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La Gemela Equivocada

La Gemela Equivocada

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Secuestro y encarcelamiento / Romance oscuro / Completas
Popularitas:273
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

Stella Rossi siempre fue la gemela difícil. Lengua afilada, temperamento indomable y una lealtad feroz hacia su hermana Luna. Cuando la familia Lombardi entrega a Luna en un matrimonio arreglado con Takeo Akira —el temido Kumichō de la Yakuza japonesa—, Stella toma su lugar sin pensarlo dos veces.

Lo que no calculó fue a Takeo.

Frío, calculador y obsesionado con la venganza contra los Lombardi, Takeo descubre el engaño en la noche de bodas. La mujer que tiene frente a él no es la dócil Luna que eligió como peón de su plan. Es Stella: insolente, desafiante y absolutamente imposible de controlar.

Atrapada en una mansión-fortaleza en Tokio, sin aliados y sin escapatoria, Stella se niega a quebrarse. Pero la guerra entre ellos comienza a cambiar de forma. El odio se mezcla con el deseo. La desconfianza se enreda con la necesidad. Y lo que empezó como una alianza de sangre se convierte en algo mucho más peligroso: un vínculo que ninguno de los dos estaba preparado para sentir.

Mientras Takeo ejecuta un plan de venganza que lleva años construyendo, Stella descubre que el verdadero campo de batalla no está entre familias ni imperios criminales.

Está entre ellos dos.

Y cuando las lealtades se quiebren, los secretos salgan a la luz y la violencia alcance a quienes más aman, ambos tendrán que decidir qué vale más: la venganza que lo consume o el amor que ninguno de los dos pidió.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 - La advertencia

Stella

Antes de que cualquier palabra fuera dicha, la noche pareció instalarse de lleno dentro de mí.

Fue bueno salir de casa. Bueno reír, observar a otras personas, olvidar por algunas horas que mi vida había cambiado por completo. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí... ligera.

Ahora, en el camino de vuelta, permanezco en silencio, observando a Takeo por la ventana del auto. Conversa con uno de los hombres de seguridad afuera, con esa postura firme que parece intimidar a cualquiera. La iluminación del estacionamiento dibuja su perfil, y por un instante me descubro admirando detalles que intento ignorar desde que lo conocí.

No debería sentir esto.

No debería sentirme atraída por el hombre que puso mi vida de cabeza.

Pero mi corazón parece no obedecer a la lógica.

Desvío la mirada, irritada conmigo misma, cuando él termina la conversación y toma el volante. Durante todo el trayecto, el silencio entre nosotros no es incómodo. Es simplemente... cargado de algo que ninguno de los dos tiene el valor de nombrar.

Pocos minutos después, atravesamos la puerta de la mansión.

En cuanto entro a la sala, me quito los tacones sin la menor ceremonia. Caen sobre la alfombra mientras suelto un suspiro de alivio.

— Por fin...

Masajeo mis pies adoloridos y suelto una pequeña risa.

Cuando levanto la cabeza, encuentro a Takeo observándome en silencio. Sus ojos oscuros recorren mi rostro como si intentaran descifrar cada pensamiento escondido.

Mi corazón se acelera.

Sin pensar en las consecuencias, acorto la distancia entre nosotros.

Me detengo justo frente a él.

Mi cuerpo encuentra el suyo, y mis manos sujetan delicadamente las solapas de su saco.

Por un segundo, solo nos miramos.

Entonces tomo la iniciativa.

Uno mis labios a los de él en un beso impulsivo, intenso, como si toda la tensión de esa noche finalmente encontrara una salida. Él corresponde en el mismo instante, sujetando mi cintura con firmeza.

Sin romper el beso, lo empujo unos pasos hasta el sofá.

Se deja caer en el asiento, aún manteniéndome cerca.

Me siento en su regazo, sin desviar los ojos de los suyos.

El beso recomienza, ahora más lento, cargado de sentimientos que ninguno de los dos logra poner en palabras. Entre un beso y otro, nuestras frentes se tocan, y por un breve momento, el mundo allá afuera simplemente deja de existir.

Abro rápidamente su cinturón y sus pantalones, liberando su verga, necesito sentirlo. Muevo mi ropa interior a un lado y me siento sobre él. Mi boca vuelve a la suya en un beso desesperado, Takeo jala mi cabello con una mano, la otra reposa en mi cintura fundiendo nuestros cuerpos.

Él ahoga mis gemidos con los besos, necesito callar mis sentimientos y mi cabeza. Sigo, moviéndome sobre su verga, con los ojos cerrados... No quiero enfrentar al hombre que todavía es mi enemigo.

Mi cuerpo me traiciona, Takeo se entrega acabando junto conmigo.

Me recuesto sobre su pecho para esconder una lágrima obstinada que insiste en escapar. Cierro los ojos por un instante, rogando que no se dé cuenta. El sonido calmado de los latidos de su corazón resuena bajo mi mejilla, mientras sus brazos me envuelven con firmeza.

Permanecemos en silencio por algunos segundos, solo disfrutando la tranquilidad de la sala.

— ¿Está todo bien, Stella? — la voz grave de Takeo rompe el silencio, cargada de una preocupación sincera que hace que mi corazón se dispare.

