Sinopsis: Enamorada del hermano de mi novio
Todo comienza cuando Gabriel Montes presenta a su novia, Kerly Sánchez, a su familia, sin imaginar que su propio hermano, Elian Montes, terminará enamorándose perdidamente de ella. Lo que empieza como una simple atracción se convierte en un amor prohibido que ninguno de los dos puede controlar. A escondidas de Gabriel, Elian y Kerly comienzan una relación clandestina, arriesgándose a destruir los lazos familiares por un sentimiento que crece cada día más. Pero cuando Gabriel descubre la traición, tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar contra su propia sangre por la mujer que ama.
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Capítulo 16: El vaso terminó hecho pedazos
### Capítulo 16: El vaso terminó hecho pedazos
POV: Elian Montes
Eran como las diez de la mañana cuando abrí los ojos. Tenía una pereza ni la hijuemadre y un mal genio que no me aguantaba ni yo mismo. Lo primero que hice fue buscar el celular para ver si Kerly me había escrito después de la pelea de anoche.
Nada.
Ni un mensaje, ni una llamada, ni siquiera un pinche corazón.
—Ah, bueno, pues. Qué belleza —murmuré, tirando el celular sobre la cama—. Anoche peleamos y ahora ni señales de vida. ¡Qué chimba!
Me quedé unos minutos acostado, mirando el techo, hasta que escuché unas voces que venían de la sala. Una de ellas era la de Gabriel y la otra…
¡Juepucha! Esa voz me la conocía demasiado bien.
Era Kerly.
Me levanté de la cama de una, me puse una pantaloneta y una camiseta y salí de mi habitación. Bajé las escaleras despacio, todavía con la esperanza de que mis oídos me estuvieran engañando.
Pero no.
Ahí estaban los dos, sentados en el sofá de la sala.
Mi hermano tenía un brazo alrededor de la cintura de Kerly mientras ella le hablaba bajito. Él le acariciaba la mano como si fuera la mujer más preciosa del mundo.
Y entonces pasó.
Gabriel se acercó a ella y la besó en los labios.
Sentí que algo me apretaba el pecho.
Me quedé quieto durante unos segundos, observando aquella escena con una rabia que me estaba quemando por dentro. Kerly no se apartó inmediatamente. Yo no sabía qué estaba pensando ella ni qué habían hablado antes de que yo bajara, pero verla ahí, besándose con mi hermano, me revolvió todo.
¿No que me amabas, pues, Kerly? ¿No que ibas a terminar con él?
Apreté los puños.
Gabriel se separó del beso y le acarició la mejilla.
—Te extrañaba mucho, amor —le dijo.
Kerly bajó la mirada.
—Yo también… —respondió, casi en un susurro.
¡No, ome! ¡Eso sí me estaba matando de la rabia!
Di media vuelta antes de que alguno de los dos me viera y caminé directamente hacia la cocina. Necesitaba tomar agua, respirar y calmarme antes de cometer una estupidez.
Abrí la nevera, saqué una botella y agarré un vaso del gabinete.
Me serví el agua, pero cuando intenté beber, me volvieron a la cabeza las imágenes de Gabriel besándola.
—¡Hijueputa vida! —solté entre dientes.
Apreté el vaso con demasiada fuerza.
CRAC.
El vidrio se rompió entre mis dedos y varios pedazos cayeron al suelo junto con el agua.
—¡Mierda! —exclamé, soltándolo de inmediato.
Me quedé mirando los restos del vaso sobre el piso de la cocina. Tenía las manos tensas y el corazón acelerado. Me aparté de los fragmentos para no lastimarme y respiré hondo, tratando de recuperar la calma.
Pero no podía.
No podía creer que estuviera pasando por esto. Yo sabía que Kerly todavía no había terminado con Gabriel, pero una cosa era saberlo y otra muy distinta era tener que verla besándolo en mi propia casa.
—¿Qué te pasa, Elian? —me pregunté en voz baja—. ¿Qué carajos estás haciendo con tu vida, ome?
Escuché pasos detrás de mí.
—¿Elian? —era Gabriel—. ¿Qué fue ese ruido?
Me giré lentamente. Él apareció en la entrada de la cocina y miró el vaso roto.
—Ve, hermano, ¿qué hiciste?
—Se me resbaló, ¿listo? No armés una novela por un vaso.
Gabriel frunció el ceño.
—Pero si acabás de levantarte. ¿Por qué estás tan bravo?
—¡Porque sí, Gabriel! ¿Ahora también tengo que explicarte cómo me levanto por las mañanas?
Él me miró sorprendido.
—Bueno, calmate, ome. Solo te pregunté.
—¡Pues dejá de preguntarme tantas cosas!
En ese momento, Kerly apareció detrás de él.
Cuando nuestras miradas se encontraron, vi cómo se le borraba la expresión de la cara.
Ella sabía perfectamente por qué estaba así.
Gabriel, en cambio, no tenía ni la menor idea.
—¿Todo bien, Elian? —preguntó Kerly con cautela.
Solté una risa seca y la miré directamente a los ojos.
—¿Vos qué creés, pues, preciosa?
Gabriel giró la cabeza para mirarla y después volvió a mirarme a mí.
—¿Ustedes dos se conocen más de lo que yo pensaba o qué?
Sentí que se me helaba la sangre.
Kerly abrió la boca, pero no alcanzó a responder.
Y yo, con los pedazos del vaso todavía regados por el suelo, comprendí que tenía que controlar mi rabia antes de que terminara revelando lo que llevábamos meses escondiendo.
Porque mi hermano acababa de hacer la primera pregunta que podía destruirlo todo.
Y por la cara que puso Gabriel, supe que aquella sospecha apenas estaba comenzando.
Continuará…