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La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Época
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Diosa del Veneno : Madrastra Fatal.

Una asesina letal del siglo XXV, Expertas en venenos y curaciones, muere perseguida y despierta en la época antigua, en un mundo antiguo lleno de prejuicios y abusos. Decidida a sobrevivir, rehacerse y proteger a los cuatro hijos que la otra vida dejó a su cargo, rompe todas las reglas: castiga la crueldad con su propia medicina, se gana el respeto con hechos y construye su propio destino. Una historia de fuerza, justicia y transformación, donde la "mujer débil" se convierte en la ley que nadie se atreve a desafiar.



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Capítulo : EL PESO DE LA JUSTICIA

Un hombre alto, de porte rígido y vestido con el uniforme de los guardias imperiales, irrumpió en el lugar con paso pesado y voz estruendosa:

—¿Quién se atreve a violar la ley aquí?

—Yo me atrevo —respondí sin apartarme ni un milímetro—, porque aquí no existe ninguna norma que proteja a los débiles.

—¡Mujer insolente! —rugió él, llevándose la mano al pomo de su espada—. ¿Acaso deseas que te quite la vida en este instante?

—¿Matarme solo por defenderme? ¡Qué descaro! —le repliqué con la mirada fija en la suya—. Hasta el mismo emperador debe respetar un juicio justo antes de condenar a nadie, pero tú llegas sin siquiera investigar y ya te atreves a dictar sentencia.

—Mujer, tu deber es estar en tu casa, cocinando y con la cabeza agachada —escupió él con desprecio—. Las mujeres solo sirven para estar bajo techo y obedecer.

—¿Quién ha dicho eso? —solté una risa fría—. Las mujeres podemos hacer muchas cosas, y te daré un ejemplo: la propia emperatriz domina las artes marciales, es sabia y virtuosa. ¿Acaso ella también debe agachar la cabeza y limitarse a servir?

El guardia se quedó mudo, sin hallar palabras para responderme. Todos los presentes estaban estupefactos, murmurando entre ellos:

—¡Qué mujer tan desvergonzada!

—¡Qué insolencia! Una mujer cuestionando la autoridad imperial.

—Dios mío… creí haberlo visto todo, pero jamás imaginé ver a alguien desafiar así a la ley.

—Las mujeres deben callarse y aceptar su lugar.

—¡Qué falta de decoro! Y encima viste con esa ropa tan llamativa, mostrándose así a todos.

—¡Cállense de una vez, viejos verdes! —les grité, barriéndolos con la mirada—. Todos ustedes tienen esposas en casa, pero vienen aquí a buscar placer con mujeres que se ven obligadas a esto, y luego regresan a llevarles enfermedades a sus familias. ¿De qué decoro presumen?

El guardia se abalanzó sobre mí con la espada desenvainada, pero yo lo esquivé con una agilidad impensable para él y le lancé una de mis agujas con precisión milimétrica. Cayó de rodillas al instante: en cuestión de segundos, su rostro se le paralizó, una parte de su lengua se le salió de la boca y empezó a sudar frío, sacudiéndose con temblores incontrolables.

—No me mires así —le dije con calma—. Este es el veneno del infierno: sentirás que tu cuerpo arde por dentro como si estuvieras sumergido en un río de lava. Quedarás completamente paralizado, sin poder hablar ni moverte… y lo peor es que no te matará de golpe. Pasarás años postrado en una cama, convertido en alguien sin capacidad ni utilidad.

Él intentaba gritar o suplicar, pero no emitía más que sonidos guturales e ininteligibles. Los hombres del burdel murmuraban aterrorizados:

—Esa mujer es sumamente cruel…

—Es un auténtico demonio caminando entre nosotros.

Lucía me observaba desde un rincón, pálida como la cera y temblando de pies a cabeza. Lucas, en cambio, estaba paralizado del miedo, con los ojos muy abiertos: Desde hoy obedeceré a mi madre sin dudar, pensó. Castró a Carlos y dejó a un guardia imperial en este estado… nunca jamás me atreveré a provocarla.

Me acerqué entonces a la dueña del burdel: una mujer de unos cuarenta años llamada Andrómeda, que retrocedió chocando contra la pared.

—¡No te acerques, loca! —gritó ella—. ¡Eres un monstruo!

—Sí, soy un monstruo —le respondí con una sonrisa helada—. Así que te aconsejo que me entregues a mi hija de inmediato. De lo contrario, usaré el veneno que derrite los huesos, y te daré una muerte tan dolorosa que desearás no haber nacido. Y ahora, búscame todos los contratos de las mujeres que tienes en este local.

—Tranquila, señora… le devolveré a su hija ahora mismo —dijo ella con voz temblorosa, corriendo a buscar los papeles.

—Escuchen bien —me dirigí a todas las mujeres presentes—: las que deseen ser libres, acérquense y díganme sus nombres. Quedan liberadas de esta esclavitud hoy mismo. Las que prefieran quedarse, pueden hacerlo sin miedo. Varias mujeres salieron corriendo hacia la puerta, llorando de alegría al recuperar su libertad.

—Pero madre… —empezó a decir Lucas.

—Dije que te largues de aquí ahora mismo —lo corté con sequedad—. No me hagas repetirlo una vez más. Lucas tomó a Lucía del brazo y salieron del lugar apresuradamente, muertos de miedo.

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Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
inuyasha/ Tomoe🦊
aliado y trasmigrado
Aleida Delgado Santana: Puede ser.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
esa emperatriz viuda ya es hora que pague
Elizabeth Yepez
lo tenía bien merecido
Elizabeth Yepez
y esos hijos son de quien entonces
Aleida Delgado Santana: Sobrinos de Oliver.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así es nada de sumisa
Elizabeth Yepez
también viene del futuro
Elizabeth Yepez
que busca la vieja inmunda
Aleida Delgado Santana: Solo busca, joder.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así,se habla esas escorias no merecen perdón
Elizabeth Yepez
vino a poner orden,carajo
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