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Mi Ex Me Perdió — Ahora Soy La Reina Del Campus

Mi Ex Me Perdió — Ahora Soy La Reina Del Campus

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Elisa Raven pesaba 127 kilos y vivía invisible… hasta que el chico que amaba y su novia la humillaron públicamente, rompiendo su corazón y su dignidad. Pero aquel día no terminó su historia: comenzó su transformación. Con esfuerzo brutal, disciplina de hierro y la guía inesperada de un ex-militar que vio en ella lo que nadie supo ver, Elisa se reconstruyó: cuerpo, mente y alma. Ahora ya no es la misma. Brilla, lidera, inspira… y quienes la despreciaron hoy miran hacia arriba, desde donde ella ya no los ve. Ella no buscó venganza: buscó ser ella misma. Y lo logró. Su ex la perdió… y el mundo entero la encontró: la reina que nació para reinar.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: El rostro empieza a contar una historia nueva

El cambio más íntimo y sorprendente ocurrió donde menos lo esperaba: en mi propio rostro. Fue lento, casi imperceptible al principio, como si la piel también necesitara tiempo para aceptar que el alma ya no era la misma. Pero una mañana, al levantarme y acercarme al espejo, me quedé clavada allí, sin respirar, contemplando una cara que a la vez era mía y era ajena.

La hinchazón había bajado por completo. Las mejillas, antes redondas y suaves como si quisieran borrar cualquier rasgo definido, ahora se afilaban revelando pómulos altos que no sabía que tenía. La mandíbula se marcó con una línea firme, decidida, como si dibujara con cada curva el contorno de mi voluntad. Y mis ojos… mis ojos ya no se escondían bajo párpados pesados: eran grandes, claros, brillantes, con un brillo que no venía de ninguna luz exterior, sino de algo que ardía dentro de mí.

Toqué mi barbilla con dedos temblorosos de emoción. Allí estaba yo. Por fin. La cara que siempre llevé dentro esperando a que el resto la alcanzara.

Ese día en el gimnasio, Cristóbal apenas cruzó la puerta se detuvo en seco y me miró fijamente, largo rato, sin decir una sola palabra. Daba la impresión de estar memorizando cada rasgo nuevo.

—Es increíble —susurró finalmente, acercándose un paso—. Ya no hay rastro de la chica que llegó aquí asustada. Su cara ha desaparecido para dar paso a la tuya de verdad.

—¿Le gusto? —pregunté con voz suave, temblando de una forma que nada tenía que ver con el miedo de antes.

Cristóbal negó lentamente con la cabeza, con esa intensidad suya que me desarma por completo:

—No es que me gustes, Elisa. Es que te encuentras. Tu rostro ahora cuenta la verdad de lo que eres: una mujer que ha luchado cada día por ser libre. Y esa historia… es imposible no mirarla.

Sus palabras me recorrieron entera como una caricia invisible. Ya no era solo sobre bajar kilos o ponerme ropa bonita. Era sobre recuperarme a mí misma. Devolverle a mi rostro la expresión de quien soy en lugar de la que el mundo me obligó a llevar.

Pero la verdadera revelación llegó cuando salí a las calles esa tarde. Al principio pensé que era mi imaginación: la gente me miraba diferente. No con sorpresa solamente, sino con interés. Los chicos me sostenían la mirada al pasarme, algunos sonreían tímidamente. Las chicas me miraban de arriba abajo no para burlarse, sino para estudiar, para intentar descifrar qué magia había ocurrido.

Lo más impactante sucedió en la biblioteca. Pedí un libro en el mostrador y el encargado, un chico que me conocía de vista desde el primer día y que siempre apenas si me dirigía la palabra, levantó la vista, se quedó con la boca entreabierta un instante y luego tartamudeó:

—C-curso… claro, aquí lo tiene. Y… y disculpa, ¿cambió algo? Es decir… te ves increíble.

Le di las gracias con una sonrisa tranquila y me alejé sintiendo que flotaba. No era vanidad: era justicia. Por fin me estaban viendo. No la imagen que crearon para mí, sino la realidad que yo construí.

Sin embargo, donde el cambio golpeó más fuerte fue en Adrián. Me lo crucé en el pasillo principal y esta vez él fue quien se detuvo en seco como si hubiera chocado contra un muro. Sus ojos recorrieron mi rostro de arriba abajo, despacio, con una mezcla de asombro y anhelo que casi me dio lástima… casi. Porque no era compasión lo que sentía: era poder. Poder ver cómo se desmoronaba su mundo mientras el mío empezaba a brillar.

—Eres… diferente —alcanzó a balbucir, con la respiración entrecortada como si hubiera corrido—. Tu cara… no te reconozco, pero a la vez… no puedo dejar de mirarte.

Lo miré con calma, con esa serenidad que ya era parte de mi piel, y le respondí bajito:

—Porque nunca me miraste de verdad, Adrián. Solo viste lo que quisiste ver. Ahora… ahora ves lo que soy. Y te duele.

Seguí mi camino dejándolo plantado allí, con el libro en la mano y el alma revuelta. Mi reflejo en el espejo ya no era el único lugar donde aparecía la nueva Elisa. Estaba en todas partes. En las miradas que se quedaban, en los susurros que me seguían, en el miedo en los ojos de quienes creyeron destruirme.

Esa noche me senté frente al espejo otra vez, no para buscar defectos, sino para conversar conmigo misma:

“Tu rostro ya no es una disculpa, Elisa. Es tu bandera. Y desde hoy, que tiemblen quienes se atrevan a desafiarla.”

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Sylvia Farias
deja una hermosa enseñanza para las personas que tenemos unos cuantos kilos demás
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Gracias de todo corazón! Me hace inmensamente feliz saber que la historia te dejó una enseñanza tan bonita — esa era exactamente mi intención: que nos sintamos orgullosas y valiosas siempre. Gracias por tu apoyo y por tu corazón tan grande 🤗
total 1 replies
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