea mejor así.

Me cubrí el rostro.

Había contenido todo desde que encontré a mi padre. Había permanecido de pie, había hablado con personas, había aceptado un matrimonio que apenas comprendía y había viajado hasta el Norte sin permitirme pensar demasiado en lo que había perdido.

Pero ya no podía seguir haciéndolo.

Sentí una mano sobre mi hombro.

Killian.

No me abrazó de inmediato. Se limitó a dejar allí la mano, dándome la oportunidad de apartarme si quería.

No lo hice.

Entonces me acercó con cuidado hacia él.

Apoyé la frente contra su pecho y cerré los ojos.

Era extraño. Aquel hombre era prácticamente un desconocido. No sabía qué secretos escondía, qué había ocurrido realmente con mi madre ni por qué llevaba aquellas marcas sobre la piel.

Pero durante unos minutos me permitió llorar sin hacer una sola pregunta.

Cuando finalmente me separé, sentí una vergüenza terrible.

—Olvide que ocurrió.

Killian me observó en silencio.

—¿Qué cosa?

—Todo esto. Esta conversación. El llanto. Lo que acaba de pasar.

Una pequeña curva apareció en la comisura de sus labios.

—Lo intentaré.

—Gracias.

Fue entonces cuando lo vi.

Las marcas negras habían aparecido sobre su cuello.

Esta vez no había distancia ni sombras que pudieran engañarme. Una línea oscura se extendió lentamente bajo su piel, avanzando desde la clavícula hasta la mandíbula como una raíz que buscara abrirse camino.

Retrocedí.

Killian se tensó de inmediato.

Levantó la mirada hacia mí y, durante apenas un segundo, sus ojos cambiaron.

El gris desapareció.

Fueron completamente negros.

Parpadeé.

Cuando volví a mirar, habían recuperado su color habitual.

El silencio que siguió fue mucho más pesado que antes.

—Killian...

—Regresa a la habitación.

Su voz sonó distinta. Más grave. Más contenida.

—Sus ojos...

—Alamea.

Pronunció mi nombre como una advertencia.

Entonces algo golpeó desde algún lugar bajo nuestros pies.

Un sonido profundo recorrió la habitación. No fue una puerta cerrándose ni el movimiento de algún mueble. Era demasiado grave, demasiado vivo.

Parecía un gruñido.

Killian cerró los ojos.

—Vete.

—¿Qué fue eso?

Cuando volvió a mirarme, las marcas negras ya habían alcanzado su mandíbula.

Retrocedí otro paso.

—¿La maldición?

No respondió.

No hacía falta.

Su expresión lo dijo todo.

Todos los rumores que había escuchado desde que llegué al Norte. Las historias sobre el príncipe maldito. Los susurros que habían acompañado su nombre durante años.

Por primera vez comprendí que aquel nombre no había nacido únicamente de una conspiración política.

Killian estaba realmente maldito.

Y algo dentro de él acababa de despertar.

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Maria Arias
hay que bueno jajajsj 🤭
Maria Arias
hay me morí con estos par de locos
Maria Arias
hay Dios esto está es bueno. tiene mucho suspenso
Maria Arias
que desgraciado
Flæka Caviedez
Mucha demora para un capítulo. así no aguanta leer
Mayelin Cepero Valdes
x favor actualizar rápido
inuyasha/ Tomoe🦊
más capítulos plis no dejes de escribir lo espero con ansias 🫠
Maria Liendo
más capitulos por favor 😁 está muy buena la novela sigue así
Arely Castañeda
maldito Cassiel como que apropiación ilegal si ella es la heredera
Darcalie: LO ODIO CON TODO MI CORAZÓN 😭
total 1 replies
Iliana Curiel
oh dios mío autora me encanta tu novela no puedo esperar a leer más capítulos soy tu fan ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
autora estoy fascinada con tu novela me encanta, no tengo palabras estoy ansiosa por más capítulos
gracias me dejas sin palabras, hermosa y misteriosa historia ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
Georgetth Rosemary
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Dulce
Nooo, que feooo /Sob/
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