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El Yacuza Tiene Un Amante

El Yacuza Tiene Un Amante

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / BL / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Liam solo quería salvar a su hermano.

Cuando el profesor Duncan Ashford descubre al muchacho robando en su oficina, lo denuncia ante la universidad. Desesperado, Liam le ruega que retire los cargos. Su hermano podría ser expulsado y quedar marcado para siempre.

Entonces Duncan le hace una pregunta:

—¿Qué estarías dispuesto a dar para salvarlo?

Liam responde sin pensar:

—Lo que sea.

Acaba de cometer su primer gran error.

Duncan no es solamente un profesor. Es el líder de una poderosa familia yakuza, un hombre casado que nunca deja que nadie altere sus reglas.

Pero Liam ha despertado su interés.

Una noche. Un trato. Un precio que jamás imaginó pagar.

Y cuando Liam descubra quién es realmente el hombre al que le entregó su inocencia, será demasiado tarde para escapar.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La cita

**Duncan:** *Jueves. 21:00. Habitación 408. No faltes. O no garantizo que tu hermano vuelva a pisar una universidad en su vida.*

Liam leyó la frase cuatro veces. No había pregunta. No había margen. Solo una coordenada y una amenaza con forma de recordatorio de agenda.

---

El jueves a las nueve menos cinco, Liam empujó la puerta de la 408.

Duncan estaba junto a la ventana, de espaldas, con un vaso de whisky. Sin chaqueta. Sin corbata. Los puños remangados.

—Vas a ser mi amante.

No fue una propuesta. Fue una frase declarativa, enunciada como quien anuncia el clima.

—No.

Duncan ladeó la cabeza. Casi curioso.

—Tu hermano tiene diecisiete años. Una media de nueve. Y una plaza condicional en la Universidad Lotus que depende de un informe que yo firmo. —Bebió un trago—. Si tú no estás aquí los jueves a las nueve, ese informe no llega. Y sin informe, tu hermano vuelve al pueblo. A la tienda de tu padre. Para siempre.

—No puede hacer eso.

—Puedo hacer muchas cosas. Lo que no puedo es obligarte a quedarte. —Se encogió de hombros—. La puerta está detrás de ti. Eres libre. Solo que mañana, cuando tu hermano vea que le han retirado la plaza, vas a tener que explicarle por qué.

Liam abrió la puerta. Salió. El ascensor tardó cuarenta segundos. Cuarenta segundos mirando el número de la planta bajar dígito a dígito.

No lloró. Solo caminó hacia la calle, donde el aire frío le golpeó la cara como una bofetada merecida.

---

El viernes por la mañana, encontró a su hermano encogido en el sofá de la residencia. Frente apoyada en las rodillas. Hombros temblando. En la mesa de centro, una carta con el membrete de la Universidad Lotus, desdoblada, arrugada en los bordes.

—No sé cómo se enteraron —dijo su hermano, con la voz rota de un niño—. No sé quién les dijo que me fui de la otra universidad. Me han denegado el ingreso. Dicen que hay antecedentes. Que no cumplo los requisitos. Y no... no entiendo.

Bajó la cabeza. Los hombros volvieron a temblar.

Liam miró la carta. La palabra **DENEGADO** en negrita. Centrada. Impersonal.

*No sé cómo se enteraron.*

Sí sabía cómo. Sabía qué mano había firmado el correo. Sabía que el informe seguía intacto en algún cajón, esperando, como una bomba con el contador en pausa.

Fue a su habitación. Cerró la puerta. Abrió el teléfono.

**Liam:** *Hoy. 21:00. Habitación 408. Estaré.*

La respuesta llegó en cuatro segundos.

**Duncan:** *Bien.*

---

A las nueve menos dos, Liam abrió la puerta de la 408.

La habitación estaba a oscuras, salvo la franja blanca de luz del baño. El aire olía a vapor, a jabón, a piel limpia.

Duncan estaba de pie junto a la cama. De espaldas. Una toalla anudada a la cadera. El pelo goteándole sobre los hombros. Se secaba el cuello con otra toalla, con gestos lentos.

Y el tatuaje estaba ahí. Todo.

No era un trazo en el antebrazo. Era un mapa entero. Tinta cubriendo la espalda desde la base del cráneo hasta la línea de la toalla: olas negras, una serpiente enroscada, flores de cerezo deshaciéndose por los omóplatos. Se extendía por los costados, por las costillas, por la cadera. Un cuerpo entero escrito en tinta. Un cuerpo que no pertenecía a un profesor.

Liam se quedó en el umbral. La mano en el pomo. Los nudillos blancos.

Duncan se giró. El pecho marcado también. Una garra subiendo por el esternón, ramificándose hacia las clavículas. El agua resbalando sobre la tinta. El anillo de oro en la mano izquierda.

—Cierra la puerta.

Liam cerró. El cerrojo chasqueó.

—Quítate la ropa.

Sin inflexión. Sin filo. Un tono de aula. *Abra el libro en la página cuarenta.*

Liam no se movió.

Duncan dio dos pasos. Se detuvo a medio metro. El calor del cuerpo recién duchado le llegó como una ola.

—No me lo pidas dos veces.

Liam se desvistió. La chaqueta. La camisa. Los zapatos. Los pantalones. Cada prenda cayendo como una rendición.

—A la cama.

Se tumbó boca arriba. El techo blanco bajó sobre él.

Duncan se quitó la toalla. La dejó caer.

Y luego el peso. El calor. El olor a vapor y a piel. Las manos sobre su pecho, su vientre, su cintura, con una seguridad que no preguntaba porque el permiso se había firmado siete días atrás en un mensaje de texto.

—Mírame.

Liam abrió los ojos. Duncan encima. El pelo mojado cayéndole sobre la frente. El tatuaje moviéndose con su respiración, las olas subiendo y bajando, la serpiente enroscándose, como si la tinta estuviera viva.

—Esta vez no pienses. Esta vez no existes fuera de esta cama.

No fue ternura. No fue violencia. Fue una máquina perfecta. Duncan sabía exactamente dónde tocar, cómo apretar, cuándo soltar. Sabía leer cada tensión, cada jadeo ahogado, y los usaba. Los devolvía multiplicados.

Liam se agarró a las sábanas. A los hombros de Duncan. A cualquier cosa sólida. El techo se volvía borroso. Las lámparas, manchas. La ciudad, detrás de los visillos, dejaba de existir.

Cuando cerró los ojos, dos dedos le levantaron la barbilla.

—No. Ojos abiertos.

Y Liam abrió los ojos. Y vio la cara de Duncan a centímetros de la suya, sudando, respirando, con una expresión que no era placer ni crueldad.

Era atención. Pura, absoluta, terrible atención. Como si Liam fuera lo único que existía en el mundo.

Y eso fue lo más aterrador de todo.

---

Duncan se incorporó. Caminó al baño. El sonido del grifo llenó la habitación. Volvió. Se puso una camisa limpia. Se abotonó los puños. El tatuaje desapareció. El anillo volvió a brillar.

Se acercó a la cama. Miró a Liam desde arriba.

—Jueves que viene. Nueve.

Cogió la chaqueta. Apagó la lámpara. La puerta se abrió. Se cerró. El cerrojo chasqueó desde fuera.

Liam se quedó mirando el techo. Las sábanas arrugadas. Húmedas. Su cuerpo doliendo en sitios que no sabía que tenía.

Afuera, muy lejos, una bocina tocó dos veces.

Y nadie respondió.

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D_a_r_r
Realmente estoy esperando el momento que sufra Duncan 😭
Dalia Lara
me va gustando mucho la historia 🥰🥰más capítulos por favor
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