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Vendida Al Rey Dragón

Vendida Al Rey Dragón

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Dragones
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Isabela es vendida en matrimonio por su padre, al rey de los dragones, luego de qué su reino cayera en una profunda ruina. Su pueblo se moría de hambre y de frio, así que a la princesa del norte deberá elegir entre traicionar todo lo que conoce, o entregarse al hombre que la compró y salvar a su pueblo de la extinción.

Pero un veneno en su cuerpo, la hace perder completamente la vida y reencarnar en el cuerpo de una sirvienta de su propio palacio.

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Capítulo 22

La luz de la madrugada comenzó a filtrarse lentamente por las altas rendijas de piedra de la alcoba, teñiendo las paredes de obsidiana con un tono grisáceo y frío. Las brasas de la chimenea se habían reducido a un manto de cenizas incandescentes que aún irradiaban un calor latente en la habitación.

Sobre el lecho cubierto de pieles oscuras reinaba un silencio pesado, roto únicamente por el compás acompasado de dos respiraciones profundas. Malakor yacía de costado, con uno de sus brazos pesados y marcados por las cicatrices de la guerra cruzando firmemente la cintura de Isabela, manteniéndola pegada a su pecho en un gesto de absoluta e indiscutible posesión.

Isabela tenía los ojos abiertos, fijos en la penumbra del techo de piedra. Su cuerpo entero pesaba, adolorido por la intensidad de la noche anterior, pero había una claridad absoluta en su mente. No quedaba nada de la princesa desterrada ni de la rehén política que había cruzado las puertas de Asgardia semanas atrás. El dolor y el fuego se habían mezclado para forjar algo nuevo: una reina que ya no compartía el lecho por obligación, sino por conquista propia.

Lentamente, sin hacer ruido para no despertar al rey, Isabela deslizó sus dedos por el brazo de Malakor que la aprisionaba. La piel del monarca estaba caliente, como si el fuego de los dragones corriera permanentemente por sus venas. Con un movimiento medido, se apartó con cuidado y se sentó al borde de la cama.

El frío de la piedra al contacto con sus pies desnudos la hizo estremecerse por un segundo, pero mantuvo la compostura. Se arropó con una de las túnicas de terciopelo oscuro que yacían arrojadas en el suelo y caminó hacia el enorme balcón de piedra que daba directamente a los abismos volcánicos de la montaña.

Afuera, el aire fresco de la madrugada golpeó su rostro, despejando los últimos vestigios del sueño. A lo lejos, suspendidas en las cornisas más altas de los picos oscuros, las siluetas colosales de los dragones descansaban envueltas en vapor y ceniza. El primero en notar su presencia no fue una bestia lejana, sino la pequeña cría con la que se había cruzado en el nido, la cual se movió en su repisa y emitió un leve siseo de reconocimiento al verla de pie, solitaria y altiva contra el viento.

Isabela apoyó las manos en el borde de piedra del balcón, observando el vasto imperio que ahora ayudaba a gobernar. Sabía que la tormenta en la corte apenas comenzaba; el desprecio público de Yanara y la fragilidad de la lealtad de la horda estallarían en cuanto la noticia de su unión se propagara por los salones del palacio.

—Tan temprano y ya conspirando contra mi imperio, fiera del norte —murmuró una voz ronca y profunda a sus espaldas.

Isabela no se giró. Sintió el calor familiar de la presencia de Malakor acercándose, hasta que el pecho ancho del rey se apoyó contra su espalda, y sus brazos fuertes la rodearon por la cintura, aprisionándola con una fuerza suave y dominante. El mentón de Malakor descansó sobre su hombro, y sus ojos ámbar contemplaron el mismo horizonte humeante.

—No estoy conspirando, Malakor —respondió Isabela con una sonrisa fría y desafiante, inclinando ligeramente la cabeza para rozar su mejilla contra la barba de tres días del rey—. Solo estoy calculando cuánto tardarán en intentar traicionarnos. Y preguntándome a quién voy a quemar primero.

Malakor soltó una carcajada baja y vibrante que resonó directamente en la espalda de la princesa. Apretó el abrazo, enterrando el rostro en su cuello mientras el sol comenzaba a teñir de rojo y oro el cielo de Asgardia.

—Que lo intenten, reina mía —susurró el rey con una promesa salvaje—. El fuego y el hielo ya están unidos. Y el mundo entero va a arder antes de que puedan arrebatármela.

—¡Maldita perra! —gritó Yanara, arrojando todo lo que encontró a su paso al suelo con una fuerza bruta y una rabia contenida que la ahogaba.

—¡Cálmate, y deja de romperlo todo! —gritó su padre, agarrándola del brazo con brusquedad y empujándola contra uno de los sofás de pieles para frenar su ataque de histeria.

—¡Tienes que hacer algo, padre! ¡Retira a tus hombres de la horda, deja a Malakor desprotegido, o mata a esa maldita zorra! —gritó Yanara, con los ojos inyectados en sangre y el pecho agitado.

El padre le propinó una fuerte bofetada que hizo eco en la estancia.

—¡Te dije que te tranquilices de una maldita vez! —vociferó su padre furioso, con los músculos de la mandíbula tensos—. ¡Yo solo soy el capitán de la horda, Malakor es el rey, no lo puedo desafiar, ¿acaso te volviste loca?!

Yanara se quedó congelada, con la mano apoyada en la mejilla ardiente y la respiración entrecortada por el golpe. El silencio cayó pesadamente en la habitación, roto solo por el sonido de los cristales rotos y la porcelana esparcida por el suelo.

El capitán exhaló un suspiro áspero, pasando una mano pesada por su rostro marcado antes de suavizar ligeramente el tono, aunque la advertencia en sus ojos seguía siendo de hierro.

—Si quieres sobrevivir a esto, vas a tener que jugar con inteligencia, no con histeria —le advirtió su padre, cruzándose de brazos frente a ella—. Malakor está cegado por la novedad de esa extranjera, pero el trono de Asgardia no se sostiene solo con pasiones. Hay otros en el Consejo que ven a esa chica como una amenaza para las viejas leyes de la horda.

Yanara levantó lentamente la vista, con los ojos oscuros brillando de rencor y una fría determinación reemplazando sus lágrimas.

—Entonces encuéntrame con ellos —susurró Yanara con voz helada, incorporándose despacio y sacudiéndose la falda con desdén—. Si el rey prefiere proteger a su pequeña reina de hielo, le enseñaremos que un imperio dividido desde adentro se desmorona mucho antes de que el fuego pueda salvarlo.

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Dulce maria Canelon
hayyyy espero que no se la tome algo debe saber ella, algo le debió de transferir la dragona cuando la toco no o se digo yo
Flæka Caviedez
Ayyyyy que no se la tomé
Nena
Uf!!! De una se la soltó
Natalia Vasquez
tantas pruebas que le pone Malakor a Isabela😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏👏quieres una reina o es una competidora 😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
uppppps valla ese hombre va al punto 😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏.
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Natalia Vasquez
ambos son orgullosos y mandones😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
se quedó mamando la otra pendeja, toma pa que lleves 😂😂😂😂👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔.
Yolanda Plazola Arroyo: jajajaja y si valla babosada pará que se entretenga 😂😂
total 1 replies
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