Respiro hondo antes de responder. No puedo dejar que se note el torbellino dentro de mí.

— Sí, está bien... — digo en voz baja, forzando una pequeña sonrisa. — Solo estoy cansada.

Levanta una de sus manos y acaricia mi cabello con delicadeza, haciendo una caricia demorada antes de depositar un beso suave en mi frente.

Me aparta apenas lo suficiente para cerrarse los pantalones, y para mi sorpresa Takeo se levanta conmigo en sus brazos, llevándome a la habitación. Abre la puerta. Me baja al piso solo en el baño. Me quito la ropa en automático. Él también hace lo mismo, entramos a bañarnos en silencio. Takeo ahora me mira de forma diferente, de una forma que no sé explicar. Cuando salimos del baño, me seco lentamente. Él sale del baño y cuando regresa ya trae puesta una bóxer; en la mano trae una camisola mía, me la pone con una delicadeza sorprendente.

— Ven a acostarte conmigo.

Extiende la mano, la tomo.

Takeo me conduce hasta la cama con la misma calma firme que siempre lo acompaña. En cuanto nos acostamos, desliza el brazo por mi cintura y me jala hacia él, hasta que no quede más espacio entre nuestros cuerpos.

Su rostro reposa en la curva de mi cuello. Sus labios encuentran mi piel en besos lentos y demorados, despertando un escalofrío que recorre mi espina. Cierro los ojos, permitiendo que ese instante silencioso calme la tormenta dentro de mí.

— Descansa... — murmura con la voz grave, baja, casi un susurro.

Obedezco sin responder. Solo siento.

El calor de su cuerpo me envuelve como un refugio. Su mano se desliza despacio hasta reposar sobre mi vientre, en un gesto inesperadamente delicado. Los dedos hacen una leve caricia sobre la tela de mi ropa, como si quisieran transmitir seguridad sin necesidad de palabras.

Permanezco inmóvil, escuchando solo la respiración acompasada de él detrás de mí y los latidos tranquilos de su corazón. Poco a poco, mis párpados se vuelven pesados. Todavía alcanzo a sentir un último beso en mi cuello antes de que el silencio se apodere de la habitación.

Y, protegida entre sus brazos, dejo que el cansancio venza.

Despierto horas después y encuentro solo el vacío a mi lado en la cama. El lugar donde estaba Takeo todavía conserva un poco del calor de su cuerpo, pero él ya se fue. Por la claridad que invade la habitación, sé que dormí más de lo que debía.

Respiro hondo.

Basta de esperar. Hoy voy a resolver mi vida.

Entro al baño, me doy un baño rápido y me pongo la primera ropa que encuentro en el clóset. Me recojo el cabello de cualquier manera, tomo el bolso y bajo las escaleras sin pensarlo dos veces.

Como era de esperarse, los hombres de Takeo ya me aguardan.

— Quiero ir al centro comercial.

Ninguno hace preguntas. Solo me acompañan hasta el auto.

...

Camino por los pasillos fingiendo observar las vitrinas, pero mi mente trabaja sin parar. Mi primera idea era comprar un celular nuevo. Sin embargo, bastan algunos segundos para darme cuenta del error.

Inútil.

Takeo lo descubriría en pocos minutos. Sus hombres no se despegan de mí. Y, muy probablemente, mi propio celular tiene escuchas.

Entonces encuentro la solución.

El baño de mujeres.

Me detengo frente a la puerta y le entrego mi bolso a uno de los guardias de seguridad.

— Ya vuelvo.

Él solo asiente.

En cuanto entro, verifico discretamente el ambiente. Algunas mujeres se retocan el maquillaje, otras se lavan las manos. Me acerco a una chica que parece tener mi edad y esbozo una sonrisa tímida.

— ¿Me podrías prestar tu celular un minutito? Necesito hacer una llamada urgente.

Me observa por un instante, después desbloquea el aparato y me lo pone en la mano.

— Gracias.

Me alejo unos pasos y marco el único número que me sé de memoria.

El teléfono suena apenas dos veces.

— ¿Hola?

La voz de mi mamá hace que un nudo se forme en mi garganta.

— Mamá... escucha con atención. No tengo mucho tiempo.

Las palabras salen rápidas, atropelladas.

— Takeo no quiere un heredero... Quiere venganza. Mi celular está intervenido. No sé exactamente qué está planeando, pero es algo grande... algo para destruir a nuestra familia.

Del otro lado de la línea, el silencio dura solo un segundo.

— Stella...

Miro hacia la puerta del baño, sintiendo el corazón latir cada vez más fuerte.

— Necesito colgar.

La voz de mi mamá vacila.

— Cuídate, mi Stella. Te amo.

Las lágrimas me arden en los ojos.

Abro la boca para responder... pero ninguna palabra logra salir.

Cuelgo la llamada.

Permanezco inmóvil por algunos segundos, mirando la pantalla apagada del celular.

Entonces respiro hondo, borro cualquier vestigio de la emoción de mi rostro y devuelvo el aparato.

— Muchas gracias.

La chica sonríe, sin imaginar que acaba de participar en el secreto más peligroso de mi vida.

Salgo del baño con la expresión tranquila.

Pero, por dentro, mi corazón sigue acelerado.

Ahora solo será cuestión de tiempo para que la guerra comience...

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